Arena... de la mala
Si hace un par de dias me alegraba de haber conocido este nuevo elemento, ayer lo maldije hasta lo más profundo. Por primera vez para nosotros, un dia se nos ponía cuesta arriba pero de la buena, con varias enganchadas en la arena, mucha pala, empujones al coche, equipajes metidos y sacados veinte veces del maletero... y un rosario de mala uva, arena hasta en los calzoncillos y cansancio general.
De la pobre Zouerat, salimos sin prisa hacia la siguiente etapa a través primero de pistas rapidas. La idea de hacer una etapa cómoda parecía clara, hasta que un error de navegación
nos llevó hacia un bancal de arena. Me tocaba a mí tirar de volante, y libré hasta en dosocasiones de empanzarme hasta el diferencial como los otros coches del equipo. Con planchas,
eslinga y alegría, los sacamos. Eran las diez de la mañana.
A partir de la una, el bancal de arena comenzaba a ser preocupante. Ya era pleno desierto. La berbena en una duna era respetable. Varios camiones atascados, coches, asistencias...y
nosotros también. De ahí hasta las seis de la tarde, enganchones a cada momento. Infernal.
El viaje hacia el sur continúa incrementando el nivel de pobreza. Entre Zouerat y Atar, en los extremos de Mauritania, sólo hay una pista sin conformar. La misma en la que nos vimos atrapados. Y entre medias, una aldea llamada Choun con el único surtido de gasolina. Pone
TOTAL en una sábana y el mecanismo es una bomba manual sumergida en un bidón. La luz de un triste fluorescente, proviene de la única placa solar del pueblo. Las construcciones de barro
son cubículos donde refugiarse al fuego. Las puertas de las casas, puertas de armario... Tres horas más nos lleva recorrer los 70 kilómetros que separan el pueblo de Atar. Un infierno
de pista destrozadora a base de toulé ondulé que afloja todos los tornillos imaginables.
Al final, llegamos a Atar. Una calle larga flanquada por gasolineras que sólo funcionan cuando llega el Dakar y un par de docenas de comercios y talleres desoladores. EStán abriertos. Es tarde y no puedo ni con mi alma. Voy a montar la tienda y a sobar lo que me deje el generador que me taladra la oreja ahi al lado. Buenas noches.
De la pobre Zouerat, salimos sin prisa hacia la siguiente etapa a través primero de pistas rapidas. La idea de hacer una etapa cómoda parecía clara, hasta que un error de navegación
nos llevó hacia un bancal de arena. Me tocaba a mí tirar de volante, y libré hasta en dosocasiones de empanzarme hasta el diferencial como los otros coches del equipo. Con planchas,
eslinga y alegría, los sacamos. Eran las diez de la mañana.
A partir de la una, el bancal de arena comenzaba a ser preocupante. Ya era pleno desierto. La berbena en una duna era respetable. Varios camiones atascados, coches, asistencias...y
nosotros también. De ahí hasta las seis de la tarde, enganchones a cada momento. Infernal.
El viaje hacia el sur continúa incrementando el nivel de pobreza. Entre Zouerat y Atar, en los extremos de Mauritania, sólo hay una pista sin conformar. La misma en la que nos vimos atrapados. Y entre medias, una aldea llamada Choun con el único surtido de gasolina. Pone
TOTAL en una sábana y el mecanismo es una bomba manual sumergida en un bidón. La luz de un triste fluorescente, proviene de la única placa solar del pueblo. Las construcciones de barro
son cubículos donde refugiarse al fuego. Las puertas de las casas, puertas de armario... Tres horas más nos lleva recorrer los 70 kilómetros que separan el pueblo de Atar. Un infierno
de pista destrozadora a base de toulé ondulé que afloja todos los tornillos imaginables.
Al final, llegamos a Atar. Una calle larga flanquada por gasolineras que sólo funcionan cuando llega el Dakar y un par de docenas de comercios y talleres desoladores. EStán abriertos. Es tarde y no puedo ni con mi alma. Voy a montar la tienda y a sobar lo que me deje el generador que me taladra la oreja ahi al lado. Buenas noches.





