El inadaptado hombre blanco
Durante nuestro exodo -obligado, ojo- de la carrera por el supuesto problema en Guinea con los periodistas, decidimos entrar en Senegal para cruzarnos con la carrera al dia siguiente, cuando la caravana hubiera salido de Labe.
Asi que con el mapa en la mano y una ligera idea de por d'onde podria pasar la caravana, decidimos instalarnos en el pintoresco pueblo de Kudogu. Riberenio del rio Zambia, el pueblito en cuestion parecia responder a todo lo que uno se esperaba de una aldea senegalesa. Las calles de tierra roja -laterite-, sus chozas de barro redondas con su techo de paja reunidas en circulo, un hotelito de lo mas limpio y sobre todo, un claro cartel pintado a brocha que decia que alli, habia internet (?)
Asi que tan felices porque en este rincon del mundo hubiera conexion, nos lavamos la cara en el hotelito y mas hinchados que un ocho por estar felices bajo los baobabs, nos fuimos para alli. Los lugarenios muy arreglados como dicta la costumbre en Senegal, nos saludaban gentiles. Chicas preciosas cruzaban timidas sus miradas. Los chiquillos nos pedian caramelos, que gustosamente les regalabamos. El hombre blanco con patina de explorador parecia adaptarse a la perfeccion a la selva, ordenador portatil en mano.
De repente, las risas de la gente dejaron de referirse a los juegos de los chavales. Los propios chavales dejaban de jugar. Los protagonistas estaban en nuestras cabezas: un enjambre de avispas nos rondaba la cabeza. Todavia se me ponen los pelos como escarpias. La tranquilidad de los manotazos se convirtio en violencia contra nuestra coronilla. Tal leche me llegue a pegar que doble la patilla de las gafas. Aunque las hubieramos dejado tranquilas, ellas seguian creciendo en numero. Nos echamos a correr calle arriba en busca del coche. Las mujeres reian. Los chiquillos reian. El pueblo entero se partia el mismismo viendo huir despavoridos a los blanquitos enciscados con las avispas. Monumental.
El coche que parecia no estar donde lo dejamos, aparecio tras una estela de polvo. De los tres implicados, a mi colega Javi de Motor16 le picaron, de mi se alejaron por animal y a Ramirez de TT Magazine le respetaron por mor del spray anti bichos. Buffff, que susto.
Atropelladamente arrancamos el Toyoton. Casi salgo de lado en busca de un lugar de refugio. Aun se escuchan las carcajadas del pueblo de Kudogu. Y encima, no funcionaba internet.
Asi que con el mapa en la mano y una ligera idea de por d'onde podria pasar la caravana, decidimos instalarnos en el pintoresco pueblo de Kudogu. Riberenio del rio Zambia, el pueblito en cuestion parecia responder a todo lo que uno se esperaba de una aldea senegalesa. Las calles de tierra roja -laterite-, sus chozas de barro redondas con su techo de paja reunidas en circulo, un hotelito de lo mas limpio y sobre todo, un claro cartel pintado a brocha que decia que alli, habia internet (?)
Asi que tan felices porque en este rincon del mundo hubiera conexion, nos lavamos la cara en el hotelito y mas hinchados que un ocho por estar felices bajo los baobabs, nos fuimos para alli. Los lugarenios muy arreglados como dicta la costumbre en Senegal, nos saludaban gentiles. Chicas preciosas cruzaban timidas sus miradas. Los chiquillos nos pedian caramelos, que gustosamente les regalabamos. El hombre blanco con patina de explorador parecia adaptarse a la perfeccion a la selva, ordenador portatil en mano.
De repente, las risas de la gente dejaron de referirse a los juegos de los chavales. Los propios chavales dejaban de jugar. Los protagonistas estaban en nuestras cabezas: un enjambre de avispas nos rondaba la cabeza. Todavia se me ponen los pelos como escarpias. La tranquilidad de los manotazos se convirtio en violencia contra nuestra coronilla. Tal leche me llegue a pegar que doble la patilla de las gafas. Aunque las hubieramos dejado tranquilas, ellas seguian creciendo en numero. Nos echamos a correr calle arriba en busca del coche. Las mujeres reian. Los chiquillos reian. El pueblo entero se partia el mismismo viendo huir despavoridos a los blanquitos enciscados con las avispas. Monumental.
El coche que parecia no estar donde lo dejamos, aparecio tras una estela de polvo. De los tres implicados, a mi colega Javi de Motor16 le picaron, de mi se alejaron por animal y a Ramirez de TT Magazine le respetaron por mor del spray anti bichos. Buffff, que susto.
Atropelladamente arrancamos el Toyoton. Casi salgo de lado en busca de un lugar de refugio. Aun se escuchan las carcajadas del pueblo de Kudogu. Y encima, no funcionaba internet.





