<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1" ?><feed version="0.3" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns="http://purl.org/atom/ns#"><title><![CDATA[Dame toda mi mierda]]></title><link rel="" type="" href="" title=""/><link rel="http://blogs.ya.com/dame-toda-mi-mierda/atom.xml" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/dame-toda-mi-mierda/atom.xml" title="Dame toda mi mierda"/><id><![CDATA[ID]]></id><tagline><![CDATA[Camino de la mítica frase: 'Toma toda tu mierda'. 
Dándolo todo desde abril de 2006]]></tagline><generator><![CDATA[http://www.ya.com]]></generator><entry><title><![CDATA[Que dice KANALOA hoy]]></title><link rel="Dame toda mi mierda" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/dame-toda-mi-mierda/atom.xml" title="Dame toda mi mierda"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200708]]></issued><modified><![CDATA[200708]]></modified><created><![CDATA[200708]]></created><summary><![CDATA[Que dice KANALOA hoy]]></summary><author><name><![CDATA['Santi']]></name></author><dc:subject><![CDATA[Que dice KANALOA hoy]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/dame-toda-mi-mierda/c_63.htm"><![CDATA[Después de unos cuantos meses fuera de juego, vuelvo a la carga con mi blog. Entre el trabajo y terminar el doctorado no he tenido mucho tiempo.<br/><br/>Para empezar, creare una sección fija en el blog. Será todos los martes. Se trata de “Que dice KANALOA hoy”. Kanaloa es un dios Hawuaiiano (desde que empecé el año pasado con el surf siempre meto algo de esto) conocido como el dios del océano para los hawaianos. Kanaloa representa respeto, paciencia, humildad, conocimiento y entendimiento. Su comprensión natural de las fuerzas de la naturaleza le hace ser el “Dios del mar” con la capacidad de navegar con la ayuda de las estrellas. <br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/dame-toda-mi-mierda/files/Kanaloa_de_verdad.jpg" alt="" border="0" width="294" height="551"/><br/><br/>]]></content></entry><entry><title><![CDATA[Desayunando choco krispies delante de ti]]></title><link rel="Dame toda mi mierda" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/dame-toda-mi-mierda/atom.xml" title="Dame toda mi mierda"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200705]]></issued><modified><![CDATA[200705]]></modified><created><![CDATA[200705]]></created><summary><![CDATA[Desayunando choco krispies delante de ti]]></summary><author><name><![CDATA['Santi']]></name></author><dc:subject><![CDATA[Desayunando choco krispies delante de ti]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/dame-toda-mi-mierda/c_62.htm"><![CDATA[Después de mucho tiempo sin aparecer por aquí, vuelo de nuevo más fuerte que nunca.<br/><br/>Me he levantado de la cama. Me ha costado lo mío. Tampoco ha sido demasiado tarde pero estaba muy a gusto dentro de ella. Cuando me he acercado a la ventana y he subido las persianas el sol ha inundado toda la habitación. ¡Que momento! No me extraña que el buen tiempo alegre a la gente, porque yo me he alegrado. <br/><br/>El cielo azul, muy azul. Ha sido entonces cuando he visto <i>Blue Horizon</i> en mi corazón. Color y luz, mucha luz. Tablas de surf y espuma. Aire y rock and roll. Mucho rock and roll. Del bueno, no del chungo. Del verdadero y genuino. Los sesenta viven. Eso es lo que creo. Quizás ha sido el subidón del cielo.<br/><br/>Con las pilas cargadas y con las ganas de pisar de nuevo la arena. El calorcito que produce el calentamiento dentro del traje y el fresquito que sientes después al entrar al agua. <br/><br/>Aquí os dejo una canción buenísima, de un grupo buenísimo: Wild Thing de The Troggs. Es la versión que hace un grupo con bases punk de Los Ángeles llamado X, auténtica versión ochentera.<br/><br/><object width="425" height="350"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/VesCnlMvxK8"></param><param name="wmode" value="transparent"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/VesCnlMvxK8" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" width="425" height="350"></embed></object><br/>]]></content></entry><entry><title><![CDATA[Fraga...ese Hijo de puta tan entrañable]]></title><link rel="Dame toda mi mierda" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/dame-toda-mi-mierda/atom.xml" title="Dame toda mi mierda"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200701]]></issued><modified><![CDATA[200701]]></modified><created><![CDATA[200701]]></created><summary><![CDATA[Fraga...ese Hijo de puta tan entrañable]]></summary><author><name><![CDATA['Santi']]></name></author><dc:subject><![CDATA[Fraga...ese Hijo de puta tan entrañable]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/dame-toda-mi-mierda/c_60.htm"><![CDATA[<object classid="clsid:D27CDB6E-AE6D-11cf-96B8-444553540000" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,29,0" width="366" height="75"><param name="movie" value="http://www.goear.com/http://blogs.ya.com/dame-toda-mi-mierda/files/localplayer.swf" /><param name="FlashVars" value="file=68ea555" /><param name="quality" value="high" /><embed src="http://www.goear.com/http://blogs.ya.com/dame-toda-mi-mierda/files/localplayer.swf" flashvars="file=68ea555" quality="high" pluginspage="http://www.macromedia.com/go/getflashplayer" type="application/x-shockwave-flash" width="366" height="75"></embed></object><br/><br/>Uno de los mayores cabrones. Pero cuando lo escuché no podía dejar de reírme.<br/>]]></content></entry><entry><title><![CDATA[Beber en grandes cantidades es malo para la salud...jajaja]]></title><link rel="Dame toda mi mierda" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/dame-toda-mi-mierda/atom.xml" title="Dame toda mi mierda"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200701]]></issued><modified><![CDATA[200701]]></modified><created><![CDATA[200701]]></created><summary><![CDATA[Beber en grandes cantidades es malo para la salud...jajaja]]></summary><author><name><![CDATA['Santi']]></name></author><dc:subject><![CDATA[Beber en grandes cantidades es malo para la salud...jajaja]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/dame-toda-mi-mierda/c_59.htm"><![CDATA[<object width="425" height="350"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/UqpTve5Kxlw"></param><param name="wmode" value="transparent"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/UqpTve5Kxlw" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" width="425" height="350"></embed></object><br/><br/>No sé si alguien lo había visto pero por si acaso. Se trata de George W. Bush borracho en una celebración de boda en 1992. Echandose unas risas, pero atentos. ¿Qué canción suena de fondo? Si!!! Surfin USA!!<br/><br/>]]></content></entry><entry><title><![CDATA[Capitulo 4]]></title><link rel="Dame toda mi mierda" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/dame-toda-mi-mierda/atom.xml" title="Dame toda mi mierda"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200701]]></issued><modified><![CDATA[200701]]></modified><created><![CDATA[200701]]></created><summary><![CDATA[Capitulo 4]]></summary><author><name><![CDATA['Santi']]></name></author><dc:subject><![CDATA[Capitulo 4]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/dame-toda-mi-mierda/c_58.htm"><![CDATA[El teléfono comenzó a sonar. Su ruido produjo un gran eco en aquella sala tan cavernosa. Varias columnas de orden dórico creaban un piso superior desde el que se podía ver perfectamente toda la parte baja. Parecía el patio interior de una casa veraniega pero con techo. Todo permanecía relativamente oscuro, sólo unas pocas antorchas generaban algo de luz en el ambiente. Algunas de las barandillas estaban engalanadas con estandartes de un color granate. En la pared frontal parecía presidir la sala un gran escudo de armas con dos espadas cruzadas.<br/><br/>Thomas pareció salir de entre las sombras. Hasta entonces la sala estaba vacía pero ahora su sola presencia parecía llenarla. Su gran corpulencia le impedía caminar con mayor rapidez por lo que el sonido duró algún rato más.<br/><br/>-¿Sí? –preguntó Thomas.<br/>-Ayer por la noche se cometieron muchos errores. –la voz que estaba al otro lado del aparato parecía enérgica.<br/>-Si señor. No volverá a suceder –respondió.<br/>-No podemos permitirnos el lujo de correr ningún riesgo innecesario. –no parecía serenarse.<br/>-De acuerdo señor. ¿Qué hacemos con el joven? –Thomas dudaba, necesitaba alguna directriz.<br/>-¿Vio la cara de alguien? –preguntó la extraña voz.<br/>-No. Por lo que sabemos estuvo a punto de entrar por la puerta pero el padre Juan se lo impidió. –Thomas parecía susurrar a aquel chisme de reciente comercialización.<br/>-De acuerdo, entonces por el momento no hagamos nada. Ya veremos que hacemos con él en el futuro. Sigamos con nuestros planes, no pasará mucho tiempo hasta que el heredero vuelva a recuperar lo que le pertenece por derecho. –añadió el otro interlocutor.<br/><br/>Thomas colgó el teléfono una vez que la persona con la que había hablado terminó la conversación. Parecía pensativo y su rostro no dejaba de mantener una actitud intranquila. Comenzó a caminar a la puerta que se encontraba a su derecha. El fuerte silencio hacía de sus pasos enormes pisadas de gigante. La luz de las antorchas prologaba su sombra haciendo que se perdiera en la pared de piedra.<br/>Abrió la puerta y dentro de aquella habitación estaban un par de personas sentadas alrededor de una vieja mesa. Estaban jugando a cartas cuando Thomas les interrumpió.<br/><br/>-Recoged todo eso. Tenéis trabajo que hacer. –apenas había terminado de entrar dentro-. Quiero que mantengáis vigilado al muchacho de ayer.<br/><br/>Los dos hombres asintieron sin rechistar. Recogieron las cartas y las guardaron en uno de los cajones del mueble que estaba pegado a sus espaldas. <br/><br/>-No podemos correr más riesgos.  –añadió Thomas.<br/>-¿Y el padre Juan? –preguntó uno.<br/>-Yo mismo iré a hacerle una visita. Vosotros preocupaos del chico, tenerlo bien vigilado. Tenéis que estar muy atentos de a donde va y con quien. –enfatizó Thomas.<br/>-De acuerdo –dijeron los dos al mismo tiempo.<br/>-Sobre todo tenéis que ser sigilosos. Después de lo de anoche no queremos que pueda seguir sospechando, no hay que darle motivos para que pueda interesarse. –continuó.<br/>-Sí –respondieron.<br/>-Tenedme continuamente informado de todos sus pasos. ¿Habéis entendido lo que debéis hacer? –Thomas comenzó a salir por la puerta.<br/>-No se preocupe, lo hemos entendido perfectamente –dijo uno de ello mientras miraba al otro.<br/><br/>Los dos hombres comenzaron a caminar por uno de los pasillos laterales hasta unas escaleras que ascendían. Thomas se dio media vuelta, alzó la cabeza y miró al crucifijo que estaba en el umbral de la puerta que iba a cruzar. Se detuvo. No movió un solo músculo. <br/><br/>-Que Dios nos perdone lo que vamos a hacer –murmuró.<br/>Se santiguó y siguió adelante.<br/><br/><br/>]]></content></entry><entry><title><![CDATA[Capitulo 3]]></title><link rel="Dame toda mi mierda" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/dame-toda-mi-mierda/atom.xml" title="Dame toda mi mierda"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200701]]></issued><modified><![CDATA[200701]]></modified><created><![CDATA[200701]]></created><summary><![CDATA[Capitulo 3]]></summary><author><name><![CDATA['Santi']]></name></author><dc:subject><![CDATA[Capitulo 3]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/dame-toda-mi-mierda/c_57.htm"><![CDATA[Las mañanas no eran del gusto de Robert. Prefería seguir durmiendo hasta que fuera mediodía pero las clases comenzaban bastante pronto. Algo de  luz comenzó a hacerse camino por la contraventana. Mark se levantó, no paraba de frotarse los ojos y una vez de pie comenzó a estirarse. Su 1,85 de estatura y la largura de los brazos hacían parecer su cuerpo uno de eso nuevo grandes edificios en construcción de finales del siglo. Se acercó a la ventana y abrió las contraventanas del exterior. De pronto una ráfaga de luz inundó la cara de Robert. Sus ojos parecían comenzar a despertar, no paraba de fruncir el ceño.<br/><br/>-Vamos holgazán debemos levantarnos, siempre acabamos llegando tarde –Mark meneó un poco el brazo de Robert.<br/><br/>Robert abrió un pizca uno de sus ojos. Gruñó y se dio la vuelta. Volvió a taparse hasta las orejas para que la luz del día no pudiera estropear un solo segundo más de su sueño. Mark cogió una toalla y una pastilla de jabón, se calzó unas zapatillas y se fue al baño común del tercer piso para ducharse. Robert aún seguía acostado, miró un par de veces al pequeño retrato de su madre que tenía encima del escritorio. <br/><br/>Mark no tardó mucho en volver. Comenzó a vestirse y antes de que terminase de atarse la camisa se abalanzó sobre Robert y lo destapó. <br/><br/>-¡Hace frío! –gritó Robert mientras trataba de arrebatarle la manta.<br/>-Vamos calamidad, levanta. –Mark dejó de tirar, se puso de pie y siguió atándose los botones de la camisa mientras agitaba la cabeza de un lado a otro para que el agua que quedase en el pelo le mojase a Robert.<br/>-Está bien, ya voy. Siempre con prisas –Robert se incorporó y echó un vistazo por la ventana.<br/><br/>El sol era dulce aún. De todos modos por escaso que fuera le hizo cerrar los ojos repentinamente, teniendo que abrirlos poco a poco. Desde allí podía verse un parque. Había un par de personas caminando.<br/><br/>Mark comenzó a ponerse los pantalones mientras Robert se acercó al armario para sacar la ropa. Cogió una de las toallas que tenía en la balda más alta y se fue a la ducha. Abrió un poco la ventana para que pudiera entrar aire fresco. Cogió el bote de colonia y dejó caer unas cuantas gotas sobre su mano izquierda, dejó el bote y estrechó ambas manos para después llevárselas al cuello. Antes de que terminase de atarse los pantalones echó mano del anillo con sello que tenía en el bolsillo de su chaqueta. Era de oro, un regalo muy especial de su padre por su diecisiete cumpleaños. Una auténtica herencia familiar que se remontaba lo menos cien años o al menos eso era lo que su padre le contaba. Tenía un grabado tallado sobre una gema. Mark siempre explicaba que era una rosa roja con el centro blanco.<br/><br/>Mark era el primogénito de un acaudalado banquero inglés Edmond Adams. Todos sus antepasados cercanos estaban relacionados con la banca o el comercio. Ciertamente Mark pertenecía a una acaudalada familia y él era heredero de su emporio. Sin embargo su personalidad no reflejaba ningún tipo de arrogancia. No era altivo y al mismo tiempo tenía un gracioso poder de seducción. Sabía valerse por si mismo sin necesidad de criados, los cuales eran bastante frecuentes en aquellas instalaciones ya que había muchachos incapaces de poder estar fuera de su casa sin ellos.<br/>Él y Robert compartían habitación desde el curso pasado. Ambos conectaron a la perfección y mantenían un riguroso sentido de la camaradería.<br/><br/>Para cuando Robert volvió, Mark ya estaba preparando la chaqueta. Le pasó un par de veces el cepillo para limpiarla un poco.<br/><br/>-Ayer no te sentí entrar en la habitación. ¿A qué hora llegaste? –le preguntó Mark.<br/>-No sé. No estoy muy seguro. –Robert comenzó a dejar la ropa sobre la cama-. Debieron de ser la una y media.<br/>-¿Qué pasó? ¿Dónde estabas? –Mark se sentó en la silla del minúsculo escritorio que ambos compartían y que se encontraba a los pies de la ventana.<br/><br/>Resultaba raro que Robert llegará tan tarde. Sabía que normalmente le costaba levantarse pronto y que tener una cita con él, cualquier mañana, significaba tener que esperar. Pero también sabía que no solía ser una faceta que Robert destinase al resto del día. Siempre llegaba puntual a las noches. Solía pasar a cenar por el club y después se entretenía un rato charlando con otros compañeros de la universidad. Sin embargo para las diez, como muy tarde, ya estaba en la habitación. Hacía sus deberes y leía un rato antes de dormirse. Era como un reloj que solo tenía algún retraso al despertarse. Por eso resultaba bastante llamativo que llegase a esas horas tan intempestivas. <br/><br/>-Me quedé dormido en la biblioteca –Robert comenzó a quitarse el pijama.<br/><br/>Una gran risa se escuchó en el edificio. Mark no podía creérselo. Robert había hecho, queriendo o sin querer, otra de las suyas. Desde luego les tenía acostumbrados a cosas extrañas, como mínimo difíciles de poder explicar, pero quedarse dormido en la biblioteca y que nadie se diera cuenta de ello solo él podía hacerlo.<br/><br/>-No te rías –Robert tampoco podía dejar de sonreír, las carcajadas de Mark eran muy pegadizas-. Cuando desperté era tarde, ya no había nadie en la biblioteca.<br/>-¿Nadie se dio cuenta de que te habías quedado dormido? –volvió a soltar otra carcajada.<br/>-No. Estaba en la última fila del fondo y supongo que nadie se dio cuenta –prosiguió Robert-. Tal vez el padre Miguel ni siquiera sabía que estaba allí y por esa razón no miró.<br/><br/>El padre Miguel era bastante mayor, no más de lo que era el padre Juan. Estaba encargado del cuidado de la biblioteca, además de la ayuda en la búsqueda de los libros. Solía tener un cordón blanco que ataba su sotana. De hecho era el único que llevaba el cordón de ese color. Las arrugas de la frente le daban un aire amable a su rostro, lo cual facilitaba la colaboración con los estudiantes.<br/><br/>-Me desperté de repente. Oí un ruido en el patio y me acerqué a la ventana a mirar –Robert sacó una camisa rayada de uno de los cajones del armario. La sacudió un poco y se la puso. <br/>-¿Un ruido? ¿Qué era? –Mark no lograba entender lo que su amigo trataba de explicarle.<br/>-Di mejor quién. –matizó Robert.<br/>-¿Era una persona? –Mark parecía no creerle-. ¿Qué haría alguien a esas horas en el patio de la universidad?<br/>-Eso es lo que me llevó preguntando toda la noche. –Robert metió una de sus piernas por el pantalón.<br/>-¿No fuiste a mirar quién era? –Mark ordenó sus papeles y agarró un par de cuadernos.<br/>-¡Claro! Pero… -Robert se detuvo un instante para ponerse la corbata.<br/>-¿Pero qué? No me dejes así –dijo su amigo.<br/>-Cuando le vi meterse por una de las puertas del claustro el padre Juan me descubrió y me trajo –Robert cogió tres libros de la balda que estaba pegada a su lado de la habitación.<br/><br/>Ambos jóvenes terminaron por arreglar la cama se enfundaron en sus respectivas chaquetas y salieron hacia el comedor donde poder desayunar. Cerraron la venta y echaron la llave a la cerradura de la puerta. Robert rebosaba curiosidad por lo sucedido la noche anterior. No parecía preocupado por los futuros exámenes.<br/><br/><br/>]]></content></entry><entry><title><![CDATA[Feliz Navidad]]></title><link rel="Dame toda mi mierda" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/dame-toda-mi-mierda/atom.xml" title="Dame toda mi mierda"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200612]]></issued><modified><![CDATA[200612]]></modified><created><![CDATA[200612]]></created><summary><![CDATA[Feliz Navidad]]></summary><author><name><![CDATA['Santi']]></name></author><dc:subject><![CDATA[Feliz Navidad]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/dame-toda-mi-mierda/c_56.htm"><![CDATA[<b>ZORIONAK ETA EGUBERRI ON DANORI!</b><br/><br/><b>¡FELIZ NOCHE BUENA A TODOS!</b><br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/dame-toda-mi-mierda/files/untitled.gif" alt="" border="0" width="230" height="151"/><br/>]]></content></entry><entry><title><![CDATA[Capitulo 2]]></title><link rel="Dame toda mi mierda" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/dame-toda-mi-mierda/atom.xml" title="Dame toda mi mierda"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200612]]></issued><modified><![CDATA[200612]]></modified><created><![CDATA[200612]]></created><summary><![CDATA[Capitulo 2]]></summary><author><name><![CDATA['Santi']]></name></author><dc:subject><![CDATA[Capitulo 2]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/dame-toda-mi-mierda/c_55.htm"><![CDATA[Los pasos que necesitaría para llegar a la puerta se estaban consumiendo. Sentía cada vez más cerca la posibilidad de poder tocarla con su mano. <i>‘¿Qué se esconderá tras ella? ¿Quién estará allí a estas horas?’</i>. Por un momento le pareció que ya no tenía pies. Había tratado de no hacer ningún ruido. Necesitaba poder zapatear contra el suelo. Se trataba de no demostrar miedo. En esos momentos cualquier acto ostentoso era dar pasos hacia delante para vencer a sus miedos más profundos.<br/>Entonces sintió una gruesa mano sobre su hombro izquierdo. Se volvió para mirar, estaba asustado. Le habían descubierto merodeando por el edificio a altas horas de la noche.<br/><br/>-Vaya vaya. ¿A quién tenemos aquí? –su mano seguía apoyada en el hombro de Robert-. Si es el señorito Hasbor.<br/><br/>Al mirar quien era, Robert sintió un fuerte alivio. Se trataba del padre Juan. Era el mayor de todos los jesuitas del Campion Hall de Oxford. Desde que Robert llegó el año pasado siempre le había tratado con mucho afecto. Lo cierto es que le encantaba conversar con él, siempre parecía dispuesto a mantener agradables charlas. Tal vez se trata de una forma de poder confesarse pero sin duda Robert se encontraba muy a gusto cuando estaba junto al padre Juan.<br/><br/>-Hola padre –las piernas aún le temblaban del susto-. Estaba en la biblioteca pero me debí de quedar dormido…<br/>-¿Hasta estas horas? –el padre retiró la lámpara de queroseno a un lado sabiendo ya quien era aquella sombra que veía moverse por el claustro. <br/>-Sí. Desde una de las ventanas –Robert señaló con su mano derecha la ventana- pude ver a alguien que pasaba por aquí. Decidí bajar y ver quien era.<br/>-Sabe que estas no son horas para andar por aquí –el padre le hizo un gesto con la mano para marcharse de allí-. Vamos, es tarde y debería estar ya en la cama. Mañana le espera otro día más de clases.<br/>-Pero yo vi a alguien merodeando por aquí. No me pareció que fuera de la universidad –Robert trataba de hacerle entender que alguien extraño podría estar por ahí, pero las palabras del padre Juan siempre ejercían bastante persuasión sobre él.<br/>-Mañana me lo cuenta todo, pero ahora debe irse a la cama –el padre comenzó a andar hacia delante.<br/><br/>Ambos caminaron un buen rato hasta llegar al edificio de las habitaciones de los estudiantes. Robert se despidió del padre y subió corriendo las escaleras de la entrada. No tardó mucho en llegar hasta su habitación, la 555. Estaba en el tercer piso, justo al fondo del pasillo derecho. Tampoco resultaba difícil saber recordar las habitaciones, no había más de un centenar en aquel edifico pero todas tenía una numeración muy rara. Al menos eso le había parecido siempre a Robert.<br/>Entró sigilosamente, dejó la puerta entreabierta para que la poca luz de las dos lámparas que iluminaba el pasillo pudiera dejarle ver donde tenía el pijama. Mark estaba dormido. Era su compañero de habitación. Había dos camas a los lados, pegadas a las paredes. Justo en medio de ella, en la pared de enfrente de la puerta una ventana que daba al jardín de la entrada. Había dos armarios a los pies, Robert se acercó al suyo y sacó el pijama. Después de quitarse la ropa se lo puso y cerró la puerta. Alargando los brazos trataba de averiguar donde estaba la cama. Palpó la colcha verde de lana que su madre había hecho antes de que muriera en aquel fatal accidente. Cuando despertaba cada mañana siempre se pasaba unos cuantos minutos agarrando fuertemente esa colcha. Para Robert era uno de los pocos vínculos materiales que le quedaba de su madre.<br/>Retiró la sabana y la manta, se sentó en la cama y dejó su reloj de bolsillo encima de la mesilla. Introdujo las piernas y se tapó. Se mantuvo un tiempo boca arriba, pensando en quien sería aquella persona que vio desde la biblioteca. ¿Qué estaría haciendo a esa hora? Aquella luz tras la puerta hacía sospechar a Robert pero no sabía de qué se trataba exactamente. Desde luego no era normal y él parecía intrigado por lo ocurrido.<br/><br/><br/>]]></content></entry><entry><title><![CDATA[Capitulo 1]]></title><link rel="Dame toda mi mierda" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/dame-toda-mi-mierda/atom.xml" title="Dame toda mi mierda"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200612]]></issued><modified><![CDATA[200612]]></modified><created><![CDATA[200612]]></created><summary><![CDATA[Capitulo 1]]></summary><author><name><![CDATA['Santi']]></name></author><dc:subject><![CDATA[Capitulo 1]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/dame-toda-mi-mierda/c_54.htm"><![CDATA[Todo estaba en silencio. Nada parecía romper la quietud casi mágica que envolvía la sala. Sólo el fuerte viento que hacía en la calle parecía desgarrar alguna nota en el ambiente. Aquella ausencia de ruido tuvo mucha culpa de que Robert, no pudiendo sostener por más tiempo sus parpados, dejará caer la cabeza en sus brazos extendidos sobre la mesa. <br/>La biblioteca llevaba un par de horas vacía. Todos se habían marchado. Todos menos Robert. Decidió quedarse un rato más para poder preparar bien las tareas que le había ordenando hacer. Los estudiantes tenían la fortuna de poder permanecer todo el tiempo que quisieran en las bibliotecas y demás aulas de estudio de la universidad. No era habitual que alguno de ellos se quedase más allá de las diez. Tampoco lo tenían prohibido. Sin embargo, al ser la universidad tan grande y el número de alumnos tan escaso, no solía ser muy normal que a ciertas horas de la noche ninguno de ellos anduviera por las diferentes dependencias. Por esa razón los profesores solían aconsejar que se abstuvieran de hacer viajes nocturnos por el recinto. <br/>En esta ocasión parece ser que nadie se dio cuenta de la presencia de Robert. Apenas habían pasado la una de la madrugada y él continuaba dormido. Unos cuantos libros abiertos y algunas hojas con ciertas notas lo acompañaban como almohada adicional. De pronto un seco crujido en el patio pareció despertar al joven estudiante. Levantó ligeramente la cabeza con los ojos aún cerrados. Habían apagado todas las luces y solo la poca claridad que entraba desde las enormes ventanas podía ayudar a ver algo. Comenzó a frotarse los ojos como si le picaran. Bostezó y mientras se estiraba meneando la silla hacia atrás se quedó mirando el techo. Para él solo había oscuridad, ni siquiera aquel blanco tan impoluto que tanto resaltaba durante el día era capaz ahora de iluminar. <br/>Echó un vistazo a todo lo que había encima de la mesa. Cerró los libros y comenzó a introducir los papeles en la cartera de cuero negro que su padre le había regalado al inició del nuevo curso. Tenía una hebilla bañada en oro y el escudo de armas familiar grabado en la parte frontal. Le encantaba tocar aquella cartera. Recogió los lapiceros y la pluma. Los metió en el bolsillo del pantalón. Trató de levantarse sin hacer ruido. Seguramente por la costumbre y la educación adquirida. De todos modos no quedaba nadie en esa sala. Además las habitaciones quedaban bastante lejanas de allí. Una vez apartada la silla, volvió a estirarse. Esta vez podía hacerlo a sus anchas, como queriendo abarcar todo el espacio.<br/>Miraba hacia arriba con los brazos alzados cuando sonó un nuevo crujido en el patio. El sonido le resultaba familiar pero no sabía por qué. Su cabeza trataba de recordar ese ruido. Inmediatamente bajó la cabeza y la meneó hacia la ventana más cercana. Se acercó poco a poco. Por un momento le pareció ver un reflejo de luz en una de las esquinas del claustro y volvió a oír ruidos. Esta vez no eran crujidos sino pisadas. Cambió de punto al que mirar y volvió los ojos hacía su izquierda. Fue en ese momento cuando vio a alguien que cruzaba el patio al que daba la ventana. El suelo estaba lleno de guijarros, así que tampoco era demasiado extraño que alguien pudiera escucharlo. Así y todo, a Robert le pareció que aquella persona trataba de hacer el menor ruido posible. <br/>Su forma de andar lo delataba. Aunque sus intenciones fueran buenas no queriendo despertar a nadie, ninguna persona andaría de ese modo. Robert recordó que las habitaciones quedaban algo lejanas, no solo desde su posición sino a la de la persona que estaba cruzando el patio. ¿Por qué lo haría entonces? Rápidamente se acercó a la mesa donde tenía la cartera y la cogió. Caminó hacia el perchero donde tenía su levita, se la puso y abrió la puerta. Salió tratando de llegar a las escaleras que le conducirían al patio. Había dos pequeñas lámparas que iluminaban el pasillo que conectaba con otra biblioteca. Giró a la derecha y abrió una nueva puerta que le conducía a unas escaleras de mármol oscuro. Algunos de los escalones parecían resbaladizos a consecuencia de las gotas de agua que depositaban los paraguas cuando eran paseados alegremente. Comenzó a bajar lentamente. Para no caerse se apoyó en la gruesa barandilla de blanca piedra pulida.<br/>Se detuvo por un momento cuando llegó al final de la escalera. Miró a un lado y al otro del claustro. De noche daba la sensación de tener el doble de distancia que de día. Sintió un frío pegajoso de miedo e incertidumbre. Noviembre ya había hecho su aparición. Por un momento recordó los paseos por el parque que solía dar con su madre, por estas mismas fechas. Ahora ella ya no estaba y el frío parecía multiplicarse en Inglaterra. En Sevilla gozaban de una temperatura más cálida y hasta los paseos en pleno invierno resultaban posibles.<br/>Giró nuevamente a la derecha y comenzó a caminar con sumo sigilo. Mientras avanzaba apoyaba su mano izquierda en la pared. Era piedra congelada. Todo el edificio en si parecía un monumento megalítico digno de cualquier orden religiosa. La rugosidad de aquella piedra le hacía cosquillas en la palma de la mano. Volvió a oír un crujido, esta vez provenía del fondo del claustro. Siguió caminando por él hasta llegar al centro donde echó un vistazo al patio con el suelo de guijarros. Había un par de palmeras custodiando un busto que estaba en el centro. Los arcos que daban al patio eran tres veces más altos que Robert y prolongaban una sombra sobre el interior.<br/>Siguió adelante por el claustro. Comenzó a agacharse poco a poco mientras seguía manteniendo la mano apoyada en la pared. El final estaba cada ve más cerca. Vio una chispa de luz que dejaba entreverse por una de las puertas del final. Cada vez parecía más débil. Parecía una especie de luz en movimiento. Apenas quedaban un par de pasos para llegar a la puerta. Nunca se había parado a pensar que podía esconder aquella tabla de madera con cerradura. Sí que se había percatado de que por aquel umbral nunca entraban alumnos, sólo profesores. Todo aquello resultaba sumamente extraño a aquel chico pelirrojo medio español en tierras inglesas.<br/><br/><br/>]]></content></entry><entry><title><![CDATA[Introducción]]></title><link rel="Dame toda mi mierda" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/dame-toda-mi-mierda/atom.xml" title="Dame toda mi mierda"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200612]]></issued><modified><![CDATA[200612]]></modified><created><![CDATA[200612]]></created><summary><![CDATA[Introducción]]></summary><author><name><![CDATA['Santi']]></name></author><dc:subject><![CDATA[Introducción]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/dame-toda-mi-mierda/c_53.htm"><![CDATA[<i>Nueva York, 1 de agosto 1940</i><br/><br/>Seguramente será inútil que siga queriendo esbozar mis pensamientos en este diario. Tal vez haya llegado mi hora. Sé que son muchos los que me buscan. Llegarán tarde para conseguir su objetivo. Conmigo morirá una dinastía perdida de futuros que a los ojos de hoy parecen imposibles.<br/>Cuando la enfermedad no me deja ni un solo momento de respiro, los acontecimientos se aceleran. Atrás quedan años de viajes para poder escapar de la muerte. Es hoy cuando me doy cuenta que desde niño llevo en esta situación tan poco atractiva. Muchas veces he tenido la tentación de soñar con una vida normal, ser alguien más. Pero no podía ser así.<br/>En estos tiempos tan oscuros, todo parece estar cayendo. La barbarie se agudiza y los poderes parecen continuar en una lucha titánica por resistir al paso inevitable del tiempo. <br/>Pocos son ya los que están conmigo, muchos los que deje en el camino. Tal vez se sientan orgullosos de mí, tal vez no. El esplendor que la <i>Societas </i>vivió un día ahora ya no existe.<br/>Todo ha cambiado y nada parece ir a mejor. Las esperanzas que un día llegué a tener, ahora solo son sueños que pueden calificarse de utopías.<br/>Sólo quiero descansar después de tanta sangre derramada.<br/>Al igual que hace mucho tiempo, mi nombre sigue proscrito. Como lo ha estado nuestra conspiración. La que nadie menciona porque nadie conoce. Una conspiración sin nombre.<br/><br/><br/>]]></content></entry></feed>
