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Dame toda mi mierda
Camino de la mítica frase: 'Toma toda tu mierda'. Dándolo todo desde abril de 2006
Acerca de
Este blog sigue los pasos del gran maestro: 'El Tximo'. Él que todo lo da y todo lo recibe (de ahí su otra frase "Del cielo lo recojo y yo te lo transmito" que llegó a hacerse tan famosa entre nosotros sus amigos: 'Santi', 'Osito' e 'Igor') nos muestra cual es el camino. Él que llegó a inventar la idea "El Estado porno" con mi inestimable ayuda; y perfeccionase la "Teoría de los tres tipos de teta" (del grupo intelectual 'Hijoputismo ilustrado' -heredero en Euskadi del LPA-), nos sigue iluminando con su sabiduría. A partir de él surge este blog. Firmado: 'Santi' Contador Gratis
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Capitulo 2
Los pasos que necesitaría para llegar a la puerta se estaban consumiendo. Sentía cada vez más cerca la posibilidad de poder tocarla con su mano. ‘¿Qué se esconderá tras ella? ¿Quién estará allí a estas horas?’. Por un momento le pareció que ya no tenía pies. Había tratado de no hacer ningún ruido. Necesitaba poder zapatear contra el suelo. Se trataba de no demostrar miedo. En esos momentos cualquier acto ostentoso era dar pasos hacia delante para vencer a sus miedos más profundos.
Entonces sintió una gruesa mano sobre su hombro izquierdo. Se volvió para mirar, estaba asustado. Le habían descubierto merodeando por el edificio a altas horas de la noche.

-Vaya vaya. ¿A quién tenemos aquí? –su mano seguía apoyada en el hombro de Robert-. Si es el señorito Hasbor.

Al mirar quien era, Robert sintió un fuerte alivio. Se trataba del padre Juan. Era el mayor de todos los jesuitas del Campion Hall de Oxford. Desde que Robert llegó el año pasado siempre le había tratado con mucho afecto. Lo cierto es que le encantaba conversar con él, siempre parecía dispuesto a mantener agradables charlas. Tal vez se trata de una forma de poder confesarse pero sin duda Robert se encontraba muy a gusto cuando estaba junto al padre Juan.

-Hola padre –las piernas aún le temblaban del susto-. Estaba en la biblioteca pero me debí de quedar dormido…
-¿Hasta estas horas? –el padre retiró la lámpara de queroseno a un lado sabiendo ya quien era aquella sombra que veía moverse por el claustro.
-Sí. Desde una de las ventanas –Robert señaló con su mano derecha la ventana- pude ver a alguien que pasaba por aquí. Decidí bajar y ver quien era.
-Sabe que estas no son horas para andar por aquí –el padre le hizo un gesto con la mano para marcharse de allí-. Vamos, es tarde y debería estar ya en la cama. Mañana le espera otro día más de clases.
-Pero yo vi a alguien merodeando por aquí. No me pareció que fuera de la universidad –Robert trataba de hacerle entender que alguien extraño podría estar por ahí, pero las palabras del padre Juan siempre ejercían bastante persuasión sobre él.
-Mañana me lo cuenta todo, pero ahora debe irse a la cama –el padre comenzó a andar hacia delante.

Ambos caminaron un buen rato hasta llegar al edificio de las habitaciones de los estudiantes. Robert se despidió del padre y subió corriendo las escaleras de la entrada. No tardó mucho en llegar hasta su habitación, la 555. Estaba en el tercer piso, justo al fondo del pasillo derecho. Tampoco resultaba difícil saber recordar las habitaciones, no había más de un centenar en aquel edifico pero todas tenía una numeración muy rara. Al menos eso le había parecido siempre a Robert.
Entró sigilosamente, dejó la puerta entreabierta para que la poca luz de las dos lámparas que iluminaba el pasillo pudiera dejarle ver donde tenía el pijama. Mark estaba dormido. Era su compañero de habitación. Había dos camas a los lados, pegadas a las paredes. Justo en medio de ella, en la pared de enfrente de la puerta una ventana que daba al jardín de la entrada. Había dos armarios a los pies, Robert se acercó al suyo y sacó el pijama. Después de quitarse la ropa se lo puso y cerró la puerta. Alargando los brazos trataba de averiguar donde estaba la cama. Palpó la colcha verde de lana que su madre había hecho antes de que muriera en aquel fatal accidente. Cuando despertaba cada mañana siempre se pasaba unos cuantos minutos agarrando fuertemente esa colcha. Para Robert era uno de los pocos vínculos materiales que le quedaba de su madre.
Retiró la sabana y la manta, se sentó en la cama y dejó su reloj de bolsillo encima de la mesilla. Introdujo las piernas y se tapó. Se mantuvo un tiempo boca arriba, pensando en quien sería aquella persona que vio desde la biblioteca. ¿Qué estaría haciendo a esa hora? Aquella luz tras la puerta hacía sospechar a Robert pero no sabía de qué se trataba exactamente. Desde luego no era normal y él parecía intrigado por lo ocurrido.


 
Comentario:
Uiii pue yo no sé que será despues del padre Juan,pero amí me da mala epsina,no sé...los curas,padres y miembros de la Iglesia nunca me han dado mucha confianzza jeje.
Un beso y feliz navidad!
No