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Dejando al amor a un lado (aunque sea difícil): mi curro es una tortura, no por que la jornada se me haga pesada, ni porque tenga que hacer horas extras, ni siquiera porque me quite doce horas de las veinticuatro que tiene el día, si no porque hay algunos compañeros que despiertan mi instinto sexual. Hay uno como de veinticinco años, rubio, pelo corto, la nariz más atractiva que he visto nunca, una boca... diferente, manos grandes y fuertes y espaldas anchas, yo lucho cada vez que me cruzo con él por no tirarme a su cuello en plan drácula y chuparle... la sangre. Hay otro que viene de vez en cuando al taller, que es donde estoy yo, este es moreno, nariz llamativa y ojos claros, ¡cómo me gustan los ojos claros debajo de un pelo moreno!. Hay otros tres más, pero tampoco es plan de describirlos a todos, pero sí que tengo que describir a uno que empezó a trabajar ayer (éramos pocos y parió la abuela), moreno, pelo corto, nariz importante, barba de dos días, delgado pero no demasiado, con un piercin en la ceja y no sé que tiene, que su cara derrocha madurez, a pesar de no superar los veintipocos. En fín, que estoy ocho horas al día reprimiendo mis impulsos, luchando por no mirar culos y paquetes, arañando la mesa, mordiéndome el labio...
besoS





