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Dana y las olas
Acerca de
Alguien debería inventar qué podemos hacer, con las cosas que no sirven para nada y que no podemos tirar. Mi matadero clandestino hace algo parecido qué le voy a hacer si no vamos a la misma velocidad...
Sindicación
 
Este es el típico post sobre exámenes
Un mes y cuatro días para los examenes. Empiezo a sentirlos cerca. Empiezo a temerlos. Empiezo a sentir el agobio de montones de cosas sin hacer.

Tengo que empezar el trabajo de estadística. Es largo, pero no es dificil. Solo hay que saber manejar excel. Ese no me preocupa. Pero también tengo que empezar el trabajo de análisis contable. Todavía no sé qué hacer. Ni siquiera como se hace.

Llevo retraso de estudio. Montones de ejercicios de macroeconomía sin entregar. Creo que esta asignatura se queda para el año que viene.

Parece que no avanzo. El cuatrimestre pasado aprobé tres asignaturas de seis. Y todo por las putas funciones, elasticidades y diferenciales. Ni puta idea. A mi nadie me ha explicado cosas que necesito saber ¿acaso las debería aprender por ciencia infusa? Me agobio.

Llevo una semana diciendo: hoy es el día en el que empiezo a estudiar. Y no hay manera. Me siento. Enciendo el ordenador. Empiezo a bajar música, a leer blogs, a buscar conciertos a los que ir. Cojo el teléfono. Dios. La tarifa plana de teléfono es un vicio. No paro de hablar por teléfono. Necesito centrarme. Porque está claro que en verano no tocaré ni un libro. NOooo. Trabajaré en algo para no sentirme demasiado inútil. Y el resto del tiempo me dedicaré a tomar el sol en la playa y a emborracharme.

Decidido. Mañana es el día en que empiezo a estudiar. Mañana.
 
Cadaqués y Dalí
Me enamoré de Cadaqués tres días después de volverme a enamorar de Él. Una semana y un día después de que otro me regalara un libro de Dalí. Cuando yo recordé que Cadaqués era el pueblo donde Dalí vivió mucho tiempo me pareció una burla del destino. Toda la vida puede cambiar en un segundo. Son pequeños instantes que hacen que nada vuelva a ser igual. La suerte. El destino. O como cada uno quiera llamarlo.

Lleguamos allí por casualidad. Después de haber recuperado nuestro amor queríamos celebrar su cumpleaños solos. Él y yo. Mirandonos por tiempo infinito a los ojos. Había plazas de hotel libres en Roses, y allí fuimos. Cogimos el coche y aparecimos en Cadaqués. Después de atravesar millones de curvas en la carretera. Durante quince kilómetros. El recorrido de quince kilómetros más bonito que he hecho nunca. Mientras él conducía yo me admiraba como una niña pequeña. Un barco! otro barco! un lago! cuánto verde! mira qué casa! una isla! Decía yo sin parar.

Él intentaba disfrutar igual que yo del paisaje. Pero le obligaba a mirar a la carretera mientras yo le describía todo.

Llegamos a la casa museo de Dalí. Deseé que el tiempo se detuviera allí. Tanto silencio. Sin coches. El mar. Casas blancas. Cadaqués es como un pueblo de otra época. Al estar allí ves todos los paisajes de Dalí. Su luz. El mar.

Y yo feliz. Con los ojos más abiertos que nunca. Para mirar el sol reflejado en el mar, las fachadas blancas, los barcos navegando lento. Y sobretodo sus ojos. Sentir su mano agarrando suavemente mi hombro. Para no perderme de nuevo.