Cadaqués y Dalí
Me enamoré de Cadaqués tres días después de volverme a enamorar de Él. Una semana y un día después de que otro me regalara un libro de Dalí. Cuando yo recordé que Cadaqués era el pueblo donde Dalí vivió mucho tiempo me pareció una burla del destino. Toda la vida puede cambiar en un segundo. Son pequeños instantes que hacen que nada vuelva a ser igual. La suerte. El destino. O como cada uno quiera llamarlo.
Lleguamos allí por casualidad. Después de haber recuperado nuestro amor queríamos celebrar su cumpleaños solos. Él y yo. Mirandonos por tiempo infinito a los ojos. Había plazas de hotel libres en Roses, y allí fuimos. Cogimos el coche y aparecimos en Cadaqués. Después de atravesar millones de curvas en la carretera. Durante quince kilómetros. El recorrido de quince kilómetros más bonito que he hecho nunca. Mientras él conducía yo me admiraba como una niña pequeña. Un barco! otro barco! un lago! cuánto verde! mira qué casa! una isla! Decía yo sin parar.
Él intentaba disfrutar igual que yo del paisaje. Pero le obligaba a mirar a la carretera mientras yo le describía todo.
Llegamos a la casa museo de Dalí. Deseé que el tiempo se detuviera allí. Tanto silencio. Sin coches. El mar. Casas blancas. Cadaqués es como un pueblo de otra época. Al estar allí ves todos los paisajes de Dalí. Su luz. El mar.
Y yo feliz. Con los ojos más abiertos que nunca. Para mirar el sol reflejado en el mar, las fachadas blancas, los barcos navegando lento. Y sobretodo sus ojos. Sentir su mano agarrando suavemente mi hombro. Para no perderme de nuevo.
Lleguamos allí por casualidad. Después de haber recuperado nuestro amor queríamos celebrar su cumpleaños solos. Él y yo. Mirandonos por tiempo infinito a los ojos. Había plazas de hotel libres en Roses, y allí fuimos. Cogimos el coche y aparecimos en Cadaqués. Después de atravesar millones de curvas en la carretera. Durante quince kilómetros. El recorrido de quince kilómetros más bonito que he hecho nunca. Mientras él conducía yo me admiraba como una niña pequeña. Un barco! otro barco! un lago! cuánto verde! mira qué casa! una isla! Decía yo sin parar.
Él intentaba disfrutar igual que yo del paisaje. Pero le obligaba a mirar a la carretera mientras yo le describía todo.
Llegamos a la casa museo de Dalí. Deseé que el tiempo se detuviera allí. Tanto silencio. Sin coches. El mar. Casas blancas. Cadaqués es como un pueblo de otra época. Al estar allí ves todos los paisajes de Dalí. Su luz. El mar.
Y yo feliz. Con los ojos más abiertos que nunca. Para mirar el sol reflejado en el mar, las fachadas blancas, los barcos navegando lento. Y sobretodo sus ojos. Sentir su mano agarrando suavemente mi hombro. Para no perderme de nuevo.
Comentario:
Comienzo, por el principio, mi andadura por tu blog. En incio me ha gustado, y ahora me da envidia, quiero conocer Cadaqués, pero tb debe ser bonito eso de sentir una mano agarrando suavemente tu hombro o sujetar tú el hombro de alguien a quien amas; eso es algo q aquí abajo no se puede hacer.
Saludos desde el Inframundo.
Saludos desde el Inframundo.





