Tierra roja

Estaba ya oscureciendo y casi habían llegado al camino que llevaba derecho al centro de Morión, había un miedo generalizado por ver lo que quedaba de Morión, y que podían encontrar allí. Morkben encabezando como de costumbre el batallón, dio el alto.
- ¡Parad todos! – En un gesto con la mano y con la otra sacando su espada -. Voy ha asomarme para ver que es lo que veo, estad todos preparados para un ataque de esas bestias.
- ¡Señor!, ¡Señor!, esperadme, quiero ir con vos - Salio de entre varios soldados Zoern-. Dejadme acompañarle.
- Esto no es ninguna misión importante Zoern – Le contesto Morkben en tono suave y negándole con la cabeza-. Simplemente me asomaré y quiero que todos estéis preparados por si me ven y nos atacan.
Los soldados poco a poco se iban poniendo en sus posiciones de combate, apartando los animales y suministros, llevándolos a la última línea de defensa.
- ¡Shuuu! – Silencio, con estos ruidos nos van ha escuchar hasta las sirenas de los mares –Intervino Kiman-. Aun no sabemos que instinto auditivo tienen esos espantapájaros, igual son como los perros y son capaces de escuchar el pedo de una mosca tres montañas más allá. –¡Ja, ja, ja! En ese caso lo tendremos mal, seguro que están pensando en como cocinarnos.
- Realmente estas tan loco como cuentan, ¿eh? Viejo Kiman –Dijo Morkben con una alegre sonrisa-.
- ¿Yo loco? –Contesto Kiman, guiñándole un ojo-. Loco tú, que quieres asomar el cuello por ese camino, seguro que te están esperando para contarte un cuento. ¡Ja, Ja, Ja!
- En ese caso, estad todos preparados para lo peor –Dijo ahora Morkben en tono serio-. Estad todos listos, voy ha mirar.
A paso muy lento, comenzó a caminar el caballo, controlando de no levantar ningún ruido, solo lo necesario, lentamente se iba alejando, mientras todos los demás, miraban como se alejaba, Zoern siempre miraba de manera diferente a Morkben, como quien mira a un maestro que te acaba de enseñar algo realmente útil. Ya estaba prácticamente oscureciendo del todo, una suave neblina empezaba ha esparcirse por todos los rincones. Habían pasado unos minutos y ya comenzaban los mas desconfiados ha perder la esperanza.
Con cara de horror y perplejo Morkben observaba lo que la mano de mal había destruido en aquellos parajes, antes tan llenos de vida y ahora abrasado, habían cuerpos por todas partes, el olor era insoportable, aun seguían humeando algunas casas, carros y lo que quedaba de la entrada de las cuevas de Morión, mezclado todo ello por el color rojizo de la lava. Observo todo aquello con detenimiento en busca de algún movimiento sospechoso. Todo parecía estar desierto, aunque la oscuridad de la noche no dejaba ver más allá de unos pocos metros de distancia. Permaneció allí, inmóvil, unos minutos, pensando si arriesgaría la vida de los soldados adentrándose en el centro de Morión.
-Bueno, no hemos venido para nada -Se dijo a si mismo Morkben en voz baja-.
Dio media vuelta lentamente y se dirijo ha explicar lo visto a todos los demás. Un suspiro de calma entre los hombres se sucedió, al ver de nuevo la figura de Morkben montado en su caballo. Todos prestaban absoluta atención a lo que Morkben explicaba de lo que había visto.
- Caballeros, hay que adentrarse profundamente en Morión –Explicaba con gran seriedad-. Sabed, que no os gustará lo que vais a ver, recomiendo que os pongáis un trapo en la boca, el olor es insoportable hay delante, tendremos que ser cautelosos, aunque no haya visto ningún movimiento sospechoso, no nos podemos fiar, sin luz es mas fácil esconderse, así que estad todos preparados. Seguidme cuando de la orden.
- ¡Quietos todos! – Interrumpió Kiman-. Tengo una idea mejor, soltad los perros primero, ellos nos avisaran de lo que nos podemos encontrar, estad todos atentos a los sucesos, tenemos que ser mas rápido que ellos y mas efectivos, esta vez nosotros atacaremos desde la distancia con las flechas y después los rematamos, ¿verdad que si Tenus?. “Tenus era el hacha preferida de Kiman, no se podría ni contar las vidas que se ha llevado ese trozo de acero”.
- Me parece buena idea –Intervino Morkben-.
- No los soltéis todos, necesitamos algunos de esos animales para rastrear – Contesto Fael desde una posición más atrasada-. Soltad solo a los peores rastreadores y aguardar los mejores, para el futuro, se que los necesitaremos.
-Esta bien –Continuo Morkben-. Sargento, que diez hombres cojan los perros, se asomen y cuando se les de la orden suelten los perros por la zona, todos los demás rodear la posición y observar cualquier sonido o movimiento sospechoso. Después cada líder dará el orden de ataque. Arqueros y Ballesteros, vosotros estaréis en segunda línea, apuntad sobre el cielo de Morión. Encender las puntas de las flechas, ¡O mejor aun! No las encendáis, así no sabrán por donde les vienen los proyectiles.
Los encargados del cuidado de los animales se asomaron al borde del camino que comunicaba con Morión. Así mismo en filas perfectamente alineadas, se ponían todos los arqueros y ballesteros, apuntando hacia el cielo, calculando a ojo donde caerían los proyectiles. Todos permanecían en silencio, mirando desde la penumbra y la seguridad del oscurecer.
-¡Soltarlos! –Se escucho de fondo-.
Soltaron a los animales que rápidamente se pusieron a correr por todos los rincones ladrando y dando brincos, animales perfectamente entrenados para este fin, suerte de haberlos traído, podían salvar muchas vidas. Todos los hombres tenían los ojos bien abiertos en busca de cualquier movimiento en la penumbra, pasaron varios minutos y no hubo tales movimientos, la zona parecía desierta y lamentablemente sin vida alguna.
- ¡Caballería! – Grito Morkben alzando su espada-. ¡En marcha!
- ¡Adelante! – Gritaron los demás líderes-.
Los hombres en seguida se pusieron en marcha a paso ligero, mirando en todas direcciones, muchos no pudieron aguantar el nefasto olor que desprenderá la tierra podrida y terminaron vomitando. Suerte de estar todo oscuro y eso suavizaba bastante el desolador panorama del lugar.
-Atención, todos- Alzo la voz Fael-. Que varios de los hombres enciendan las antorchas, la zona parece segura, que otros se encarguen de prender los cuerpos con fuego, hay que evitar que las enfermedades se propaguen. Desearía despedir a cada alma en cu correcta forma, y que sean enterrados, pero la situación lo impide. Que descansen en paz estas almas.
Varios hombres, siguiendo las instrucciones, fueron prendiendo fuego a todos los cadáveres, de hombres y animales. Todo alrededor estaba destruido completamente, no quedaba ni una sola casa en pie, incluso los cultivos estaban aplastados, los soldados que prendían fuego a los cadáveres, observaron las heridas que mostraban los cuerpos, zonas desgarradas y trozos por todas partes, tenían el aspecto como de haber sido atacados por osos o manadas de lobos. Aun así las heridas eran peores. Ya habían visto lo que los demonios eran capaces de hacer en el ataque cuerpo a cuerpo. Prácticamente todas las miradas se desviaban a los que fue en su día la entrada a las cuevas de Morión, ahora abierta por un gran agujero en el centro y humo rojizo. Los lideres en el centro de Morión, ahora discutían el siguiente paso que tendrían que realizar.
- Tendríamos que ir a ver el interior de la cueva, he intentar sellarla –Explicaba Kiman-. Igual, incluso encontraríamos más información de los planes de esas bestias.
- Nosotros no tenemos ni poder ni conocimiento para sellar la salida del infierno- Intervino Fael-. Esas cuevas fueron selladas por algún tipo de conjuro, tan antiguo como la tierra que pisamos, tan solo se me ocurriría, sellarla con rocas y barro. Esto es demasiado cruel para ser verdad…
- De momento esta noche no haremos nada mas, limpiaremos un poco estas tierras y descansaremos –Dijo Morkben sentándose en una pequeña silla que tenia justo al lado, con cara de cansado-. Mirad los hombres y sus rostros, están completamente agotados, para que estén toda la noche trabajando, ha sido un día muy duro y merecemos un descanso.
-¡Va! Como quieres descansar en un sitio como este y con este olor tan insoportable –Dijo Kiman en alta voz. Huele como una mala digestión de mi caballo. ¡Ja, Ja, Ja!
- Al partir sabíamos de sobra que esto no seria fácil Kiman –Explicaba Morkben, quitándose las botas-. Tomad asiento y descansar, mañana pensaremos como continuar.
Morkben llamo al sargento y le ordeno hacer la rueda de guardias, esta vez doblada en número de hombres y que todos descansasen. Poco a poco las llamas de los cuerpos se iban consumiendo, por suerte aquella noche una suave ráfaga de viento alejaba el humo de los cuerpos al lado contrario de donde estaban posicionados todos los hombres. Prácticamente nadie durmió esa noche, los nervios lo impedían, todos daban vueltas a las cabeza sobre lo sucedido aquel día, todo ello salido del libro mas horroroso jamás contado, la luna rojiza parecía estar ensangrentada por lo sucedido allí, el problema es tan serio que los mas positivos como Fael, se derrumbaban nada mas pensar en lo estaba sucediendo, no hacia mas que preguntarse el por que de aquello, que no contaban con ninguna ayuda celestial, siempre había leído y sido explicado por sus maestros que si alguna vez, algo así pasaba, bajarían los Ángeles celestiales para ayudar, pero no ocurría nada, era un problema de los hombres, igual un castigo del supremo, demasiadas dudas para resolver lo que se les venia en frente, tan solo la esperanza que depositaba en aquellos hombres daba un punto de luz a lo sucedido, sabia que se podían matar, por lo que podrían ganar, pero atemorizado por los poderes que tenían estas bestias, asustaban, sabia que un gran ejercito de esas criaturas podría aniquilar un ejercito tres veces superior de hombres en tan solo unos minutos.
Mientras tanto a gran distancia de allí, nadie sabía lo que estaba a punto de ocurrir en el castillo de Kattarm. Este castillo custodiado por el rey Koerm, era una fortaleza de dura piedra y buena defensa, tenia un gran ejercito que lo protegía, aunque llevaban varias generaciones de reyes sin ningún tipo de conflictos con otros reinos, aun así pocos se atreverían a tenerlos como enemigos.
- ¡Mi rey!, Mi rey, los guardias vigías nos indican movimiento al norte del castillo –Gritaba con gran preocupación el capitán Hunor del reino de Katarm-.
- ¿Movimiento?, ¿Qué tipo de movimiento? Vamos responde capitán-.
- ¡Un ejercito!, pero este no es normal, se nos acercan demasiado deprisa para ello –Explicaba Hunor con gran nerviosismo en el cuerpo-. Yo mismo he visto como se acercan, emiten sonidos extraños, no parecen provistos de catapultas ni ningún tipo de instrumento de asedio, pero no me gusta nada.
- ¿Un ejercito? Si no estamos en guerra con ningún pueblo, que demonios querrán –Se levanto de su trono el rey-. Espero que no tenga nada que ver con los problemas que sufren en el sur, creo que por Faudmar si no estoy mal informado. Atención guardias reales acompañarme, y quiero mi armadura y espada, Rápido –Concluyo Koerm.
Koerm se asomo en lo más alto de las torres de vigía y observo como cientos de sombras lejanas se acercaban a gran velocidad, parecían una manada de lobos, los sonidos que emitían, parecidos a los de los animales felinos, atemorizaban el corazón del rey, quien pronto dio orden de defensa del castillo. Todos los soldados corrían a gran prisa de un lado a otro ocupando su lugar de combate, las catapultas, arqueros, y lanzadores de brea estaban en los primeros lugares de defensa, el resto del pueblo fue ocultado en las mazmorras del castillo.
- ¡Atención! –Grito el Capitán Hunor-. Sacad todas las provisiones de los caminos, si nos atacan con fuego, nos las quemaran. Arqueros, preparad las flechas, soldados preparad todas las catapultas. No disparéis hasta que lo ordene el rey.
- Capitán –Se dirigió al sargento-. Todo esta listo para la defensa del castillo.
-Excelente –Concluyo el capitán-.
Todos los soldados asomados miraban perplejo y con grandes dudas que era aquello que se acercaba a una velocidad inhumana. En aquel momento sonaron los tambores y bombos que anunciaban que entrarían en combate, si se viesen en la necesidad.
- ¡Capitán! –Llama el rey Katarm-. Quiero que disparéis varios proyectiles de catapultas incendiados para persuadir a ese ejercito, deben saber que estamos preparados para defendernos y que ni un solo hombre de ellos conseguirá poner un pie en este castillo.
- A si será mi rey –Respondió Hunor bajándose la visera de su casco-. ¡Lanzad catapultas!
Las catapultas lanzaron varios proyectiles a toda la distancia que podían, partiéndose en mil pedazos al chocar en el suelo y esparciéndose en trozos ardiendo por los senderos de alrededor del castillo. El ejercito atacante disminuyo el paso, seguidamente parando en su totalidad, después de la advertencia echa por el castillo de Katarm.
-Mi rey, parece que se han detenido –Se dirigió a el un soldado real-.
-Me pregunto que querrán esos hombres de nuestras tierras –Se decía a si mismo el rey acariciando su barba-. Que sepamos no tenemos enemigos desde los tiempos de mi abuelo. Esto tiene algo que ver con las noticias del sur, seguro.
-¡Mi rey!, han reemprendido la marcha –Dijo otro soldado en tono histérico-.
-Pues si quieren guerra, ¡la tendrán! –Respondió el rey Koerm-.
El ejército estaba muy próximo ya a las murallas del castillo, no estaba provisto de ningún tipo de armamento de asedio, ni escaleras ni nada que se le pareciese.
-Veamord, estamos cerca, ¿cuales son sus órdenes? –Una voz profunda pregunto-.
-Cuando estemos cerca, pero a distancia prudente de los proyectiles parad y rodear el castillo –Respondió Veamord-. Quiero que el castillo sea atacado por todos sus laterales, en breve llegaran nuestros hermanos desde el aire, haciendo así más sencillo nuestra entrada. Apagad las antorchas, la oscuridad nos será buena aliada para deshuesar a esos mortales.
-Que así sea mi señor –Le hizo una reverencia a Veamord-.
Tan pronto como alcanzaron la prudente distancia del castillo comenzaron a rodearlo en forma de anillo, y empezaron a apagar las antorchas para desaparecer en la penumbra. Los soldados horrorizados ya podían diferenciar los rasgos físicos del ejército, antes de que apagaran sus antorchas.
-Mi rey –Se dirigió el capitán-. No llevan ningún tipo de emblemas ni estandartes que les identifiquen, no sabemos de donde proceden, ni… ni siquiera llevan armas eh armaduras convencionales. Esto parece una broma.
-¿Como?, ¿Que es lo que buscan aquí? –Pregunto el rey con voz de extrañado-. Son días extraños estos que nos tocan vivir, desde luego no creo que tengan buenas intenciones, seguid en vuestras posiciones, y en cuanto se pongan a tiro, ira y fuego.
La ofensiva

La dulce y fresca brisa del amanecer se cuela por todos los rincones de Faudmar, arrastrando consigo el olor de cientos de plantas, flores y el inconfundible olor del lago Blanco. Los mas madrugadores comenzaron ha preparar las riendas y utensilios que llevarían consigo en el viaje. Poco a poco se comienza ha llenar de vida la ciudad, para sorpresa de sus ciudadanos, que nunca antes habían visto tan gran ejército en su ciudad. Comenzaron ha rodear el punto comprendido, entre las primeras casas y la puerta principal de entrada a la ciudad, todos se hacían preguntas del por que de aquella reunión y que hacían allí aquellos hombres venidos de todos los rincones de la tierra. Morkben despertó, prácticamente tan rápido como se durmió, tras larga noche de meditación decidió ir a Morión, para seguir los pasos de lo que el denomino “Bandidos sin escrúpulos” En seguida entro uno de sus armeros a su habitación.
-Mi señor, ¿Voy preparándole el caballo? -Dijo el armero en tono muy suave-.
-Si, pero antes ayúdame ha ponerme la coraza. –Respondió Morkben- En un gesto rápido se levanto de la cama.
-Ahora mismo señor -Respondió. – El soldado cogió la coraza y se la empezó ha colocar a su señor, así como los brazaletes, los pantalones y todas las piezas de su armadura.
Tan pronto como salio a las calles de Faudmar, dio un ligero golpe a sus guantes en su pierna y se los coloco en las manos, miro a un lado y otro y dio los buenos días a los más cercanos a el, uno de los soldados de Morkben se acerco a el para decirle algo al oído.
-Mi señor, varios de los que tendrían que partir con nosotros, se han ido. -Le explico el guardia. – Parece ser que no han tomado en serio esta misión y han decidido que es una perdida de tiempo.
-Ya me lo imaginaba que algunos harían eso. –Respondió- Mientras miraba hacia el suelo pensando el por que el no ha hecho lo mismo.
-Pero da lo mismo, nosotros iremos, somos bastantes como para aplastar a esos desechos, a si que preparar todo y en marcha, nos quedan dos días a caballo para llegar.
-A la orden señor. –Dijo el guardia, recto saludando con el puño en el hombro.
Pronto apareció el clérigo seguido de dos jóvenes aprendices, con andares ligeros, se subió a un barril que había cerca de una de las casas, ganando altura para que fuese visto por todos, dio algunas palmadas para llamar la atención de los presentes.
-La ruta a seguir será la de los llanos grises, será la mas segura y la mas eficaz para transportar los carros, posiblemente encontraremos grupos de desorientados y tendremos que alimentarles y señalarles el camino hasta esta, nuestra tierra.
-Por esa ruta no haremos mas que perder el tiempo y tardar un día más hasta llegar a Morión. – Contesto el joven Zoern-.
-Lo se. – respondió el clérigo mientras se frotaba la barba –Pero es las mas segura y la que nos han indicado los refugiados de Morión, es posiblemente donde mas gente ande perdida, nuestra misión aparte de neutralizar a esas bestias, es rescatar a todo aquel que aun conserve la vida. – En ese instante Zoern hizo un gesto de consentimiento y dio un paso atrás.
Mientras tanto uno de los ayudantes del rey puso una gran pancarta explicando lo que estaba sucediendo:
“Hoy, aquí, partirán los valerosos caballeros que devolverán la paz a estas nuestras tierras, y a las mas azotadas por la mano del demonio, siendo de recordatorio por todos aquellos que hoy les vemos partir, los que pierdan la vida serán recompensados por la gracia de dios y recordados por aquellos a los que nos salvaron”
Todos miraban la pancarta sorprendidos, no todos sabían leer y algunos carecían de vista para poderlo leer, pero la gente no hacia mas que leerlo en alto, por lo que todo el mundo quedo enterado de lo que sucedía. En seguida las mujeres y niños comenzaron a coger hojas y flores de los alrededores para dar así buen augurio en la marcha de los caballeros, de ese, y otros reinos, no cabe duda que era gente muy hospitalaria y especial en aquella época.
Poco a poco se comenzaban a oír las voces de los comandantes, y jefes al mando de las tropas dando instrucciones.
- ¡Ballesteros! – ¡Listos señor!
- ¡Arqueros!. - ¡Listos señor!
- ¡Caballería!. – ¡Listos señor!
- ¡Adelante!. – Se iba sucediendo estas voces por todas partes y comenzaban ha partir en suave ritmo.
Las gentes agolpadas en los alrededores de la entrada comenzaron ha aplaudir, lanzando todo tipo de flores y hojas al aire, rozando en las brillantes armaduras de las soldados, también como no, entre los mas sensibles, las lagrimas por aquellos que caerían en combate, tan pronto como el primer hombre cruzó la puerta les siguieron los demás, entre ellos algunos animales utilizados para la carga como podían ser caballos y otros como buena defensa y excelente rastreadores, como los buenos perros de Bernaim. También llamada vulgarmente ciudad del perro. Los niños emocionados por lo que estaba viendo no tardaron en empezar ha dar saltos de alegría y jugar a ser caballeros. con palos, y escudos de madera imitando a esos soldados que estaban presentes.
Todo estaba listo para la marcha, así que tan pronto como abrieron las puertas comenzó la marcha, los primeros caminos se iban dejando atrás, perdiendo en la retaguardia Faudmar, muchos de los soldados observaban todo a su alrededor, contemplando la belleza de los rincones de Faudmar, algunos de ellos jamás habían estado en aquella zona y querían guardar un buen recuerdo de aquellos oscuros días, todo ello contando de que pudiesen llegar a casa sanos y salvos, cosa difícil por la seriedad de la misión, mientras Morkben cabalgaba, vio una sombra que se le acercaba :
- ¡Caballero Morkben! – Llamo Zoern desde la retaguardia, mientras se iba acercando a galope ligero-.
- ¿Le importaría que fuese a su lado un rato? – Le pregunto mientras se levantaba la visera de su casco con una gran sonrisa en su rostro-.
- Por supuesto que no –Respondió Morkben, devolviéndole la sonrisa y dándole una palmada en la espalda-.
- Es para mi un honor acompañarle en este encomiendo, mis hermanos me recomendaron hacer este viaje, dijeron que aprendería grandes cosas a su lado, y por su puesto que no me separase de vos – Sonrió a carcajada Zoern-.
Morkben sonrió y tuvieron una larga y agradable charla, con risas y gestos de alegría mientras viajaban hacia Morión, no había que conocer mucho a aquel joven para saber que su alma era noble como la de un gorrión recién nacido, no obstante muchos en su reino pensaban que no estaba preparado para ninguna batalla, aunque preparado por los mejores guerreros de su reino, su bondad no era buena compañera de armas, llegado el momento, pensaban que seria incapaz de arrancarle la vida a su enemigo, iría en contra de su ser, aun así le dejaron marchar, con los mejores soldados que disponían, sabiendo que cada uno de ellos daría la vida por aquel muchacho antes de verle atravesado por una espada o flecha.
Uno de los soldados comenzó ha tararear una canción alegre de batalla, a la que pronto muchos mas le siguieron, quizá era una forma de apalear el nerviosismo que se sentía en aquel viaje. La noche pronto caería, ya tenían gran parte del trayecto realizado, sin ningún contratiempo, ni ningún aldeano de Morión, pese a saber que habrían algunos esparcidos por todas aquellas tierras, finalmente el clérigo dio el Alto, seguido de un “Este es buen sitio para acampar esta noche“ se comenzaron ha preparar las tiendas de campaña y asignar los turnos de guardia entre los soldados, las hogueras comenzaron ha encenderse y tan pronto ha ponerse ha preparar la cena, había media luna y los sonidos eran los de una noche tranquila, con los ruidos típicos de los animales merodeadores de la zona. Cada regimiento se sentó alrededor de la hoguera y comenzaron ha comer y ha contarse historias graciosas para hacer la noche mas amena, se prohibió debido las circunstancias, beber cualquier bebida que alterase los movimientos y sentidos de cada hombre, pese a alguna cara de desacuerdo todos lo aceptaron, incluyendo las tropas de Meoldek, “se dice de ellos que no han participado en una sola batalla serenos, incluidos los tiempos antiguos que defendían su ciudad de tres regiones diferentes con los que estaban en guerra”.
- Buenas noches caballeros, serian tan amables de darle un poco de comida y bebida a este viejo –Dijo el clérigo a las tropas de Morkben-.
- Por supuesto – Contesto Morkben, haciendo un gesto con su mano hacia uno de su lado-.
- Aun sigo sin saber su nombre, bueno ni yo ni nadie de los presentes lo sabemos, como estaremos tiempo juntos no estaría de mas saberlo.
- Fael, así me llamo – Contesto el Clérigo quitándose la capucha y frotándose las manos en la hoguera mientras se sentaba-.
- Ponedle comida abundante y agua – Le dijo Morkben al soldado que hizo aquella noche de cocinero-.
le puso un buen cuenco de comida que casi se salía.
– No ponga esa cara hombre, que esta muy bueno- Le dijo el cocinero a Fael-
- ¿Ve ese caballo? El lo probó y mírele, sigue de pie –Se rió el camarero y todos los presentes-.
- Gracias. – Respondió Fael. –Mirando el cuenco con no muy buena cara-
La cena siguió y pareció que poco a poco se estrechaba la amistad de Morkben con Fael, ninguno de los dos dijeron nada sobre lo sucedido, ni nada que hiciese pensar en lo que les podría pasar, tan solo hablaron rieron y contaron relatos de aquella época. Tras terminar la cena se fueron ha dormir gran parte de las tropas, haciendo guardia durante toda la noche, querían a todos los hombres frescos, por lo que todos pudieron disfrutar de un descanso. Posiblemente la siguiente noche la pasarían ya en tierras de Morión.
La mañana llego con los primeros rayos de sol, comenzaron ha despertar todos los hombres, aunque aun eran presentes los fuertes ronquidos, jamás pensado que proviniesen de un hombre. Ese día amaneció con una pequeña neblina que mas tarde disiparía cuando el sol calentase con más fuerza.
- ¡Vamos chicos en pie! Dejar ya de soñar con vuestras mujeres, que nos espera un gran día, hoy machacaremos esos hombres, criaturas o lo que demonios sean. ¡Ja,Ja,Ja! -Grito a los cuatro vientos el loco de Kiman-.
-¡Tengo el hacha preparada bastardos! -Alzo aun más la voz, eh hizo espantar una bandada de pájaros que habían en unos árboles cercanos-.
Pronto las tiendas de campaña y todos los soldados estaban preparados para reanudar la marcha. Morkben siempre tan madrugador estaba ya encima de su caballo en primera línea, observando el camino que debían seguir tapado el horizonte y por la neblina, mientras, el caballo no dejaba de agitarse y hacer respiraciones profundas.
- Soldado, venga un momento –llamao Morkben-. Prepararlo todo perfectamente, hoy huele a sangre, quiero que los ballesteros tenga cargada su arma para disparar por si somos atacados –Mirándole a los ojos fríamente mientras le decía las palabras.
-A la orden mi señor –Puso su puño en el hombro y bajo la cabeza levemente-. El soldado comenzó ha correr hacia los demás hombres para avisarles de las ordenes-.
-Si… ¿Hoy será un duro día verdad Goel? -Se dirigió Morkben a su caballo dándole golpecitos suaves en el cuello intentándole calmar-. No me gusta nada ese camino, parece el camino al infierno, ¿Lo sabes verdad? No te preocupes, saldremos de esta, como ya hemos salido en otras ocasiones, solo espero volver con todos mis hombres sanos y salvo, no quisiera ver las lagrimas de sus mujeres y familia, para mi, volver sin ellos es una gran derrota –.Morkben se giro y miro a sus hombres, como a toda prisa terminaban de recoger todo y ponerse en marcha.
Ya todo estaba listo y empezó la marcha, contra mas se adentraban en aquellos senderos mas nerviosismo se notaba en el ambiente, los ballesteros, como ordeno Morkben, apuntaban a todo su alrededor con las ballestas en espera de un ataque sorpresa, es difícil ir en silencio con tantos carros, caballos y hombres. Llegaron a un cruce de caminos.
-¡Oh! Dios mió, ¡ayuda! Por favor. –Suplicaban tres figuras en lo lejano-.Están aquí, nos quieren matar y comer-.
En seguida los que iban en primera posición, incluido Morkben desenvainaron la espada y dieron la alarma general, para que todos se pusieran en guardia, pasaron varios minutos y no ocurría nada, en ese instante, decidieron avanzar unos metros para ganar visión de campo, todo estaba cubierto por la abundante vegetación del terreno y era un lugar idóneo para una emboscada, los nervios cada vez eran mas grandes, los lideres de cada batallón daban voces para tranquilizar a los hombres. –¡Maldita sea!-Exclamó un soldado-. Comenzaron ha lanzar flechas desde la oscuridad de la vegetación, impactando en los soldados y animales, Morkben levanto su espada. –¡Adelante, soltad los perros y meteros en la vegetación. Matadlos a todos! – En voz alta. Comenzaron a gritar todos los hombres, mientras se adentraban en la vegetación. En ese instante Morkben vio una figura que corría veloz entre los matorrales. –No corras despojo, no vais a quedar ninguno vivo.
La figura se giro mirando a Morkben y se dirigió hacia el, Morkben en posición de ataque le hacia gestos con la mano para que se acercase, en modo de provocación. A unos pocos metros de el, vio el rostro de la criatura. –Que criatura tan espantosa. –Miro horrorizado Morkben-. No daba crédito de lo que estaba viendo, su color de piel era oscuro, con poco cabello en su cabeza, estaba provisto de uñas muy largas en forma de garra. Prácticamente tenia todos sus dientes saliendose de la boco, sus gritos eran desgarradores de ultratumba. Comenzó la pelea, se movía muy rápido. A Morkben le costaba seguir sus movimientos con la vista. En un ataque maestro, corto uno de sus brazos, la criatura parecía intacta, inmune al dolor, y siguió atacándole con ira. –¡No me toques energúmeno! –Grito Morkben mientras clavaba su espada en el cráneo de la criatura. Largos minutos de lucha con aquella criatura, que agotaron por completo a Morkben. Por su aspecto, parecía un simple soldado del mal, ningún tipo de lider. En seguida fue en busca y ayuda de sus hombres. En varios golpes de vista localizo a sus hombres, al joven Zoern y a Fael. Mirando por los alrededores vio a varios hombres tendidos en el suelo, algunos chillando y retorciéndose del dolor, varios de los demonios retrocedieron dándose a la fuga.
–¡Sargento! – Grito Morkben-. Infórmame de las bajas.
–Mi señor hemos sido atacado por unas veinte de esas... Cosas, tenemos numerosos heridos, 19 bajas, entre ellos animales que faltan por contabilizar, Fael esta sanando a todo herido, hemos matado nueve criaturas –Diez, corrigió Morkben-.
Morkben se dirigió rápidamente hacia los líderes de las tropas.
–Señores, veinte de esos demonios nos han atacado y nos han hecho el daño de cincuenta hombres- ¡Esto no puede ser verdad! –Exclamo-.
-Un pequeño ejército de esas criaturas nos podría aniquilar, no estamos preparados para ese tipo de lucha- Dijo Zoern-.
Fael apareció y se acerco a los líderes con las manos manchadas de sangre, mientras se limpiaba con un trapo.
– Ahora ya sabéis a lo que nos enfrentamos, quien dudaba, ya cree, quien no creía, ha visto. No será fácil destruir a esas criaturas, solo espero que la mano de dios este de nuestra parte.
– Está bien – Dijo Morkben-. Ahora necesitamos evacuar a los heridos y prepararnos para seguir, estamos cerca de Morión. No nos podremos detener en este instante.
Los heridos mas grabes fueron los primeros en partir de nuevo para Faudmar, enterraron los animales que murieron para evitar enfermedades. A continuación, reanudaron la marcha. Muchos de los hombres aun estaban asustados por lo que habían visto, muchos de ellos no se creían lo que habían visto. Instantes después de continuar la marcha, vieron varios cuerpos tendidos en el suelo, posiblemente pertenecían a los aldeanos de Morión. Unos cuantos soldados en la retaguardia, enterraban los cuerpos y daban las palabras necesarias para que las almas descansasen en paz.
Estaban a tan solo unos metros de Morión y todo era destrucción y cuerpos por todos sitios, incluyendo los de los animales y vegetación destruida. El olor era insoportable, comenzaron a ver los techos de las casas mas altas, de nuevo todos los soldados sacaron sus armas y se preparaban para lo peor…
Adiós abuelete.
Escribo estas palabras para decir aquellas cosas que has representado para mi, el amor de un abuelo hacia su nieto es algo habitual en todas aquellas personas que han podido tener su cariño, que decir que no sepas ya, sobretodo recuerdos, lo pesado que eras cuando me decías alístate en el ejercito del aire coño! Que tienen buenos aviones! Jejeje que además fui a preguntarlo, pero estaba muy chungo abuelo! Me arrepiento tarde como todas estas cosas, de muchas veces que has llamado para que fuese a tu casa para comer, pero que yo por vago o por que estaba echo mixtos de salir de fiesta por hay, rechace jejeje , recordare también las noches en que me liaba con mi primo a hacer gamberradas y que tu pillabas unos rebotes de espanto, siempre te he tenido un gran respeto, por todo, por que te has portado muy bien con tus hijos y con tus nietos y estoy seguro que con todos aquellos que tenias alrededor, la abuela te quiere cosa mala y eso significa tu buen trato, con tus paranoias, que mira que tenias, bueno y que digo yo! pero si soy igual que tu!!! Jejeje viene de familia esta claro.
Lo demás, te lo contare esta noche en la almohada vale? Te quiero abuelote.
En memoria de Domingo Ortega Serrano.
Lo demás, te lo contare esta noche en la almohada vale? Te quiero abuelote.
En memoria de Domingo Ortega Serrano.
Capitulo 1 ( III ) Defensa Espiritual
A dos días a caballo de la región de Morrión, comprendida entre el bosque de Merián y El Lago Blanco, llamado así por las miles de flores que caen en sus aguas de los árboles Ada. Le daban un aspecto a lo lejos de un lago de aguas blancas, cerca de el se encontraba el castillo de Faudmar, una verde población muy antigua, tanto como sus estatuas lo demuestran, las estatuas de mármol blanco hacían mención a los dioses, ángeles y vírgenes que adoraban, todas ellas adornadas con bellas flores que sus gentes depositaban cada día en ellas, rematándola con una gran estatua en el centro de la ciudad del fundador de la ciudad, El Rey Meresian. Los árboles que rodeaban la ciudad son tan antiguos que en los manuscritos de antaño ya decían que eran antiguos, ha sido siempre una población neutra en lo que a guerras se refieren, siempre ha sido una ciudad comercial, dedicada a la pesca que conseguían en los lagos y los trabajos artesanos que fabricaban sus gentes, Muebles de madera, herramientas, sastrería y toda clase de artículos cotidianos, eso si, no exportaban ni una sola arma ni armadura, tan solo contaban con las básicas para la guardia que defendían aquellas tierras. No más de cien hombres solo usados para proteger a los ciudadanos de manadas de lobos y otros animales agresivos que merodeaban por la zona y ponían en peligro la vida de sus ciudadanos.
Un gran templo siempre abierto para meditar se alzaba a gran altura, era tan alto que de día apenas se podía ver la ultima torre cegado por el sol, siempre rodeada por cientos de pájaros y otras aves que daban círculos en ella sin descanso. En los libros que hablan de ella dicen que fue el primer edificio que se alzó allí y servio como refugio de todo aquel que lo necesitase, ya entonces fue considerado terreno neutral, ninguna guerra ha azotado aquella región, los habitantes a simple vista, tranquilos eran muy felices y no querían saber nada de otras ciudades, ni sus guerras, ni sus necesidades, simplemente hacían el día a día sin ningún tipo de complicación. Por primera vez en la historia la catedral quedó cerrada por una reunión de carácter especial. Un gran cartel fuera anunciaba lo que se denomino como la luz de la esperanza.
Tras varios episodios de ataques demoníacos a aquella región, se decidió que aquel era el lugar mas adecuado para tratar el tema, entrenamiento y ejecución del mandato por sanear las tierras infectadas por el odio. La mañana era tranquila, fresca, el cielo lucia con un azul limpio y sin rastros de ninguna nube, el murmullo de las calles era el normal, los carpinteros serrando, los herreros fabricando martilleando los utensilios básicos de un hogar y las como no herraduras de púas, muy exportadas a todas partes, bien por su duración y agarre de los caballos en todo tipo de terrenos. Mientras tanto en el interior se escuchaban murmullos:
-Caballeros, no han sido reunidos aquí por casualidad, –Comenzó a hablar un anciano con el cuerpo tapado por una gran túnica de color azul celeste- No es secreto de nadie, que los últimos tiempos están cambiando, a más de las actuales guerras, hemos de sumar la aparición de sucesos de origen demoníaco. – Paro un instante y suspiro-. Mis visiones no son nada esperanzadoras, legiones de negras hordas demoníacas ensucian mi mente, solo veo odio y ganas de destruir lo conocido, seguro que muchos de vosotros sabéis de lo que hablo, de no saberlo pronto os explicare sobre ellas.
-¿Visiones? Y nos tenemos que creer que estamos aquí por unas visiones- Dijo un
Caballero al fondo del templo- No puedo estar perdiendo el tiempo en este lugar, no se por que accedí a venir aquí. -¡Mi gente me necesita!-. – Termino en tono agudo-
-Mi querido Morkben, no todo se puede ver con los ojos, también se ven con el alma, con los sueños y con aquello que no tiene explicación. - Dijo el sacerdote-. Co…como- Tartamudeo Morkben-. - ¿Que como se quien eres?- Respondió- Muy sencillo, sabia que ibas a entrar por esa puerta y a preguntar justamente eso, aun sin verte la cara cubierta de ese casco- Respondió el sacerdote antes de que Morkben concluyera-
Morkben un paladín venido de tierras lejanas, por debajo de las montañas de Damienda, hijo de Mórduin. Noble heredero al trono del castillo de Damienda, experto en el arte de la guerra, salio victorioso de muchas de las batallas que azotaron sus tierras años atrás, al mando del ejército real de Damienda ganada a pulso, como todo gran guerrero se escribió mucho en su tierra sobre el:
“ Morkben, incapaz de ceder ante cien espadas enemigas, condujo a la victoria en las decisivas guerras contra las tropas de Euin, vecinos y enemigos desde tiempos remotos, ahora en paz tras el asedio del castillo. Y muerte del Rey de Euin he hijos herederos”
Quito su casco y dejo ver su rostro, en efecto se trataba de el, muchos de los presentes quedaron asombrados y comenzaron los murmullos.
Morkben toma lugar cercano a mí, te interesará saber por que he mandado llamarte, como todos los que estamos aquí, mas adelante te diré cual será tu misión, tendrás un papel muy importante en este encomiendo. (En ese momento se giro el sacerdote, cruzando los brazos en la espalda mirando hacia una figura de madrera) Caballeros el peligro esta hay fuera, en estos tiempos de odio y guerras, muchos de los que han participado en ella han sucumbido al odio y sus almas corruptas han ido a parar a lo mas profundo del infierno, especialmente en estos últimos días, han llenado el infierno, convirtiéndose en parte de el, me han hablado fuerzas del otro mundo en mis sueños, en ellos me dicen que han reunido tantas almas malignas que han creado un gran ejercito, me hablan de la guerra de los mundos que hace miles de años azotaron las tierras que conocemos, que en breve tendremos su compañía entre nosotros y solo buscaran nuestra destrucción, para que los que sean de alma oscura se reúna con ellos y así hacer crecer su ejercito, y después puesto a sus servicios para la resurrección de la guerra de los mundos.
Vendrán en estado material, en carne y hueso, nos destruirán y destruirán toda vida que exista en esta nuestra tierra, aunque para la guerra celestial no podrán optar esa forma y tendrán que hacerlo de forma espectral, viajaran a donde descansan los bondadosos y los querrán destruir.
Va! Eso es un cuento de brujas, por el amor de dios, no nos podemos creer eso – Replico Morkben en tono muy molesto-.
Su misión será, (Siguió el sacerdote sin hacer ningún caso a las palabras del caballero) como ya imaginan, atajar el problema, para ello tendremos que devolver al infierno a sus lideres, no se ni que forma ni donde están en este momento, nos han llegado refugiados de Moríon, como todos sabéis, una oscura leyenda entraña aquellas tierras, comentan que demonios han arrasado aquellas tierras y envenenado el aire.
-¿Demonios?. Vah! Eso no hay quien se lo crea! Exclamo de nuevo Morkben- Los únicos demonios que conozco somos nosotros mismos, no hace falta creer que unos hombres con armaduras y pieles de aspecto demoníaco vendrían a destruir este mundo. Serán castigados por lo que han hecho y haber destruido un humilde pueblo para robar sus pocas pertenecías, pero de hay a crear esta sarna de mentiras hay un abismo.
Querido Morkben- Dijo el Sacerdote con tono suave- que no creas en ello no quiere decir que no existan, tampoco existía el fuego hasta que se creo, ni la magia hasta que se encanto, no os he hecho venir aquí para contaros un cuento para aterrorizar niños, tan pronto como terminemos este encuentro, todos vosotros podréis hablar de lo sucedido con los refugiados de Morión. – Morkben y muchos de los presentes agacharon la cabeza pensativos.
Caballeros, mis largas meditaciones me dicen que se trata de un equilibrio entre mundos, mis visiones no desvelan el misterio que hace que estas cosas sucedan, tan solo eso. Como ya os he venido contando, necesito que os preparéis para lo peor, que partáis hacia Morión y descubríais lo que ha sucedido, yo os acompañare en mandato de sanador y guía espiritual. Partiremos pronto, mañana al amanecer. Ahora os bendigo con un hechizo de proteción.
El sacerdote empezó a decir unas palabras que hacían eco por toda la sala, los caballeros comenzaron a alzar ligeramente la cabeza hacia arriba al tiempo que cerraban los ojos lentamente, una suave neblina azulada envolvía sus cuerpos y relajaban sus cuerpos y mentes, Morkben no entendía nada, ni le quedaba claro todo aquello pero sabia que aquel era el sacerdote mas admirado de todos los reinos y no se inventaría algo así, había contemplado con sus propios ojos detalles fuera de lo común asociado a los poderes oscuros, animales que lloraban sangre y se les ceñía la cara con forma de un lobo rabioso.
La noche cayo en el reino de Faudmar, los ciudadanos festejaban como cada noche en la taberna de la ciudad celebrando con cerveza las buenas cosechas de la tierra y así ahuyentando por un año mas el miedo al hambre, que tuvieron hace algún tiempo. Muchos de los caballeros reunidos decidieron tomar algo pese a saber que partirían al amanecer hacia un futuro incierto, entre ellos Morkben, sentado en una oscura esquina con una buena jarra de cerveza y fumando hiervas del sur, todo ello mientras daba vueltas a las palabras del Clérigo, intentaba unir piezas para que todo le encajara, para el, todo son cuentos, los únicos enemigos que el ha tenido han sido siempre hombres, a veces mas crueles que el mismísimo demonio…
Se tiene que tratar de un pequeño ejercito de desalmados que quieren sembrar el pánico – Se decía una y otra vez Morkben inmerso en sus pensamientos- los apresaremos a todos y les haremos pagar por lo ocurrido- Murmullaba a si mismo- no hacia falta que hubiese venido el Conde Zeor, unos cuantos hombres y yo podríamos haber controlado la rebelión – Daba una calada seguido de un sorbo de cerveza- El príncipe Kaur, ese no ha peleado en su vida, todo lo que ha visto han sido libros de romances y amores imposibles – Se le dibujo una ligera sonrisa en la cara- Juro que cuando termine todo esto no volveré a hacer caso a ningún llamado de locos dominados por historias de fantasmas –en fin veremos que es lo que sucede – Se levanto y marcho a su nicho a descansar.
Un gran templo siempre abierto para meditar se alzaba a gran altura, era tan alto que de día apenas se podía ver la ultima torre cegado por el sol, siempre rodeada por cientos de pájaros y otras aves que daban círculos en ella sin descanso. En los libros que hablan de ella dicen que fue el primer edificio que se alzó allí y servio como refugio de todo aquel que lo necesitase, ya entonces fue considerado terreno neutral, ninguna guerra ha azotado aquella región, los habitantes a simple vista, tranquilos eran muy felices y no querían saber nada de otras ciudades, ni sus guerras, ni sus necesidades, simplemente hacían el día a día sin ningún tipo de complicación. Por primera vez en la historia la catedral quedó cerrada por una reunión de carácter especial. Un gran cartel fuera anunciaba lo que se denomino como la luz de la esperanza.
Tras varios episodios de ataques demoníacos a aquella región, se decidió que aquel era el lugar mas adecuado para tratar el tema, entrenamiento y ejecución del mandato por sanear las tierras infectadas por el odio. La mañana era tranquila, fresca, el cielo lucia con un azul limpio y sin rastros de ninguna nube, el murmullo de las calles era el normal, los carpinteros serrando, los herreros fabricando martilleando los utensilios básicos de un hogar y las como no herraduras de púas, muy exportadas a todas partes, bien por su duración y agarre de los caballos en todo tipo de terrenos. Mientras tanto en el interior se escuchaban murmullos:
-Caballeros, no han sido reunidos aquí por casualidad, –Comenzó a hablar un anciano con el cuerpo tapado por una gran túnica de color azul celeste- No es secreto de nadie, que los últimos tiempos están cambiando, a más de las actuales guerras, hemos de sumar la aparición de sucesos de origen demoníaco. – Paro un instante y suspiro-. Mis visiones no son nada esperanzadoras, legiones de negras hordas demoníacas ensucian mi mente, solo veo odio y ganas de destruir lo conocido, seguro que muchos de vosotros sabéis de lo que hablo, de no saberlo pronto os explicare sobre ellas.
-¿Visiones? Y nos tenemos que creer que estamos aquí por unas visiones- Dijo un
Caballero al fondo del templo- No puedo estar perdiendo el tiempo en este lugar, no se por que accedí a venir aquí. -¡Mi gente me necesita!-. – Termino en tono agudo-
-Mi querido Morkben, no todo se puede ver con los ojos, también se ven con el alma, con los sueños y con aquello que no tiene explicación. - Dijo el sacerdote-. Co…como- Tartamudeo Morkben-. - ¿Que como se quien eres?- Respondió- Muy sencillo, sabia que ibas a entrar por esa puerta y a preguntar justamente eso, aun sin verte la cara cubierta de ese casco- Respondió el sacerdote antes de que Morkben concluyera-
Morkben un paladín venido de tierras lejanas, por debajo de las montañas de Damienda, hijo de Mórduin. Noble heredero al trono del castillo de Damienda, experto en el arte de la guerra, salio victorioso de muchas de las batallas que azotaron sus tierras años atrás, al mando del ejército real de Damienda ganada a pulso, como todo gran guerrero se escribió mucho en su tierra sobre el:
“ Morkben, incapaz de ceder ante cien espadas enemigas, condujo a la victoria en las decisivas guerras contra las tropas de Euin, vecinos y enemigos desde tiempos remotos, ahora en paz tras el asedio del castillo. Y muerte del Rey de Euin he hijos herederos”
Quito su casco y dejo ver su rostro, en efecto se trataba de el, muchos de los presentes quedaron asombrados y comenzaron los murmullos.
Morkben toma lugar cercano a mí, te interesará saber por que he mandado llamarte, como todos los que estamos aquí, mas adelante te diré cual será tu misión, tendrás un papel muy importante en este encomiendo. (En ese momento se giro el sacerdote, cruzando los brazos en la espalda mirando hacia una figura de madrera) Caballeros el peligro esta hay fuera, en estos tiempos de odio y guerras, muchos de los que han participado en ella han sucumbido al odio y sus almas corruptas han ido a parar a lo mas profundo del infierno, especialmente en estos últimos días, han llenado el infierno, convirtiéndose en parte de el, me han hablado fuerzas del otro mundo en mis sueños, en ellos me dicen que han reunido tantas almas malignas que han creado un gran ejercito, me hablan de la guerra de los mundos que hace miles de años azotaron las tierras que conocemos, que en breve tendremos su compañía entre nosotros y solo buscaran nuestra destrucción, para que los que sean de alma oscura se reúna con ellos y así hacer crecer su ejercito, y después puesto a sus servicios para la resurrección de la guerra de los mundos.
Vendrán en estado material, en carne y hueso, nos destruirán y destruirán toda vida que exista en esta nuestra tierra, aunque para la guerra celestial no podrán optar esa forma y tendrán que hacerlo de forma espectral, viajaran a donde descansan los bondadosos y los querrán destruir.
Va! Eso es un cuento de brujas, por el amor de dios, no nos podemos creer eso – Replico Morkben en tono muy molesto-.
Su misión será, (Siguió el sacerdote sin hacer ningún caso a las palabras del caballero) como ya imaginan, atajar el problema, para ello tendremos que devolver al infierno a sus lideres, no se ni que forma ni donde están en este momento, nos han llegado refugiados de Moríon, como todos sabéis, una oscura leyenda entraña aquellas tierras, comentan que demonios han arrasado aquellas tierras y envenenado el aire.
-¿Demonios?. Vah! Eso no hay quien se lo crea! Exclamo de nuevo Morkben- Los únicos demonios que conozco somos nosotros mismos, no hace falta creer que unos hombres con armaduras y pieles de aspecto demoníaco vendrían a destruir este mundo. Serán castigados por lo que han hecho y haber destruido un humilde pueblo para robar sus pocas pertenecías, pero de hay a crear esta sarna de mentiras hay un abismo.
Querido Morkben- Dijo el Sacerdote con tono suave- que no creas en ello no quiere decir que no existan, tampoco existía el fuego hasta que se creo, ni la magia hasta que se encanto, no os he hecho venir aquí para contaros un cuento para aterrorizar niños, tan pronto como terminemos este encuentro, todos vosotros podréis hablar de lo sucedido con los refugiados de Morión. – Morkben y muchos de los presentes agacharon la cabeza pensativos.
Caballeros, mis largas meditaciones me dicen que se trata de un equilibrio entre mundos, mis visiones no desvelan el misterio que hace que estas cosas sucedan, tan solo eso. Como ya os he venido contando, necesito que os preparéis para lo peor, que partáis hacia Morión y descubríais lo que ha sucedido, yo os acompañare en mandato de sanador y guía espiritual. Partiremos pronto, mañana al amanecer. Ahora os bendigo con un hechizo de proteción.
El sacerdote empezó a decir unas palabras que hacían eco por toda la sala, los caballeros comenzaron a alzar ligeramente la cabeza hacia arriba al tiempo que cerraban los ojos lentamente, una suave neblina azulada envolvía sus cuerpos y relajaban sus cuerpos y mentes, Morkben no entendía nada, ni le quedaba claro todo aquello pero sabia que aquel era el sacerdote mas admirado de todos los reinos y no se inventaría algo así, había contemplado con sus propios ojos detalles fuera de lo común asociado a los poderes oscuros, animales que lloraban sangre y se les ceñía la cara con forma de un lobo rabioso.
La noche cayo en el reino de Faudmar, los ciudadanos festejaban como cada noche en la taberna de la ciudad celebrando con cerveza las buenas cosechas de la tierra y así ahuyentando por un año mas el miedo al hambre, que tuvieron hace algún tiempo. Muchos de los caballeros reunidos decidieron tomar algo pese a saber que partirían al amanecer hacia un futuro incierto, entre ellos Morkben, sentado en una oscura esquina con una buena jarra de cerveza y fumando hiervas del sur, todo ello mientras daba vueltas a las palabras del Clérigo, intentaba unir piezas para que todo le encajara, para el, todo son cuentos, los únicos enemigos que el ha tenido han sido siempre hombres, a veces mas crueles que el mismísimo demonio…
Se tiene que tratar de un pequeño ejercito de desalmados que quieren sembrar el pánico – Se decía una y otra vez Morkben inmerso en sus pensamientos- los apresaremos a todos y les haremos pagar por lo ocurrido- Murmullaba a si mismo- no hacia falta que hubiese venido el Conde Zeor, unos cuantos hombres y yo podríamos haber controlado la rebelión – Daba una calada seguido de un sorbo de cerveza- El príncipe Kaur, ese no ha peleado en su vida, todo lo que ha visto han sido libros de romances y amores imposibles – Se le dibujo una ligera sonrisa en la cara- Juro que cuando termine todo esto no volveré a hacer caso a ningún llamado de locos dominados por historias de fantasmas –en fin veremos que es lo que sucede – Se levanto y marcho a su nicho a descansar.
Vuelta a la normalidad
Bueno pues ya se me han prácticamente acabado las vacaciones, durante este tiempo he estado fuera y he dejado aparcado un poco este tema, pero ya he vuelto. Seguiré con la historia tan pronto como pueda, de momento voy calentando los dedos para poder seguir adelante.
Un besazo a mi depredadora, que sin ella estas vacaciones no habrían sido las mismas muuuaccckkksss!