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Acerca de
Me gusta la literatura fantástica y todo lo relacionado con lo fantástico, como hobby escribo esta historia que llevo tiempo montándola, es una historia larga por lo que tardare mucho tiempo, a más añado fotos creadas en su mayoría por mí. Que la disfrutéis. ;)
Sindicación
 
La ofensiva


La dulce y fresca brisa del amanecer se cuela por todos los rincones de Faudmar, arrastrando consigo el olor de cientos de plantas, flores y el inconfundible olor del lago Blanco. Los mas madrugadores comenzaron ha preparar las riendas y utensilios que llevarían consigo en el viaje. Poco a poco se comienza ha llenar de vida la ciudad, para sorpresa de sus ciudadanos, que nunca antes habían visto tan gran ejército en su ciudad. Comenzaron ha rodear el punto comprendido, entre las primeras casas y la puerta principal de entrada a la ciudad, todos se hacían preguntas del por que de aquella reunión y que hacían allí aquellos hombres venidos de todos los rincones de la tierra. Morkben despertó, prácticamente tan rápido como se durmió, tras larga noche de meditación decidió ir a Morión, para seguir los pasos de lo que el denomino “Bandidos sin escrúpulos” En seguida entro uno de sus armeros a su habitación.

-Mi señor, ¿Voy preparándole el caballo? -Dijo el armero en tono muy suave-.
-Si, pero antes ayúdame ha ponerme la coraza. –Respondió Morkben- En un gesto rápido se levanto de la cama.
-Ahora mismo señor -Respondió. – El soldado cogió la coraza y se la empezó ha colocar a su señor, así como los brazaletes, los pantalones y todas las piezas de su armadura.

Tan pronto como salio a las calles de Faudmar, dio un ligero golpe a sus guantes en su pierna y se los coloco en las manos, miro a un lado y otro y dio los buenos días a los más cercanos a el, uno de los soldados de Morkben se acerco a el para decirle algo al oído.

-Mi señor, varios de los que tendrían que partir con nosotros, se han ido. -Le explico el guardia. – Parece ser que no han tomado en serio esta misión y han decidido que es una perdida de tiempo.
-Ya me lo imaginaba que algunos harían eso. –Respondió- Mientras miraba hacia el suelo pensando el por que el no ha hecho lo mismo.
-Pero da lo mismo, nosotros iremos, somos bastantes como para aplastar a esos desechos, a si que preparar todo y en marcha, nos quedan dos días a caballo para llegar.
-A la orden señor. –Dijo el guardia, recto saludando con el puño en el hombro.

Pronto apareció el clérigo seguido de dos jóvenes aprendices, con andares ligeros, se subió a un barril que había cerca de una de las casas, ganando altura para que fuese visto por todos, dio algunas palmadas para llamar la atención de los presentes.

-La ruta a seguir será la de los llanos grises, será la mas segura y la mas eficaz para transportar los carros, posiblemente encontraremos grupos de desorientados y tendremos que alimentarles y señalarles el camino hasta esta, nuestra tierra.
-Por esa ruta no haremos mas que perder el tiempo y tardar un día más hasta llegar a Morión. – Contesto el joven Zoern-.
-Lo se. – respondió el clérigo mientras se frotaba la barba –Pero es las mas segura y la que nos han indicado los refugiados de Morión, es posiblemente donde mas gente ande perdida, nuestra misión aparte de neutralizar a esas bestias, es rescatar a todo aquel que aun conserve la vida. – En ese instante Zoern hizo un gesto de consentimiento y dio un paso atrás.

Mientras tanto uno de los ayudantes del rey puso una gran pancarta explicando lo que estaba sucediendo:

“Hoy, aquí, partirán los valerosos caballeros que devolverán la paz a estas nuestras tierras, y a las mas azotadas por la mano del demonio, siendo de recordatorio por todos aquellos que hoy les vemos partir, los que pierdan la vida serán recompensados por la gracia de dios y recordados por aquellos a los que nos salvaron”

Todos miraban la pancarta sorprendidos, no todos sabían leer y algunos carecían de vista para poderlo leer, pero la gente no hacia mas que leerlo en alto, por lo que todo el mundo quedo enterado de lo que sucedía. En seguida las mujeres y niños comenzaron a coger hojas y flores de los alrededores para dar así buen augurio en la marcha de los caballeros, de ese, y otros reinos, no cabe duda que era gente muy hospitalaria y especial en aquella época.

Poco a poco se comenzaban a oír las voces de los comandantes, y jefes al mando de las tropas dando instrucciones.

- ¡Ballesteros! – ¡Listos señor!
- ¡Arqueros!. - ¡Listos señor!
- ¡Caballería!. – ¡Listos señor!
- ¡Adelante!. – Se iba sucediendo estas voces por todas partes y comenzaban ha partir en suave ritmo.

Las gentes agolpadas en los alrededores de la entrada comenzaron ha aplaudir, lanzando todo tipo de flores y hojas al aire, rozando en las brillantes armaduras de las soldados, también como no, entre los mas sensibles, las lagrimas por aquellos que caerían en combate, tan pronto como el primer hombre cruzó la puerta les siguieron los demás, entre ellos algunos animales utilizados para la carga como podían ser caballos y otros como buena defensa y excelente rastreadores, como los buenos perros de Bernaim. También llamada vulgarmente ciudad del perro. Los niños emocionados por lo que estaba viendo no tardaron en empezar ha dar saltos de alegría y jugar a ser caballeros. con palos, y escudos de madera imitando a esos soldados que estaban presentes.

Todo estaba listo para la marcha, así que tan pronto como abrieron las puertas comenzó la marcha, los primeros caminos se iban dejando atrás, perdiendo en la retaguardia Faudmar, muchos de los soldados observaban todo a su alrededor, contemplando la belleza de los rincones de Faudmar, algunos de ellos jamás habían estado en aquella zona y querían guardar un buen recuerdo de aquellos oscuros días, todo ello contando de que pudiesen llegar a casa sanos y salvos, cosa difícil por la seriedad de la misión, mientras Morkben cabalgaba, vio una sombra que se le acercaba :

- ¡Caballero Morkben! – Llamo Zoern desde la retaguardia, mientras se iba acercando a galope ligero-.
- ¿Le importaría que fuese a su lado un rato? – Le pregunto mientras se levantaba la visera de su casco con una gran sonrisa en su rostro-.
- Por supuesto que no –Respondió Morkben, devolviéndole la sonrisa y dándole una palmada en la espalda-.
- Es para mi un honor acompañarle en este encomiendo, mis hermanos me recomendaron hacer este viaje, dijeron que aprendería grandes cosas a su lado, y por su puesto que no me separase de vos – Sonrió a carcajada Zoern-.

Morkben sonrió y tuvieron una larga y agradable charla, con risas y gestos de alegría mientras viajaban hacia Morión, no había que conocer mucho a aquel joven para saber que su alma era noble como la de un gorrión recién nacido, no obstante muchos en su reino pensaban que no estaba preparado para ninguna batalla, aunque preparado por los mejores guerreros de su reino, su bondad no era buena compañera de armas, llegado el momento, pensaban que seria incapaz de arrancarle la vida a su enemigo, iría en contra de su ser, aun así le dejaron marchar, con los mejores soldados que disponían, sabiendo que cada uno de ellos daría la vida por aquel muchacho antes de verle atravesado por una espada o flecha.

Uno de los soldados comenzó ha tararear una canción alegre de batalla, a la que pronto muchos mas le siguieron, quizá era una forma de apalear el nerviosismo que se sentía en aquel viaje. La noche pronto caería, ya tenían gran parte del trayecto realizado, sin ningún contratiempo, ni ningún aldeano de Morión, pese a saber que habrían algunos esparcidos por todas aquellas tierras, finalmente el clérigo dio el Alto, seguido de un “Este es buen sitio para acampar esta noche“ se comenzaron ha preparar las tiendas de campaña y asignar los turnos de guardia entre los soldados, las hogueras comenzaron ha encenderse y tan pronto ha ponerse ha preparar la cena, había media luna y los sonidos eran los de una noche tranquila, con los ruidos típicos de los animales merodeadores de la zona. Cada regimiento se sentó alrededor de la hoguera y comenzaron ha comer y ha contarse historias graciosas para hacer la noche mas amena, se prohibió debido las circunstancias, beber cualquier bebida que alterase los movimientos y sentidos de cada hombre, pese a alguna cara de desacuerdo todos lo aceptaron, incluyendo las tropas de Meoldek, “se dice de ellos que no han participado en una sola batalla serenos, incluidos los tiempos antiguos que defendían su ciudad de tres regiones diferentes con los que estaban en guerra”.

- Buenas noches caballeros, serian tan amables de darle un poco de comida y bebida a este viejo –Dijo el clérigo a las tropas de Morkben-.
- Por supuesto – Contesto Morkben, haciendo un gesto con su mano hacia uno de su lado-.
- Aun sigo sin saber su nombre, bueno ni yo ni nadie de los presentes lo sabemos, como estaremos tiempo juntos no estaría de mas saberlo.
- Fael, así me llamo – Contesto el Clérigo quitándose la capucha y frotándose las manos en la hoguera mientras se sentaba-.
- Ponedle comida abundante y agua – Le dijo Morkben al soldado que hizo aquella noche de cocinero-.

le puso un buen cuenco de comida que casi se salía.

– No ponga esa cara hombre, que esta muy bueno- Le dijo el cocinero a Fael-

- ¿Ve ese caballo? El lo probó y mírele, sigue de pie –Se rió el camarero y todos los presentes-.
- Gracias. – Respondió Fael. –Mirando el cuenco con no muy buena cara-

La cena siguió y pareció que poco a poco se estrechaba la amistad de Morkben con Fael, ninguno de los dos dijeron nada sobre lo sucedido, ni nada que hiciese pensar en lo que les podría pasar, tan solo hablaron rieron y contaron relatos de aquella época. Tras terminar la cena se fueron ha dormir gran parte de las tropas, haciendo guardia durante toda la noche, querían a todos los hombres frescos, por lo que todos pudieron disfrutar de un descanso. Posiblemente la siguiente noche la pasarían ya en tierras de Morión.

La mañana llego con los primeros rayos de sol, comenzaron ha despertar todos los hombres, aunque aun eran presentes los fuertes ronquidos, jamás pensado que proviniesen de un hombre. Ese día amaneció con una pequeña neblina que mas tarde disiparía cuando el sol calentase con más fuerza.

- ¡Vamos chicos en pie! Dejar ya de soñar con vuestras mujeres, que nos espera un gran día, hoy machacaremos esos hombres, criaturas o lo que demonios sean. ¡Ja,Ja,Ja! -Grito a los cuatro vientos el loco de Kiman-.
-¡Tengo el hacha preparada bastardos! -Alzo aun más la voz, eh hizo espantar una bandada de pájaros que habían en unos árboles cercanos-.

Pronto las tiendas de campaña y todos los soldados estaban preparados para reanudar la marcha. Morkben siempre tan madrugador estaba ya encima de su caballo en primera línea, observando el camino que debían seguir tapado el horizonte y por la neblina, mientras, el caballo no dejaba de agitarse y hacer respiraciones profundas.

- Soldado, venga un momento –llamao Morkben-. Prepararlo todo perfectamente, hoy huele a sangre, quiero que los ballesteros tenga cargada su arma para disparar por si somos atacados –Mirándole a los ojos fríamente mientras le decía las palabras.
-A la orden mi señor –Puso su puño en el hombro y bajo la cabeza levemente-. El soldado comenzó ha correr hacia los demás hombres para avisarles de las ordenes-.

-Si… ¿Hoy será un duro día verdad Goel? -Se dirigió Morkben a su caballo dándole golpecitos suaves en el cuello intentándole calmar-. No me gusta nada ese camino, parece el camino al infierno, ¿Lo sabes verdad? No te preocupes, saldremos de esta, como ya hemos salido en otras ocasiones, solo espero volver con todos mis hombres sanos y salvo, no quisiera ver las lagrimas de sus mujeres y familia, para mi, volver sin ellos es una gran derrota –.Morkben se giro y miro a sus hombres, como a toda prisa terminaban de recoger todo y ponerse en marcha.

Ya todo estaba listo y empezó la marcha, contra mas se adentraban en aquellos senderos mas nerviosismo se notaba en el ambiente, los ballesteros, como ordeno Morkben, apuntaban a todo su alrededor con las ballestas en espera de un ataque sorpresa, es difícil ir en silencio con tantos carros, caballos y hombres. Llegaron a un cruce de caminos.

-¡Oh! Dios mió, ¡ayuda! Por favor. –Suplicaban tres figuras en lo lejano-.Están aquí, nos quieren matar y comer-.

En seguida los que iban en primera posición, incluido Morkben desenvainaron la espada y dieron la alarma general, para que todos se pusieran en guardia, pasaron varios minutos y no ocurría nada, en ese instante, decidieron avanzar unos metros para ganar visión de campo, todo estaba cubierto por la abundante vegetación del terreno y era un lugar idóneo para una emboscada, los nervios cada vez eran mas grandes, los lideres de cada batallón daban voces para tranquilizar a los hombres. –¡Maldita sea!-Exclamó un soldado-. Comenzaron ha lanzar flechas desde la oscuridad de la vegetación, impactando en los soldados y animales, Morkben levanto su espada. –¡Adelante, soltad los perros y meteros en la vegetación. Matadlos a todos! – En voz alta. Comenzaron a gritar todos los hombres, mientras se adentraban en la vegetación. En ese instante Morkben vio una figura que corría veloz entre los matorrales. –No corras despojo, no vais a quedar ninguno vivo.
La figura se giro mirando a Morkben y se dirigió hacia el, Morkben en posición de ataque le hacia gestos con la mano para que se acercase, en modo de provocación. A unos pocos metros de el, vio el rostro de la criatura. –Que criatura tan espantosa. –Miro horrorizado Morkben-. No daba crédito de lo que estaba viendo, su color de piel era oscuro, con poco cabello en su cabeza, estaba provisto de uñas muy largas en forma de garra. Prácticamente tenia todos sus dientes saliendose de la boco, sus gritos eran desgarradores de ultratumba. Comenzó la pelea, se movía muy rápido. A Morkben le costaba seguir sus movimientos con la vista. En un ataque maestro, corto uno de sus brazos, la criatura parecía intacta, inmune al dolor, y siguió atacándole con ira. –¡No me toques energúmeno! –Grito Morkben mientras clavaba su espada en el cráneo de la criatura. Largos minutos de lucha con aquella criatura, que agotaron por completo a Morkben. Por su aspecto, parecía un simple soldado del mal, ningún tipo de lider. En seguida fue en busca y ayuda de sus hombres. En varios golpes de vista localizo a sus hombres, al joven Zoern y a Fael. Mirando por los alrededores vio a varios hombres tendidos en el suelo, algunos chillando y retorciéndose del dolor, varios de los demonios retrocedieron dándose a la fuga.
–¡Sargento! – Grito Morkben-. Infórmame de las bajas.
–Mi señor hemos sido atacado por unas veinte de esas... Cosas, tenemos numerosos heridos, 19 bajas, entre ellos animales que faltan por contabilizar, Fael esta sanando a todo herido, hemos matado nueve criaturas –Diez, corrigió Morkben-.

Morkben se dirigió rápidamente hacia los líderes de las tropas.
–Señores, veinte de esos demonios nos han atacado y nos han hecho el daño de cincuenta hombres- ¡Esto no puede ser verdad! –Exclamo-.
-Un pequeño ejército de esas criaturas nos podría aniquilar, no estamos preparados para ese tipo de lucha- Dijo Zoern-.
Fael apareció y se acerco a los líderes con las manos manchadas de sangre, mientras se limpiaba con un trapo.
– Ahora ya sabéis a lo que nos enfrentamos, quien dudaba, ya cree, quien no creía, ha visto. No será fácil destruir a esas criaturas, solo espero que la mano de dios este de nuestra parte.
– Está bien – Dijo Morkben-. Ahora necesitamos evacuar a los heridos y prepararnos para seguir, estamos cerca de Morión. No nos podremos detener en este instante.

Los heridos mas grabes fueron los primeros en partir de nuevo para Faudmar, enterraron los animales que murieron para evitar enfermedades. A continuación, reanudaron la marcha. Muchos de los hombres aun estaban asustados por lo que habían visto, muchos de ellos no se creían lo que habían visto. Instantes después de continuar la marcha, vieron varios cuerpos tendidos en el suelo, posiblemente pertenecían a los aldeanos de Morión. Unos cuantos soldados en la retaguardia, enterraban los cuerpos y daban las palabras necesarias para que las almas descansasen en paz.

Estaban a tan solo unos metros de Morión y todo era destrucción y cuerpos por todos sitios, incluyendo los de los animales y vegetación destruida. El olor era insoportable, comenzaron a ver los techos de las casas mas altas, de nuevo todos los soldados sacaron sus armas y se preparaban para lo peor…
 
Adiós abuelete.
Escribo estas palabras para decir aquellas cosas que has representado para mi, el amor de un abuelo hacia su nieto es algo habitual en todas aquellas personas que han podido tener su cariño, que decir que no sepas ya, sobretodo recuerdos, lo pesado que eras cuando me decías alístate en el ejercito del aire coño! Que tienen buenos aviones! Jejeje que además fui a preguntarlo, pero estaba muy chungo abuelo! Me arrepiento tarde como todas estas cosas, de muchas veces que has llamado para que fuese a tu casa para comer, pero que yo por vago o por que estaba echo mixtos de salir de fiesta por hay, rechace jejeje , recordare también las noches en que me liaba con mi primo a hacer gamberradas y que tu pillabas unos rebotes de espanto, siempre te he tenido un gran respeto, por todo, por que te has portado muy bien con tus hijos y con tus nietos y estoy seguro que con todos aquellos que tenias alrededor, la abuela te quiere cosa mala y eso significa tu buen trato, con tus paranoias, que mira que tenias, bueno y que digo yo! pero si soy igual que tu!!! Jejeje viene de familia esta claro.

Lo demás, te lo contare esta noche en la almohada vale? Te quiero abuelote.


En memoria de Domingo Ortega Serrano.