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Acerca de
Me gusta la literatura fantástica y todo lo relacionado con lo fantástico, como hobby escribo esta historia que llevo tiempo montándola, es una historia larga por lo que tardare mucho tiempo, a más añado fotos creadas en su mayoría por mí. Que la disfrutéis. ;)
Sindicación
 
El inicio de caos



Justo en ese inciso de tiempo, otro ensordecedor estruendo sacudió tierra, mar y aire, ahora si mucho mas fuerte. Muchos de los utensilios de los hogares cayeron al suelo, el cielo era una mezcla entre humo negro, ceniza y la roja lava, fuese lo que fuese su agresividad era tal, que hizo saltar por los aires un buen trozo de la montaña, llegando restos mas allá de donde la visión alcanza, destrozando a su paso árboles, casas y pastos. La ceniza caía en forma de gigantes copos, casi tan grandes como la mano de un hombre mediano.

-¿Que está ocurriendo aquí? –Pregunto la mujer con lágrimas en los ojos-
-¡No hay prisa que perder, co… coge lo necesario, a los niños y larguémonos de aquí!
- Exclamo el hombre tartamudeando-
Creo que el viejo tenia razón, maldita sea mi ignorancia (se decía a si mismo una y otra vez)

Tan pronto como cogieron lo necesario y salieron fuera, vieron el panorama desolador en que se había convertido todo en cuestión de minutos, no quedaba ni un solo animal vivo, unos muertos por el tremendo susto y los que aun sobrevivieron a eso, murieron por el aire envenenado que se respiraba, envueltos en ceniza con una capa de dos dedos. Se escuchaban gritos de los que aun permanecían allí, por cada uno de los rincones de Morión, lloros de criaturas desechas por el miedo del trágico despertar, algunos estarían placidamente durmiendo y soñando, lo que la mente de niño sueña. La luna grande y brillante como la caracterizo aquella aparentemente tranquila noche, desapareció por completo, tan solo algunos suaves brillos conseguían traspasar aquella nube de destrucción.

Así mismo comenzaron a escucharse en el interior de aquel gran agujero creado por la explosión, ruido de tambores y otros utensilios de origen musical nunca antes escuchados por el oído de los hombres, imposible de agrupar a ningún instrumento común. Gritos de batalla por voces antes no escuchadas por ningún hombre, eran voces profundas, no hablaban el idioma común de la región, era muy diferente, así mismo era una voz muerta, repleta de ira y odio, sin aliento. Numerosas todas ellas, imposible de calcular cuantas criaturas emitían aquellos versos de imposible traducción. Los ancianos, niños y los más débiles no podían apenas continuar, el veneno del aire terminaba por infestar sus cuerpos y caían abatidos en el suelo, se retorcían unos segundos antes de dejar de moverse definitivamente. Los mas inteligentes tapaban sus bocas y ojos con algún paño y corrían sin rumbo ni destino, la cuestión era correr, por que lo acontecido no era nada comparado con lo que se les venia encima.

Las voces cada vez estaban más cerca, sonaban más rotundas, no cabía duda que fuese lo que fuese, venia a cientos, los tambores sonaban aun más fuerte. Ahora si se podían distinguir dos voces diferentes, una que hablaba sola y las demás callaban.

“ ¡Vuesmean diaver sano’n! ”

Y cientos que respondían a su vez:

“ Sumun, Sumun, Sumun “

Una y otra vez se escuchaban esas palabras, cada vez mas cercanas. Palabras cargadas de odio, en un tono que ni la persona más desolada de la tierra emitiría. La gente seguía corriendo, y muriendo… De repente cedieron las voces, algunos de los que aun vivían giraron la cabeza apuntando a la zona mas afectada de las cuevas, mientras no paraban de correr y mirando el suelo para no tropezar:

-¡SUMUNNNNNNN!-

De intensidad elevada, un poco menor que el estruendo que hizo aquel desastre retumbo por las montañas, seguido de un eco que continuaba su viaje hacia todas partes, en pocos instantes cientos de pequeñas luces rodeaban las cuevas.

Se asomo la primera sombra envuelta en llamas amarillentas y rojas, muy robusta, con el torso desnudo y un extraño símbolo en el centro del pecho, compuesto por una circunferencia en la que dentro había una estrella y otro circulo en palabras de un idioma desconocido, no parecía tatuado, mas bien parecía abrasado, como quien marca los animales, su color de piel era oscuro y sucio, una larga melena de áspero y grueso pelo que le llegaba casi a media espalda, recogido en forma de coleta con mechones grisáceos. Sus cejas eran estriadas, pobladas y acabadas en punta, en su rostro una malévola sonrisa y arrugas muy marcadas en los lados de la boca. Los ojos brillantes y rojizos del reflejo de la roja lava. En uno de los hombros llevaba una hombrera de metal negro y empuñaba una tremenda hacha, adornada con varios dibujos de los que parecían almas malditas, con síntomas de haber sido usada con anterioridad por las pequeñas estrías que presentaba. Lo mas curioso eran dos alas similares a la de los murciélagos, rasgadas y con grietas, recogidas sin sobresalir demasiado, con unos pantalones anchos que terminaban en unas grandes botas metálicas, con pinchos delanteros y laterales, sin duda se trataba de el, la mano derecha del señor del mal. Veamord:

-Por fin libres-. –Dijo Veamord- Largo castigo hemos sufrido enterrados y pisoteados por las razas inferiores, esta vez será distinto, somos muchos mas y esta todo poblado por el odio, huelo la maldad de los hombres que reinan esta tierra, nos será fácil crear el ejercito mas grande que jamás haya pisado estas tierras, el solo movimiento de el, hará caer el castillo mas solidó que exista.

-¡Venid hermanos míos, ved lo que será nuestro nuevo hogar!-Exclamo al tiempo que se giraba hacia atrás y cerraba su puño-

En pocos instantes las sombras a lo lejos, se multiplicaban a cientos, todas de menor tamaño que Veamord. Todo era una mezcla de risas malévolas y golpes de pecho.

Una de las criaturas marcada con decenas de cicatrices, con una capa rajada y vieja se acerco y dirigió las primeras palabras a su general:

-Señor, ¿Cuáles son sus ordenes?- Dijo a prudente distancia de Veamord –
-Sargento, quiero que arraséis de toda vida existente toda esta región, alimentaros de sangre, aquí asentaremos nuestro primer dominio, aunque numerosos, necesitamos mas fuerzas para vencer a los soldados blancos, una vez desatada la guerra de los mundos-.

“Soldados blancos, así es como definían a los Ángeles que antaño castigaron y maldijeron a todas las fuerzas de origen demoníaco”

-Después prepararlo todo, para despertar al resto- Dijo Veamord-. Es hora de transformar este lugar en una tierra más acogedora-. Seguido de carcajadas que retumbaron por todos lados-

Y así fue, los que aun quedaron vivos, pero heridos fueron rematados por aquellas criaturas, todo pueblo, aldea y hogares perdidos cercanos fueron arrasados en esa misma noche. Estas criaturas feroces eran tan rápidas como el mejor de los caballos, pudiendo recorrer grandes distancias en periodos de tiempos muy cortos.

Lo que ignoraban es lo que sucedía a gran distancia de allí, no todo estaba perdido, una pequeña fuerza alertada por los acontecimientos recientes….

Continuara….
No