Capitulo 1 ( III ) Defensa Espiritual
A dos días a caballo de la región de Morrión, comprendida entre el bosque de Merián y El Lago Blanco, llamado así por las miles de flores que caen en sus aguas de los árboles Ada. Le daban un aspecto a lo lejos de un lago de aguas blancas, cerca de el se encontraba el castillo de Faudmar, una verde población muy antigua, tanto como sus estatuas lo demuestran, las estatuas de mármol blanco hacían mención a los dioses, ángeles y vírgenes que adoraban, todas ellas adornadas con bellas flores que sus gentes depositaban cada día en ellas, rematándola con una gran estatua en el centro de la ciudad del fundador de la ciudad, El Rey Meresian. Los árboles que rodeaban la ciudad son tan antiguos que en los manuscritos de antaño ya decían que eran antiguos, ha sido siempre una población neutra en lo que a guerras se refieren, siempre ha sido una ciudad comercial, dedicada a la pesca que conseguían en los lagos y los trabajos artesanos que fabricaban sus gentes, Muebles de madera, herramientas, sastrería y toda clase de artículos cotidianos, eso si, no exportaban ni una sola arma ni armadura, tan solo contaban con las básicas para la guardia que defendían aquellas tierras. No más de cien hombres solo usados para proteger a los ciudadanos de manadas de lobos y otros animales agresivos que merodeaban por la zona y ponían en peligro la vida de sus ciudadanos.
Un gran templo siempre abierto para meditar se alzaba a gran altura, era tan alto que de día apenas se podía ver la ultima torre cegado por el sol, siempre rodeada por cientos de pájaros y otras aves que daban círculos en ella sin descanso. En los libros que hablan de ella dicen que fue el primer edificio que se alzó allí y servio como refugio de todo aquel que lo necesitase, ya entonces fue considerado terreno neutral, ninguna guerra ha azotado aquella región, los habitantes a simple vista, tranquilos eran muy felices y no querían saber nada de otras ciudades, ni sus guerras, ni sus necesidades, simplemente hacían el día a día sin ningún tipo de complicación. Por primera vez en la historia la catedral quedó cerrada por una reunión de carácter especial. Un gran cartel fuera anunciaba lo que se denomino como la luz de la esperanza.
Tras varios episodios de ataques demoníacos a aquella región, se decidió que aquel era el lugar mas adecuado para tratar el tema, entrenamiento y ejecución del mandato por sanear las tierras infectadas por el odio. La mañana era tranquila, fresca, el cielo lucia con un azul limpio y sin rastros de ninguna nube, el murmullo de las calles era el normal, los carpinteros serrando, los herreros fabricando martilleando los utensilios básicos de un hogar y las como no herraduras de púas, muy exportadas a todas partes, bien por su duración y agarre de los caballos en todo tipo de terrenos. Mientras tanto en el interior se escuchaban murmullos:
-Caballeros, no han sido reunidos aquí por casualidad, –Comenzó a hablar un anciano con el cuerpo tapado por una gran túnica de color azul celeste- No es secreto de nadie, que los últimos tiempos están cambiando, a más de las actuales guerras, hemos de sumar la aparición de sucesos de origen demoníaco. – Paro un instante y suspiro-. Mis visiones no son nada esperanzadoras, legiones de negras hordas demoníacas ensucian mi mente, solo veo odio y ganas de destruir lo conocido, seguro que muchos de vosotros sabéis de lo que hablo, de no saberlo pronto os explicare sobre ellas.
-¿Visiones? Y nos tenemos que creer que estamos aquí por unas visiones- Dijo un
Caballero al fondo del templo- No puedo estar perdiendo el tiempo en este lugar, no se por que accedí a venir aquí. -¡Mi gente me necesita!-. – Termino en tono agudo-
-Mi querido Morkben, no todo se puede ver con los ojos, también se ven con el alma, con los sueños y con aquello que no tiene explicación. - Dijo el sacerdote-. Co…como- Tartamudeo Morkben-. - ¿Que como se quien eres?- Respondió- Muy sencillo, sabia que ibas a entrar por esa puerta y a preguntar justamente eso, aun sin verte la cara cubierta de ese casco- Respondió el sacerdote antes de que Morkben concluyera-
Morkben un paladín venido de tierras lejanas, por debajo de las montañas de Damienda, hijo de Mórduin. Noble heredero al trono del castillo de Damienda, experto en el arte de la guerra, salio victorioso de muchas de las batallas que azotaron sus tierras años atrás, al mando del ejército real de Damienda ganada a pulso, como todo gran guerrero se escribió mucho en su tierra sobre el:
“ Morkben, incapaz de ceder ante cien espadas enemigas, condujo a la victoria en las decisivas guerras contra las tropas de Euin, vecinos y enemigos desde tiempos remotos, ahora en paz tras el asedio del castillo. Y muerte del Rey de Euin he hijos herederos”
Quito su casco y dejo ver su rostro, en efecto se trataba de el, muchos de los presentes quedaron asombrados y comenzaron los murmullos.
Morkben toma lugar cercano a mí, te interesará saber por que he mandado llamarte, como todos los que estamos aquí, mas adelante te diré cual será tu misión, tendrás un papel muy importante en este encomiendo. (En ese momento se giro el sacerdote, cruzando los brazos en la espalda mirando hacia una figura de madrera) Caballeros el peligro esta hay fuera, en estos tiempos de odio y guerras, muchos de los que han participado en ella han sucumbido al odio y sus almas corruptas han ido a parar a lo mas profundo del infierno, especialmente en estos últimos días, han llenado el infierno, convirtiéndose en parte de el, me han hablado fuerzas del otro mundo en mis sueños, en ellos me dicen que han reunido tantas almas malignas que han creado un gran ejercito, me hablan de la guerra de los mundos que hace miles de años azotaron las tierras que conocemos, que en breve tendremos su compañía entre nosotros y solo buscaran nuestra destrucción, para que los que sean de alma oscura se reúna con ellos y así hacer crecer su ejercito, y después puesto a sus servicios para la resurrección de la guerra de los mundos.
Vendrán en estado material, en carne y hueso, nos destruirán y destruirán toda vida que exista en esta nuestra tierra, aunque para la guerra celestial no podrán optar esa forma y tendrán que hacerlo de forma espectral, viajaran a donde descansan los bondadosos y los querrán destruir.
Va! Eso es un cuento de brujas, por el amor de dios, no nos podemos creer eso – Replico Morkben en tono muy molesto-.
Su misión será, (Siguió el sacerdote sin hacer ningún caso a las palabras del caballero) como ya imaginan, atajar el problema, para ello tendremos que devolver al infierno a sus lideres, no se ni que forma ni donde están en este momento, nos han llegado refugiados de Moríon, como todos sabéis, una oscura leyenda entraña aquellas tierras, comentan que demonios han arrasado aquellas tierras y envenenado el aire.
-¿Demonios?. Vah! Eso no hay quien se lo crea! Exclamo de nuevo Morkben- Los únicos demonios que conozco somos nosotros mismos, no hace falta creer que unos hombres con armaduras y pieles de aspecto demoníaco vendrían a destruir este mundo. Serán castigados por lo que han hecho y haber destruido un humilde pueblo para robar sus pocas pertenecías, pero de hay a crear esta sarna de mentiras hay un abismo.
Querido Morkben- Dijo el Sacerdote con tono suave- que no creas en ello no quiere decir que no existan, tampoco existía el fuego hasta que se creo, ni la magia hasta que se encanto, no os he hecho venir aquí para contaros un cuento para aterrorizar niños, tan pronto como terminemos este encuentro, todos vosotros podréis hablar de lo sucedido con los refugiados de Morión. – Morkben y muchos de los presentes agacharon la cabeza pensativos.
Caballeros, mis largas meditaciones me dicen que se trata de un equilibrio entre mundos, mis visiones no desvelan el misterio que hace que estas cosas sucedan, tan solo eso. Como ya os he venido contando, necesito que os preparéis para lo peor, que partáis hacia Morión y descubríais lo que ha sucedido, yo os acompañare en mandato de sanador y guía espiritual. Partiremos pronto, mañana al amanecer. Ahora os bendigo con un hechizo de proteción.
El sacerdote empezó a decir unas palabras que hacían eco por toda la sala, los caballeros comenzaron a alzar ligeramente la cabeza hacia arriba al tiempo que cerraban los ojos lentamente, una suave neblina azulada envolvía sus cuerpos y relajaban sus cuerpos y mentes, Morkben no entendía nada, ni le quedaba claro todo aquello pero sabia que aquel era el sacerdote mas admirado de todos los reinos y no se inventaría algo así, había contemplado con sus propios ojos detalles fuera de lo común asociado a los poderes oscuros, animales que lloraban sangre y se les ceñía la cara con forma de un lobo rabioso.
La noche cayo en el reino de Faudmar, los ciudadanos festejaban como cada noche en la taberna de la ciudad celebrando con cerveza las buenas cosechas de la tierra y así ahuyentando por un año mas el miedo al hambre, que tuvieron hace algún tiempo. Muchos de los caballeros reunidos decidieron tomar algo pese a saber que partirían al amanecer hacia un futuro incierto, entre ellos Morkben, sentado en una oscura esquina con una buena jarra de cerveza y fumando hiervas del sur, todo ello mientras daba vueltas a las palabras del Clérigo, intentaba unir piezas para que todo le encajara, para el, todo son cuentos, los únicos enemigos que el ha tenido han sido siempre hombres, a veces mas crueles que el mismísimo demonio…
Se tiene que tratar de un pequeño ejercito de desalmados que quieren sembrar el pánico – Se decía una y otra vez Morkben inmerso en sus pensamientos- los apresaremos a todos y les haremos pagar por lo ocurrido- Murmullaba a si mismo- no hacia falta que hubiese venido el Conde Zeor, unos cuantos hombres y yo podríamos haber controlado la rebelión – Daba una calada seguido de un sorbo de cerveza- El príncipe Kaur, ese no ha peleado en su vida, todo lo que ha visto han sido libros de romances y amores imposibles – Se le dibujo una ligera sonrisa en la cara- Juro que cuando termine todo esto no volveré a hacer caso a ningún llamado de locos dominados por historias de fantasmas –en fin veremos que es lo que sucede – Se levanto y marcho a su nicho a descansar.
Un gran templo siempre abierto para meditar se alzaba a gran altura, era tan alto que de día apenas se podía ver la ultima torre cegado por el sol, siempre rodeada por cientos de pájaros y otras aves que daban círculos en ella sin descanso. En los libros que hablan de ella dicen que fue el primer edificio que se alzó allí y servio como refugio de todo aquel que lo necesitase, ya entonces fue considerado terreno neutral, ninguna guerra ha azotado aquella región, los habitantes a simple vista, tranquilos eran muy felices y no querían saber nada de otras ciudades, ni sus guerras, ni sus necesidades, simplemente hacían el día a día sin ningún tipo de complicación. Por primera vez en la historia la catedral quedó cerrada por una reunión de carácter especial. Un gran cartel fuera anunciaba lo que se denomino como la luz de la esperanza.
Tras varios episodios de ataques demoníacos a aquella región, se decidió que aquel era el lugar mas adecuado para tratar el tema, entrenamiento y ejecución del mandato por sanear las tierras infectadas por el odio. La mañana era tranquila, fresca, el cielo lucia con un azul limpio y sin rastros de ninguna nube, el murmullo de las calles era el normal, los carpinteros serrando, los herreros fabricando martilleando los utensilios básicos de un hogar y las como no herraduras de púas, muy exportadas a todas partes, bien por su duración y agarre de los caballos en todo tipo de terrenos. Mientras tanto en el interior se escuchaban murmullos:
-Caballeros, no han sido reunidos aquí por casualidad, –Comenzó a hablar un anciano con el cuerpo tapado por una gran túnica de color azul celeste- No es secreto de nadie, que los últimos tiempos están cambiando, a más de las actuales guerras, hemos de sumar la aparición de sucesos de origen demoníaco. – Paro un instante y suspiro-. Mis visiones no son nada esperanzadoras, legiones de negras hordas demoníacas ensucian mi mente, solo veo odio y ganas de destruir lo conocido, seguro que muchos de vosotros sabéis de lo que hablo, de no saberlo pronto os explicare sobre ellas.
-¿Visiones? Y nos tenemos que creer que estamos aquí por unas visiones- Dijo un
Caballero al fondo del templo- No puedo estar perdiendo el tiempo en este lugar, no se por que accedí a venir aquí. -¡Mi gente me necesita!-. – Termino en tono agudo-
-Mi querido Morkben, no todo se puede ver con los ojos, también se ven con el alma, con los sueños y con aquello que no tiene explicación. - Dijo el sacerdote-. Co…como- Tartamudeo Morkben-. - ¿Que como se quien eres?- Respondió- Muy sencillo, sabia que ibas a entrar por esa puerta y a preguntar justamente eso, aun sin verte la cara cubierta de ese casco- Respondió el sacerdote antes de que Morkben concluyera-
Morkben un paladín venido de tierras lejanas, por debajo de las montañas de Damienda, hijo de Mórduin. Noble heredero al trono del castillo de Damienda, experto en el arte de la guerra, salio victorioso de muchas de las batallas que azotaron sus tierras años atrás, al mando del ejército real de Damienda ganada a pulso, como todo gran guerrero se escribió mucho en su tierra sobre el:
“ Morkben, incapaz de ceder ante cien espadas enemigas, condujo a la victoria en las decisivas guerras contra las tropas de Euin, vecinos y enemigos desde tiempos remotos, ahora en paz tras el asedio del castillo. Y muerte del Rey de Euin he hijos herederos”
Quito su casco y dejo ver su rostro, en efecto se trataba de el, muchos de los presentes quedaron asombrados y comenzaron los murmullos.
Morkben toma lugar cercano a mí, te interesará saber por que he mandado llamarte, como todos los que estamos aquí, mas adelante te diré cual será tu misión, tendrás un papel muy importante en este encomiendo. (En ese momento se giro el sacerdote, cruzando los brazos en la espalda mirando hacia una figura de madrera) Caballeros el peligro esta hay fuera, en estos tiempos de odio y guerras, muchos de los que han participado en ella han sucumbido al odio y sus almas corruptas han ido a parar a lo mas profundo del infierno, especialmente en estos últimos días, han llenado el infierno, convirtiéndose en parte de el, me han hablado fuerzas del otro mundo en mis sueños, en ellos me dicen que han reunido tantas almas malignas que han creado un gran ejercito, me hablan de la guerra de los mundos que hace miles de años azotaron las tierras que conocemos, que en breve tendremos su compañía entre nosotros y solo buscaran nuestra destrucción, para que los que sean de alma oscura se reúna con ellos y así hacer crecer su ejercito, y después puesto a sus servicios para la resurrección de la guerra de los mundos.
Vendrán en estado material, en carne y hueso, nos destruirán y destruirán toda vida que exista en esta nuestra tierra, aunque para la guerra celestial no podrán optar esa forma y tendrán que hacerlo de forma espectral, viajaran a donde descansan los bondadosos y los querrán destruir.
Va! Eso es un cuento de brujas, por el amor de dios, no nos podemos creer eso – Replico Morkben en tono muy molesto-.
Su misión será, (Siguió el sacerdote sin hacer ningún caso a las palabras del caballero) como ya imaginan, atajar el problema, para ello tendremos que devolver al infierno a sus lideres, no se ni que forma ni donde están en este momento, nos han llegado refugiados de Moríon, como todos sabéis, una oscura leyenda entraña aquellas tierras, comentan que demonios han arrasado aquellas tierras y envenenado el aire.
-¿Demonios?. Vah! Eso no hay quien se lo crea! Exclamo de nuevo Morkben- Los únicos demonios que conozco somos nosotros mismos, no hace falta creer que unos hombres con armaduras y pieles de aspecto demoníaco vendrían a destruir este mundo. Serán castigados por lo que han hecho y haber destruido un humilde pueblo para robar sus pocas pertenecías, pero de hay a crear esta sarna de mentiras hay un abismo.
Querido Morkben- Dijo el Sacerdote con tono suave- que no creas en ello no quiere decir que no existan, tampoco existía el fuego hasta que se creo, ni la magia hasta que se encanto, no os he hecho venir aquí para contaros un cuento para aterrorizar niños, tan pronto como terminemos este encuentro, todos vosotros podréis hablar de lo sucedido con los refugiados de Morión. – Morkben y muchos de los presentes agacharon la cabeza pensativos.
Caballeros, mis largas meditaciones me dicen que se trata de un equilibrio entre mundos, mis visiones no desvelan el misterio que hace que estas cosas sucedan, tan solo eso. Como ya os he venido contando, necesito que os preparéis para lo peor, que partáis hacia Morión y descubríais lo que ha sucedido, yo os acompañare en mandato de sanador y guía espiritual. Partiremos pronto, mañana al amanecer. Ahora os bendigo con un hechizo de proteción.
El sacerdote empezó a decir unas palabras que hacían eco por toda la sala, los caballeros comenzaron a alzar ligeramente la cabeza hacia arriba al tiempo que cerraban los ojos lentamente, una suave neblina azulada envolvía sus cuerpos y relajaban sus cuerpos y mentes, Morkben no entendía nada, ni le quedaba claro todo aquello pero sabia que aquel era el sacerdote mas admirado de todos los reinos y no se inventaría algo así, había contemplado con sus propios ojos detalles fuera de lo común asociado a los poderes oscuros, animales que lloraban sangre y se les ceñía la cara con forma de un lobo rabioso.
La noche cayo en el reino de Faudmar, los ciudadanos festejaban como cada noche en la taberna de la ciudad celebrando con cerveza las buenas cosechas de la tierra y así ahuyentando por un año mas el miedo al hambre, que tuvieron hace algún tiempo. Muchos de los caballeros reunidos decidieron tomar algo pese a saber que partirían al amanecer hacia un futuro incierto, entre ellos Morkben, sentado en una oscura esquina con una buena jarra de cerveza y fumando hiervas del sur, todo ello mientras daba vueltas a las palabras del Clérigo, intentaba unir piezas para que todo le encajara, para el, todo son cuentos, los únicos enemigos que el ha tenido han sido siempre hombres, a veces mas crueles que el mismísimo demonio…
Se tiene que tratar de un pequeño ejercito de desalmados que quieren sembrar el pánico – Se decía una y otra vez Morkben inmerso en sus pensamientos- los apresaremos a todos y les haremos pagar por lo ocurrido- Murmullaba a si mismo- no hacia falta que hubiese venido el Conde Zeor, unos cuantos hombres y yo podríamos haber controlado la rebelión – Daba una calada seguido de un sorbo de cerveza- El príncipe Kaur, ese no ha peleado en su vida, todo lo que ha visto han sido libros de romances y amores imposibles – Se le dibujo una ligera sonrisa en la cara- Juro que cuando termine todo esto no volveré a hacer caso a ningún llamado de locos dominados por historias de fantasmas –en fin veremos que es lo que sucede – Se levanto y marcho a su nicho a descansar.





