Historias del Metro...
Muchos días sin aparecer por aquí. Muchas jornadas de teclas desnudas y mudas. Mucho cambio. Mucho ajetreo. Mucho cansancio. Mucho mucho.
Y tras una justificación, tan mala como suelen ser todas las justificaciones, contaré un pellizco que me han dado hoy en las tripas.
Mi madre me enseñó a ser formal, educado y respetar a los demás.
Me enseñó que si yo estaba sentado y aparecía alguien que necesitara (o necesitase) el sitio...se lo cediera amablemente. Personas mayores, niños pequeños, embarazadas o alguien con algún tipo de necesidad especial sería los que englobaría yo en ese grupo de "necesitados".
Hasta aquí...todo correcto. Pues bien, servidor, nunca se sienta cuando va en el metro. Lo cierto es que ya se me queda el culo suficientemente plano de tenerlo "aparcao" en la silla 9 horas al día. Así que nunca tengo que ceder un sitio que no ocupo.
Pero hoy ha sido distinto. Hecho papilla en sentido físico, después de una semana agotadora de mudanza sin fin, mal descanso e historias miles.....he decidido sentarme. A las dos estaciones se ha subido una señora de unos 45 años, la cual me ha clavado una mirada que ni Sadam en su juicio podría expresar tanto odio. Ha entreabierto los labios para decir algo, pero mi cara de "notengoganas dejarana" la ha debido hacer recapacitar.
Mientras yo he pensado en lo que me ocurre cada día, mientras espero que se abran las puertas para entrar al vagón y, observo que precisamente seres humanos de la misma edad (o similar) de la protagonista y generalmente a los que tengo que mirar por debajo de mi hombro (a mí me daban dos), se meten delante de mí. Me empujan, me pisan, interponen sus bolsos cual arietes demoledores, para ponerse delante y pasar antes que nadie. No te pedirán nunca perdón (será por eso de no hablar con desconocidos) y te miran malhumorados si un día, harto de sufrir el traqueteo de pancreas al que te someten, impones tu "superioridad física" y simplemente no te mueves para dejar el sitio.
Los jóvenes somos los maleducados. Pero a mí cuando un "chaval" me pisa, al menos me mira y pide perdón por gestos mientras en sus oidos se machaca con cualquier tipo de música martilleante. Pero los jóvenes somos los maleducados. Para agarrarse a una de las "barras de salvación anti-guarrazo" el sistema que siguen muchos de estos "mayores educados" es clavar el codo en el costado del insurrecto que tenga la desgracia de estar a su lado, en vez de caminar hasta la siguiente donde podría sujetarse sin problemas, pero como ellos han elegido esa barra, debes ser tú, que para eso eres más jóven el que debas marcharte aunque ya estuvieras allí desde que se instaló la barra. Somos unos maleducados. Sin duda.
Y para salir del vagón, para qué vas a pedir que te dejen salir, si puedes lanzarte con todas tus fuerzas hasta abrirte paso hasta la puerta. Entiendo yo que. estos "mayores" sin fuerza, débiles y agotados no podrían hacer esto de desplazar los cuerpos jóvenes con tanta facilidad si no se apoderara de ellos una fuerza sobrehumana en esos momentos críticos. Debe ser cosa de los expedientes X. Es un ataque alienigena que abduce los cuerpos de éstos, y los lanzan contra las puertas de salida. Y ahí estamos los jóvenes maleducados que, puesto que no tenemos ojos en la nuca, (cosa en la que no reparan los alienígenas esos..)no dejamos salir a esta dulce generación. Qué maleducados!!
A lo peor somos tan malecados por la educación de algunos de nuestros mayores.
"La vida huele a serrín, y a sueldo de camarero y las demás blasfemias.......me las dejo en el tintero"- dijo Sabina.
Y tras una justificación, tan mala como suelen ser todas las justificaciones, contaré un pellizco que me han dado hoy en las tripas.
Mi madre me enseñó a ser formal, educado y respetar a los demás.
Me enseñó que si yo estaba sentado y aparecía alguien que necesitara (o necesitase) el sitio...se lo cediera amablemente. Personas mayores, niños pequeños, embarazadas o alguien con algún tipo de necesidad especial sería los que englobaría yo en ese grupo de "necesitados".
Hasta aquí...todo correcto. Pues bien, servidor, nunca se sienta cuando va en el metro. Lo cierto es que ya se me queda el culo suficientemente plano de tenerlo "aparcao" en la silla 9 horas al día. Así que nunca tengo que ceder un sitio que no ocupo.
Pero hoy ha sido distinto. Hecho papilla en sentido físico, después de una semana agotadora de mudanza sin fin, mal descanso e historias miles.....he decidido sentarme. A las dos estaciones se ha subido una señora de unos 45 años, la cual me ha clavado una mirada que ni Sadam en su juicio podría expresar tanto odio. Ha entreabierto los labios para decir algo, pero mi cara de "notengoganas dejarana" la ha debido hacer recapacitar.
Mientras yo he pensado en lo que me ocurre cada día, mientras espero que se abran las puertas para entrar al vagón y, observo que precisamente seres humanos de la misma edad (o similar) de la protagonista y generalmente a los que tengo que mirar por debajo de mi hombro (a mí me daban dos), se meten delante de mí. Me empujan, me pisan, interponen sus bolsos cual arietes demoledores, para ponerse delante y pasar antes que nadie. No te pedirán nunca perdón (será por eso de no hablar con desconocidos) y te miran malhumorados si un día, harto de sufrir el traqueteo de pancreas al que te someten, impones tu "superioridad física" y simplemente no te mueves para dejar el sitio.
Los jóvenes somos los maleducados. Pero a mí cuando un "chaval" me pisa, al menos me mira y pide perdón por gestos mientras en sus oidos se machaca con cualquier tipo de música martilleante. Pero los jóvenes somos los maleducados. Para agarrarse a una de las "barras de salvación anti-guarrazo" el sistema que siguen muchos de estos "mayores educados" es clavar el codo en el costado del insurrecto que tenga la desgracia de estar a su lado, en vez de caminar hasta la siguiente donde podría sujetarse sin problemas, pero como ellos han elegido esa barra, debes ser tú, que para eso eres más jóven el que debas marcharte aunque ya estuvieras allí desde que se instaló la barra. Somos unos maleducados. Sin duda.
Y para salir del vagón, para qué vas a pedir que te dejen salir, si puedes lanzarte con todas tus fuerzas hasta abrirte paso hasta la puerta. Entiendo yo que. estos "mayores" sin fuerza, débiles y agotados no podrían hacer esto de desplazar los cuerpos jóvenes con tanta facilidad si no se apoderara de ellos una fuerza sobrehumana en esos momentos críticos. Debe ser cosa de los expedientes X. Es un ataque alienigena que abduce los cuerpos de éstos, y los lanzan contra las puertas de salida. Y ahí estamos los jóvenes maleducados que, puesto que no tenemos ojos en la nuca, (cosa en la que no reparan los alienígenas esos..)no dejamos salir a esta dulce generación. Qué maleducados!!
A lo peor somos tan malecados por la educación de algunos de nuestros mayores.
"La vida huele a serrín, y a sueldo de camarero y las demás blasfemias.......me las dejo en el tintero"- dijo Sabina.





