Capitulo 10... (Por Julia)
La mirada diabólica
La batalla había comenzado.
Matt observaba con una media sonrisa la imagen de aquellas dos figuras encarándose entre la oscuridad. Los ojos rojos del enemigo irradiaban terror, pero no más que los del propio Lyan. Nunca lo había visto así. Parecía como si dentro de aquel joven, siempre alegre, hubiera dos personalidades.
El contrincante inició la lucha con su primer movimiento. Desenvainó la espada que llevaba colgando en la cintura y fue a golpear a Lyan. El joven esquivó aquel golpe con muchísima facilidad, y se giró para hacer una finta.
Las dos espadas chocaron una contra otra en medio de la noche. Hubo un forcejeo, seguido de miradas llenas de odio.
- Vamos a darle a esto algo de ánimos. ¿ No? -
Lyan desapareció tras aquellas palabras. Matt, con la boca abierta de estupefacción, revisó todo el lugar con la mirada, preguntándose dónde se podía haber metido. Pero no lo encontraba. Comenzó a preocuparse.
Una sombra sorprendió al enemigo desde detrás, y de nuevo las hojas de las dos armas chocaron . Lyan se movía como la luz, apenas se podía distinguir su figura deslizarse por aquellos sitios. El contrincante alzó su espada para golpear al joven, pero no acertó. De nuevo quiso efectuar el mismo ataque, pero Lyan era veloz y habilidoso, y escapaba del filo de la espada hasta con los ojos cerrados.
Llegó entonces el final de la lucha. Lyan lanzó una estocada, y su espada se clavó en el vientre del enemigo, que cayó inerte al suelo, bañado en un charco de sangre. Lyan rió y colocó un pie encima del cuerpo sin vida.
- Justamente tres minutos.-
Matt rió, perplejo. - No, yo creo que ha sido aún menos.
Lyan envainó su espada, alegre.- Je, vámonos de aquí rápido.
- Vete tú. Yo me quedaré aquí. Quiero seguir buscando.
Lyan frunció el ceño .- Matt, esto es peligroso. Hazme caso.
- ¿ Crees que no sé luchar? Lyan, soy bastante mayorcito para defenderme yo solo. Me queda..
No logró terminar la frase. Una flecha, silbando y moviéndose por el aire, se clavó en su hombro. Matt ahogó un grito y Lyan se puso en posición de combate.
- ¿Te dije ya antes que eras necio?
Matt miró con odio a Lyan y tiró de la flecha, que salió de su hombro con dolor.
- Creo que sí.- contestó Matt poniéndose al lado de su amigo, blandiendo su katana y observando la situación, que por cierto, no era muy buena.
Por todos lados habían aparecido personas exactamente iguales a la que anteriormente Lyan había matado. No había un lugar donde no se pudieran distinguir unos ojos rojos. El viento comenzó a soplar fuertemente, llevando consigo a los murmullos insoportables de los enemigos.
El que parecía ser el cabecilla de toda aquella multitud, dio un paso alante y se dispuso a hablar. Su voz era ridícula, muy aguda para aquel rostro.
- Habéis acabado con uno de los nuestros, jujujuju. Vais a pagar por esto, jujuju.
Lyan y Matt no pudieron contener la risa tras aquel comentario.
- Hoy nos lo vamos a pasar bien.- dijo Lyan con una sonrisa.
Se notaba en el ambiente cierta tensión. Comenzaron a rodear por todas partes a los dos jóvenes. Matt empezó a ponerse nervioso.
- Ten cuidado.- le susurró Lyan.- Estos tíos parecen tontos pero después son duros a la hora de acabar con ellos.
- Vaya.- contestó Matt.- Pues a ti no te a costado trabajo.
- Estoy lo suficiente entrenado como para enfrentarme a estas cosas.
No hubo más palabras. Empezó la batalla.
Estaban rodeados. Matt miró a Lyan unos segundos, sin saber bien que hacer. Le temblaban los brazos, no sabía aún por qué, había participado muchísimas veces en una lucha de ese tipo, y siempre había sido capaz de desenvolverse bien en ellas. Pero aquel día era diferente. Parecía como si aquel lugar lo alterara.
Pudo ver cómo la figura fugaz de Lyan se avalanzaba contra uno de los grupos de enemigos, y con una carcajada exagerada y movimientos perfectos de la espada, acababa con todos en pocos segundos. Una luz cálida lo rodeaba, mientras que en sus ojos irradiaba un extraño brillo anaranjado. Era imposible de distinguir cuando se movía, solamente podían escucharse sus risas alegres por combatir.
Matt tuvo que desviar su atención del joven rápidamente y oponer resistencia al ataque de varios de sus oponentes. Se sorprendió al ver la fuerza que había en ellos. Comenzaron a rodearle y a atacarle a la vez, y se vio obligado a resistir cada uno de sus golpes, aunque no salía ileso de ellos. Las hojas de las espadas le hacían cortes por los brazos, aunque afortunadamente, no llegaban a más.
Acudieron más a aquella pelea. Matt intentaba distinguir a Lyan entre la multitud, pero sólo seguía oyéndolo reír, como si todo aquello fuera un simple juego.
Comenzaba a cansarse. No podía resistir él sólo el ataque de tantos enemigos, le dolía el brazo, y estaba agotado. Reunió fuerzas para seguir luchando, aunque sabía que no le iban a durar mucho más. Entonces oyó la voz de Lyan muy cerca, y lo vio, como si fuera el rey de aquel lugar, con una mirada misteriosa y una sonrisa simpática. El joven alzó la espada.
- ¡¡ Eh vosotros !!
Los oponentes se giraron y lo miraron perplejos.
- Je.. No tengo ganas de estar aquí más. Terminemos con esto ya, ¿Ok?
Lo siguiente que pasó fue algo increíble. Matt nunca había visto tanto poder acumulado en una persona.
Aquella aura que rodeaba a Lyan se hizo más intensa. El color anaranjado comenzó a emerger de su cuerpo, de las palmas de sus manos, y el viento empezó a soplar aún más fuerte. El joven sonrió y alzó los brazos.
Hubo algo parecido a una bomba nuclear. Matt cerró los ojos deslumbrado y sintió que caía al suelo. En ese momento no sabía si estaba muerto, o vivo. Se dio cuenta de que todo estaba en la normalidad cuando notó la mano de Lyan en su hombro.
Capítulo 11.. (Por Raúl)
El Túnel del Tiempo, el poder de la omnipresencia
Matt notaba algo extraño. Por más que abría los ojos y los volvía a cerrar siempre veía lo mismo: el blanco absoluto a causa del cegador resplandor de esa gran cantidad de energía que había desprendido su amigo. Seguía notando la mano de Lyan apoyada en su hombro.
Poco a poco fue distinguiendo algo entre aquella gran neblina. Estaba claro que era él, pero en seguida se percató de que no se encontraba en el mismo lugar que hacía unos segundos. Ni siquiera el suelo donde había quedado sentado por la explosión era el mismo. Había dejado de estar encima de unos cuantos escombros con tierra para estar sentado en una superficie totalmente lisa y blanca. Por fin su vista se aclaró por completo. Tenía a Lyan a su lado y lo veía claramente definido. Pero todo seguía en un ambiente totalmente blanco en el que ni siquiera el azul del cielo se veía. En ese escenario confuso flotaban decenas de relojes de casi todos los tipos, pero predominaban analógicos y relojes de arena enormes. Matt miraba perplejo en todas direcciones sin encontrar novedades.
-¿Dónde estamos? ¿Y qué es ese poder tan grande que ha surgido de ti?-Matt necesitaba respuestas. Nunca había estado tan confuso como en ese momento.
-Respecto a “ese gran poder” del que tú hablas no puedo contestártelo, viejo amigo, al menos por ahora. Respecto a dónde estamos…bueno…es una de mis habilidades.
-¿De tus habilidades? ¿Qué demonios es esto?
-Déjame preguntarte algo antes de contestarte, Matt- éste lo miró con interés.- ¿Por qué crees que siempre estoy cuando más se me necesita y en todos los lados? ¿Por qué crees que mis llegadas son siempre tan silenciosas?
Matt comenzó a pensar cuando Lyan le formuló esas preguntas. La verdad es que tenía razón. Lyan siempre había sido muy misterioso y oportuno a la vez. Sus apariciones tan silenciosas lo dotaban de un aire místico que nunca perdía.
-Hombre…eres muy rápido…me los has demostrado justo antes de estar en este...”sitio”-dijo Matt mientras volvía a echar un vistazo a su alrededor.
-Sabes que esa no es la respuesta Matt. Yo te contestaré. Estamos en el Túnel del Tiempo. Creo que soy el único que todavía conserva este poder. Este túnel me permite viajar al pasado pero no al futuro. Como máximo puedo viajar a la velocidad de la luz, pero no sobrepasarla. Esta es la razón por la que llego tan rápido a los sitios: mi tiempo se ralentiza mientras yo viajo a tan alta velocidad. En pocos segundos llego a mi destino.
-¡¡¿Cómo?!!-exclamó Matt indignado.- ¿Por qué no me lo dijiste antes, Lyan? Esta puede ser la llave para encontrar mis respuestas…
-No podía. No tenía el suficiente poder como para conseguir meter en el túnel a alguien más que yo. Tampoco sé si podré llevarte al pasado…es un pasado lejano y además somos dos personas…-ante la cara de desilusión de su amigo, Lyan prosiguió.- Aunque podemos intentarlo. Quizá podamos llegar y conseguir mantener el portal abierto unos dos minutos.
-¡Estupendo!
-Pero debo advertirte de que el poder ir al pasado no significa tener poder para cambiarlo, solo puedes visualizarlo.
-Está bien. Lyan, por favor, llévame a mis respuestas.
Capitulo 12.. (Por Elías)
El despertar
Lyan hizo unos gestos con la mano y por su alrededor empezaron a pasar imágenes muy rápidamente, Matt estaba inquieto por saber lo que vería, cuál era la verdad de todo, el pasado que nunca había conocido.
-No me hago responsable de lo que veas, ¿estás preparado?
-Sí.-Respondió con seguridad Matt.
En ese momento las imágenes se pararon y se quedaron flotando sobre el barrio olvidado, pero cuando aún no había sido destruido. Era un barrio con unas casas pequeñas rodeadas de su jardín, las calles, estrechas y liosas, hacían que te pudieras perder con facilidad si no conocías el lugar. Se veía gente haciendo su rutina diaria, niños jugando con sus poderes en el parque. Se podía ver un barrio cualquiera donde nadie pensaría que todo eso acabaría en llamas.
-Voy a ver si consigo ver algo que tenga que ver contigo.
El fondo parpadeó y aparecieron dentro de una casa. Vieron por unos instantes a Matt de pequeño con sus supuestos padres, dentro de una casa, pero, al mismo tiempo, la imagen cambió y vieron otra donde se veía a unos hombres con capas negras yendo hacia la casa de Matt. Otra escena apareció delante de ellos, en esta se veía mucha gente luchando contra los hombres de negro. Y, tras esta, otra distinta apareció. Cada vez veían más, y no les daba tiempo a fijarse en lo que pasaba. Después de unos segundos viendo escenas muy rápidas, apareció una donde se vio perfectamente a los padres de Lyan yacidos en el suelo sin vida, empapados de sangre. Él, Lyan, también lleno de sangre, los miraba con cara de asesina. Matt se sorprendió y antes de que pudiera ver más cosas Lyan gritó:
-¡¡Bastaaaaaaaaaa!!
Tras decir eso, el lugar donde estaban se hizo añicos y aparecieron donde estaban antes.
-Quiero que olvides lo que has visto y que no digas nada, porque de lo contrario...
No puedo acabar la frase, el primer enemigo que había abatido estaba detrás de él clavándole la espada por el vientre.
-Te devuelvo la estocada jujujuju.
Al mismo tiempo que acabo la frase sacó la espada y se dispuso a darle un sablazo, al que Lyan hizo la posible para cubrirse con su espada.
-Eso no te servirá de nada jujujuju.
El enemigo dio un sablazo tan fuerte que partió la espada de Lyan, provocándole también un corte profundo en el brazo derecho. Lyan gritó, y al mismo tiempo se levantó y le dijo:
-¿Quien necesita una espada?, ¡prefiero pelear con mis puños!
Lyan golpeó al estomago del enemigo, y lo hizo tan rápido que se oyó una explosión al momento que inició el golpe. El estacazo hizo que el hombre vendado volara unos metros por el aire antes de caer al suelo. Los dos creían que la lucha había acabado hasta que el enemigo se volvió a levantar, Matt y Lyan se asombraron al ver como, una persona que había recibido una estocada en el pecho y un puñetazo a la velocidad del sonido en el mismo lugar, podía seguir vivo. Lo peor de todo es que se movía como si no le hubiera pasado nada.
-¿Pero que demonios eres tu?- Preguntó Matt.
“Jujujuju, tengo el poder de la sangre. Puedo moverla y sacarla por cualquier parte del cuerpo, jujujuju, aunque eso no quita que sienta el dolor, lo que pasa es que puedo acumularla…, jujujuju,…en los sitios donde me golpean y…, jujujuju, …recuperarme mas rápido jujujuju.”
Lyan cayó repentinamente al suelo, se puso boca arriba y le dijo a Matt:
-Bueno, todo depende de ti, yo ya no puedo luchar, es más, si no me llevas rápido a un hospital me moriré, jejeje, confió en ti- Tras decir esto Lyan perdió el conocimiento.
Cuando Matt se giró para quedarse cara a cara con el enemigo, vio 3 flechas rojos que iban directas hacia él, pero consiguió saltar y las esquivó. Matt sabía que no estaba al mismo nivel que el enemigo, lo cual le cabreaba mucho y le hizo atacar al enemigo de cara, dejándose llevar por su ira. El hombre vendado viendo la penosa estrategia de Matt, le lanzó dos flechas más de sangre, que Matt consiguió esquivar con dificultad, y cuando ya se encontraban cara a cara, los dos se golpearon muy fuerte Esto hizo que Matt cerrara los ojos por un instante, lo que le llevo a su perdición: el enemigo empujó a Matt y le clavó su espada en el corazón.
La vista de Matt se nubló, en pocos segundos, pasó de ver al hombre vendado a verlo todo completamente negro. Pensó que estaba muerto, pero no quería admitirlo, todo eso le aterrorizaba. Lo único que hacía era caer por un vacío. No paraba de pensar en todo lo ocurrido, y sabíaa que le había atravesado el corazón, al pensar en eso, se dio cuenta de que había muerto, pero se resignaba a ello. Y entonces intentó gritar, pero no le salía la voz, hasta que oyó una voz a lo lejos; una voz muy grave que inspiraba respeto.
-Tu hora aun no ha llegado, así que levántate y lucha con tus poderes.
Matt abrió los ojos donde estaba, vio su sangre flotar por el aire, el enemigo al ver como abría los ojos soltó la espada y cayó de rodillas al suelo mientras decía:
-No puede ser, ju...ju, te he matado, ju...ju, y ¿qué es eso, ju...ju, que sale dentro de ti?”
Matt se percató de que, por todas partes de su cuerpo salía como un humo muy negro. Se fijó como ese humo se comía la espada y le curaba la herida, estaba muy confuso, no sabia que hacer y solo se le ocurrió acabar con el hombre vendado. Pero, no sabia como hacer uso de los poderes, así que le apuntó con la mano y grito:
-¡Muereeeeeeeeeeeeee!
De repente, salieron de la muñeca tres figuras puntiagudas que se clavaron en el enemigo, y que le hicieron caer, definitivamente, al suelo, sin vida.





