logotipo

img_google
-
Acerca de

Piensa en un barrio de Madrid, cualquiera, da igual cuál sea. Piensa ahora en sus edificios, sus calles, sus vecinos. Eso es lo que te encontrarás en DeBarrio. Cada semana serás testigo de la evolución de cinco personajes que poco tienen en común, pero a los que les une una cosa: vivir en la periferia. Poco a poco te iremos presentando a nuestros protagonistas, los vecinos de Lisboa 13. Estate atento.



Contador Gratis
Sindicación
 

Marta y los pensamientos

"No puedo pedir más. Sería demasiado egoista pedir que me quisiera. Pero qué digo, si el me quiere. A su manera, pero me quiere. Sí, vale, es cierto que no me lo demuestra y que hay veces que es un estúpido, pero él es así, siempre ha sido así y yo no tengo derecho a cambiarle"
(...)
"No me va a dar tiempo a hacer la cena antes de que venga Manolo"
(...)
"Nunca me ha puesto la mano encima. Sé que puede sonar fuerte, pero tengo suerte. Mira todos los días en el telediario, la pobres mujeres que mueren porque sus maridos les pegan con un martillo o les hechan ácido por encima. No, yo tengo suerte, tengo suerte porque... porque... porque..."
(...)
"¿Y si me ha maltratado psicológicamente y yo no me estoy dando cuenta?"
(...)
"Sí, pero yo me casé para toda la vida"
(...)


-Mamá, ¿te pasa algo?
-No, nada. Estoy pensando.

Etiquetas:       
 

Marta y los pensamientos

"No puedo pedir más. Sería demasiado egoista pedir que me quisiera. Pero qué digo, si el me quiere. A su manera, pero me quiere. Sí, vale, es cierto que no me lo demuestra y que hay veces que es un estúpido, pero él es así, siempre ha sido así y yo no tengo derecho a cambiarle"
(...)
"No me va a dar tiempo a hacer la cena antes de que venga Manolo"
(...)
"Nunca me ha puesto la mano encima. Sé que puede sonar fuerte, pero tengo suerte. Mira todos los días en el telediario, la pobres mujeres que mueren porque su marido le pega con un martillo o les hecha ácido por encima. No, yo tengo suerte, tengo suerte porque... porque... porque..."
(...)
"¿Y si me ha maltratado psicológicamente y yo no me estoy dando cuenta?"
(...)
"Sí, pero yo me casé para toda la vida"
(...)


-Mamá, ¿te pasa algo?
-No, nada. Estoy pensando.

Etiquetas:       
 

Carlos y los sueños rotos

No hacía falta que se lo preguntara. Era tan obvio, tan evidente, que hubiera quedado como un gilipollas si aquella pregunta finalmente hubiera salido de sus labios. Llevaba días dándole vueltas, pensando en todo, en él, en ella, en los dos, en lo que pasaría si su relación se disolviera, si volvieran a ser seres independientes y no la pareja, la entidad de dos personas en la que se habían convertido en estos últimos cinco años.

Carlos lo tenía claro. Laura le quería, pero no era su príncipe azul. Estaba casi convencido de que, cuando ella era pequeña, no se imaginaba su vida como la estaba viviendo ahora mismo. Por una parte, eso era completamente normal, casi ninguno conseguimos hacer realidad nuestros sueños de la infancia. Sin embargo, eso mismo, aquella idealización de las vidas futuras que los niños tienden a formarse, no dejaba dormir a Carlos en estos últimos días.

La suya no era una historia de película, ni mucho menos. Carlos era el mejor amigo de Paco, el hermano de Laura. Una noche de verano, recién llegado de Cádiz, él se dio cuenta de que ella ya era una niña y que los tres años de diferencia que había entre ambos se habían casi disipado. Ella acaba de terminar su carrera de magisterio y él estaba en el cuarto año de medicina. Ambos comenzaron a salir y pasaron un verano normalito, tranquilo, dando paseos por la playa o comiendo helados en el bar que había enfrente de su casa. Carlos tuvo que volver a la facultad y decidieron mantener su relación a pesar de la distancia y a sus encuentros dispersos los pocos fines de semana libres que ambos coincidían.

Cuatro años después, Laura abandonó todo por su novio y los dos se fueron a vivir a Madrid. Por eso, Carlos pensaba tanto y temía defraudar a su novia, porque ella había dejado todo, su familia, un puesto de trabajo en una boutique, sus amigas, el lugar donde se crió, por estar con él. Quería compensarla, darle las gracias por dejar todo un universo atrás por él, por una pequeña e insignificante porción de materia que parecía ridícula comparada con todo lo demás.

Pero, ¿cómo? ¿Cómo iba a compensarla? ¿Cómo podía hacer que ella no dudara, no se dejara influir por aquellos sueños rotos de niña que, casi seguro, no se habían cumplido? Tras mucho meditarlo, Carlos obtuvo una solución, quizá no muy satisfactoria ni tremendamente rebuscada, pero que, estaba convencido de que era lo mejor que se le ocurría y podía hacer. Le iba a pedir a Laura que se casaran.


 

Carlos y los sueños rotos

No hacía falta que se lo preguntara. Era tan obvio, tan evidente, que hubiera quedado como un gilipollas si aquella pregunta finalmente hubiera salido de sus labios. Llevaba días dándole vueltas, pensando en todo, en él, en ella, en los dos, en lo que pasaría si su relación se disolviera, si volvieran a ser seres independientes y no la pareja, la entidad de dos personas en la que se habían convertido en estos últimos cinco años.

Carlos lo tenía claro. Laura le quería, pero no era su príncipe azul. Estaba casi convencido de que, cuando ella era pequeña, no se imaginaba su vida como la estaba viviendo ahora mismo. Por una parte, eso era completamente normal, casi ninguno conseguimos hacer realidad nuestros sueños de la infancia. Sin embargo, eso mismo, aquella idealización de las vidas futuras que los niños tienden a formarse, no dejaba dormir a Carlos en estos últimos días.

La suya no era una historia de película, ni mucho menos. Carlos era el mejor amigo de Paco, el hermano de Laura. Una noche de verano, recién llegado de Cádiz, él se dio cuenta de que ella ya era una niña y que los tres años de diferencia que había entre ambos se habían casi disipado. Ella acaba de terminar su carrera de magisterio y él estaba en el cuarto año de medicina. Ambos comenzaron a salir y pasaron un verano normalito, tranquilo, dando paseos por la playa o comiendo helados en el bar que había enfrente de su casa. Carlos tuvo que volver a la facultad y decidieron mantener su relación a pesar de la distancia y a sus encuentros dispersos los pocos fines de semana libres que ambos coincidían.

Cuatro años después, Laura abandonó todo por su novio y los dos se fueron a vivir a Madrid. Por eso, Carlos pensaba tanto y temía defraudar a su novia, porque ella había dejado todo, su familia, un puesto de trabajo en una boutique, sus amigas, el lugar donde se crió, por estar con él. Quería compensarla, darle las gracias por dejar todo un universo atrás por él, por una pequeña e insignificante porción de materia que parecía ridícula comparada con todo lo demás.

Pero, ¿cómo? ¿Cómo iba a compensarla? ¿Cómo podía hacer que ella no dudara, no se dejara influir por aquellos sueños rotos de niña que, casi seguro, no se habían cumplido? Tras mucho meditarlo, Carlos obtuvo una solución, quizá no muy satisfactoria ni tremendamente rebuscada, pero que, estaba convencido de que era lo mejor que se le ocurría y podía hacer. Le iba a pedir a Laura que se casaran.


 

Lorena y Juaquin

Casi nadie pronunciaba bien su nombre. Incluso a sus padres les costaba pronunciar esa “o” abierta junto a la “a” y, además, tener que poner la sílaba tónica al final. Por eso, Joaquín Téllez, el novio de Lorena, siempre había sido Juaquin.
Juaquin no era especialmente guapo, más bien al contrario. Era un tío delgado, muy pálido, con los ojos pequeños y rasgados y que siempre andaba encorvado, como buscando algo en el suelo. Tampoco tenía lo que Lorena y sus amigas llamaban morbo, “ese-yo-que-sé” que iba más allá de la belleza y que hacía que algunos tíos las volvieran locas. Por supuesto, tampoco era inteligente, ni culto, aunque eso, sinceramente, tampoco tenía especial importancia. Juaquin era simplemente eso, Juaquin, y nada más. Entonces, ¿por qué Lorena lleva dos meses saliendo con él?
Eso mismo se ha planteado ella esta misma mañana. Mientras recogía la habitación encontró una foto que se habían hecho en el fotomatón del centro comercial. Allí estaba él, con la frente llena de grasa, los dientes amarillos, el entrecejo superpoblado, la cresta llena de gomina, que hacía que se le viera toda la calva… Pero lo que más sorprendió ha Lorena, mucho más que darse cuenta que su novio era probablemente el tío más feo del barrio, era su actitud. Ella le miraba, buscaba que sus ojos se encontraran bajo el corazón que les envolvía, esperando a que él girara la cabeza y se fundieran en un beso que quedaría inmortalizado para siempre en la fotografía. Él simplemente miraba al frente, sin más, deseando que la foto se hiciera de una vez y pudiera salir a fumarse un cigarro. Su cara era una mezcla de aburrimiento y enfado, como si aquel momento fuera un mal trago para él.
Con la cama todavía sin hacer, Lorena cogió un papel y decidió hacer una lista para intentar descubrir por qué era novia de semejante tío:

a) La primera noche en la que me enrollé con él estaba demasiado borracha. Esa noche me podría haber liado con cualquier tío y dio la casualidad de que fue él.
b) A la mañana siguiente me llamó y quedamos por la tarde. Fue bastante cariñoso conmigo y creo que por eso accedí a salir con él.
c) Tiene 20 años.
d) Tiene coche.
e) Trabaja, por lo que me puede comprar regalitos y me invita a todos los sitios.
f) En ese momento, yo era la única del grupo que no tenía novio.
g) Me respeta. Sigo teniendo miedo a perder la virginidad y es el único tío que, hasta el momento, no se ha intentado propasar.
h) No está gordo.
i) Es amigo del Chen y nos consigue todos los porros que queramos.
j) Besa bastante bien.

Lorena miró la lista. La releyó unas cinco o seis veces, intentando que los diez puntos que había señalado se impusieran a todo lo malo: discusiones, malas caras, faltas de respeto, miedo a que la gente se burlara de ella, de que pensaran que era feo… Finalmente cogió el móvil, buscó su número en la agenda y le envió un simple “Tenmos q ablar”.
- ¿Lorena, has recogido ya la habitación?
- Estoy en ello. Me queda hacer la cama
- Pues no sé a que esperas, hija.
- Ay, mamá, ya voy. No me agobies que bastante tengo yo ya con lo mío.
- ¿Tú? Pero que problemas vas a tener tú. Tendrías que estar como yo….
Mientras la voz de su madre se va diluyendo por el pasillo, Lorena se obliga a no pensar más en Juaquin hasta que le vea por la tarde. Será entonces cuando decida si realmente merece la pena seguir con él y si diez puntos son más importantes que todo lo demás.


 

¿Quién es Yrene?

* El siguiente artículo fue publicado el pasado 26 de abril en la revista (ficticia, evidentemente) "Más que Eva". Las anotaciones en violeta (costumbre que le inculcó su padre) fueron realizadas por la propia Yrene una vez que la revista se publicó. Como podréis comprobar, la entrevista no está completa, ya que sólo ha sido trascrita la parte que Yrene pudo leer por encima antes de tirar la revista a la basura.

Yrene Vivens: “No aspiro a ganar el Goya con esta película”
[De dos jodidas horas de entrevista, la estúpida de la periodista ha considerado que esto es lo más importante. Empezamos bien]


Yrene Vivens nos ha citado para hablarnos de su opera prima “El olor del sexo” [Sigo odiando este título] en su nueva casa. Aunque algo alejada del centro, [Alejadísima, quién me mandaría vender la mía y venirme a vivir aquí!!!] Yrene ha sabido combinar la tradición y la moda vintage con la más radical vanguardia estilística. [Cómmorrrr???? Simplementemuebles de Ikea + muebles de mi padre. ] La directora catalana se mudó aquí el pasado verano como homenaje a su padre, el escritor Miguel Ángel Torrent [a)Desde cuando mudarse es considerado un homenaje; b)Me mudé aquí porque he tenido que financiar de mi bolsillo casi la mitad del proyecto y porque mis problemas con la coca y con mi exnovio me han obligado a alejarme del centro durante una temporadita. Esta casa estaba libre y ya pagada, así que no tuve más remedio que trasladarme a este barriucho]. Yrene nos recibe con su look informal y tan personal al que ya nos tiene acostumbrados: [me estás llamando ridícula?] pantalones vaqueros, algo caídos y una camiseta básica blanca. [a) Encontrar una 32 suele ser difícil; b) Si quieres me pongo un vestido de Chanel para recibirte, so mema]. A punto de cumplir 34 años, la realizadora sigue teniendo ese aire infantil que nos cautivó en películas como "Ángel" o "Lloraré hasta que vuelvas". [Cambiarme el apellido no me ha servido de nada. Aún siguen recordando mis ESTELARES intervenciones en el cine] Nada más recibirnos, notamos ese poder de atracción que, a pesar de su metro y medio, ejerce en quien trata con ella. [a/ Enana tu madre!!! b/ Qué coño tiene que ver que sea bajita para no ser atrayente; c/ ¿Nadie se ha atrevido a decirle a esta pobre muchacha que no sirve para el periodismo?]
(…)

Más que Eva: Háblanos de tu nuevo proyecto “El olor del sexo”.
Yrene Vivens: “El olor del sexo” es una película que narra la vida de Carmen y Gabriel, dos veinteañeros que acaban de entrar a la universidad para estudiar Comunicación Audiovisual en Madrid y que juntos se enfrentarán a los miedos de un pasado reciente que todavía no han conseguido dejar atrás. [Bastante bien resumido, aunque mi explicación fue algo más extensa]
MQE: La película parte de una concepción muy liberal del sexo...
YV: La verdad es que sí. No quiero [en realidad, los jodidos productores no me dejan. Si por mi fuera, te contaba el final y te ahorrabas 5 euros y hora y media] desvelar mucho el argumento, pero lo cierto es que para ellos el sexo es un complemento más de su amistad. Los protagonistas siempre intentarán huir de lo convencional y nunca se plantearán formalizar una relación seria, como novios. [En realidad, tal como le dije al final de esta pregunta -seguramente estaría pensando en sus uñas-, el sexo para ellos es todo, ya que su relación de amistad es bastante frágil debido a sus diferencias]
(…)
MQE: El guión de la película lo empezaste a escribir con tu amigo, el escritor Josep Yuste, que desgraciadamente [si no le conocías, cacho estúpida, ¿cuál es la desgracia para ti?] falleció el pasado año. ¿Cómo te encuentras tras su pérdida? [vergonzoso]
YV: En realidad, la película es una adaptación de una novela que escribió Josep antes de morir y que no llegó a publicar. He querido hacerle un homenaje, porque creo que se lo merecía. [Ya no sé si dije esto o no. En realidad, él, más o menos, antes de morir me chantajeó para que dirigiera una película basada en esta novela. Yo, además de arruinarme, he tenido que modificarla casi por completo]
MQE: ¿Hasta qué punto es autobiográfica la obra? ¿Qué hay de ti en el personaje de Carmen?
YV: [Ni me molesto en leer lo que contesté. Nada, porque la obra de Josep es prácticamente un plagio de una obra de Lucía Etxebarria que yo modifiqué deprisa y corriendo]
(…)
MQE: ¿De dónde viene tu nombre?
YV: Sinceramente, no lo sé. Creo que fue mi padre quién se empeñó en ponérmelo.
MQE: ¿De qué forma ha influido tu padre en tu vida y en tu obra?
YV: La verdad es que la obra de mi padre y la mía son bastante diferentes. Creo que sólo he leído un par de novelas suyas y él no llegó a ver ninguno de los cortos que he dirigido. Cuando estaba vivo, preferíamos que nuestra vida profesional se mantuviera alejada de la personal. [Realmente, mi padre y yo llevábamos 15 años sin hablarnos. Siempre pensó que mis cortos eran una mierda y a mí sus libros me han aburrido soberanamente]
(…)
MQE: ¿Dónde sueles comprar ropa? ¿Sigues las revistas de moda?
YV: La verdad es que no tengo mucho tiempo para leer revistas. [y menos de memeces como la tuya] En cuanto a la ropa, la mayoría la compro en Custo o Gas. [MENTIRA!!!!!!!!! Le dije que me la regalaban mis amigos, que no solía ir a comprar porque no me gustaba. Soy muy poco cool para “Más que Eva”]
(…)
MQE: Ya que te has declarado abiertamente defensora de la mujer, [jaja, como si fuera un insulto o algo malo] ¿cómo crees que estamos ahora las feministas en España y en el Mundo? [A punto estuve de reírme en su cara cuando se consideró feminista]
(…)
MQE: ¿Cómo está tu vida amorosa en la actualidad?
YV: Muy tranquila (…) [Uff, lo dejo. Esto está empezando a decaer y me estoy aburriendo. Me tomo un valium y me voy a dormir]



 

¿Quién es Marcos?

De: Jaime Casado (Jaime_Atleti@hot...)
Enviado el: Wednesday, April 23, 2007 8:12:30 PM
Para: Marco Parra (theshowmustgoon@hot...)
Asunto: Repetimos…?


Hla tío, q tal
Yo bien, akí avurridillo en la playa, que me he ido con un colegas en el puente a Benicassim. Haber cuando qdamos q tengo ganas de verte.

Jaime


De: Marcos Parra
Enviado el: Thursday, April, 24, 2007 5:44:22 PM
Para: Jaime Casado
Asunto: RE: Repetimos…?
Hola.

Creo que el otro día te dejé las cosas bastante claritas. Acabo de empezar con una chica y, la verdad, no me gustaría engañarla. Ya sé que tú también tienes novia y tal, pero eso a mí no me consuela. Si tú quieres engañarla, estupendo. A mí me gusta siempre ir de frente.
Sé que cuando leas esto te vas a reír de mí y pensarás que estoy loco, pero necesitaba decírtelo. Creo que me estoy empezando a enamorar de ti y no quiero que esto vaya a más. Es cierto que un principio quedamos en que entre tú y yo sólo habría sexo (bueno, en realidad nunca hemos hablado de esto, como de casi nada, pero se presuponía). En un principio, la idea me pareció cojonuda: quedábamos y follábamos, eso era todo.
Sin embargo, ahora me estoy dando cuenta de que el sexo sin más me aburre. Estoy cansado de tener que hacerlo en tu coche, de que me mandes callar cuando te llama alguien al móvil, de oír como hablas con tu novia y le dices que la quieres, de que no quieras subir a mi casa por si mis compañeros de piso piensan que vamos al cuarto a follar, de que me trates como un niño (vale, yo tengo 19 y tú 26, pero a veces pienso que yo soy mucho más maduro y que tengo las cosas mucho más claras). Resumiendo: estoy cansado de ti y de que sólo me quieras para una cosa.
Sé que con este e-mail la estoy cagando porque no tengo a derecho a pedirte nada. Es más, no lo estoy haciendo, porque sé que tú no me puedes, quieres y vas a dar lo que yo busco. Pero si no te digo todo lo que siento, reviento.
Te pondría mil cosas más, pero creo que esto resume bastante bien lo que opino. No hace falta que contestes a mi e-mail, sé lo que piensas al respecto

Que te vaya bonito.
Un beso (yo sí me atrevo a mandar besos por e-mail, aunque el destinatario sea un tío)

Marcos

PD: “Aburridillo” es con “b”. No es “haber”, es “a ver”.



Etiquetas:          
 

¿Quién es Marta?

7.00 Suena el despertador. Marta se levanta.
7.07 Exprime una naranja. Sirve el café. Dos cucharadas de azúcar.
7.10 Buenos días cariño, ¿has dormido bien?. Pone la bandeja en la mesa. Vuelve a la cocina y recoge
7.13 Beso matutino. ¡Que tengas un buen día!
7.14 Gira la manecilla amarilla del despertador hasta las ocho. Cierra los ojos. Intenta volver a dormir.
8.00 Despertador
8.05 ¡María! ¡Jorge! ¡Ya es la hora!
8.07 ¡Que no vais a llegar!
8.09 ¡Cómo no estéis en cinco minutos en la mesa os vais andando al instituto!
8.45 Salen de casa (tarde, como casi siempre).
8.58 Besos a los niños. Vuelve a casa.
11.00 Camas hechas. Baño limpio. Polvo quitado. Garbanzos cociéndose. Nevera llena. Aburrimiento.
11.30 Ana Rosa. En los anuncios, Por la Mañana. Pobre Pantoja, con lo que ella ha sido.
13.09 Teléfono. Patricia, su hermana.
13.59 ¡Uy! ¡Qué tarde es! Me tengo que ir a por lo niños. Te llamo a la tarde
14.35 Perdonad, pero la pesada de vuestra tía me ha llamado y me he entretenido.
14.48 Sirve el cocido. María protesta. Pero si sólo tienes cuatro fideos, hija.
15.00 Hola, cariño, ¿qué tal el día?
15.10 ¿Quieres un poquito más de caldo? ¿Está suficientemente caliente o te lo meto al microondas veinte segundos? ¿Quieres más vino?
16.06 Beso vespertino. Llámame a la tarde para decirme a que hora vas a venir
16.25 Café con hielo, telenovela y siesta
18.00 Costura
18.35 No, Jorge, (puntada) no puedes irte con tus amigos a la playa este fin de semana (puntada).Me da igual que les dejen ir a todos (puntada).
18. 47 Fin de la discusión.
19.00 El Diario de Patricia. Lágrimas al ver el rencuentro entre un padre y su hijo al que no ve desde hace cinco años.
19.09 Teléfono. ¿Y no sabes a qué hora vas a venir? Cuándo vayas a salir dame un toque para ir preparando la cena y llamar a los chicos. No más preguntas. Mejor no saber.
20.00 Allá tú. Yo hubiera cogido la oferta del banquero.
22.00 ¡Niños, vuestro padre ya ha llegado! ¡Poned la mesa!
22.05 María, termínate la merluza.
22. 40 Niños en sus cuartos. Marido en el sofá. Recoge y friega.
23.00 Silencio entre ambos. Mejor no molestarle, estará cansado.
24.00 Que descanses. Beso nocturno. Nada más.

 

¿Quién es Carlos?

- ¿Sí?
- Hola Carlos, cariño…
- Dime, mamá.
- ¿Cómo estás?
- ¿Qué dices…?
- Que cómo estás.
- Oye, no te oigo bien. No puedo hablar ahora. Laura y yo estamos subiendo las cosas. Dentro de diez minutos te llamo.
(…)
- A ver, dime.
- Nada, que era sólo para ver cómo estabas.
- Pues igual que ayer por la noche, bien.
- ¿Habéis llegado ya al piso?
- Sí.
- ¿A qué hora?
- Pues no lo sé. Sobre las diez, diez y media.
- Y, ¿qué os ha parecido?
- Viejo. Viejísimo. Huele a cerrado y a rancio. Los muebles parecen sacados de Cuéntame. Vamos a tener que cambiarlo todo, que pintar las paredes, que comprar muebles. Además, la caldera es una puta mierda.
- Esa boca…
- Lo siento.
- Además, tampoco te quejes. Da gracias a que tu abuelo, en paz descanse, nos dejara a nosotros la casa de Madrid cuando se murió. ¡Cuántos jóvenes como tú estarían deseando tener un piso como ese!
- No, si ya...
- Bueno, y la gente allí, ¿qué tal?
- ¿Qué gente?
- Chiquillo, la gente. Los madrileños.
- ¡Ah!, la gente. Bien, supongo. Lo que sí hemos visto es que hay muchísimo barullo. Nos hemos quedado flipaos cuando hemos entrado en Atocha para coger el tren. Los andenes de la vía de enfrente estaban llenísimos y la gente se empujaba y todo por subirse al vagón.
- ¿En serio? Hijo, ten cuidado cuando vayas por ahí, a ver si te va a a pasar algo.
- Tranquila, tendré cuidado.
- Bueno, ¿y qué tal la zona?
- Pues no sé. Parece bastante tranquila, aunque la gente es un poco rancia, ¿sabes?, como, no sé..., demasiado estirada. Cuando íbamos a entrar una chavala nos ha abierto la puerta y ni nos ha saludado.
- Dales tiempo, hombre. Ya verás como enseguida conocéis gente. Una cosilla. ¿Cuándo me dijiste que empezabas a trabajar?
- El viernes, mamá, el viernes es cuando empiezo. El lunes tengo que ir al Ministerio a firmar unos papeles y el martes me incorporo al centro de salud. Ya te lo explique todo el lunes.
- Vale, vale. Es que no me acordaba. Cada día estoy peor y las cosas se me olvidan enseguida. ¿Qué más te tenía que decir yo? Ah, sí, que si al final vais a poder bajar el puente.
- Pues creo que no. Yo tendré que trabajar el lunes y Laura tiene una entrevista.
-Ay es verdad, se me ha olvidado que sigue ahí, buscando de lo suyo. A ver si tiene suerte la pobre mía que después de irse contigo a Madrid…
- Mamá, por favor, no empieces…
- Jo hijo, lo siento… Pero es que sigo sin entender por qué te has tenido que ir a Madrid cuando podías haberte buscado algo aquí en Huelva....
- Mamá…
- ... O, por lo menos, podías haberte ido a Sevilla o a Cádiz y podrías venir a casa los fines de semana…
- Mamá…
- ... Ahora sólo podremos hablar por teléfono y bajarás de cuando en cuando…
-¡Mamá, joder! ¡¡¡¡Te quieres callar y escucharme!!!!
- Bueno hijo, tampoco hace falta que me chilles.
- No, si hace falta que te chille coño, que tengo veintiocho y me tratas como si tuviera diez.
- Si ya lo sé Carlos, ya lo sé. Pero comprende que me da miedo que te vayas a la capital, con la de chorizos y drogadictos que tiene que haber por ahí.
- ¿Drogadictos? Pues como en todos lados, mamá.
- Mmm, no sé yo que decirte. Bueno, da igual.
- Oye, te tengo que dejar. Acaba de venir Laura y tenemos que ir a comprar algo de comida para hoy.
- De acuerdo cariño. Te llamo mañana.
- Vale.
- O a lo mejor esta noche, así hablas con tu padre.
- Vale mamá.
- Y ten cuidadito.
- Sí, mamá.
- Y dale un beso a Laura.
- Vale, mamá.
- Y no te vayas a saltar ahora la dieta, con lo que te ha costado.
- Sí, mamá. Venga, un beso.
- Un beso, cariño. Te quiero mucho.
(Piiiiiiii)
- Yo también mamá. Yo también.



Etiquetas:        
 

¿Quién es Lorena?

Aunque ella todavía no lo sabe del todo, Lorena Ramos, la hija de los del 4º B, no es una, sino dos. Una de sus caras, la Lore, va a Kapital, combina el rosa con el leopardo y lleva pendientes de oro trenzado. La otra, simplemente Lorena, sin artículo ni apocopes, es la que comienza a cuestionarse todos sus actos y teme que, en un futuro no muy lejano, acabe arrepintiéndose de su adolescencia. La primera está esperando que los dos años que le quedan para cumplir la mayoría de edad pasen rápido y, por fin, pueda hacer lo que quiera; la otra, tiene miedo, porque no sabe que hará en el futuro. La primera es la que deja que los tíos con los que se enrolla cada sábado se salten las barreras que ella había fijado tras el primer beso; la segunda, sólo busca un beso especial, alguien que la valore por algo más que por tener un culo bonito o unas tetas grandes. La primera venera a Daddy Yanquee y a DJ Nano; la segunda, se acuesta a la una devorando los libros que le presta su madre y que, como a ella, también la marcarán de por vida. La primera lo pasa bien hablando con sus amigas de Gran Hermano o de lo bueno que está el Cholo; la segunda, simplemente, busca algo más.

Lorena es hija única y, aunque no le guste admitirlo, sabe que está decepcionado a sus padres. Ambos son profesores y se está empezando a dar cuenta de que ellos desearían tener otro tipo de hija, quizá un poco más calmada o que saliera menos o de la que corrieran menos rumores por el barrio. Hasta la fecha, a ella todo esto le había dado igual y se había escudado en el pasotismo (probablemente cada día era capaz de decir “me la pela” unas diez o quince veces). No tenía que dar explicaciones a nadie. Pero ahora, cuando esta coraza se está desquebrajando, comienza a tener miedo, porque, por primera vez, se está dando cuenta que no todo gira alrededor de ella y que todos sus actos afectan al resto de personas. Por eso, Lorena cada noche tarda quince minutos más en dormirse, porque, casi sin darse cuenta, se está empezando a plantear cuál de sus dos modelos tiene que elegir para el futuro, para convertirse, de una vez por todas, en una mujer.


 

Lisboa 13

Piensa en un barrio de Madrid, cualquiera, da igual cuál sea. Piensa ahora en sus edificios, sus calles, sus vecinos. Eso es lo que te encontrarás en DeBarrio. Cada semana serás testigo de la evolución de cinco personajes que poco tienen en común, pero a los que les une una cosa: vivir en la periferia. Poco a poco te iremos presentando a nuestros protagonistas, los vecinos de Lisboa 13. Estate atento.