
El Sr. Caduco ha decidido que no quiere estar sólo. Colgado del árbol, balanceándose al ritmo del viento no se puede esperar mucho. Sólo un golpe de corriente o un otoño temprano pueden iniciar el viaje a ninguna parte. Una parte de Sr. Caduco se ha desprendido y se desplaza sin rumbo siguiendo los caprichos del viento.
Hoy el viento ha decidido ceder su protagonismo al sol. El. Sr. Caduco cae hasta posarse en el suelo. Inmóvil, sin vida, sólo siente los pies indiferentes que resquebrajan su forma.
Por favor, viento, sopla de nuevo.