Entonces

¿Donde estás? Todavía en sueños de ojos abiertos creo que recorro la calle. Cada día era distinto porque siempre descubría cosas nuevas. Siempre había un detalle, que escapaba a mi percepción para que pudiera asombrarme en todo momento. Otras veces la marcha ascética me impedía detenerme. Entonces, mis pies caminaban intuitivos.
Ya no recorro la calle, aunque si puedo rehacer el camino. Sin embargo, no recuerdo los detalles porque no estoy allí para sorprenderme.
Comentario:
"París es un centro, entendés, un mandala que hay que recorrer sin dialéctica, un laberinto donde las fórmulas pragmáticas no sirven más que para perderse. Entonces un cogito que sea como respirar París, entrar en él dejándolo entrar, neuma y no logos. (…) Era una pequeña librería de la rue du Cherche-Midi, era un aire suave de pausados giros, era la tarde y la hora, era del año la estación florida, era el Verbo (en el principio), era un hombre que se creía un hombre. Qué burrada infinita, madre mía. Y ella salió de la librería (…) y cambiamos dos palabras y nos fuimos a tomar una copa de pelure d'oignon a un café de Sèvres-Babylone.(…)
Y así Sèvres se fue con Babylone a tomar un vaso de pelure d'oignon, nos mirábamos y yo creo que ya empezábamos a deseamos (pero eso fue más tarde, en la rue Réaumur) y sobrevino un diálogo memorable, absolutamente recubierto de malentendidos, de desajustes que se resolvían en vagos silencios, hasta que las manos empezaron a tallar, era dulce acariciarse las manos mirándose y sonriendo, encendíamos los Gauloises el uno en el pucho del otro, nos frotábamos con los ojos, estábamos tan de acuerdo en todo que era una vergüenza, París danzaba afuera esperándonos, apenas habíamos desembarcado, apenas vivíamos, todo estaba ahí sin nombre y sin historia…"
Porqué estemos o no allí, los recuerdos siempre serán capaces de sorprendernos.