
Hace muchos años yo me erigí como el pilar de las civilizaciones. Mi fortaleza alojaba a familias, pero también a tesoros y arsenales. Los más importantes templos de culto y poder eran admirados por la contundecia de mis formas. Un día, la misma resistencia que me había otorgado majestuosidad fue rechazada por el vano y el cristal. Un material, que ni si quiera era natural, que no era valiente para dejarse ver, dominaba las alturas desde los invisibles cimientos.
Ahora informe permanezco, buscando una identidad frente a quien me humilla.