Inventario (I)
Tengo un cansancio perpetuo, un dolor de espalda, una limitada imaginación, la manía de sobrevivir, la costumbre de olvidar con facilidad miserias propias y ajenas, un pesar por el mundo, alitosis matinal,
tendencia a suspirar sonoramente.
Poseo miles de libros, un puñado de maltratados amigos, el don de relativizar, un millón de sueños amordazados y hasta sodomizados, un optimismo agonizante, ciertas dosis de pasajero malhumor, poco pelo, mala conciencia, ganas de volar,
padre, madre, hermana, mujer, una vieja gata.
Nada está en venta.
Soy dueño de varias cuentas pendientes, de amores en peligro de extinción, de excedentes de ironía, de cicatrices de mis viajes, de sobrepeso de recuerdos, de una seria dificultad para reír, de una libido a prueba de bombas,
de una codiciada desesperanza.
Acumulo reproches ajenos, abstinencias forzosas, instantes de felicidad que como espectador robé, ojalás clasificados por fechas y materias, momentos que creí haber vivido, tareas por hacer, gente que aún cree que soy quien fui,
en un cajón, inutilidades varias y algún anhelo.
Hace algo más de dos años encontré mi Alma.
tendencia a suspirar sonoramente.
Poseo miles de libros, un puñado de maltratados amigos, el don de relativizar, un millón de sueños amordazados y hasta sodomizados, un optimismo agonizante, ciertas dosis de pasajero malhumor, poco pelo, mala conciencia, ganas de volar,
padre, madre, hermana, mujer, una vieja gata.
Nada está en venta.
Soy dueño de varias cuentas pendientes, de amores en peligro de extinción, de excedentes de ironía, de cicatrices de mis viajes, de sobrepeso de recuerdos, de una seria dificultad para reír, de una libido a prueba de bombas,
de una codiciada desesperanza.
Acumulo reproches ajenos, abstinencias forzosas, instantes de felicidad que como espectador robé, ojalás clasificados por fechas y materias, momentos que creí haber vivido, tareas por hacer, gente que aún cree que soy quien fui,
en un cajón, inutilidades varias y algún anhelo.
Hace algo más de dos años encontré mi Alma.
...
- El pianista sonrió sin abrir la boca; era la sonrisa de alguien que sabía mucho, más de lo que consideraba comunicable.
(I.K, Fiasco)
(I.K, Fiasco)
Mirar de frente

La persona que nos mira tiene millones de nombres, aunque quizá a estas alturas puede que sea más correcto decir que tuvo millones de nombres. Vive, o vivía -¿malvive, o malvivía?-, en Malawi. Es difícil aguantarle la mirada a la verdad sin bajar los ojos. Por si te interesa el tema>>
Una para la película más triste
Cuando X llegó al cine no sabía qué película iba a ver, ni siquiera sabía los títulos que estaban en cartel en los Alphaville de Martín de los Heros. Las siguientes sesiones comenzaban a las 22 horas y X preguntó a la taquillera cuál era la más triste de las dos películas que en cinco minutos se iban a proyectar. Luego, sacó una entrada.
Desconozco por completo si la película que vio satisfizo sus necesidades de tristeza pero al terminar el pase seguro que volvió al cuadro de Hooper del que se había ausentado durante unas horas.

Desconozco por completo si la película que vio satisfizo sus necesidades de tristeza pero al terminar el pase seguro que volvió al cuadro de Hooper del que se había ausentado durante unas horas.


