Sí a las sorpresas
Me sorprende la pretenciosa estupidez con la que solemos afirmar saberlo todo de nosotros mismos. Con lo esperanzador que es un futuro al que no le extirpemos la posibilidad de que en nuestro interior haya una insospechada bomba de relojería...
Suicidio en gris
Siempre llevo un sueño en la recámara
para disparármelo en la sien sin vacilar
si algún día la vida se vuelve jodidamente monótona
para disparármelo en la sien sin vacilar
si algún día la vida se vuelve jodidamente monótona
Evolucionar...
“Sin duda, evolucionar constituye una infidelidad…, a los demás, al pasado, a las antiguas opiniones de uno mismo. Tal vez cada día debería contener al menos una infidelidad esencial o una traición necesaria. Se trataría de un acto optimista, esperanzador, que garantizaría la fe en el futuro…, una afirmación de que las cosas pueden ser no sólo diferentes, sino mejores.” (Hanif Kureishi, ‘Intimidad’)
Tras cinco años y medio, mañana es mi último día de trabajo en T. Es hora de evolucionar, aún con todas las dudas del mundo acompañando mi marcha voluntaria.
Thom Gunn, en su poema ‘En Ruta’, escribe: “Uno siempre está más cerca cuando no se queda quieto”.
Tras cinco años y medio, mañana es mi último día de trabajo en T. Es hora de evolucionar, aún con todas las dudas del mundo acompañando mi marcha voluntaria.
Thom Gunn, en su poema ‘En Ruta’, escribe: “Uno siempre está más cerca cuando no se queda quieto”.
Lo absurdo de la guerra, 'La comedia humana'
Una vez que descubrí a William Saroyan a través del libro de relatos ‘Me llamo Aram’, no pude resistirme a entrar de nuevo en su prosa sencilla y efectiva cuando me topé en la biblioteca con ‘La comedia humana’. Ese casual encuentro no ha podido ser más afortunado: el libro es una auténtica joya que hay que leer, releer y recomendar.
Con una admirable economía en el lenguaje, Saroyan logra ponernos los pelos de punta desde ‘la vitalidad y la candidez’, dibujando ‘un inolvidable alegato contra lo absurdo de todas las guerras’.
El editor escribe: ‘Homer Macauley trabaja como mensajero para una compañía de telégrafos y se convierte en testigo de la vida cotidiana de los habitantes de Ithaca, una pequeña población del valle de San Joaquín, en California, que ve como muchos de sus soldados, en plena Segunda Guerra Mundial, no regresan del frente. Cada telegrama que entrega es el nuevo anuncio de una nueva víctima, una ventana que se cierra en el entorno familiar del desaparecido y, a la vez, un paso más en su conocimiento del mundo y del comportamiento humano.’
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Con una admirable economía en el lenguaje, Saroyan logra ponernos los pelos de punta desde ‘la vitalidad y la candidez’, dibujando ‘un inolvidable alegato contra lo absurdo de todas las guerras’.
El editor escribe: ‘Homer Macauley trabaja como mensajero para una compañía de telégrafos y se convierte en testigo de la vida cotidiana de los habitantes de Ithaca, una pequeña población del valle de San Joaquín, en California, que ve como muchos de sus soldados, en plena Segunda Guerra Mundial, no regresan del frente. Cada telegrama que entrega es el nuevo anuncio de una nueva víctima, una ventana que se cierra en el entorno familiar del desaparecido y, a la vez, un paso más en su conocimiento del mundo y del comportamiento humano.’
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