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DelOtroLado
Nadie muere la víspera
Acerca de
Why have you stayed/ Away so long, why have you only/ Come to me late at night/ After walking for hours in wind and rain?
Sindicación
 
Hasta siempre, Naguib Mahfuz

Llegué a la obra de Naguib Mahfuz hace diez años, después de ver en el cine la acertada adaptación cinematográfica de una de sus obras, El Callejón de los Milagros (1947), en la que descubrí realmente a una Salma Hayek tan poco conocida como espectacular.
Mi ignorancia por aquel entonces sobre la figura de Mahfuz era tal que nisiquiera sabía que el egipcio era todo un Premio Nobel. Después de leer esa novela no pude parar y seguí devorando páginas y páginas de aquel autor que tenía una extraordinaria capacidad para contar la vida de un montón de gente a la vez y conseguir que el lector ni se perdiera ni dejara de sentir un especial cariño por todos y cada uno de los personajes de toda índole y calaña que circulaban por sus escritos.
Hoy, Mahfuz ha muerto.
Habrá que darse una nueva vuelta literaria por las abarrotadas calles de cualquier barrio pobre de El Cairo para ver cómo le ha sentado su fallecimiento a sus habitantes.

"¿Qué haces? Quieres llenarte los ojos de ella, reconócelo. Quieres tener las dimensiones de su elástico cuerpo..., contemplar su sonrisa y su modo de bajar los párpados..., seguir las yemas de sus dedos teñidas con alheña. ¿Adónde va a parar todo esto? Nada de eso te había pasado nunca con las que la superaban en hermosura, en belleza y en renombre... Esto es doloroso, y más doloroso aún el que tú la quieras... No te mientas a ti mismo; tú la quieres hasta morir. "
Palacio del Deseo, Naguib Mahfuz.
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La pasión
Salimos del amor
como de una catástrofe aérea
Habíamos perdido la ropa
los papeles
a mí me faltaba un diente
y a ti la noción del tiempo
¿Era un año largo como un siglo
o un siglo corto como un día?
Por los muebles
por la casa
despojos rotos:
vasos fotos libros deshojados
Éramos los sobrevivientes
de un derrumbe
de un volcán
de las aguas arrebatadas
Y nos despedimos con la vaga sensación
de haber sobrevivido
aunque no sabíamos para qué. (leer más>>)

Cristina Peri Rossi

Tenía preparadas mis próximas lecturas... Una antología poética de Peri Rossi, uno de los pocos títulos que aún no había leído de Kundera y una vuelta a la infancia con Charlie y la Fábrica de Chocolate... ¡Me los dejé todos en Valencia!
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Busco en otras mujeres la belleza que te recuerdo
Me enamoro de trozos de ti, que abandono al reconocerte mutilada
Son tus pasos los que llenan de huellas la playa de mi vida.
 
Me gusta
Hace casi un año que sigo de cerca www.dadanoias.blogspot.com, hace pues casi un año que de una manera o de otra estoy enganchado a él. Sin embargo, no ha sido hasta que no he tenido tiempo de irme al archivo del blog y de repasar uno a uno sus post cuando de verdad me he rendido a su encanto. Además de los contenidos, la actualización de la página es abrumadora.

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Air guitar, una imbecilidad como otra cualquiera
No sé si a estas alturas de mi vida el hecho de que lo que hacen muchas de las personas que me rodean aún me sorprenda habla bien o mal de mí, es bueno o malo... Lo cierto es que me ha quedado de piedra al conocer que algo llamado ‘air guitar’ (el ‘arte’ de simular que se está tocando una guitarra eléctrica, sin guitarra ni nada de por medio) se está convirtiendo en tendencia con visos de próximo fenómeno social.
El hecho se puede tomar a broma, pero es que ya hay competiciones mundiales de ‘air guitar’, documentales e, incluso, uno se puede doctorar en esta técnica en una universidad del Reino Unido.
Lo bueno de que la gente invierta su tiempo en hacerse experta en imbecilidades como ésta -dicho esto desde el respeto que me merece que cada cual emplee su tiempo libre en lo que le dé la gana- es que mientras tanto no está haciendo otras cosas mucho peores como ésta>>...
- Demostración de 'Air guitar' en Youtube...
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Después de la puesta de sol, cuando la retirada de los turistas y la arena fría y el narcotizante sonido de las olas -que quiebran incansables- llega a ser inaudible por repetitivo, la playa era para D.P. un paraíso. De cara al agua, sentado, abrazaba sus piernas por debajo de los muslos y se instalaba en algún punto lejano del horizonte, allá donde el cielo se vuelve mar y el mar cielo en perfecta fusión.