Warszawa y otros enigmas más complicados
Tengo un amigo, enamorado de las ‘grafías eslavas’, que retiene mentalmente los nombres de los puntos geográficos que, escritos, se cruzan en su día a día. Mientras más extraño suene el lugar mejor, sospecho. Dice que una sensación de desconocimiento, de duda, le obliga a memorizar todos esos lugares que salen a su paso.
‘Me da la impresión de que todos esos nombres (digo todos porque es un ejercicio que practico desde años, sobre todo en los viajes por carretera) son como puntitos perdidos en la inmensidad de una galaxia oscura. Lejanísimos ¡Qué no existen¡’, afirma.
Es como ‘si alguien ( una especie de demiurgo aburrido) se dedicara a estamparlos en sitios -como los camiones- para entretenernos. Es un enigma localizarlos. ¿Existirán de verdad?, ¿dónde?, ¿cómo serán?, ¿qué hará la gente un domingo por la tarde en esos sitios?’.
Mi amigo, luego, no se queda tranquilo hasta que sitúa el nombre apresado en un mapa, o en Google, que, asegura, ‘es también como una gran galaxia a la que te tiras sin paracaídas con la seguridad de que acabarás aterrizando suavemente sobre el lugar que buscas’.
Hace unos días, este extraño individuo se topó con un camionero extranjero que le preguntó por una dirección. En la lona del trailer que éste conducía leyó 'Warszawa'>>. Esta vez, como el nombre le era más que familiar y, no siendo demasiado consciente del grado que ha alcanzado su enfermedad –creo yo-, retuvo hasta la calle donde se ubicaba la empresa propietaria de la carga transportada.
Como acabo de hablar con mi amigo y lo encontré sosegado, estoy seguro de que ya habrá tenido tiempo de descifrar el enigma polaco que se le planteó de buenas a primeras.
Mi amigo es como un niño, que mira con ojos nuevos el mundo que le rodea. Yo, de forma nada natural, me esfuerzo para que me importe dónde coño está Cabra del Santo Cristo>>, por ejemplo. Me resisto a reconocer que puedo cruzarme con un nombre así y seguir viviendo en mi ignorancia geográfica como si tal cosa.
‘Me da la impresión de que todos esos nombres (digo todos porque es un ejercicio que practico desde años, sobre todo en los viajes por carretera) son como puntitos perdidos en la inmensidad de una galaxia oscura. Lejanísimos ¡Qué no existen¡’, afirma.
Es como ‘si alguien ( una especie de demiurgo aburrido) se dedicara a estamparlos en sitios -como los camiones- para entretenernos. Es un enigma localizarlos. ¿Existirán de verdad?, ¿dónde?, ¿cómo serán?, ¿qué hará la gente un domingo por la tarde en esos sitios?’.
Mi amigo, luego, no se queda tranquilo hasta que sitúa el nombre apresado en un mapa, o en Google, que, asegura, ‘es también como una gran galaxia a la que te tiras sin paracaídas con la seguridad de que acabarás aterrizando suavemente sobre el lugar que buscas’.
Hace unos días, este extraño individuo se topó con un camionero extranjero que le preguntó por una dirección. En la lona del trailer que éste conducía leyó 'Warszawa'>>. Esta vez, como el nombre le era más que familiar y, no siendo demasiado consciente del grado que ha alcanzado su enfermedad –creo yo-, retuvo hasta la calle donde se ubicaba la empresa propietaria de la carga transportada.
Como acabo de hablar con mi amigo y lo encontré sosegado, estoy seguro de que ya habrá tenido tiempo de descifrar el enigma polaco que se le planteó de buenas a primeras.
Mi amigo es como un niño, que mira con ojos nuevos el mundo que le rodea. Yo, de forma nada natural, me esfuerzo para que me importe dónde coño está Cabra del Santo Cristo>>, por ejemplo. Me resisto a reconocer que puedo cruzarme con un nombre así y seguir viviendo en mi ignorancia geográfica como si tal cosa.





