Bohumil Hrabal y las posaderas estampadas de Zdenicka

La primera vez que oí hablar de él debió ser porque se puso de moda puesto que los famosos de todo tipo a quienes se les preguntaba por un autor o un libro recomendaban sin dudar uno de los suyos o uno del húngaro Sandor Marai.
Sin embargo, no fue hasta que un amigo estadounidense me lo recomendó que me decidí a leer algo de Hrabal. Luego, supe por una fuente más que cercana que el tipo era una gran figura en la República Checa y en Eslovaquia.
Mi encuentro literario con Hrabal se produjo a través de ‘Una soledad demasiado ruidosa’. Hanta, su protagonista, es un personaje absolutamente inolvidable.
A pesar de que el libro me encantó, he dejado pasar algún que otro año para volver a zambullirme en su obra. Esta vez, opté por su libro más conocido, ‘Trenes rigurosamente vigilados’, cuya versión cinematográfica, dirigida por Jiri Menzel, mereció un Oscar de Hollywood en 1967.
Como consecuencia de esta más que recomendable lectura, me persigue incansable, desde hace días, la imagen del factor Hubicka levantando las faldas de la telegrafista Zdenicka, en plena Segunda Guerra Mundial y en la soledad de una noche estrellada, para estamparle en las nalgas todos los sellos de la estación de ferrocarril en la que trabajaban.
Aunque ‘Trenes rigurosamente vigilados’ pienso que es mejor para iniciarse en el universo Hrabal, personalmente me quedo con ‘Una soledad demasiado ruidosa’.





