Lo absurdo de la guerra, 'La comedia humana'
Una vez que descubrí a William Saroyan a través del libro de relatos ‘Me llamo Aram’, no pude resistirme a entrar de nuevo en su prosa sencilla y efectiva cuando me topé en la biblioteca con ‘La comedia humana’. Ese casual encuentro no ha podido ser más afortunado: el libro es una auténtica joya que hay que leer, releer y recomendar.
Con una admirable economía en el lenguaje, Saroyan logra ponernos los pelos de punta desde ‘la vitalidad y la candidez’, dibujando ‘un inolvidable alegato contra lo absurdo de todas las guerras’.
El editor escribe: ‘Homer Macauley trabaja como mensajero para una compañía de telégrafos y se convierte en testigo de la vida cotidiana de los habitantes de Ithaca, una pequeña población del valle de San Joaquín, en California, que ve como muchos de sus soldados, en plena Segunda Guerra Mundial, no regresan del frente. Cada telegrama que entrega es el nuevo anuncio de una nueva víctima, una ventana que se cierra en el entorno familiar del desaparecido y, a la vez, un paso más en su conocimiento del mundo y del comportamiento humano.’
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Con una admirable economía en el lenguaje, Saroyan logra ponernos los pelos de punta desde ‘la vitalidad y la candidez’, dibujando ‘un inolvidable alegato contra lo absurdo de todas las guerras’.
El editor escribe: ‘Homer Macauley trabaja como mensajero para una compañía de telégrafos y se convierte en testigo de la vida cotidiana de los habitantes de Ithaca, una pequeña población del valle de San Joaquín, en California, que ve como muchos de sus soldados, en plena Segunda Guerra Mundial, no regresan del frente. Cada telegrama que entrega es el nuevo anuncio de una nueva víctima, una ventana que se cierra en el entorno familiar del desaparecido y, a la vez, un paso más en su conocimiento del mundo y del comportamiento humano.’
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