Beniardà
Al fin tuve mis vacaciones. Cuatro días mal contados, pero que cundieron como un mes. Acudí al lugar que puede constituirse en mi retiro espiritual anual, tan cerca del mundo y tan lejos de todo a la vez. Comí de maravilla, no probé el agua en cuatro días, disfruté de las gélidas aguas de un río, hice piragüismo, jugué al ping pong depués de década y media sin hacerlo, leí por fin un libro de Vila-Matas y me aboné a unas largas y tardías siestas en hamaca, en un porche que miraba a la montaña y al pantano de Guadalest.
Sí, la visión de mis pies mientras me balanceaba en una hamaca puede ser la imagen de mis días de asueto.
Inmejorable compañía, la promesa cumplida de los paparajotes, el descubrimiento del alficoz, la novedad de Gael, un Caribe domésico...
Sí, la visión de mis pies mientras me balanceaba en una hamaca puede ser la imagen de mis días de asueto.
Inmejorable compañía, la promesa cumplida de los paparajotes, el descubrimiento del alficoz, la novedad de Gael, un Caribe domésico...
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