Eso fue ayer
-¿Cuánto...? –preguntabas con insistencia.
-Tanto y más, y lo sabes –contestaba agotado, harto de buscar sin fortuna las palabras exactas.
Recuerdo que siempre acababa atrapando algunas frases biensonantes que te medio contentaban, pero que a mí se me hacían insuficientes.
-¿Cuánto...?
-Un poco menos de lo que te mereces y mucho más de lo que imaginas –te decía, y esas dos tonterías, como las otras mil tonterías que te ofrecí, actuaban como una breve anestesia que te aplacaba y que a mí no me servía.
-¿Cuánto...? –volvías a la carga.
-Usted perdone, pero sólo soy un vendedor de humo -Me rebelaba contra la imposibilidad de hallar la fórmula exacta. No lograba dar con ella y tu pregunta me acompañaba como un dedo acusador allá por donde iba, incansable.
Quizá creías que era bueno que no diera con la combinación perfecta, así te asegurabas que siempre te tenía en la cabeza. Y te tenía. Quizá sospechabas que no te quería contentar, pero lo quise. Quizá te divertía verme fracasar una y otra vez.
-Anda, dime –suplicabas melosa intentado contactar con mis ojos.
-Sigo buscando, en serio –respondía yo.
-Tanto y más, y lo sabes –contestaba agotado, harto de buscar sin fortuna las palabras exactas.
Recuerdo que siempre acababa atrapando algunas frases biensonantes que te medio contentaban, pero que a mí se me hacían insuficientes.
-¿Cuánto...?
-Un poco menos de lo que te mereces y mucho más de lo que imaginas –te decía, y esas dos tonterías, como las otras mil tonterías que te ofrecí, actuaban como una breve anestesia que te aplacaba y que a mí no me servía.
-¿Cuánto...? –volvías a la carga.
-Usted perdone, pero sólo soy un vendedor de humo -Me rebelaba contra la imposibilidad de hallar la fórmula exacta. No lograba dar con ella y tu pregunta me acompañaba como un dedo acusador allá por donde iba, incansable.
Quizá creías que era bueno que no diera con la combinación perfecta, así te asegurabas que siempre te tenía en la cabeza. Y te tenía. Quizá sospechabas que no te quería contentar, pero lo quise. Quizá te divertía verme fracasar una y otra vez.
-Anda, dime –suplicabas melosa intentado contactar con mis ojos.
-Sigo buscando, en serio –respondía yo.
Comentario:
No hay cifras para el infinito, no hay palabras para ¿cuanto?.
besos
besos





