Sé que hablabas en serio
Desde hace mucho tiempo me acompaña la imagen de una fotografía tuya que jamás tomé y que jamás se ha hecho. Aunque su insistente presencia la ha convertido en algo de lo más real, lo cierto es que sólo existe en mi mente.
Se trata de un retrato en blanco y negro en el que apareces sentada en el café Barbieri de Lavapiés. En él, miras de frente a la cámara con la barbilla ligeramente alta y el pelo suelto.
Siempre que pienso en ti veo esta no-fotografía e, incluso, cuando estoy contigo la veo.
Sostienes un cigarro encendido en tu mano derecha y apoyas el codo derecho en la mesa de mármol ante la que estás. El humo del tabaco zigzaguea, pero no por delante de tu cara, y se escapa por la esquina superior del recuadro que te enmarca. A tu espalda, un espejo picado. Delante de ti, alineados horizontalmente, tres cafés y un paquete de rubio.
En ésta, la versión A de la inexistente instantánea, es de día y por la ventana de tu izquierda entra la luz de la sobremesa de un frío invierno.
Existe una versión B de esta aparición, que a veces se cuela en mi cabeza y se solapa durante unos segundos con la anterior -con la oficial-. De ella se diferencia únicamente
en el hecho de que los cafés han sido sustituidos por una copa de vino tinto en cuyo borde hay marcas de labios; y en que es de noche y, por lo tanto, la luz que hay a tu izquierda, muy difuminada, proviene de un viejo aplique de pared.
En ambas versiones muestras esa máscara de ‘femme fatale’ que tanto me gusta y, aunque no sonríes, parece que lo haces.
Se trata de un retrato en blanco y negro en el que apareces sentada en el café Barbieri de Lavapiés. En él, miras de frente a la cámara con la barbilla ligeramente alta y el pelo suelto.
Siempre que pienso en ti veo esta no-fotografía e, incluso, cuando estoy contigo la veo.
Sostienes un cigarro encendido en tu mano derecha y apoyas el codo derecho en la mesa de mármol ante la que estás. El humo del tabaco zigzaguea, pero no por delante de tu cara, y se escapa por la esquina superior del recuadro que te enmarca. A tu espalda, un espejo picado. Delante de ti, alineados horizontalmente, tres cafés y un paquete de rubio.
En ésta, la versión A de la inexistente instantánea, es de día y por la ventana de tu izquierda entra la luz de la sobremesa de un frío invierno.
Existe una versión B de esta aparición, que a veces se cuela en mi cabeza y se solapa durante unos segundos con la anterior -con la oficial-. De ella se diferencia únicamente
en el hecho de que los cafés han sido sustituidos por una copa de vino tinto en cuyo borde hay marcas de labios; y en que es de noche y, por lo tanto, la luz que hay a tu izquierda, muy difuminada, proviene de un viejo aplique de pared.
En ambas versiones muestras esa máscara de ‘femme fatale’ que tanto me gusta y, aunque no sonríes, parece que lo haces.
Comentario:
Mataría por dejar de ver buenas instantáneas en todas partes. Me abruman
Comentario:
Bellíssimo!
AS
AS
Comentario:
Las mejores fotos no se guardan en albunes.
besos
besos





