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¿De qué podemos hablar?
Acerca de
Cenicienta en busca de su zapato... ¿algún principe voluntario para buscarlo y nunca volver?
Sindicación
 

Dejé de ser tu niña...


No me pidas que me preocupe por ti, si no quieres hacerme daño.
No me pidas que no me olvide de ti, si no estás seguro de lo que sientes.
No me pidas valor, cuando tú no eres capaz de afrontar la situación.
No me pidas caricias a cambio de una llamada; no me pidas nada, cuando nada es lo que yo recibo de ti.
No me pidas que sea tu niña, porque crecí, y me dí cuenta, de que en realidad, tú para mí, no eres nada.

 

Tigre come tigre, y humano come humano


Hace unos días leí una columna en esos periódicos que reparten gratuitamente en las ciudades (porque en los pueblos, no suelen hacerlo). Esta columna se llamaba “Tigre no come tigre” y era un estremecedor relato, al menos para quienes nos declaramos amantes de los animales, y no en términos zoofílicos, sobre la lucha en el mundo animal, en este caso concreto en el mundo de los tigres. El caso es que cuatro tigres siberianos devoraron a otro al no tener que comer. Y he de destacar uno de los párrafos que escribe Espido Freire y que dice así: “Como una metáfora viva de las luchas diarias, de lo que nunca se espera del compañero de trabajo, o de una amiga íntima. No se esperan mordiscos entre iguales. No entre compañeros de jaula, ni de cautiverio. Eso queda para los domadores”
El caso es que así debería ser, más aún en el mundo animal, por eso de que suelen ser más nobles, mucho más que las personas, incluso aunque se devoren entre sí; seguramente han aprendido hasta de nosotros, porque si eso en el mundo animal nos parece una barbaridad, yo me pregunto por qué no lo es en nuestro mundo, por qué cuando nos despellejamos unos a los otros y los demás estamos ahí escuchándolo, no hacemos nada, y es más, incluso llegamos a pedir más espectáculo. El caso es que esta es la triste verdad. Somos críticos por naturaleza, y no digo que eso sea algo negativo, pero es que somos malos también por naturaleza y ese sí es un gran problema. Y se que hay mucha gente, bueno si lo pienso bien no tanta, buena, o medio buena...
El caso es que hoy yo quiero denunciar mi mala suerte, esa que me acompaña desde pequeña, esa que no me abandona, y que algún día podría hacerlo, y ¿cuál es el motivo? Sencillamente, no tener a nadie bueno a mi alrededor; sí, tengo gente medio buena, pero no del todo.
Y como ya os contaba anteriormente “Envidias buenas no existen” y es la verdad; me gustaría conocer a una persona de mi mismo sexo que se alegrara (pero no con la típica sonrisa falsa) de lo bueno que me ocurre, aunque creo que eso es mucho pedir, por lo que veo. Es un buen deseo para Reyes, pero no, prefiero cosas más materiales (ropa, zapatos, bolsos...) para una buena causa por supuesto: debo renovar mi armario, que ya tiene hasta telarañas.
Oh, que materialista... será porque tampoco yo soy muy buena persona... pues lo cierto es que no me preocupa, porque desde hoy solo tendré en mi cabeza una linda frase que la panadera de mi pueblo llevaba puesta en su furgoneta de repartir pan...
“Yo deseo para ti, todo lo que tú desees para mí”.

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Felices Fiestas Navideñas



En estas fechas tan entrañables yo, una humilde servidora, quiero desearles a todos unas felices fiestas navideñas, con sus familias, amig@s, parejas, amantes, etc.
Mientras yo estaré tomando el sol en una playa a una temperatura envidiable e intentando coger el morenito que tanto desee este verano y que no me fue posible...
En fin, Felices Fiestas y que el gordito de rojo, o los tres invisibles os regalen al menos la mitad de todo lo que hayáis pedido y que el 2008 sea mucho mejor que al anterior en todos los aspectos.
Nos veremos después de Navidad.

 

Daños colaterales



¿Hasta qué punto te puede afectar elegir un chico u otro? Bueno, yo creo que es mejor no elegir, pero eso no es nada nuevo. Claro, yo me quedo con los dos, o con los que surjan, pero sin que ente ellos conozcan la existencia del otro. En fin, el caso es que aún estando con dos, tres, seis, veinticuatro... (enhorabuena a quien lo consiga, ya sea dicho de paso) es que hay unos daños colaterales.
Que si unos gustos diferentes en moda, cine, arte, y claro equipo de fútbol... a eso me refiero con “daños colaterales” en una relación... En definitiva, ¿hasta qué punto somos capaces de aguantar esas chorradas, que sumadas hacen una diferencia muy grande entre hombres y mujeres, y en general entre cualquier persona comparada con otra, independientemente del sexo?
Bien, de momento no me puedo quejar, me estoy demostrando a mi misma la gran paciencia que puedo llegar a tener para aguantar a mi amigo especial “payasote” por excelencia, aunque no se por cuanto tiempo más, porque hasta qué punto las payasadas se convierten en lo que yo denomino “daños de pleno”, esos que te dan así, de golpe y sin avisar, y te hacen sentir hasta vergüenza ajena... Sinceramente, creo que hasta hacerte ver que ya es hora de ponerle punto y final.
Y por otro lado, todo esto me está sirviendo también para demostrarme el aguante en cuanto a mi otro amigo especial “demasiado listo para su edad”, respecto al fútbol y salir con todos sus amigotes, que aún estando una dama delante hacen gala de su condición de hombres y se comportan como hacen habitualmente: como orangutanes. Y como todo tiene su lado bueno, hay que admitir que se muestran muy sinceros los muy guarros. Y es que esto se ve claramente cuando escupen esas tremendas cantidades de líquido, a veces sólido, delante de ti... y qué podemos hacer... la respuesta es sencilla, mirar para otro lado. Pero ¡es sinceridad!, aunque para quien la quiera.
El caso es que los daños colaterales están presentes y a veces llegan a estarlo demasiado, tanto que afecta a la relación hasta el punto de acabarla. Aunque de momento por un simple partido de fútbol y unas cuantas “escupiñadas” fingiremos sentir el mismo... ¿cómo definirlo?... ¿cariño?, ¿encanto?, ¿amor? Esta última seguro que no, así que dejémoslo en “amistad especial”. Sí, esas son las palabras. (Sobre todo utilizadas por los hombres básicamente por dos motivos: el primero, porque les interesa llevarte a la cama, para posteriormente pasar de ti, o porque no quieren reconocer que existe un miedo presente en su cerebro).

El caso es que hoy con la cabeza caliente es mejor desconectar, y reflexionar sobre ello otro día, para decidir si los daños son minucias o si por el contrario, se trata de desgastes de gran envergadura, que te hacen plantearte seguir adelante o dejarlo estar...
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Psiquiatras y psicólogos: ¿Los locos infelices?



“Doctora, ¿estoy loca de atar o es que soy demasiado débil?”
RE: “Ninguna de las dos; la cuestión es que eres muy fuerte y llevas muy bien todo lo que te ha ocurrido; mejor no se puede llevar”
Y no es ninguna broma, eso es lo que me dijo la psiquiatra esta misma mañana. Así que, seguimos como estábamos. No se si es mi tendencia a callar bocas, que por cierto me está gustando mucho, o es que me gusta contradecir a la gente, al resto del mundo, sí, a esos que dicen que soy débil... y es que a veces puedo parecer una muñequita de porcelana, como me decían en el cole, pero perdón por haber crecido y haberme convertido en la mujer de hierro, o mejor, de diamante, que según mi carta astral es mi piedra, y ¿la de qué mujer no? En fin, sea como sea, y dejando piedras y pedruscos aparte, eso es lo importante: Que no tengo un problema, tengo miles, me imagino que como todo el mundo, pero que los llevo demasiado bien, me atrevería a decir. Que tengo el control de mi vida, que ya nadie me dirá esto está mal y dejaré que me afecte... Que hoy, y aunque no lo quiera reconocer siempre lo he sabido, lo que yo hago está más que bien, aunque soy mortal, y por ello no podemos decir “perfecto”.
Gracias a Dios o a quien sea, porque no es que me declare agnóstica, ya que confío en que algo hay, no soy médico. Y no es que me parezca una locura, todo lo contrario, demasiado esfuerzo y aunque mucha frialdad, mucha sensibilidad también. Todos mis respetos a los médicos. El caso es que para mí hubiera sido demasiado, y esas personas representan para mí ciertos pedestales, algunos, claro está. Y ésta doctora no ha sido menos; no he querido mostrarme muy cercana, ni tampoco muy distante, más bien tal cual soy, y digo yo que no te dirán las cosas por decir, así sin más, sino porque en realidad es cierto. Ellos son psiquiatras y deben representarte la realidad, no enmascarártela, así que me doy por satisfecha con el diagnóstico: FUERTE, MUY FUERTE.
Y me ha gustado oírlo, y mucho más cuando lo cuente y calle esas bocas que me califican de “débil” o esas otras que te dicen “fuerte” por no seguir oyéndote...
Y es que primero debemos mirarnos nosotros y luego juzgar a los demás, y primero deberíamos conocer mil historias de la persona a criticar, pero ¡ojo!, eso no significa avasallarla a preguntas. Si ella te lo quiere contar, que te lo cuente, sino, déjala en paz, que sus motivos tendrá para guardar silencio. Y no es más fuerte quien lo cuenta o quien lo calla, sino quien lo afronta.

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Promesas incumplidas



“No me cuentas nada.” Claro a ver cómo te digo que en realidad en el sueño que tuve, tú me pedías que fuéramos novios, ¡por Dios!, si eso suena hasta desfasado, de otra época, qué digo época, siglo, o mejor aún, milenio. Me da hasta vergüenza haber soñado esa locura.
La verdad es que con lo bien que ando sin preocupaciones, bueno, con las justas, claro, de que no se junten tus dos amores a la vez. Pero, qué le voy a hacer. No soy fiel, lo reconozco, pero bueno, según mis chicos sólo somos amigos, así que no pasa nada por tener más de un amigo, ¿verdad? Todos tenemos más de uno, seguro.
Así que amigos, amigos especiales... como cada cual quiera llamarlo, pero nunca, jamás, digas “novios”, es la palabra prohibida, la que espanta, la que acorrala, la que te produce llegar al suicidio... nunca la pronuncies, y jamás hables de dos, por si a caso.
Es mejor dejar el tiempo, pasar de todo, especialmente de ellos y entonces, ¡zas!, ellos siempre están ahí, no les importan los amigos, te colman de regalos... ¡ay, que pena que mis amigas nunca aprendan! Cuando una es una brujita todo va mejor, especialmente si eres capaz de mantener una doble vida, sí, os lo recomiendo. Pero antes planearlo bien todo, no dejéis ninguna pieza del puzzle sin armar y sobretodo especial atención a los nombres. Respecto a eso os recomiendo un ejercicio fenomenal. Antes de quedar con el sujeto en cuestión repite su nombre varias veces “Agapito, Agapito, Agapito”, aunque si ese fuera el nombre real seguro que a nadie se le olvida...
El caso es que cuando me pidió que le contara el sueño que había tenido, cegada no sé por qué aún, quizá por sus buenos besos y aún mejor sexo, estuve a punto de cometer pecado mortal: contarle la verdad, y obviamente no me refiero a confesarle que tengo otro amigo tan especial como él, sino la verdad del sueño, es decir, que nos hacíamos novios... que dicho sea de pasa, me da hasta escalofríos la palabra.
Menos mal que en mi cabeza se encendió una lucecita, una Campanilla que me iluminó a tiempo. Y la mejor respuesta que se me ocurrió fue que era mejor dejarlo estar. Que tantas veces el me había querido decir algo que finalmente se había quedado en el tintero, que así era mejor, pero que mucho mejor.
Claro que no se quedó muy conforme, pero bueno, y qué obtuve como respuesta, pues una mirada borde y dos palabras: “Promesas incumplidas”. Pero vamos, qué chantajista emocional. Si ya se lo digo yo, es un demagogo, un orador excepcional. Y la verdad que para ser tan jovencito es demasiado despierto... aunque bueno no lo suficiente. Y yo solo puedo decir: “Gracias, gracias a quien sea por haberlo hecho tan perfecto... al menos para mí”.

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Envidias buenas no existen



¡Uf! Esto es el colmo. Hoy estoy totalmente indignada. En este mundo ¿no queda ningún amigo con quien compartir los problemas y los consejos? De veras, es un gran problema, vivimos tan agobiados por la falta de tiempo que descuidamos nuestras amistades, como dicen los de power points que recibo y que son tan, tan, pero tan ñoños una vez visto millones de veces.
Sin embargo, existe un colectivo formado por esas personas que nos hemos quedado algo solas. Hay amig@s que lo llaman “falta de motivación”, pero ¡qué eufemismo!, seamos valientes y llamemos a cada cosa por su nombre. Eso no es ninguna carencia de nada, bonit@s, eso se denomina no tener vida social. Así, sin más.
Y esto es lo que le ha pasado a tanta gente que conozco, pero bueno qué más da. El caso es que también me está pasando a mí, o aún no... No sabría que contestar.
Veo que mis consejos son igual de oídos que la palabra de Dios entre los ateos. En fin, que no se para qué narices voy de buena samaritana dándolos si la gente no me escucha, aunque claro, pienso que eso se debe a lo poco empática que es la persona en la que pienso ahora mismo, aunque esa es otra teoría que ya abordaré en otro artículo.
Bueno volviendo al tema, que me voy por las ramas, creo que soy la única que escucha o que al menos hace como que escucha, que esa es otra de mis habilidades, aparentar.
Y luego cuando llamas a tu amiga del alma para preguntarle si va a venir a verte, a lo que contesta que no, y para decirle que estás contenta (no porque no venga, no seáis mal pensad@s), sino para comunicarle la nota media de tu segunda carrera que es un 8,10, y que no está nada mal, o al menos eso pienso yo y ya no me importa lo que piensen los demás..., ella bosteza y dice “oye que tengo que irme a la cama que mañana madrugo”. Creo que no debemos usar eufemismos, como dije antes, y señores y señoras, eso se llama ENVIDIA. Y es que por desgracia, siempre me persigue. Aunque no voy a entrar aquí en cuestiones de por qué es así.
Y lo peor de todo, es cuando la aconsejas de que ese tío no le conviene por X motivo (se te ha insinuado a ti primero, claramente se ríe de ella, la engaña con otras mil...) y ella qué caso hace: el caso omiso. Pero es que claro no hay peor ciego que el que no quiere ver, y por supuesto, no hay peor sordo que el que no quiere oír...
Y ya me cansé, y por eso mismo he tomado una decisión, voy a ser más egoísta, escuchar menos los problemas de los demás, sobretodo los de esos que dicen ser tus mejores amig@s (y en realidad no es así). Esto es lo que le pido yo a Papá Noel, o a los Reyes, o a quien sea el que deba cumplir los deseos de Navidad...
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Amores, amantes y otras especies


¿Era mala por desear que cayeran como perros a mis pies? Por supuesto, a mi no me lo parecía, ni siquiera a mis amigas, bueno, solo a las buenas, porque a las no tan amigas no les parecía muy normal.
Pero era tanto el daño que me habían hecho, que supongo lo tenía que expulsar de alguna forma, y como se suele decir “Ojo por ojo y diente por diente”. Y en ese bicho malo me convertí, aunque todavía recuerdo lo que mi malvada mente trajinaba y me echo a reír.
Claro que las personas que se enamoraban de mi no se merecían eso, o quizás algunas, pero ese no el kit de la cuestión. El caso es que me volví una loba con piel de corderita. Me camelaba a los hombres de cualquier forma, pero no penséis mal, no hablo en el sentido sexual. Me volví una demagoga, y decir un te quiero sin sentirlo no viene nada mal a alguien que necesita oírlo... y ¿a quién no le gusta que le digan cosas bonitas? Siempre que no se entere de que en realidad no son ciertas... El problema, como se titula una canción de Ricardo Arjona, venía cuando se juntaba un hombre en cada puerto... eso sí resultaba más difícil. Dos números de teléfono, no de ellos, sino de una servidora, llevar cuidado con no decir el nombre equivocado, observar cada detalle y no olvidar cuál era de cada uno... y esto aún resultaba más difícil cuando el número de los hombres ya no era dos, sino hasta cinco o incluso seis.
Pero es que si hay religiones que permiten el matrimonio con más de una mujer, ¿por qué una mujer no podía hacer lo mismo? Y está claro que existe una religión que lo permite, pero ni la mitad de la población la conoce. Y por supuesto, luego está ese comentario machista de una tía que está con tantos es una... y un tío un super macho. Yo me negaba a aceptar eso, y así quedó demostrado.
Lo cierto es que cuando vives así es una locura, y el estrés se vuelve tu mejor compañero. La paranoia de pensar que en cualquier minuto, incluso segundos metería la pata, o de que alguien me viera con uno y otro, que son de las cosas más comunes que te pueden pasar, me perturbaba durante el día, porque por la noche dormía como un angelito, no tenía ni pesadillas. Y quizás algunos penséis “Esta mujer está loca” o “Esta mujer no tiene sentimientos” o “Esta mujer se lo ha pasado de maravilla”... pero no me importa. Cada uno sabe porqué reacciona de una u otra forma en cada momento de su vida, o al menos debe saberlo, porque de lo contrario eso significa que se le está yendo de las manos su destino, y aunque no se si creer o no en él, es lo que dicen y es lo que hay.
Así, poco a poco ellos caían a mis pies, hasta enamorarlos y luego era yo quien perdía el interés. Obviamente no los alejaba del todo, los mantenía a raya, por si un día hacían falta. Vamos, como esa falda que te gusta, pero ya no está de moda, y que por tanto tienes que dejar a un lado...
Estaba muy quemada, y no es una justificación, pero recordaba las cosas que me habían pasado, y con ella quiero dejar bien claro que no soy ninguna resentida, y además veía lo que les hacían a las amigas a las que yo más quería y más maquinaba mis diabólicos planes.
Y lo cierto es que tanta historia para qué... pues para deciros que esta columna está escrita en pasado, pero está viviendo su presente.
Una vez alguien me dijo que el peor error que podíamos cometer era nuestra autodestrucción, así que no me iba a quedar en casa llorando mis penas, las desahogaba con alguien, en este caso con “alguienes”.

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