Las confesiones del doctor Sachs
A veces el cine es capaz de lograr mucho más de lo que pretende, y “Las confesiones del doctor Sachs” es un buen ejemplo de ello.
El francés Michel Deville, director veterano, adapta a la perfección una excelente novela de Martin Winckler, y consigue una emotiva película que conmueve al espectador gracias a unos personajes cercanos y reales.
El film gira entorno a la vida de un médico rural, excelentemente interpretado por Albert Dupontel, cuya relación con los pacientes es, por lo menos, particular. Sachs siente las enfermedades como si fueran suyas, y trata a los enfermos de manera muy humana, consiguiendo así el cariño de la gente.
A pesar de la aparente simplicidad de la trama, el personaje de Dupontel consigue fascinar al público, que rápidamente le observa con ternura, de la misma manera que él mira a sus enfermos.

Sachs no consigue separar la vida profesional de la vida personal, y el vivir en un pueblo le dificulta aún más la tarea. Por las noches, tras la consulta, el doctor redacta un diario en el que reflexiona sobre los pacientes del día, intentando de alguna forma curarse a través de esta autoterapia.
“Las confesiones del doctor Sachs” es un retrato minimalista de un pequeño pueblo, que sin embargo expolora con una inmensa hondura y gran cercanía el alma humana. Una historia que llega al corazón y que aconsejo en especial a los médicos.
El francés Michel Deville, director veterano, adapta a la perfección una excelente novela de Martin Winckler, y consigue una emotiva película que conmueve al espectador gracias a unos personajes cercanos y reales.
El film gira entorno a la vida de un médico rural, excelentemente interpretado por Albert Dupontel, cuya relación con los pacientes es, por lo menos, particular. Sachs siente las enfermedades como si fueran suyas, y trata a los enfermos de manera muy humana, consiguiendo así el cariño de la gente.
A pesar de la aparente simplicidad de la trama, el personaje de Dupontel consigue fascinar al público, que rápidamente le observa con ternura, de la misma manera que él mira a sus enfermos.

Sachs no consigue separar la vida profesional de la vida personal, y el vivir en un pueblo le dificulta aún más la tarea. Por las noches, tras la consulta, el doctor redacta un diario en el que reflexiona sobre los pacientes del día, intentando de alguna forma curarse a través de esta autoterapia.
“Las confesiones del doctor Sachs” es un retrato minimalista de un pequeño pueblo, que sin embargo expolora con una inmensa hondura y gran cercanía el alma humana. Una historia que llega al corazón y que aconsejo en especial a los médicos.





