La incomunicación
“La notte” se suele encuadrar dentro de la trilogía que empieza con “L’avventura” (1959) y termina con “L’eclisse” (1962). Esta película se rodó en 1961, cuando Antonioni ya empezaba a destacarse como uno de los autores más personales del cine europeo. Actualmente el director italiano está considerado como uno de los padres del cine de autor, que aquí nos ocupa.
El film cuenta con las interpretaciones de Jeanne Moreau y Marcello Mastroianni, dos de los actores europeos más importantes de la historia, y que en ese momento, además, estaban en pleno auge. La francesa era el rostro femenino de la nouvelle vague, mientras que el italiano había estrenado “La dolce vita” con Federico Fellini, logrando un enorme éxito internacional.
“La noche” se desarrolla en Milán a principios de los ’60, y cuenta la degradación del amor entre un escritor y su rica mujer. Antonioni retoma una de las temáticas que recorren toda su obra, es decir la soledad y la incomunicación.

La película es una dura crítica (y en esto se parece a “La dolce vita”) a la clase medio-alta de la sociedad italiana, que vive en un estado de permanente hedonismo conformista, acrecentado por un ambiente esnobista donde lo auténtico se esconde tras máscaras de conductas exageradas y superficiales.
Tanto Mastroianni como Moreau, o como la misma Monica Vitti, son personajes encerrados en una trampa agónica, que les impide llevar una existencia libre y sincera. En “La noche” la sociedad oprime y aliena a los hombres, les impide comunicarse, expresarse y realizarse.
Los personajes de “La noche”, y en particular sus protagonistas, son seres que vagan sin destino, en un viaje errático en el que no buscan nada, ni siquiera a sí mismos. El film avanza a base de escenas “inútiles”, que son tan habituales en Antonioni y redundan en el sentido de la película, pero que a la vez producen un efecto de extrañamiento (véase Brecht) que obliga al espectador a juzgar lo que sucede desde fuera, dificultando la identificación con los personajes.
Un ejemplo magnífico de esto es la escena en la que Moreau arranca un trozo de pared que se le destroza en las manos. Este episodio, una genialidad de Antonioni, no es más que un reflejo de sí mismo y del conjunto de la obra. Es un gesto que evidencia una agonía sin nombre y sin historia.
El gran escritor italiano Alberto Moravia fue de los pocos de su tiempo que entendió “La noche”, una película que aún ahora mantiene puntos oscuros que fascinan al espectador. Moravia escribió: “Antes se daba importancia a los momentos de acción consciente y motivada del día humano, y se callaba sobre el caos del que habían salido. En el film pasa lo contrario. Antonioni ha llevado a la pantalla, a lo mejor por primera vez en Italia, modos e imágenes que son propios de la narrativa y de la poesía modernas. Algunas secuencias de “La noche” hacen que el cine narrativo envejezca de golpe”.
El film cuenta con las interpretaciones de Jeanne Moreau y Marcello Mastroianni, dos de los actores europeos más importantes de la historia, y que en ese momento, además, estaban en pleno auge. La francesa era el rostro femenino de la nouvelle vague, mientras que el italiano había estrenado “La dolce vita” con Federico Fellini, logrando un enorme éxito internacional.
“La noche” se desarrolla en Milán a principios de los ’60, y cuenta la degradación del amor entre un escritor y su rica mujer. Antonioni retoma una de las temáticas que recorren toda su obra, es decir la soledad y la incomunicación.

La película es una dura crítica (y en esto se parece a “La dolce vita”) a la clase medio-alta de la sociedad italiana, que vive en un estado de permanente hedonismo conformista, acrecentado por un ambiente esnobista donde lo auténtico se esconde tras máscaras de conductas exageradas y superficiales.
Tanto Mastroianni como Moreau, o como la misma Monica Vitti, son personajes encerrados en una trampa agónica, que les impide llevar una existencia libre y sincera. En “La noche” la sociedad oprime y aliena a los hombres, les impide comunicarse, expresarse y realizarse.
Los personajes de “La noche”, y en particular sus protagonistas, son seres que vagan sin destino, en un viaje errático en el que no buscan nada, ni siquiera a sí mismos. El film avanza a base de escenas “inútiles”, que son tan habituales en Antonioni y redundan en el sentido de la película, pero que a la vez producen un efecto de extrañamiento (véase Brecht) que obliga al espectador a juzgar lo que sucede desde fuera, dificultando la identificación con los personajes.
Un ejemplo magnífico de esto es la escena en la que Moreau arranca un trozo de pared que se le destroza en las manos. Este episodio, una genialidad de Antonioni, no es más que un reflejo de sí mismo y del conjunto de la obra. Es un gesto que evidencia una agonía sin nombre y sin historia.
El gran escritor italiano Alberto Moravia fue de los pocos de su tiempo que entendió “La noche”, una película que aún ahora mantiene puntos oscuros que fascinan al espectador. Moravia escribió: “Antes se daba importancia a los momentos de acción consciente y motivada del día humano, y se callaba sobre el caos del que habían salido. En el film pasa lo contrario. Antonioni ha llevado a la pantalla, a lo mejor por primera vez en Italia, modos e imágenes que son propios de la narrativa y de la poesía modernas. Algunas secuencias de “La noche” hacen que el cine narrativo envejezca de golpe”.





