Lo que el viento se llevó (Ian Fleming, Sam Wood, George Cukor, 1939)
En muchas ocasiones la maquinaria Hollywodiense logró demostrar que era capaz de realizar verdaderas obras maestras aunque su producción en serie de películas se asemejara más a una industria de coches fordista que al concepto romántico de creación artística. De hecho, es posible que de un film que dirigieron tres directores diferentes (los tres bastante importantes, por cierto) si no contamos las segundas unidades, cuyo guión pasó por las manos de media docena de guionistas, y que contó con la colaboración de más de 5000 personas, se obtenga una de las cimas del melodrama americano de todos los tiempos.
“Lo que el viento se llevó” contiene todos los elementos que permitieron alcanzar la etapa dorada del cine de los estudios. En primer lugar, como ya se ha dicho, hay que destacar la extraordinaria coordinación de un equipo artístico y productivo extenso, variado y diverso. EEUU ha demostrado de sobra que se pueden elaborar obras maestras a partir de un trabajo colectivo, mediante la colaboración y la unión de varias cabezas pensantes, dejando así por los suelos el ideal europeo de autor único.
En la película, como sucedía en la mayor parte de los casos, tiene mucha más importancia el productor que el director. Al fin y al cabo no hay que olvidar que “Lo que el viento se llevó” fue hecha para ganar dinero, y el que pone en marcha el proyecto y se arriesga con él es el productor (en este caso el famoso David O. Selznick).

Todos los autores de la película son grandes profesionales de su especialidad. En Hollywood cada uno realizaba su tarea a la perfección: como se suele decir, eran artesanos. Para “Lo que el viento se llevó” Selznick contó con la colaboración de los mejores especialistas de los estudios. Empezando por los guionistas, entre los que se encuentran el efectivo Sydney Howard, el gran Ben Hecht e incluso un escritor de renombre como Scott Fitzgerald.
El guión está perfectamente atado y se entrelazan los momentos de tensión sentimental con los de la acción exterior con maestría para que la audiencia no se aburra. Los personajes son descritos desde el principio con gran sencillez y unas cuantas pinceladas definitorias que no nos dejan duda sobre su personalidad. Incluso los secundarios (y en esta película hay muchos) tienen elementos que los distinguen del resto. Los protagonistas poseen hondura psicológica y están muy conseguidos, en particular el de Escarlata O’Hara.
En este sentido, la identificación es el elemento clave para conseguir encandilar al público. Toda la historia se nos cuenta desde el punto de vista de la protagonista, para que podamos compartir con ella tanto sus miedos como sus deseos.
Los preciosos (y caros) escenarios, la mayor parte decorados, junto con el delicioso vestuario contribuyen de manera activa a recrear la Georgia de mitad del XIX, y, por otra parte, dan idea de la cantidad de dinero que se debió invertir en la película. La música, del conocido Max Steiner, también funciona en la misma dirección, empáticamente. En los momentos más conmovedores del filme el recurrente tema principal suena cada vez con más fuerza “obligando” al espectador a emocionarse.
Los actores también reflejan el modo de trabajar de los estudios norteamericanos. Olivia de Havilland y sobre todo Clark Gable, pues Vivian Leigh era menos conocida, son cabezas visibles del conocido “Star System”, que era imprescindible para que una película tuviera éxito en taquilla.
La dirección también representa el cine clásico Hollywodiense. La cámara desaparece y el montaje se hace invisible. Los diálogos se filman en plano-contraplano, así como según va creciendo la tensión los encuadres se van cerrando. No hay nada que escape a la lógica espacio-temporal, ni ningún movimiento de cámara que no sea funcional. En el aspecto de dirección destaca sobre todo la secuencia inicial de la fiesta en la que se declara la guerra, donde se consigue un delicado equilibrio entre el escenario y el cromatismo de los vestidos, y una secuencia intermedia en la que una impresionante grúa se va alejando de Scarlett O’Hara dejando ver los desechos humanos que ha dejado la guerra y que termina con la bandera sudista ondeando al viento.
La iluminación responde a estos mismo patrones. Las estrellas conocidas están más y mejor iluminadas y además gozan de una ración superior de primeros planos. Evidentemente hay que señalar que la película está rodada en Technicolor, lo que complicaba (y encarecía) la producción. El color logrado es en muchos casos excesivo, llamativo y antirealista, debido a una constante saturación cromática.

A pesar de todo, lo curioso es que “Lo que el viento se llevó” no tiene un final feliz redondo, un “happy end” hollywodiense. Llama la atención que el final del film es un cúmulo de desgracias, con la muerte de Bonnie, la de Melanie y después la marcha del capitán Butler que abandona a la señora O’Hara. Quizás por fidelidad a la novela, un best- seller de la época, se decidió no falsear el texto original y dejar un final abierto.
En resumen, “Lo que el viento se llevó” es una gran superproducción de los estudios norteamericanos en la que cada especialista, cada artesano, hizo su pequeña aportación a lo que se convertiría en una de las películas míticas de la época dorada de Hollywood. El engranaje de la máquina de producir películas y fabricar sueños funcionó a la perfección, engendrando un puñado de personajes míticos encerrados en una historia absorbente.
“Lo que el viento se llevó” contiene todos los elementos que permitieron alcanzar la etapa dorada del cine de los estudios. En primer lugar, como ya se ha dicho, hay que destacar la extraordinaria coordinación de un equipo artístico y productivo extenso, variado y diverso. EEUU ha demostrado de sobra que se pueden elaborar obras maestras a partir de un trabajo colectivo, mediante la colaboración y la unión de varias cabezas pensantes, dejando así por los suelos el ideal europeo de autor único.
En la película, como sucedía en la mayor parte de los casos, tiene mucha más importancia el productor que el director. Al fin y al cabo no hay que olvidar que “Lo que el viento se llevó” fue hecha para ganar dinero, y el que pone en marcha el proyecto y se arriesga con él es el productor (en este caso el famoso David O. Selznick).

Todos los autores de la película son grandes profesionales de su especialidad. En Hollywood cada uno realizaba su tarea a la perfección: como se suele decir, eran artesanos. Para “Lo que el viento se llevó” Selznick contó con la colaboración de los mejores especialistas de los estudios. Empezando por los guionistas, entre los que se encuentran el efectivo Sydney Howard, el gran Ben Hecht e incluso un escritor de renombre como Scott Fitzgerald.
El guión está perfectamente atado y se entrelazan los momentos de tensión sentimental con los de la acción exterior con maestría para que la audiencia no se aburra. Los personajes son descritos desde el principio con gran sencillez y unas cuantas pinceladas definitorias que no nos dejan duda sobre su personalidad. Incluso los secundarios (y en esta película hay muchos) tienen elementos que los distinguen del resto. Los protagonistas poseen hondura psicológica y están muy conseguidos, en particular el de Escarlata O’Hara.
En este sentido, la identificación es el elemento clave para conseguir encandilar al público. Toda la historia se nos cuenta desde el punto de vista de la protagonista, para que podamos compartir con ella tanto sus miedos como sus deseos.
Los preciosos (y caros) escenarios, la mayor parte decorados, junto con el delicioso vestuario contribuyen de manera activa a recrear la Georgia de mitad del XIX, y, por otra parte, dan idea de la cantidad de dinero que se debió invertir en la película. La música, del conocido Max Steiner, también funciona en la misma dirección, empáticamente. En los momentos más conmovedores del filme el recurrente tema principal suena cada vez con más fuerza “obligando” al espectador a emocionarse.
Los actores también reflejan el modo de trabajar de los estudios norteamericanos. Olivia de Havilland y sobre todo Clark Gable, pues Vivian Leigh era menos conocida, son cabezas visibles del conocido “Star System”, que era imprescindible para que una película tuviera éxito en taquilla.
La dirección también representa el cine clásico Hollywodiense. La cámara desaparece y el montaje se hace invisible. Los diálogos se filman en plano-contraplano, así como según va creciendo la tensión los encuadres se van cerrando. No hay nada que escape a la lógica espacio-temporal, ni ningún movimiento de cámara que no sea funcional. En el aspecto de dirección destaca sobre todo la secuencia inicial de la fiesta en la que se declara la guerra, donde se consigue un delicado equilibrio entre el escenario y el cromatismo de los vestidos, y una secuencia intermedia en la que una impresionante grúa se va alejando de Scarlett O’Hara dejando ver los desechos humanos que ha dejado la guerra y que termina con la bandera sudista ondeando al viento.
La iluminación responde a estos mismo patrones. Las estrellas conocidas están más y mejor iluminadas y además gozan de una ración superior de primeros planos. Evidentemente hay que señalar que la película está rodada en Technicolor, lo que complicaba (y encarecía) la producción. El color logrado es en muchos casos excesivo, llamativo y antirealista, debido a una constante saturación cromática.

A pesar de todo, lo curioso es que “Lo que el viento se llevó” no tiene un final feliz redondo, un “happy end” hollywodiense. Llama la atención que el final del film es un cúmulo de desgracias, con la muerte de Bonnie, la de Melanie y después la marcha del capitán Butler que abandona a la señora O’Hara. Quizás por fidelidad a la novela, un best- seller de la época, se decidió no falsear el texto original y dejar un final abierto.
En resumen, “Lo que el viento se llevó” es una gran superproducción de los estudios norteamericanos en la que cada especialista, cada artesano, hizo su pequeña aportación a lo que se convertiría en una de las películas míticas de la época dorada de Hollywood. El engranaje de la máquina de producir películas y fabricar sueños funcionó a la perfección, engendrando un puñado de personajes míticos encerrados en una historia absorbente.
Comentario:
Muy buenas críticas, quería ofreceros a ti y a María la posibilidad de publicarlas en www.revistamagazine.net, el portal para el que estoy colaborando.
Ya te contaré...
Ya te contaré...
Comentario:
Yo que tu no colgaría antes de tiempo las fichas de Historia del cine en el blog, que los compis pueden copiarte :P Porque me jugaría algo a que vas a la Carlos III.
Seguro que con estos trabajos tan buenos sacas un 10.
Un saludo.
PD. Buena crítica de Showgirls
Seguro que con estos trabajos tan buenos sacas un 10.
Un saludo.
PD. Buena crítica de Showgirls





