La chica del puente
“La chica del puente”, del francés Patrice Laconte, es un buen ejemplo de cine indepediente. La película sobresale en muchos aspectos, como la fotografía, la interpretación, el guión (de Serge Fridman) y el más importante, la dirección.
Laconte, artista ya reputado y autor de El marido de la peluquera (1990) y Ridicule (1995), logra una obra brillante y positiva, que emociona y divierte a la vez, y mete de lleno al espectador en la diégesis.
El director nos muestra, a través de su peculiar punto de vista, una preciosa historia de amor entre una joven, interpretada por Vanessa Paradise, y un adulto lanzador de cuchillos, Daniel Auteuil. Ambos actores, conocidísimos en el país transalpino, aunque menos habituales para el público español, consiguen una química perfecta y son en gran parte responsables de que el conjunto de la obra resulte más que brillante.
La película está contada como si fuera un cuento, y de hecho la historia parece sacada de una fábula, que, no obstante, se desarrolla en el mundo real. Muchas veces no se distinguen de forma clara lo verdadero y lo imaginario, la realidad y el sueño.

“La chica del puente” es una historia sencilla, pequeña; sin embargo, bajo esta apariencia se ocultan un gran número de metáforas sobre la vida real. Laconte nos habla del ser humano, de su fragilidad. Los personajes, que en un principio podrían parecer extravagantes y lejanos, son en realidad cada uno de nosotros, y resulta muy fácil identificarse con ellos. Otro de los ejes alrededor de los cuales se mueve la película es la suerte, a su vez emblema de la fragilidad de la vida.
Laconte, además, arroja luz sobre otros temas, como el sentido de la vida (y el sentido de la muerte también), la soledad, y, sobre todo, el amor. Pero a pesar de que todo esto podría resultar pretencioso, el director francés logra no dar esta sensación, sobre todo a través de la sencillez de los personajes, que son quienes mueven los hilos de la historia. Los dos protagonistas, con sus defectos y sus virtudes, son, en el buen sentido de la palabra, humanos.
Por otra parte, tengo que señalar la excelente fotografía. Laconte, junto con su director de fotografía Jean-Marie Dreujou, decide filmar toda la película en blanco y negro. Este elemento cobra sentido junto con la historia, y se propone como una metáfora más. La iluminación contrastada, en la que predominan los blancos y los negros, se refieren a los contrastes de la vida misma, a las contradicciones del ser humano.
“La chica del puente” es un precioso filme, que además bebe de la corriente fílmica más importante de Francia: es clara la inspiración de Patrice Laconte a la Nouvelle Vague.
Laconte, artista ya reputado y autor de El marido de la peluquera (1990) y Ridicule (1995), logra una obra brillante y positiva, que emociona y divierte a la vez, y mete de lleno al espectador en la diégesis.
El director nos muestra, a través de su peculiar punto de vista, una preciosa historia de amor entre una joven, interpretada por Vanessa Paradise, y un adulto lanzador de cuchillos, Daniel Auteuil. Ambos actores, conocidísimos en el país transalpino, aunque menos habituales para el público español, consiguen una química perfecta y son en gran parte responsables de que el conjunto de la obra resulte más que brillante.
La película está contada como si fuera un cuento, y de hecho la historia parece sacada de una fábula, que, no obstante, se desarrolla en el mundo real. Muchas veces no se distinguen de forma clara lo verdadero y lo imaginario, la realidad y el sueño.

“La chica del puente” es una historia sencilla, pequeña; sin embargo, bajo esta apariencia se ocultan un gran número de metáforas sobre la vida real. Laconte nos habla del ser humano, de su fragilidad. Los personajes, que en un principio podrían parecer extravagantes y lejanos, son en realidad cada uno de nosotros, y resulta muy fácil identificarse con ellos. Otro de los ejes alrededor de los cuales se mueve la película es la suerte, a su vez emblema de la fragilidad de la vida.
Laconte, además, arroja luz sobre otros temas, como el sentido de la vida (y el sentido de la muerte también), la soledad, y, sobre todo, el amor. Pero a pesar de que todo esto podría resultar pretencioso, el director francés logra no dar esta sensación, sobre todo a través de la sencillez de los personajes, que son quienes mueven los hilos de la historia. Los dos protagonistas, con sus defectos y sus virtudes, son, en el buen sentido de la palabra, humanos.
Por otra parte, tengo que señalar la excelente fotografía. Laconte, junto con su director de fotografía Jean-Marie Dreujou, decide filmar toda la película en blanco y negro. Este elemento cobra sentido junto con la historia, y se propone como una metáfora más. La iluminación contrastada, en la que predominan los blancos y los negros, se refieren a los contrastes de la vida misma, a las contradicciones del ser humano.
“La chica del puente” es un precioso filme, que además bebe de la corriente fílmica más importante de Francia: es clara la inspiración de Patrice Laconte a la Nouvelle Vague.
Comentario:
La chica del puente es una película que muestra el constante dilema diario entre saltar al vacío y seguir adelante. ¿Qué extrañas motivaciones tenemos para continuar cualquiera de las dos acciones? Pues probablemente motivaciones pocas; sólo tanemos la extraña confianza en que hagamos lo que hagamos las cosas van a salir adelante.
Eso es la chica del puente, una película humilde en las formas (aunque con un frenético montaje en las partes dedicadas al lanzamiento de cuchillos, y una excelente elección de encuadres para trasmitir fundamentalmente la fuerza de los ojos de los protagonistas), pero con una gran ambición en el fondo.
Habla como casi todas las películas de autor, de la vida. Eso que la mayoría de las veces se le olvida al Blockbuster en favor de efectos especiales, nunca se le olvida el cine de autor.
Película rodada en blanco y negro, que ahonda en los contrastes y en la contraposición de situaciones extremas para personajes extremos que andan perdidos en la cotidianidad de su excentrica vida.
Sin duda, un pastel digno de saborear trocito a trocito...
Eso es la chica del puente, una película humilde en las formas (aunque con un frenético montaje en las partes dedicadas al lanzamiento de cuchillos, y una excelente elección de encuadres para trasmitir fundamentalmente la fuerza de los ojos de los protagonistas), pero con una gran ambición en el fondo.
Habla como casi todas las películas de autor, de la vida. Eso que la mayoría de las veces se le olvida al Blockbuster en favor de efectos especiales, nunca se le olvida el cine de autor.
Película rodada en blanco y negro, que ahonda en los contrastes y en la contraposición de situaciones extremas para personajes extremos que andan perdidos en la cotidianidad de su excentrica vida.
Sin duda, un pastel digno de saborear trocito a trocito...





