El cine de autor y Dogville (Lars Von Trier, 2003)
El concepto de cine de autor recoge una serie de preconceptos heterogéneos que, a pesar de todo, no tienen unos límites bien definidos. "Cine de autor" es más una etiqueta - con validez comercial y estética - que un conjunto de elementos que tiene que reunir una obra audiovisual. A continuación, se intenta explicar por qué, por ejemplo, las películas del cineasta danés Von Trier entran dentro de esta abstracta categoría, y se explora el surgimiento del término en la Francia de los '50.
La película “Dogville” (2003) de Lars Von Trier es considerada un film de autor por varias razones. Ante todo, sin embargo, hay que señalar que el concepto de autor, entendido como el ideal romántico de la personalidad creadora, pertenece a la cultura clásica, y que, en el caso del cine, se aplica a una cultura industrial.
A partir de los años '50, de hecho, comienza a desarrollarse en Francia la Teoría de los autores, a partir de la cual se utilizará con asiduidad el término “autor” para definir a determinados directores de cine. Los jóvenes críticos de la famosa revista Cahiers du Cinema (Truffaut, Godard, Rivette, Chabrol...), amparados por el influyente André Bazin, afirmaron que el cineasta es un autor al igual que lo puede ser un escritor, un pintor o un músico, y que su forma de expresarse era a través de la puesta en escena.
Si ya se consideraban autores muchos de los directores de cine de vanguardia o incluso Orson Welles, lo verdaderamente novedoso de la política de los autores es que consideró que había autores incluso dentro de la maquinaria estadounidense de los estudios. Así, Hawks, Minelli y en particular Hitchcock pasaron a ser apreciados como autores aún cuando hacía cine comercial en Hollywood.
En este sentido, el concepto de autor, que pertenece más bien a una cultura de tipo clásico, en la que la obra de arte es fruto de un solo genio creador, es indivisible y prescribe un disfrute individual, se aplica a una cultura de tipo industrial como es el cine, en el que la obra es producida por una colectividad, se reproduce gracias a la tecnología y está destinada a las masas.
En el caso de “Dogville”, esta película es considerada de autor porque posee una puesta en escena personal, reconocible, expresiva y reflexiva; sin embargo, actualmente también se la considera de autor porque tiene una originalidad temática e ideológica. Con esta motivación no estarían de acuerdo los pensadores de la Teoría del autor de los años ’50, pues según ellos lo que convierte en autor a un director de cine es la puesta en escena, y no los temas o la ideología, motivados por su oposición al cine francés de la época.
Actualmente, en cambio, se considera cine de autor también a aquellas películas de directores con temáticas o ideologías recurrentes. Además, por paradójico que resulte, una vez que la Teoría del autor se institucionaliza y empieza a ser asumida por cierta cinefilia, el “cine de autor” se convierte en una categoría comercial. Lo curioso es que esta categoría se enfrenta a la de cine comercial, olvidando que con la política de los autores se reivindicaba precisamente la presencia de autores dentro del cine comercial.
De esta forma, se dice que “Dogville” es de autor sobre todo por oposición al cine comercial y a sus características. En cuanto al estilo, se aplican varias de las normas del movimiento Dogma, por lo que la cámara siempre va al hombro, no hay música, el film está dividido en capítulos...Además sobresalen la ausencia de los decorados y la convencionalidad del espacio físico.

Temáticamente, “Dogville” también huye de los topos del cine comercial y presenta una historia más clásica, poco maniquea, sin happy end... Se puede añadir en esta dirección que todas estas características que presenta “Dogville” se pueden reconocer en otros filmes de su director, por lo que se identifican unas constantes expresivas que convierten a Lars Von Trier en autor.
La película “Dogville” (2003) de Lars Von Trier es considerada un film de autor por varias razones. Ante todo, sin embargo, hay que señalar que el concepto de autor, entendido como el ideal romántico de la personalidad creadora, pertenece a la cultura clásica, y que, en el caso del cine, se aplica a una cultura industrial.
A partir de los años '50, de hecho, comienza a desarrollarse en Francia la Teoría de los autores, a partir de la cual se utilizará con asiduidad el término “autor” para definir a determinados directores de cine. Los jóvenes críticos de la famosa revista Cahiers du Cinema (Truffaut, Godard, Rivette, Chabrol...), amparados por el influyente André Bazin, afirmaron que el cineasta es un autor al igual que lo puede ser un escritor, un pintor o un músico, y que su forma de expresarse era a través de la puesta en escena.
Si ya se consideraban autores muchos de los directores de cine de vanguardia o incluso Orson Welles, lo verdaderamente novedoso de la política de los autores es que consideró que había autores incluso dentro de la maquinaria estadounidense de los estudios. Así, Hawks, Minelli y en particular Hitchcock pasaron a ser apreciados como autores aún cuando hacía cine comercial en Hollywood.
En este sentido, el concepto de autor, que pertenece más bien a una cultura de tipo clásico, en la que la obra de arte es fruto de un solo genio creador, es indivisible y prescribe un disfrute individual, se aplica a una cultura de tipo industrial como es el cine, en el que la obra es producida por una colectividad, se reproduce gracias a la tecnología y está destinada a las masas.
En el caso de “Dogville”, esta película es considerada de autor porque posee una puesta en escena personal, reconocible, expresiva y reflexiva; sin embargo, actualmente también se la considera de autor porque tiene una originalidad temática e ideológica. Con esta motivación no estarían de acuerdo los pensadores de la Teoría del autor de los años ’50, pues según ellos lo que convierte en autor a un director de cine es la puesta en escena, y no los temas o la ideología, motivados por su oposición al cine francés de la época.
Actualmente, en cambio, se considera cine de autor también a aquellas películas de directores con temáticas o ideologías recurrentes. Además, por paradójico que resulte, una vez que la Teoría del autor se institucionaliza y empieza a ser asumida por cierta cinefilia, el “cine de autor” se convierte en una categoría comercial. Lo curioso es que esta categoría se enfrenta a la de cine comercial, olvidando que con la política de los autores se reivindicaba precisamente la presencia de autores dentro del cine comercial.
De esta forma, se dice que “Dogville” es de autor sobre todo por oposición al cine comercial y a sus características. En cuanto al estilo, se aplican varias de las normas del movimiento Dogma, por lo que la cámara siempre va al hombro, no hay música, el film está dividido en capítulos...Además sobresalen la ausencia de los decorados y la convencionalidad del espacio físico.

Temáticamente, “Dogville” también huye de los topos del cine comercial y presenta una historia más clásica, poco maniquea, sin happy end... Se puede añadir en esta dirección que todas estas características que presenta “Dogville” se pueden reconocer en otros filmes de su director, por lo que se identifican unas constantes expresivas que convierten a Lars Von Trier en autor.





