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Conciertos y Desconciertos
boberías que se me ocurren ... ¿me voy aclarando?
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Varón, 47 años. Cerrando etapa y sin saber cuál abro.

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Ya se acabó Ya

Pues eso, que casi casi casi he llegado al límite de las 10 Mb de capacidad que ofrece el blog de Ya.com. ¿Qué hago? ¿Abro otro aquí o me cambio de servidor? Pues voy a cambiar, por eso de probar sitios nuevos. A partir de ya estoy aquí: Conciertos y desconciertos (el mismo nombre porque es el mismo blog) .

 
¿Niño o niña?

En el almuerzo de ayer un amiga nos contaba anécdotas de su “cursillo prematrimonial”. La mayoría divertidas, máxime cuando el conferenciante (un cura) se aventuraba en los procelosos mares de las relaciones sexuales intentando, desde una aparente progresía, la difícil armonía entre el goce permisible y la concepción que, para los católicos, debe seguir siendo la primera finalidad. La contracepción, por lo visto, sólo es válida (y siempre como mal menor) con “métodos naturales”; parece, no obstante, que según el grado de “progresía” de cada cursillista, el concepto “natural” se concreta en un abanico más o menos amplio de opciones. Parece que a la Iglesia le gusta mucho lo natural (aunque según qué cosas) y además es capaz de desarrollar toda una teoría detallada en cuanto al grado de “naturalidad” de determinadas técnicas, tanto contraceptivas como las contrarias. Me vienen ahora en mente los trabes mentales que, hace ya varios años, sufrió mi hermana para recurrir a técnicas de reproducción asistida. En su caso, el máximo admisible fue la inseminación artificial, nunca la estimulación hormonal ni los FIV, ya que congelar embriones (y no digamos que nunca lleguen a implantarse) vendría a ser algo similar a un “aborto anunciado”.

En su cursillo, no obstante, mi amiga aprendió algunas cosas que desconocía (y gracias a ella, ayer yo también). Así, resulta que uno de los paladines de la defensa de la vida humana previa al nacimiento (desde el mismo momento de la fusión del óvulo y el espermatozoide) era un tal doctor Landrum Shettles. Este tipo, del cuál no había oído hablar en mi vida, resulta haber sido uno de los pioneros de la fertilización in vitro, si bien apenas tuvo éxito en sus intentos. Fue un médico e investigador estadounidense (1909-2003) que, por lo que cuentan en las webs que he encontrado, debía estar como una chota (dejémoslo en excéntrico), lo que no obsta para que su vida parezca digna de una película (de hecho, es uno de los protagonistas del documental Test Tube Babies que puede verse en la Red). Pero además, este señor resulta ser famoso por su método para seleccionar el sexo del futuro bebé, que describió a principios de los 70 en su libro “Your baby’s sex. Now you can choose” (está editado en español en 1990).

El método lo desarrolló a partir de los estudios que publicó un tal F. Utenberger en 1932 informando de la incidencia de la acidez de la vagina durante el coito en el sexo del futuro bebé. Este “hecho” (¿lo es científicamente?) requiere la presunción de que hay diferencias relevantes a efectos reproductivos entre los espermatozoides X (“femeninos”) y los Y (“másculinos”); estos últimos serían más pequeños y ligeros que los X y sobrevivirían mejor en un medio alcalino. Como la acidez de la vagina varía a lo largo del ciclo, el momento de la cópula resultaría fundamental para tener un hijo de uno u otro sexo. Mi amiga ya sólo se acordaba de que, según el sexo que se quisiera, había que mantener las relaciones justo durante la ovulación (niño) o unos días antes (niña); despertada mi curiosidad, compruebo que en internet hay varias páginas en las que se explica la mecánica a seguir bastante detalladamente (ésta, por ejemplo). Por supuesto, Shettles no garantizaba la infabilidad de su método, pero sí afirmaba que usándolo correctamente el porcentaje de varones concebidos se situaba en el 80%, y el de hembras en el 70%. No está mal.

He de reconocer que ayer, cuando mi amiga nos contó esta teoría, todos los presentes nos la tomamos a chacota. A mí, que hubiera diferencias físico-químicas significativas entre los espermatozoides sólo por el cromosoma sexual, me parecía absurdo. Sin embargo, en el rato que he estado buscando datos, me encuentro con que la mayoría apuntan a que sí las hay. Me entero por ejemplo de que se han desarrollado diversos métodos para, en una muestra seminal, separar los espermatozoides X de los Y aprovechando tales diferencias físico-químicas. Aunque, en estos momentos disto mucho de conocer y menos entender la naturaleza de estas diferencias, he de reconocer que mis risas burlonas de ayer pudieran haber sido prematuras (ya se sabe: la ignorancia es audaz; o también: esto me pasa por no haber asistido a ningún cursillo prematrimonial). Porque si, efectivamente, tales diferencias existen (están científicamente corroboradas y explicadas) entonces no me cuesta admitir que el momento del coito (el grado de acidez de la vagina) incide en el sexo del posible embrión.

Y lo anterior me lleva a la famosa discusión ética sobre la predeterminación del sexo. Porque, según he oído, la Iglesia “en principio” se opone a que la misma se emplee en las técnicas de reproducción asistida. Entre paréntesis: la predeterminación del sexo sólo es posible en técnicas que la Iglesia no admite, así que, a lo mejor, la oposición no es a decidir el sexo, sino a hacerlo con una técnica éticamente inadmisible; tampoco es que vaya a preocuparme demasiado por la coherencia de la Iglesia; además, puede que esté totalmente equivocado sobre la doctrina al respecto. Pero sea como sea, me suena que uno de los argumentos era contra el hecho en sí de “violentar” la naturaleza tratando de obtener uno u otro sexo. Y ahora me entero de que en los cursillos prematrimoniales católicos se explica cómo hacerlo (al menos, aumentar significativamente las probabilidades) con métodos caseros (eso sí, hay que ser riguroso) y desde luego más baratos.

Es sabido que en muchísimas sociedades se prefieren sobremanera niños a niñas y que, ante la imposibilidad de predeterminar el sexo, hay abundantes abandonos o infanticidios de niñas. De otra parte, he leído que desde que se averigua el sexo durante el embarazo, los abortos selectivos (si el feto es hembra) han aumentado considerablemente. En la India, por ejemplo, el porcentaje de abortos de fetos hembras sobre el total rozaba el 100%, lo que llevó a algunos Estados de ese enorme país a prohibir la determinación del sexo prenatal (no sé si tal norma seguirá en vigor y, en caso afirmativo, dudo mucho de su eficacia real). Si el método Shettles se popularizara (suponiendo que sea eficaz, que tiene sus detractores) sería curioso descubrir que en China y sociedades similares el 80% de los neonatos fueran varones. A ver qué pasaba entonces.

En fin, corto el rollo. Aunque antes de acabar no me resisto a citar otros métodos para tener hijos varones. Son más “tradicionales” (la tendencia a preferir machitos viene desde hace muchos siglos) y no precisamente científicos; pero hay que reconocer que resultan más originales y divertidos. Ahí van: ingerir comidas ácidas, copular con las botas puestas (no sólo morir), colgando los pantalones en la parte derecha de la cama, situándose en el lado derecho, frente al viento del norte o –la mejor de todas- atándose el testículo izquierdo. Y yo que, en su momento, quise tener una niña.

 
Ehhhh ... que también nosotros reformamos el Estatuto

En Canarias también se está por reformar el Estatuto de Autonomía. De hecho, el nuevo texto se aprobó el pasado 13 de septiembre y está en el Congreso de los Diputados esperando su turno, aunque no parece haber mucha voluntad de sus señorías (para desesperación de la coalición que nos gobierna) en cuanto a meterle prisa; según creo, llegarán antes las triples elecciones de mayo.

En todo caso, salvo en las intimidades de las guerrillas partidarias, el asunto no parece haber calado demasiado en la opinión pública. Por curioso que parezca, tengo la sensación de que en estas islas hubo bastante más discusión cuando lo del Estatut catalán. Desde hace unos días, el gobierno está llevando a cabo una tímida campaña publicitaria, imagino que para que a la gente se le despierte el interés e incluso alguno se vaya a la página web y lo lea. También puede que de lo que se trate es de “cargar” un posible tema para el próximo debate electoral.

En fin, el Estatuto se ha elaborado sin demasiada alharaca (el truco debe radicar en no decir que Canarias es una nación ni similares proclamas de mucha fuerza emocional pero escaso contenido práctico). De hecho, no está muy clara la necesidad de la reforma, aunque el gobierno aporta en su página web algunos argumentos (se nota que han tenido que exprimirse la cabeza y aún así no les han quedado del todo convincentes). Lo más significativo es conseguir más competencias (como el resto de comunidades) partiendo del “dogma” de que a mayor autogobierno (y menos centralización estatal) más modernidad y progreso (mucho habría que discutir esto y, sobre todo, los intereses ocultos que ampara).

Lamentablemente, en Canarias se habla el castellano, lo que supone un handicap importante para consolidar la “conciencia de identidad” canaria. Porque esto de la “conciencia de identidad” es algo fundamental en estos tiempos y, desde luego, uno de los objetivos básicos de la Comunidad Autónoma, tal como se establece en el artículo 7 del Estatuto propuesto: “El afianzamiento de la conciencia de identidad y de la cultura canaria, a través del conocimiento, conservación, defensa, promoción, investigación y difusión del patrimonio histórico, artístico y paisajístico de Canarias, así como de los valores lingüísticos del pueblo canario en toda su riqueza y variedad”. Por cierto, en el Estatuto vigente no se mencionaba esto de la conciencia de identidad.

Pero aunque en Canarias se hable español, es un español distinto del de la Península (¿del de cuál parte de la península?). Ciertamente hay multitud de palabras que no allí no se usan, algunas de preciosa sonoridad y otras, las menos, que más parecen vulgarismos. Los anuncios institucionales a que me he referido, consisten en una retahíla de estas palabras (podría ser un examen para godos aspirantes a residentes) a la que sigue la siguiente frase: “tenemos otra forma de llamar las cosas, otra forma de comunicarnos”. Entre paréntesis conviene aclarar que muchas de estas palabras no son comunes al habla de todo el archipiélago; hay términos que son sólo canariones o palmeros, e incluso dentro de una misma isla (como es el caso de Tenerife) los del lejano norte tienen algunas que para nada usan los de Santa Cruz.

En fin, que según la publicidad gubernamental los canarios “somos” únicos. Más que discutible afirmación, salvo que admitamos que todos somos únicos, con lo cual el impacto del mensaje pierde casi toda su impronta. Pero, todavía mejor, el nuevo Estatuto nos hará aún más únicos. Especialmente, pienso yo, en el destrozo de la gramática. Aunque, ya puestos, añadiría que también nos hará más óptimos.

Pues nada, que este Estatuto no está desinquietando ni un fisco ni, por muchos voladores que aventen, tampoco parece que vaya a acabar en boncho; vamos que no da siquiera ni para alegar tomando barraquitos con los amigos. Y a mí me parece muy bien, porque no creo que en estos momentos los problemas de Canarias requieran de la reforma estatutaria, pero también es verdad que no vamos a ser menos. Así que, animados desde el poder, contribuyamos todos a afianzar nuestra conciencia colectiva (aunque sea inventándola y, por supuesto, uniformizando las diferencias insulares) que nos haga más únicos (=diferentes) para hacer progresar esta Tierra Única (otro eslogan institucional).

Y los apátridas desenraizados ... ¿dónde acabaremos?


 
Sueldos "éticamente discutibles"

Leo en El País de ayer que el BBVA celebró el viernes en Bilbao su junta de accionistas. Por lo visto dos accionistas subieron al atril del Palacio Euskalduna para pedir el voto contra la aprobación de las remuneraciones, al rechazar por escandalosos los sueldos del presidente y de los consejeros. El señor Francisco González, el presidente, cobra casi 20 millones de euros anuales (salario, bonus variable y aportación al plan de pensiones), unos 3.340 millones de pesetas (yo es que sigo teniendo que traducir). Este señor explicó a sus accionistas que su remuneración "puede parecer" alta e incluso "éticamente discutible" (tiene razón, parece ambas cosas) pero la defendió (nos ha jodido) porque, amén de ser lo normal en otras grandes empresas, se calcula "en función de los resultados, el trabajo y la creación de valor que pueden aportar" (los tan generosamente así retribuidos, se entiende).

No admito el argumento del "trabajo" para explicar estas astronómicas desproporciones salariales. Porque, concediendo que este señor le dé la máxima dedicación en cantidad y calidad al banco, hemos de suponer que, en multitud de otros ámbitos laborales, habrá también muchísimas personas que dediquen la máxima cantidad y calidad de su esfuerzo. Y, sin embargo, la proporción de la remuneración económica por unidad de tiempo de trabajo puede ser de 800 veces más (respecto a un salario anual de 25.000 euros). Para no emplear ejemplos ajenos, confesaré que la relación entre la remuneración anual de este señor y la mía propia (que considero suficiente) es aproximadamente de 400 a 1. He de reconocer que en los últimos meses he decidido no matarme tanto a currar, pero tengo la convicción de que, durante muchos años, he dedicado a mis tareas tanta cantidad y calidad (obviamente en mi ámbito laboral) como puede estar dedicando a las suyas el señor González. Así que podemos convenir que son los resultados y la creación de valor lo que justifica que el trabajo del presidente del BBVA sea cuatrocientas veces superior al mío.

Lamentablemente, tratar de medir la incidencia de los resultados y de la creación de valor en los sueldos de los directivos de grandes empresas (máxime cuando éstas son financieras) resulta una labor complicada y me temo que estéril. De entrada, he de confesar que eso de "creación de valor" me suena a camelo; mucho más honesto me parece hablar de resultados puros y duros, dejémonos de circunloquios. Pues bien, ciertamente, los resultados del BBVA en los tres últimos años muestran un incremento notable (entre el 25 y el 30% de un año a otro). En el 2006 en banco ha tenido unos beneficios de 4.736 millones de euros; así que el sueldo de su presidente apenas es algo superior al 0,4%. Supongo que le habrán subido el sueldo en estos años porque gracias a su gestión (con los demás de la junta) el banco va viento en popa. Si los aumentos son proporcionales al incremento de beneficios, el pobre Don Francisco no debería estar cobrando más de diez millones de euros hace unos tres años.

Pero si el sueldazo del presidente se justifica por su aportación a los resultados, habremos de admitir que también algo deben contribuir los peor pagados trabajos de los empleados. Por supuesto, no tanto; pero es que esas diferencias ya están reflejadas en las proporciones entre el sueldos presidencial y el de cualquier otro empleado del BBVA (cien, doscientas, quinientas veces inferiores). Así que, partiendo de la "justa" desproporción de partida, habría que esperar que los espectaculares incrementos de los beneficios bancarios se reflejaran en proporción parecida en las subidas salariales de los empleados (como seguramente se reflejan en las nóminas del señor González, que las justifica justamente por su aportación a los resultados). No tengo datos al respecto, pero dudo que los empleados del BBVA hayan experimentado incrementos salariales interanuales en torno al 30%. Si efectivamente es como temo, la explicación es que su contribución al crecimiento de los beneficios de la empresa no es tan importante a juicio de la junta directiva (en otras palabras: que no trabajan lo que debieran mientras Paco y sus chicos se matan).

Ya sé que estoy "demagogizando" pero es que hay cosas que no tienen justificación y mucho menos la tienen con argumentos cínicos como los usados. Simplemente hay sectores de la economía que, por cómo está montado el sistema (que no es precisamente ningún modelo ético), presentan tasas de ganancia escandalosas. Y el sistema requiere de ciertas personas para los puestos directivos, a las que se pueden pagar esos sueldos. Y ahora habría que hablar del mercado "libre" (porque no me parece a mí que sea demasiado libre) y demás zarandajas, pero entonces me metería en complicada materia y la dosis soporífera de este post superaría lo aguantable. Sólo decir, como pobre descarga de esta vena demagógica que me ha arrebatado, que soy consciente de para corregir estas injusticias (porque lo son) no hay fórmulas simples.

Así que cambio de rumbo y paso a hacer numeritos, porque me divierten y creo que son ilustrativos para entender de qué estamos hablando. Es lo que tienen las grandes cifras, que no somos capaces de visualizarlas en el plano de lo concreto. Así que supongamos que del salario de don Francisco, no más del 40% llega a sus manos, apenas 8 millones de euros al año. Dividiendo entre las horas que tiene el año, este señor está recibiendo casi mil euros a la hora (incluso mientras duerme). Puede parecer mucho, pero no son sino veinticinco céntimos por segundo (lo que me cuesta un pan). Sugiero un ejercicio mental: imaginemos que en la casa del señor González hubiera un cubo en el que cada dos segundos van cayendo mágicamente monedas de cincuenta céntimos; si la casa tiene (pongamos) 1.000 m2 (unos 3.000 m3), ¿cuánto tiempo se necesita para que las moneditas ya no quepan en la mansión?

Y ya que en este post me he puesto demagógico, sigamos un poquillo más. Teniendo en cuenta que al mes el presidente del BBVA debe recibir algo más de 110 millones de las antiguas pesetas y teniendo en cuenta que apadrinar a un niño ronda los 20 euros mensuales ... ¿Cuántos niños podrían garantizar su supervivencia si don Francisco donara lo que sobra de su sueldo hasta conformarse con "sólo" 30 kilitos (uno al día)? No hagáis los cálculos; la solución es 24.333 niños. ¿Y si don Francisco se quedara con un sueldo parecido al mío y donara todo el excedente? Pues entonces serían 32.000 niños. Curiosa la aritmética, ¿verdad?

Habrá quien piense que lo de este señor no es tan escandaloso si lo comparamos con los deportistas profesionales. Pues están equivocados. No es que vaya a defender los sueldos multimillonarios de esos muchachos, pero (será por mi desconocimiento) en sus casos veo más clara la relación entre la remuneración y el valor económico que aportan a sus empresas. De otra parte, por mucho que estemos de acuerdo en que el deporte como espectáculo de masas sustituye (con todos sus nefandos efectos) la función social del circo romano, si los comparamos en términos de utilidad social, pues ... no sé qué decir (bueno, sí sé). Y finalmente hay que decir que el sueldo de don Francisco González sólo es superado, entre los deportistas españoles, por Fernando Alonso (contando también los ingresos publicitarios) y eso a partir de este año; Gasol está en torno a los once millones de euros, Raúl por los nueve ...

En fin, para acabar enlazo con el título del post que no son sino las palabras del presidente del BBVA al referirse a su sueldo. Efectivamente, como él mismo reconoce, esa remuneración parece "éticamente discutible". Y si es discutible pues no estaría nada mal que se discutiese. Parece ser que el señor González se muestra dispuesto a explicar su sueldo ... A ver si es verdad, aunque como no soy accionista del BBVA no me lo hará a mí. Eso sí, don Francisco insiste en que los sueldos eran legales. Ya supongo, ya ... Eso es lo malo.


No conocíá esta versión del clásico de los Dire Straits, ni tampoco a la cantante, una brasilera que versiona estupendamente muchísimas de las canciones que me gustan. Danni Carlos se llama (el domigo se me acaba habiendo descubierto algo agradable).

 
La presencia equilibrada de hombres y mujeres

El Pleno del Congreso de los diputados, en su sesión de ayer 15 de marzo de 2007, aprobó la Ley Orgánica para la igualdad efectiva entre hombres y mujeres. Previamente a la votación, hubo las intervenciones sucesivas de las representantes (todas fueron mujeres) de los partidos políticos para hacer su valoración sobre la Ley y justificar su voto (se pueden leer los discursos en el Diario de Sesiones del Congreso, disponible en la Red; me ha sorprendido muy gratamente la rapidez con que lo cuelgan). La Ley se aprobó con 192 votos a favor y 119 abstenciones (el PP). Según dice la prensa, el resultado de la votación fue acogido por una gran ovación de los parlamentarios y de representantes de asociaciones de mujeres, que siguieron el debate en el Hemiciclo. A las puertas del Congreso se había congregado un grupo de mujeres entusiasmadas que aclamó a Zapatero gritando "Te-que-remos, Za-pa-tero" e "Ista-ista-ista, España feminista". Probablemente, la Ley entre en vigor este próximo lunes.

Esta Ley, como todas, ha llevado un largo trámite. El Anteproyecto lo redacta el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales en mayo de 2004 pero no es aprobado por el Consejo de Ministros hasta el 3 de marzo de 2006. Ya como Proyecto, y habiendo recibido Dictámen del Consejo Económico y Social, empieza su tramitación en el Congreso el 8 de septiembre de 2006. Si consideramos se han producido enmiendas, trabajos de la Ponencia, dictamen de la Comisión de Trabajo y Asuntos Sociales, Sesión Plenaria (el 21 de diciembre pasado) para debatir el texto resultado de los trabajos, tramitación más o menos equivalente en el Senado (a partir del 21 de febrero), culminando con su aprobación el 14 de marzo para volver a ser remitido al Congreso ... pues hay que concluir que parece un record de eficacia en la productividad de nuestros "hacedores de leyes", que contrasta con el tiempo requerido por el Gobierno: casi dos años para aprobar el anteproyecto frente a los 6 meses de completo trámite parlamentario.

Bien es verdad que no pueden considerarse significativas las diferencias entre el Proyecto de Ley (redactado por el Gobierno) y la Ley finalmente aprobada tras su paso por ambas cámaras. En la "producción" de esta Ley, como en la de casi todas, se pone bastante de manifiesto la escasa capacidad del Parlamento en su papel de legislador (se supone que es el poder legislativo). Las enmiendas se proponen, aceptan y/o rechazan en la mayoría de los casos más como resultado de intereses políticos partidarios (con frecuencia ajenos al contenido de la legislación que se discute). Los debates (es instructivo leerlos) se centran en aprovechar la cuestión (a veces cogiendo el rábano por las hojas) para atacar al adversario y, por eso, están plagados de demagogia de cara a la galería más que de rigor en los razonamientos. Pero, en fin, así están las cosas; sus señorías no hacen sino escenificar una farsa ajena a lo que preocupa a los ciudadanos, pero muy atentos a la repercusión de sus palabras y actitudes en las intenciones de votos (que permanecer en el poder sí les importa). Honestamente, no creo que ninguno de los partidos políticos quede en su conjunto a salvo de esta forma de hacer política, de esta forma interesada y demagógica de legislar.

A lo que voy, que me he leído la Ley a ver si es verdad que estamos -como no se cansaban de repetir muchas parlamentarias- ante un hito histórico que marca un antes y un después en la discriminación sexual (o por razones de género, si se prefiere). Soy -vaya por delante- bastante escéptico en cuanto a que la promulgación de normas jurídicas produzca, por sí sola, cambios significativos, especialmente en el terreno de los valores, las ideas, los comportamientos. Aún así, está claro que es necesario en muchas ocasiones legislar, sobre todo disposiciones operativas, con aplicación fácil y precisa. Desconfío mucho de las normas que abundan en declaraciones bienintencionadas pero ambiguas, cuya eficacia queda normalmente supeditada a los intereses coyunturales de cada momento, ocurriendo con frecuencia que los gobernantes se ocupan de desvirtuar su sentido inicial; así, no sólo la ley se convierte en papel mojado, sino -lo que es casi más grave- se propicia un desprestigio social generalizado de la normativa (y, por ende, de las reglas de juego democráticas). Este fenómeno, en mi materia profesional y en mi entorno geográfico, está más que asentado.

La Ley parte de reconocer que "la igualdad plena, efectiva, entre mujeres y hombres, ... es todavía hoy una tarea pendiente que precisa de nuevos instrumentos jurídicos". Por eso -sigue diciendo el Preámbulo- "resulta necesaria, en efecto, una acción normativa dirigida a combatir todas las manifestaciones aún subsistentes de discriminación, directa o indirecta, por razón de sexo y a promover la igualdad real entre mujeres y hombres, con remoción de los obstáculos y estereotipos sociales que impiden alcanzarla". En el texto dispositivo de la Ley (78 artículos) predominan los preceptos genéricos, aunque también hay algunos muy concretos; dicha concreción alcanza su mayor grado en las disposiciones adicionales, ya que introducen numerosos cambios en muy diversas normas vigentes. Imagino, aunque no conozco la normativa vigente en esta materia ya que no me afecta, que los cambios prácticos más significativos serán los relativos a la protección de la maternidad. Pero ahora me interesa hablar de otro aspecto.

Uno de los principios generales de la Ley es el de la participación equilibrada de mujeres y hombres en la toma de decisiones; repasemos las disposiciones en este sentido. Con carácter genérico, se declara en el artículo 14 como un criterio de actuación de los Poderes Públicos. En el artículo 16 se dice que "los Poderes Públicos procurarán atender al principio de presencia equilibrada de mujeres y hombres en los nombramientos y designaciones de los cargos de responsabilidad que les correspondan"; ¿cómo que "procurarán"? En el artículo 34.2 se establece la posibilidad (no obligatoriedad) de dar preferencia en la adjudicación de contratos públicos (en caso de igualdad en otros factores a valorar) a las empresas que mejor cumplan los criterios de la política de igualdad; esta disposición me sugiere tantas dudas respecto a cómo será aplicada que me echo a temblar. También al decidir el otorgamiento de subvenciones públicas podrán tenerse en cuenta similares criterios (artículo 35). En el artículo 43 se dice que en las negociaciones colectivas se podrán (otra vez: ¿es que antes no se podía?) establecer medidas de acción positiva para favorecer el acceso de las mujeres al empleo; y digo yo que, en algunos casos, las medidas positivas deberían ser para el acceso del hombre. Las empresas grandes (más de 250 empleados) vienen obligadas a elaborar unos llamados "planes de igualdad" para establecer medidas a fin de evitar las discriminaciones; sin embargo no se las obliga a que haya "presencia equilibrada" de ambos sexos. La presencia equilibrada consiste en que, en un determinado colectivo, ningún sexo supere el 60% del total. La obligación de cumplirla, se limita a la Administración General del Estado (aunque es de suponer que dentro de nada lo será también en las restantes administraciones públicas), aunque la Ley no detalla cómo ha de hacerse; en todo caso, hemos de suponer que sólo vale para los nombramientos a dedo, ya que no creo que en unas oposiciones se "corrijan" los resultados para lograr el 60-40.

De este repaso, mi conclusión es que en lo de la presencia equilibrada, la Ley es más declarativa que precisa y, lo que más me preocupa, ambigua. Tampoco puede decirse, como afirmó Zapatero, que sea "valiente", ya que elude imponer y prefiere usar verbos como poder, procurar, etc. Imagino que antes de la Ley, en la mayoría de los aspectos a que se refieren estos preceptos, ya se podía hacer lo que ahora se dice que se puede. De otra parte, llama la atención que no se planteen medidas similares (por muy declarativas que fuesen) en el ámbito laboral privado; ¿es que acaso el Estado sólo está legitimado a regular la Administración? Y no quiero decir que me parezca buena o conveniente "per se" la presencia equilibrada obligatoria de hombres y mujeres. En este asunto (como en tantísimos otros) no lo tengo claro. Lo que digo es que el principio se da por bueno casi a título de dogma de fe innegable, pero luego se evita concretarlo. Ya veremos cómo se aplica en la práctica, pero de avanzarse en ese sentido no pienso que será por la Ley, sino por que vayan cambiando de verdad muchas actitudes.

Sí hay, sin embargo, una medida específica que ha sido muy debatida y es la que obliga (mediante modificación de la Ley Electoral) a que todas las listas hayan de tener una composición equilibrada de hombres y mujeres y ese equilibrio ha de respetarse ordenadamente; es decir, no vale que en una lista de diez candidatos los seis primeros sean de un sexo y del otro los cuatro restantes. Esta norma me consta que va a traer problemas a algunas formaciones políticas que conozco de cara a los próximos comicios.

Como he dicho antes, no tengo muy claro que lo de la presencia equilibrada de hombres y mujeres haya de ser un principio social. Me inclino más a aceptarla como un "criterio coyuntural", variable, por tanto, según la realidad social de cada momento. Puede que convenga ahora fomentar la mayor participación de la mujer en la toma de decisiones, pero no veo demasiado las ventajas de la obligatoriedad. De otra parte, me preocupan algunas consecuencias posibles de la generalización de este principio. Aunque, repito, no tengo las ideas nada claras.

Lo que, en cambio, tengo más claro es que este tema se presta estupendamente a simplificaciones demagógicas e incluso me atrevería a decir que la propia promulgación de la Ley es un ejemplo de esto. Por supuesto que estoy convencido de que cualquier discriminación injusta es repugnante (y la mujer es normalmente bastante más discriminada que el hombre), pero las cosas son más complicadas y están enraizadas en estratos más profundos de la psique colectiva. A mí me parece que sería muy bueno para la sociedad en su conjunto una mayor "femenización" de los valores, de las actitudes. Puede que la mayor participación numérica de la mujer en la "toma de decisiones" contribuya a ello; pero puede también que ese incremento numérico se produzca con las mujeres que mejor asuman los valores sociales predominantes (masculinos). De hecho, algo de eso hay (compárense los porcentajes de cargos femeninos importantes en los distintos partidos y los "perfiles" de esas mujeres). Pero, desde luego, el cambio en los valores de una sociedad es un proceso muy lento, poco influido por "leyes históricas".

Esta señora es Clara Campoamor (1888-1972), considerada una de las primeras defensoras de los derechos femeninos en España, diputada en el primer Parlamento republicano y defensora de que la nueva Constitución reconociese el derecho al voto femenino. La diputada del PSOE que defendió ayer la nueva Ley (así como Zapatero) se llenaron la boca reivindicando su figura, aunque no estaría de más recordar que en los turbulentos años republicanos la Campoamor no era precisamente santo de la devoción de los socialistas. Indalecio Prieto se opuso a que se reconociese el sufragio femenino; si bien es verdad que los socialistas seguidores de Largo Caballero la apoyaron (aunque entre Prieto y Largo, no creo que haya dudas sobre cuál tradición del PSOE prefiere Zapatero).

 
Contando manifestantes

A mi modo de ver, Internet es potencialmente un recurso poderosísimo para el fomento de la libertad y del conocimiento. Naturalmente, esa potencialidad hay que querer aprovecharla y también hay que saberlo hacer, lo que exige tener despierto el espíritu crítico. Pero pese a sus riesgos, estoy totalmente convencido de que está revolucionando desde la base uno de los tradicionales mecanismos del poder: el control de la información. Sobre todo, en los últimos años, con la aparición de miles de personas que “van por libre” (por ejemplo, los propios bloggers) y se dedican a dar sus opiniones, decir lo que saben, lo que ven, poner en cuestión los mensajes estereotipados oficiales, etc. A riesgo de parecer un ingenuo optimista, me declaro entusiasmado con la inmensidad del archivo vivo que significa la red.

Hace un rato, por ejemplo, he descubierto el blog del manifestómetro, que se dedica justamente a “medir” la cantidad de gente que va a las manifestaciones. según cuentan en uno de sus primeros posts, la idea les surgió a raíz de un artículo en Wired en el que, hablando acerca del periodismo ciudadano, se afirmaba que “los profesionales tienen algo de lo que carecen la mayoría de los amateurs: recursos. Sin embargo, en opinión del promotor de la iniciativa, “cualquiera que de repente sienta una inquietud especial por cubrir un evento tiene a su disposición una enorme base de datos para documentarse, un archivo de imágenes, un archivo de vídeos y un sistema de edición y publicación”. Sólo harían falta ganas (y tiempo, añadiría yo). Y ganas tenían porque montaron el blog y se vienen dedicando, desde la manifestación contra la LOE de noviembre de 2005, a calcular asistentes a cada manifestación, documentando ampliamente cómo lo hacen.

De la lectura del blog uno se lleva la impresión de que los autores (cinco personas, cada una con su propio blog) son unos irreverentes poco afines a las posturas del PP y probablemente contaminados por ese pernicioso relativismo, hace poco tan acertadamente denunciado por los obispos como una de las causas que nos está abocando a la crispación guerracivilista. Aclaro esto, para que se vea que me he percatado de que no cabe esperar objetividad de sus cálculos. Sin embargo, poco a poco, pese a descalificaciones diversas de quienes no se han molestado en desmontar sus métodos o hipótesis de cálculo, el manifestómetro ha venido a convertirse en una de las referencias más fiables, citado incluso por los “mass media” tradicionales. Y simplemente, por echarle ganas y el suficiente rigor.

Seguramente, cualquiera más avezado que yo en Internet conocerá desde hace tiempo la existencia de esta web. Vaya en mi defensa que en estos últimos tiempos, en parte por el predominio en mi vida de otras preocupaciones y en parte por la necesaria búsqueda de la paz mental, evitaba indagar demasiado en las miserias de nuestra política patria. Pero en fin, todo llega (lo bueno y lo malo) y así, interesándome por los últimos acontecimientos, he caído irremisiblemente en este interesante blog monográfico.

¿Y cuántas personas asistieron a la mani del sábado en Madrid según estos muchachos? Pues entre 240 y 320.000 personas, que es el resultado de multiplicar por 3 o por 4 los 80.000 m2 del área ocupada alrededor de las 7 de la tarde. Sin embargo, la Comunidad Autónoma de Madrid estima que asistieron 2.125.000 personas y se refiere a un área ocupado de 400.000 m2 (cinco veces más que la de los chicos del Manifestómetro). Bueno, 400.000 m2 es una pasada. Cualquiera que tenga el Google Earth puede jugar a delimitar un área sobre la foto aérea de Madrid hasta alcanzar esa superficie. Me he entretenido un rato midiendo yo mismo el área ocupada por la manifestación según la delimitación sobre foto aérea aportada por el Manifestómetro y puedo confirmar que, con un margen de error más que razonable, su medición es correcta (a mí me da 82.800 m2). Para que el área ocupada fuera de 400.000 m2 como sostiene la Comunidad de Madrid, tendría que haber estado llena toda la superficie de La Castellana en dirección norte hasta la Plaza de Castilla (además de la que ya estaba ocupada). Cualquiera que conozca Madrid se dará cuenta de que la medición de la CAM es algo exageradilla.

Pero además la CAM se pasa otros tantos pueblos al aplicar densidades. Porque 2.125.000 personas en 400.000 m2 equivale a 5,3 personas por m2, cuando está más que aceptado que es dificil alcanzar densidades de 4 personas/m2 por muy apretados que vayan los manifestantes. A este respecto son muy ilustrativos los cálculos de densidad que hace Alex que, para el partido del Barcelona-Madrid del sábado estima la densidad de las gradas de un estadio hasta los topes en 2,6157 personas/m2.

Por supuesto que la CAM no explica en absoluto cómo ha calculado la cifra que aporta; no muestra el área ocupada por la mani ni justifica sus hipótesis de densidad. Total, qué más dan las cifras (será que somos todos de letras). El PP todavía se permite corregir al alza a su eximia Espe y sube el número de asistentes a dos millones y medio (tampoco aclara sus cálculos). Uno se pregunta a qué conducen estas hipérboles y se teme que ponerlas de manifiesto sólo vale para ser insultado o descalificado por atender a “detalles” carentes de importancia ante la magnitud histórica del “movimiento cívico por la libertad y contra ETA (que) ha vuelto a batir un récord de convocatoria, en la primera gran manifestación convocada por el PP”. (Libertad Digital).

Como jocosamente comentan en el Manifestómetro, en este país lo que gusta es fardar de quién la tiene más grande. Pues vale. Por cierto, la manifestación del 13 de enero (a la que no se sumó el PP) congregó entre 111.000 y 148.000 personas, según el mismo Manifestómetro. Así que, en honor a la verdad, justo es decir que la del sábado tuvo algo más del doble de participación, pero no casi veinte veces más.

Y para acabar me pregunto, ¿no se puede ser mínimamente objetivo en algo en que es tan fácil serlo?




PS: Enlazo esta canción que fue la que hizo sonar el PP en la manifestación porque me gusta y porque no entiendo a cuento de qué vienen ahora a patrimonializársela. ¿Va a ser verdad que son ellos los que están renunciando al discurso de la ira para buscar la libertad?
 
Iñaki de Juana Chaos

Advierto que este post es un tremendo coñazo. A raíz de la polémica suscitada por la excarcelación de De Juana Chaos, del continuado y progresivo calentamiento del clima social y político (y especialmente tras la manifestación del sábado en Madrid), llevo varias horas buceando en la red, recopilando datos, leyendo opiniones y, en fin, tratando de formarme una opinión que vaya algo más allá de la visceralidad. Porque en este asunto, como en muchos otros de la actual vida política española, reconozco mi desconcierto y mi preocupación. Así que me pongo a escribir para aclararme. Y me temo que seguiré escribiendo sobre el tema (no he hecho más que empezar); otra cosa será que lo publique en este blog que no debería derivar mucho por estos cauces tan desagradables.

La Junta de Tratamiento del Centro Penitenciario de Madrid VI (Penal de Aranjuez) se reúne el 28 de febrero. La componen 8 profesionales (el director del centro, uno de sus subdirectores, un jurista, un psicólogo, un trabajador social, un educador, un funcionario responsable de vigilancia y un médico). La primera cuestión que se planteó la Junta era la de clasificar a De Juana en segundo grado. Por tanto, hasta ese momento, el etarra estaba clasificado en primer grado lo que, según el Reglamento Penitenciario, corresponde a los internos calificados de peligrosidad extrema o inadaptación manifiesta y grave a las normas generales de convivencia ordenada. La Junta decidió por unanimidad la clasificación del segundo grado. Esto no me parece para nada extraño. Según he leído en alguna web, ni siquiera el PP estaba en contra del segundo grado que, al fin y al cabo, es la clasificación por defecto de cualquier recluso.

La discusión entre los miembro de la Junta parece ser que surgió en cuanto a aplicar a De Juana el segundo párrafo del artículo 100 del RP, cuyo texto reza así: "No obstante, con el fin de hacer el sistema más flexible, el Equipo Técnico podrá proponer a la Junta de Tratamiento que, respecto de cada penado, se adopte un modelo de ejecución en el que puedan combinarse aspectos característicos de cada uno de los mencionados grados, siempre y cuando dicha medida se fundamente en un programa específico de tratamiento que de otra forma no pueda ser ejecutado. Esta medida excepcional necesitará de la ulterior aprobación del Juez de Vigilancia correspondiente, sin perjuicio de su inmediata ejecutividad". Según he leído en ya.com, la aplicación de esta "flexibilización" del segundo grado exigió una segunda votación de la que resultó un empate a 4, ganando el sí por el voto de calidad del director del centro.

Por cierto, el "programa específico" que propuso la Junta (y que creo que es el que efectivamente se ha puesto en marcha) consiste en lo siguiente: "Para favorecer el tratamiento médico recuperador y los controles sanitarios precisos, el interno, una vez cause alta en el centro hospitalario, para continuar con tratamiento ambulatorio u otras medidas de seguimiento de la evolución de su estado de salud, se verá eximido de pernoctar en el establecimiento penitenciario, una vez se hayan aplicado los dispositivos de seguimiento telemático. Su efectiva aplicación vendrá condicionada a la expresa aceptación por parte del penado de los siguientes controles:
- Mientras permanezca en el centro hospitalario, será controlado a diario por los servicios médicos del centro penitenciario de destino, que remitirán informe con la misma periodicidad a esta Dirección General de Instituciones Penitenciarias. Además, por los Servicios Sociales se establecerán las medidas de coordinación con los servicios homólogos del centro hospitalario para completar su seguimiento. También se realizarán los controles de seguridad que se consideren adecuados.
- Después de causar alta, permanecerá en su domicilio, con el horario que se determine, con seguimiento telemático continuado. Las salidas del mismo, para asistir a consulta o ingreso hospitalario o para el desarrollo de actividades terapéuticas, deberán ser previamente autorizadas por las unidades competentes del establecimiento penitenciario de destino
- Los informes médicos que se enviarán a la Dirección General, una vez la evolución del tratamiento permita el control en su domicilio, tendrán carácter semanal.
- Conforme evolucione su estado de salud, se podrán imponer otras medidas de control y seguridad
".

La única competencia para aplicar a un preso el segundo grado la tiene la Dirección General de Instituciones Penitenciarias, dependiente del Ministerio del Interior, que la ejerce mediante la emisión de la correspondiente Resolución. Sin perjuicio de ello, cuando este departamento resuelve aplicar a un preso las medidas del artículo 100.2 RP, la decisión ha de ser comunicada al Juzgado de Vigilancia Penitenciaria para que la apruebe. Estrictamente, como queda perfectamente claro en el Auto de ese Juzgado, el Juez lo que hace al aprobar la Resolución es, sobre todo, verificar la adecuación a Derecho de la misma.

La propuesta de clasificar al etarra en el segundo grado fue comunicada al Juzgado Central de Vigilancia Penitenciaria, que da traslado de la misma al Ministerio Fiscal, que emite informe favorable. El Juez del Juzgado Central de Vigilancia Penitenciaria de la Audiencia Nacional, José Luis Castro, dictó el 1 de marzo Auto por el que la aprueba. Me parece interesante transcribir los párrafos finales de los razonamientos jurídicos del Auto:

"Por tanto solo cabe concluir que la clasificación acordada en segundo grado con aplicación del artículo 100.2 del RP cumple plenamente los presupuestos contenidos en la legislación penitenciaria, valorándose en el presente caso por el juzgador el estricto cumplimiento de la legalidad vigente, más allá de cualquier merecimiento subjetivo que exigen otras figuras jurídicas penitenciarias y que en el momento actual supondrían en el caso que nos ocupa su desestimación de pleno; y todo ello con independencia de la persona en quien se concreta, incluso de su participación activa o no en la situación objetiva que provoca la aplicación de los citados principios. Ya que no debe obviarse que el Estado de Derecho no puede renunciar a la aplicación de disposiciones legales que encuentren su fundamento en los principios de humanidad y en el respeto pleno al derecho a la vida, incluso en aquellos que no respetaron la de otros; ello supone la auténtica grandeza del Estado de Derecho y sin duda una conquista de nuestra civilización.

Consiguientemente, sin perjuicio del enorme rechazo social y jurídico que merecen determinados comportamientos, la aplicación al presente caso de las anteriores consideraciones supone la salvaguarda de un principio de humanidad que deriva del cumplimiento de las previsiones contenidas en la propia legislación penitenciaria y que determina la superioridad ética del Estado de Derecho y la asimetría moral entre quien resulta condenado y los ciudadanos observantes de las leyes
".

El mismo día del Auto judicial, el 1 de marzo, Rubalcaba comparece en rueda de prensa para anunciar que, aunque la decisión "formalmente" corresponde a Instituciones Penitenciarias, ha sido él personalmente quien ha la adoptado. Sin embargo, el Auto judicial, en su parte dispositiva, acuerda aprobar la propuesta de modelo de ejecución efectuada por la Junta de Tratamiento del Penal de Aranjuez y ratificada por Resolución de fecha de 28 de febrero de la Dirección General de Instituciones Penitenciarias. Es decir, por mucho que Rubalcaba asuma personalmente la decisión (y luego todo el gobierno), ésta ya estaba tomada.

Se me ocurre que la explicación es que Rubalcaba estaba reconociendo que, sin perjuicio de que se hubieran cumplido todos los trámites formales (propuesta de la Junta y Resolución de la Directora General), había sido él quien había hecho que se cumplieran los mismos en el sentido que había decidido. Parece razonable, sobre todo al ver lo rápido que se resolvieron dichos trámites (en dos días). Es decir, imagino que Rubalcaba (de acuerdo con el resto del Gobierno) le diría a Mercedes Gallizo (la directora general) que ordenara al director de Aranjuez que convocara la Junta de Tratamiento rápidamente; ésta hizo su propuesta y Gallizo su Resolución. Que el Juez fuera también tan eficiente y concordara con la posición gubernamental no creo que se debiera a presiones (al menos, él dice que no las ha tenido), aunque me parece evidente que los papeles se habían ido preparando desde días antes.

En todo caso es significativo que el ministro asumiera como propia la decisión, máxime cuando ahora se sacan a colación las "excarcelaciones" llevadas a cabo durante los gobiernos de Aznar. Los del PP se escandalizan ante estas comparaciones y argumentan que los terroristas excarcelados lo fueron por decisión del juez de Vigilancia Penitenciaria en la mayor parte de los casos o por iniciativa de Instituciones Penitenciarias a causa de enfermedad; pero esas no son decisiones que partan del Gobierno, aunque el Ejecutivo sea responsable último de las mismas Es decir, que la "gran" diferencia entre el caso actual y los anteriores es que aquí la iniciativa ha sido del gobierno (cediendo ante el chantaje de ETA), mientras que en los habidos durante el PP, el gobierno simplemente dejaba funcionar, sin interferir, a la administración penitenciaria. Me pregunto si es creíble que el correspondiente Director General de turno firmara la Resolución por la que excarcelaba a Iñaki Bilbao Goicoechea (quien dos años después asesinaría al concejal socialista de Orio, Juan Priede), notoriamente conocido por su chulería, agresividad y actitud reivindicatoria del terrorismo, sin siquiera preguntarle al ministro (Mayor Oreja); y si es creíble que en este, como en varios otros casos, Mayor Oreja no lo comentara con Acebes o con Rajoy, que formaban parte del Gobierno. La verdad es que cuesta creerlo, pero tampoco puedo ahora ir más allá en mis convicciones porque carezco de datos (y ya bastante me está costando aclararme con el puñetero de De Juana).

Manteniéndome por tanto en el plano de las probabilidades, me da la impresión de que la gran diferencia entre ambas etapas es que entonces no había una oposición dispuesta a saltar a degüello ante este tipo de decisiones. Porque intuyo que si cuando se excarceló a Bilbao, hubiéramos estado en la situación actual (gobierno ZP), por más que las cosas hubiesen sido como dice el PP (decisiones administrativas penitenciarias), Rajoy se habría lanzado a una crítica igual de feroz que la que está llevando a cabo. O dicho al revés, ¿alguien puede creerse que si la excarcelación de De Juana hubiera sido a iniciativa de la administración penitenciaria el PP se habría quedado tan tranquilo ante la "no interferencia" del gobierno? Por eso, que el gobierno actual asuma como propia la decisión me parece (esté o no de acuerdo con la misma), bastante más honesto y valiente que si se hubiera escudado en "trámites normales de la administración penitenciaria".

Creo que ese es el mensaje que el Gobierno pretendía dar (y que no ha logrado transmitir). No voy a decir que haya asumido la decisión por honestidad porque me temo que era consciente de que, una vez que decidió adoptarla, el PP no le iba a permitir escudarse en tan burdas añagazas como las que ellos invocan a posteriori. Así que lo más probable es que ZP y sus muchachos hayan hecho de la necesidad virtud. Pero, en este aspecto, al menos, prefiero que sea así. Y que el PP condene el que el gobierno haya tomado la decisión (más incluso que la decisión en sí, a eso ya iré luego) me parece una vergonzosa muestra de hipocresía; y me lo parece mucho más después de enterarme de las justificaciones con que excusan sus actuaciones similares cuando gobernaban.

 
Ludovico (presentación)

Ludovico tiene fobia a las vaginas. Una fobia tremenda, incontrolable. ¿Que qué es eso de fobia a las vaginas? Pues que no las soporta, que no puede ni verlas y mucho menos olerlas, tocarlas (o sentirse tocado por ellas). Bueno, y no digamos gustarlas, saborearlas, lamerlas ... Ya sólo pensar en una vagina le crea una sensación indefinible de malestar general, amagos de mareo, nerviosismo. Pero bueno, le es fácil evitar estos síntomas porque Ludovico rechaza de forma casi automática cualquier atisbo de pensamiento que enlace con el objeto de su peculiar fobia. Claro que a veces, con demasiada frecuencia para su gusto, lo escucha en conversaciones con amigos. Ciertamente, en casi todas las ocasiones, con otros nombres que todavía agreden más la sensibilidad de Ludovico. Porque el término vagina, con esa sonoridad más bien neutra pese a la aspereza de la sílaba intermedia, le resultaba, dentro de lo que cabe, aceptable. Pero oír coños, almejas, rajas, chochos (o chuchas o conchas como dicen sus compañeros sudamericanos) y demás vulgaridades le ponen de los nervios, seguramente por la descarga visual que producen. Cuando esto ocurre, Ludovico salta como un poseso, reclamando airado el silencio, hasta el punto de haberse ganado fama entre quienes le tratan de persona puritana y extremadamente puntillosa en asuntos de sexo.

Nada más lejos de la realidad, sin embargo. Porque Ludovico, si no un obseso, es desde luego una persona de gran sexualidad, un hombre muy erotizado. Desde muy joven Ludovico se descubrió como una persona de fuertes impulsos sexuales, y todavía ahora, en torno a los cuarenta (año más o menos), la atracción por las mujeres se mantiene intacta. Y no es una pulsión tranquila, sino manifestada en oleadas violentas de deseo, un día sí y otro también, y varias veces cada día. Vamos, que el depósito de la lujuria lo tiene a rebosar, presto a inflamarse ante la chispa de cualquier hembra (porque casi todas, dice Ludovico, están buenísimas).

Le gustan pues las mujeres, y mucho. Ahora, le gustan por piezas. Quiero decir que el objeto de su arrebatado deseo no es un cuerpo femenino en su conjunto, sino partes concretas. Su excitación reside en cada una de estas partes en sí mismas, descontextualizadas de las otras. Una mujer es para él una colección andante de excitadores de su sexualidad y el que estén ensamblados entre sí en un determinado orden le resulta casi del todo indiferente. Me contó una vez que era como si pudiera atribuir a cada parte de un cuerpo una nota, expresada en unidades de excitación sexual que le provocaba. La "nota" de una hembra concreta era, por tanto, la suma exacta de las notas de sus partes. Por ejemplo, si unas tetas le ponían a cien, su excitación no variaba (ni para más ni para menos) por la relación que tuvieran con la cintura de su propietaria.

Conviene aclarar que esta enfermiza (porque no me cabe duda de que se trata de una patología) sexualidad de Ludovico no se extiende a otros aspectos de sus relaciones con las mujeres. En concreto, él ve a una mujer como un ser humano en su integridad, en su conjunto. Aprecia global e interrelacionadamente todas las características de su personalidad, incluyendo las estéticas. Y las emociones que ante una mujer siente (especialmente el enamoramiento) dependen de esa percepción de conjunto. La excepción es la atracción sexual.

He calificado de patológica esta sexualidad y he ahora de decir que el propio Ludovico así lo admite. De hecho, ha consultado su caso con varios psicólogos y psiquiatras, buscando terapias que corrijan su anormalidad. Pero poco ha avanzado. Piensa Ludovico que su excitabilidad está totalmente divorciada del resto de sus reacciones emocionales, como si fuera algo aparte. Es más, no funcionan bien simultáneamente. Por eso, cuando Ludovico, siguiendo los consejos de algún terapeuta, ha procurado "combinar" en una relación sexual el sentimiento amoroso y la lujuria, una de las dos se resentía. No es que no pueda tener sexo con una mujer a la que ama, pero cuando está follando no la está amando, no está embargado por esos sentimientos arrobados y tiernos. Y cuando el amor hacia una mujer se apodera de él, cuando siente esa "unión íntima de las almas" (así lo define él), no nota el mínimo atisbo de atracción sexual.

Quedamos pues en que Ludovico tiene una sexualidad disociada y fragmentaria. No todos los "fragmentos" que le excitan son iguales o, mejor dicho, tienen la misma potencia estimulatoria. Desde luego, el primer puesto, con diferencia, se lo llevan los culos. Pero prácticamente todas las partes del cuerpo de la mujer son capaces de generarle excitación. Unas orejas, especialmente los lóbulos; labios, sobre todo los de apariencia carnosa; las áreas laterales de un cuello; un ombligo, en particular esos que parecen mal anudados; las rodillas, más cuanto más redondeadas; los pies (puede pasarse un rato largo describiendo algunos que le hayan impactado); los pechos, grandes, algo caídos, en forma de "peras jugosas" como gusta describirlos ... En fin, que no hay apenas parte del cuerpo femenino que no sea objeto de su admiración, de la que no sea capaz de extraer estímulos inagotables.

La excepción es -ya lo he dicho- la vagina. Así que una hembra (suele usar este término para referirse a la mujer como objeto de sus deseos sexuales) es, para él, un agregado de partes maravillosas (unas más que otras) entre las que se incluye, desgraciadamente, una que le repugna. No obstante, a pesar de que todas vienen con vagina de serie, Ludovico ha entrenado una notable habilidad para abstraer su existencia, por el simple mecanismo de concentrar su atención en aquellos otros elementos tan cargados de erotismo. Podría decirse que Ludovico hace el amor, real o imaginariamente, con partes concretas y nunca con la mujer en su totalidad. Y no se crea que exagero demasiado, porque más de una vez me ha narrado el goce sentido con la chica de aquellas muñecas tan excitantes, o cómo olió, lamió, absorbió, acarició durante larguísimo tiempo el lunar que una pelirroja poseía en la columna, justo donde se iniciaba la curva del culo.

Un tío tan raro, pensarán todos, poca vida sexual debe tener. Cualquiera dudaría de que, con tales anomalías, pueda encontrar mujeres reales dispuestas a acostarse con él. Sin embargo, por extraño que parezca, Ludovico ha follado siempre regular y frecuentemente. Ha tenido parejas estables (incluso ha estado casado durante diez años) y ligues ocasionales; también hubo una época en la que recurría con cierta asiduidad a las prostitutas. Cómo logra aparearse se explica conociéndole, sabiendo que cuenta con numerosas cualidades que le hacen atractivo, además de haber desarrollado una estrategia personal para disimular primero y hacer entender después sus inclinaciones y fobias.

Como ya llevo bastante escrito sobre este individuo voy a dejarlo aquí. De momento, porque me quedan bastantes cosas que contar, la mayoría relacionadas (obviamente) con su vida sexual. ¿Qué cómo conozco todo esto? Pues porque, no me pregunten la razón, Ludovico me considera su mejor amigo, el único (son sus palabras) en quien puede confiar. No es que me sienta muy cómodo con sus confidencias pues el descubrir sus manías y enterarme de muchos detalles íntimos a veces me ha dejado algo desasosegado. Te haces una idea de un tipo que te cae bien (insisto en que tiene muchas cualidades atractivas) y poco a poco te va desvelando facetas suyas que te descolocan. ¿No se podría haber ahorrado las confidencias? Pero en fin, también esas anomalías las va uno poco a poco encajando y aceptando. No por eso va a dejar de ser un buen tipo, o es que ¿no somos acaso todos un poco rarillos?


 
Hoy mi padre habría cumplido 79 años

Los habría cumplido si no hubiera muerto a finales de 2000, sin llegar por poquitos días al siglo XXI. Pero este post no va de mi padre (aunque mis sentimientos hacia él merecerían más de uno), sino de las oraciones con condicional compuesto y pluscuamperfecto de subjuntivo. Según descubro en una web, gramaticalmente se denominan estructuras condicionales del tercer tipo y corresponden a aquellas en las que la condición es imposible. Me quedan ya muy lejanos mis estudios de gramática pero me apetece repasarlos.

En todas las estructuras condicionales la frase consta de dos partes: una principal cuyo enunciado es cierto (o será cierto, o habría sido cierto o ..) en el caso de que se cumpla (o se hubiera cumplido, etc) lo que dice la frase secundaria que, obviamente, es la condición. Aunque parezca paradójico, el modo verbal denominado condicional (simple o compuesto) no siempre ha de aparecer en estas frases. Por ejemplo: si me ofrecen ese puesto, ten por seguro que no lo aceptaré (dicha hace tres meses por un conocido que hoy ocupa ese puesto).

En las estructuras condicionales del tercer tipo, sin embargo, las reglas tradicionales decían que la frase principal lleva el verbo en condicional, sea simple (si el hecho imposible fuera en presente o futuro) o compuesto (si el hecho imposible ya fuera pasado). La frase secundaria que enuncia la condición imposible de cumplir debía ir en pretérito pluscuamperfecto de subjuntivo (hubiera o hubiese). Así, la frase con la que titulo este post es un ejemplo de este tercer tipo: la condición imposible es que mi padre no hubiera muerto, mientras que la parte principal la he puesto en condicional compuesto porque hoy ya habría cumplido los 79 años (tampoco habría pasado nada por ponerla en condicional simple: cumpliría los 79 años).

He revisado estas reglillas gramaticales porque cada vez con más frecuencia compruebo que mezclan ambas formas verbales en este tipo de oraciones. Comentándolo hoy en el curre, a raíz de un informe que nos había llegado, me han dicho que está admitido el uso del pluscuamperfecto de subjuntivo en ambas partes de la frase. Es decir, en mi ejemplo, sería correcto escribir “si mi padre no hubiese muerto en 2000 hoy hubiera cumplido 79 años”. A mí me suena mal, pero todo es cuestión de acostumbrarse. Pero me doy cuenta de que no me “suena” tan mal cuando leo frases que corresponden a esta estructura pero en las que se omite (por sobreentendida) la frase en la que habría estado la condición. Me refiero a frases en las que sólo está la parte principal; por ejemplo: “tu padre habría estado orgulloso” (si siguiera vivo). Pues bien, es frecuente que estas frases aparezcan en pluscuamperfecto de subjuntivo y no me suenen mal (o, al menos, no me suenen demasiado mal): “tu padre hubiera estado orgulloso”. Imagino que no aprecio la disonancia porque no “oigo” la condición, evitándose así la repetición algo cacofónica de los dos pluscuamperfectos. Nótese que chirría algo más si se dice “tu padre hubiera estado orgulloso si lo hubiera sabido”.

En fin, perdóneseme este asunto tan aburrido, pero es que, pese a su mínima trascendencia, lo he de archivar en el cúmulo de mis desconciertos. Parece claro que poco a poco se irá imponiendo el uso del pluscuamperfecto en detrimento del condicional compuesto y, dentro de algún tiempo, nos sonará arcaico que alguien use en alguna expresión esta forma verbal, como de hecho ha ocurrido con el futuro de subjuntivo. Después de todo, la lengua evoluciona con su uso y los límites entre lo que es correcto e incorrecto dependen de las circunstancias de entorno. Aún así, reconozco que mi “oído” está acostumbrado a formas de uso determinadas.

Y a modo de disculpas por este post pedante (sin pretenderlo, lo juro), vaya esta canción, con un título en condicional, aunque las frases de sus estrofas no son de las del tercer tipo que he tratado aquí. En todo caso, está en inglés; pido disculpas por la traducción libre (espero haber captado la intención del genio).



Si no fuera por ti
no encontraría la puerta
ni siquiera vería el suelo.
Triste y apagado
si no fuera por ti.

Si no fuera por ti
yacería toda la noche despierto
esperando del amanecer
su luz brillando.
Pero el día no sería nuevo
si no fuera por ti.

Si no fuera por ti
mi cielo se derrumbaría
y me inundaría la lluvia.
Sin tu amor, no tendría lugar,
estaría perdido si no fuera por ti.
Y sabes que es cierto.

Si no fuera por ti
del invierno no nacería la primavera,
no distinguiría el canto del petirrojo.
Viviría sin ninguna referencia,
nada se me antojaría verdadero
Si no fuera por ti.
 
Almas gemelas

Según he leído, los japoneses llaman en a un vínculo kármico entre dos personas. Dos personas entre las que se crea un en estarán siempre vinculadas espiritualmente; cada una será importante para el otro (no sé si con igual intensidad en ambas direcciones) en su devenir espiritual. Supongo (no sé mucho del tema) que está muy relacionado con las creencias budistas. En todo caso, de todas las personas con quienes tenemos contacto a lo largo de la vida, algunas graban una huella más profunda en nuestra alma, como si estuvieran vinculadas a nuestro destino; algo así –entiendo- sería el en.

Esto del en me lleva a pensar en los “vínculos mágicos” que sentimos hacia otra personas a lo largo de nuestras vidas; llamémosles atracción, afinidad, compenetración, amor ... como queramos. Porque ciertamente, sobre todo cuando se ha llegado a cierta edad y se echa la vista atrás, se comprueba que ha habido personas “especiales” con las que uno ha sentido (y con frecuencia sigue sintiendo aunque ya no estén ni siquiera cercanas) una vinculación profunda. Esas personas se sienten casi como parte de uno mismo; o quizás no, pero sí como intervinientes fundamentales en la construcción de quienes somos, agentes notables en nuestro crecimiento personal.

De las diversas "filosofías espirituales" que he ido picoteando (con mi acostumbrada dosis de escepticismo) voy sacando en claro que suelen coincidir en que las almas (no se pretenda ninguna definición precisa de este término) "vibran" en frecuencias determinadas, cada una con la suya. Esa frecuencia caracterizaría a cada espíritu, según el nivel de perfección en que se encuentre (y aquí se enlazaría con el samsara hinduista o budista). Como es repetido en casi todas las religiones (incluida la cristiana) el crecimiento espiritual y, por ende, la elevación del nivel vibratorio de las almas, está en relación con el amor; por supuesto en el sentido más puro de esta emoción, sin posesión, sin apegos, sin egoísmos ...

Pues bien, ese "algo" mágico que se siente hacia alguien (y, por supuesto, no me estoy refiriendo a la atracción física) se explicaría porque ambas almas vibran en frecuencias afines. Aparecen a este respecto varios que hablan de la teoría de las "almas gemelas": espíritus cuya vibración está en sintonía. En términos acústicos (o musicales) se diría que entran en resonancia, alcanzan un acorde armónico en repercusión cada una con la otra. Como es natural, sería absurdo pensar que hay una única alma gemela (al garete las teorías de las medias naranjas que, por otra parte, tienden a propiciar la dependencia y no el crecimiento personal). Tampoco los encuentros entre almas gemelas se limitan a relaciones de pareja, ya que se trata de relaciones en el plano espiritual (lo cual no quiere decir que mantener una relación de pareja con un alma gemela no sea como jugar al póker y ganar).

Por supuesto la relación que se establezca con un alma gemela dependerá, en primer lugar, del estado vibratorio en que cada uno se encuentre o, lo que es lo mismo, del grado de profundización en el amor que haya alcanzado cada espíritu en sí mismo. Digamos que las interrelaciones entre dos almas gemelas serían como un partido de tenis; ambos jugadores tendrían más o menos el mismo nivel, pero el tipo de partido dependerá mucho de si son principiantes o expertos. Cabe también pensar que estés jugando al tenis con otro de muy diferente nivel de juego, pero creo que estaremos la mayoría de acuerdo en que ese partido no va a ninguna parte.

En todo caso, a mí me parece que esas almas gemelas con las que uno puede irse topando son, sobre todo, oportunidades para el propio desarrollo (creamos o no en el samsara). No porque ellas (los otros) nos den nada que nos haga falta (al contrario), sino porque mediante esa especie de resonancia armónica se propicia la profundización y el crecimiento de nuestro amor. No creo, en cambio, que esas relaciones profundas con otros tengan nada que ver con "deudas kármicas", como he visto que hay algunos que sostienen, e incluso desarrollan terapias a partir de esta idea. Así afirman que las relaciones con los otros (y especialmente los conflictos) son oportunidades que encuentras para saldar un tipo de "deuda kármica" contraída anteriormente. Como he dicho, no lo comparto, pero es que tampoco cuadra con la propia teoría del karma, ya que éste es individual y las supuestas deudas (que se saldarían con la elevación del nivel energético) son siempre con nosotros mismos, no con los demás. Pienso que entenderlo así nos evita complejos de culpa, siempre castradores y que para nada contribuyen a nuestro crecimiento. Por el contrario, suponer la existencia de estas deudas (o, lo que es lo mismo, sentirnos acreedores por el daño que otro nos ha hecho) no hace sino anclarnos, reforzar el ego, frustrar nuestro desarrollo.

Esto último me lleva a algo que leí hace un tiempo y me hizo pensar. Era referente al perdón al otro, que encaja bastante en la teorías de las deudas kármicas; obviamente, el perdón de corazón sería el primer paso para saldar esa deuda (en este caso, para dejar de sentirte acreedor de una deuda) y poder progresar en el crecimiento propio. Sin embargo, si se niegan tales deudas el perdón carece de sentido, se convierte en un gesto presuntuoso bajo la apariencia de magnanimidad. Porque al perdonar uno se considera ofendido (y desde la propia soberbia se cree en la capacidad de absolver), pero si ha sido ofendido es porque le ha dado al otro el poder de hacerlo; en otras palabras, es uno mismo quien da cabida a la ofensa y, por tanto, es uno mismo su propio ofensor. Así que la deuda kármica vuelve a uno mismo (como todo karma) y es a uno mismo a quien hay que perdonar, lo que no es sino asumir la responsabilidad sobre la propia vida y no trasladarla a los demás.

Todo lo anterior pareciera que resquebraja bastante el en japonés, entendiéndolo ahora como ese vínculo que se crea entre almas gemelas. Porque está claro que el vínculo puede mantenerse en la medida en que ambas vibraciones sigan en sintonía y eso dependerá de la evolución personal de cada uno. Quizás por nuestros miedos, suele importarnos más el vínculo que la calidad energética de nuestros espíritus y así, por mantenerlo, lastramos nuestro desarrollo. No tiene por qué ser de ese modo; cabe concebir algo tan maravilloso como una elevación vibratoria en resonancia armónica; es más, se me ocurre que ese crecimiento energético sería así más fluido. Sin embargo, muchas veces sucede justo todo lo contrario. Es como si los dos tenistas de mi ejemplo, fueran divergiendo en la evolución de su nivel de juego y se empeñaran en seguir con el partido: jugar juntos pasa a ser más importante que mejorar el juego.

Aun así, me resisto a admitir que el en que hubo con quien en determinada etapa de mi vida fue un "alma gemela" pase a ser nada. Esa persona, si realmente fue importante, contribuyó, mediante la resonancia armónica de nuestras almas, a que avanzara (en el supuesto de que así fuera) en mi crecimiento personal. Ahora ya no vibramos en la misma sintonía y, sin embargo ... Puede que sea nostalgia o apego, sentimientos no del todo desprendidos. Pero pienso en quienes han compartido en profundidad mi vida y siento que están conmigo, que ese en no ha desaparecido totalmente.

También es verdad que intuyo que para que eso ocurra uno debe alcanzar un estado de desarrollo del que estoy lejos. Básicamente sería ser capaz de seguir amando a esa almas que ya no vibran en tu sintonía. O incluso, amarlas más que entonces, con un amor despojado de los aditamentos que en esos tiempos llevaba adheridos. No se trata de perdonar (ahora estoy pensando en separaciones de pareja), sino en sentirse muy agradecido por lo vivido, por como esa otra alma contribuyó a mi crecimiento personal. Supongo que, cuando esos sentimientos son los que dominan, el en sigue presente, pero nunca en términos de deudas pendientes.

La verdad, me siento bastante incómodo en estos temas. Te mueves con términos muy difusos y además no soy nada ducho en la materia. Escribo, sin embargo, para tratar de explicar(me) lo que intuyo, más en el plano emocional que en el racional. Y en el caso de este post tan ambiguo, como introducción a algo que llevo dándole vueltas desde hace diez días, con motivo de una conversación nocturna dublinesa. A ver si lo abordo.


 
Noticias del domingo

Fray Bentos derrotó 5 a 0 finalmente a Guichón y será el rival de Paysandú. La otra semifinal la jugarán San José y Rocha (http://locosporlaradiodeportes.blogspot.com).

Creo que se trata de una competición de fútbol juvenil de Uruguay. Los nombres de los equipos son fantásticos.

El 'hombre más bonito de Brasil' no posará desnudo. Las cualidades físicas que dieron a Lucas Gil, de 191 centímetros, el título de "Hombre más bonito de Brasil" no las podrá ver el público, al menos durante un año, prometió hoy solemne el joven de 22 años. (http://actualidad.terra.es/sociedad)

Impactante. Y la noticia añade que en breve habrá una entrevista en la tele en la que el muchacho promete abrir su corazón.

Científicos gallegos establecen el mapa genético del rodaballo con el fin de mejorar las condiciones la acuicultura y la comercialización de esta especie marina de elevado valor mercantil. (http://actualidad.terra.es/ciencia)

Pobres rodaballos, lo que les espera (interesados lean la noticia).

Pete Doherty, cantante de los Bambyshambles, paseaba con su novia Kate Moss en el zoológico de Oxfordshire fumando un porro de maría. Cuando estaba frente a la jaula de los pingüinos le ofreció el porrito a uno de ellos que se lo tragó. Según los testigos, el pingüino parecía algo mareado, pero contento. (El País del 4 de marzo)

La noticia añade que al veterinario del zoológico no le hizo ninguna gracia la bromita porque el cannabis, en los pingüinos, puede ser mortal. Pues vaya ... Por cierto, alguien que conozca a los bambis esos, ¿puede decirme que tales son?

Fabricarán relojes suizos con los restos de acero del Titanic. Durante 2007 se pondrán a la venta relojes de pulsera de lujo hechos a partir de vestigios de acero y carbón extraídos del naufragio del Titanic, informó el viernes una compañía suiza del sector. (Reuter)

Esto es desarrollo sostenible, sí señor. Los ricos también reciclan.

Delfín japonés recupera la alegría tras recibir una cola protésica. Un delfín japonés chilla de agradecimiento tras recibir una cola protésica que remplaza a la que le tuvieron que amputar a causa de una enfermedad de la piel. Sus cuidadores comentan que la aleta de imitación le ha salvado la vida. (http://meneame.net)

Qué bonito. Los delfines tienen más suerte que los rodaballos.

Diseñan unas bragas con sistema antirrobo. Adios a los monederos y las carteras. La solución antirrobo es un bolsillo en las bragas que se cierra con velcro o con una cremallera. Con el nuevo sistema de seguridad de estas braguitas argentinas una ya no tendrá que preocuparse por guardar el dinero o las tarjetas en el sitio más insospechado del bolso. (http://fresqui.com).

Y los calzoncillos ... ¿para cuando?


Es que, con tantas cosas que ocurren en este mundo, ¿cómo es posible que haya quien se aburre? Hay tanto que ver, oír, leer; tantas personas que conocer; tantos paisajes que descubrir ... tanto, tanto, tanto; y tenemos tan poco tiempo.

Hace un rato, por ejemplo, me he enterado de que hace unos meses me estafaron telefónicamente (poca cosa, anyway). Supongo que mientras lo hacían, era consciente de que me estaban estafando, pero hoy me han explicado con toda crudeza que se trata de un mecanismo absolutamente premeditado. Confirmo lo pollaboba que soy y hasta me hace gracia; y me alegra haber aprendido algo nuevo. Además me provoca diseñar un plan para desmontar la estafa, por muy legal que aparentemente sea. Sé que no lo haré (carezco de tiempo y de suficiente constancia), pero sentir ese cosquilleo siempre da algo de vidilla.

Lo dicho: ¿cómo puede nadie aburrirse?

 
Si aciertas, pierdes 8.000 euros

Esta primera semanita tras la escapada carnavalera ha sido de lo más agobiante en el curre; el viernes, por fin, pude dejar cerrados los temas pendientes (no todos, pero sí los urgentes) y me dediqué por la tarde a perder gozosamente el tiempo. Botado en el sofá de la sala estuve hojeando revistas y zapeando. Así caí en un concurso de Cuatro llamado Money Money (afortunadamente lo cogí casi acabando). Me pareció de un estilo bastante chabacano y muy alejado del que yo creía que pretendía seguir este canal; tampoco es que lo vea mucho (salvo House) pero suponía que rechazaban esos excesos cutres de las mejores épocas telecinqueras. El presentador me pareció penoso, el concursante que me tocó más todavía, los bailarines un recurso gratuito de mal gusto, la mecánica absurda y trivializadora de la cultura ... Bueno, no sigo.

La anécdota vino cuando al capullo concursante que iba de simpático le toca como última pregunta quién fue la esposa de Luis XIV y responde que María Antonieta. Y ... tachán tachán ... es correcta. El tío se entusiasma y no es para menos porque se va con 9.000 euros en vez de los 1.000 que le habrían correspondido si hubiera fallado. Aclara el chico que no estaba seguro pero que fue lo primero que le vino en mente y lo mejor es responder lo primero que se te ocurre porque, si te pones a pensar, te entran las dudas. Y tiene razón, porque a mí también fue lo primero que me vino a la cabeza, lo que pasa es que cometí el error de pensar un instante y darme cuenta de que María Antonieta fue la esposa de Luis XVI; hay unos cien años de diferencia entre la época grandiosa del rey sol y la convulsa de la revolución francesa que guillotinaría al rey y a la reina.

Es decir que si yo hubiera estado concursando (eventualidad que no soy capaz de imaginarme) habría perdido, porque no habría contestado María Antonieta y, lamentablemente, no me habría acordado de María Teresa de Austria. Aunque imagino que si me hubiera acordado, me habría salido el resultado incorrecto y a ver qué habría hecho. No me veo discutiéndole al sonriente presentador que mi respuesta era correcta mientras los bailarines se meneaban entusiasmados. A fin de cuentas, el que se equivocó no fue el concursante sino los que escribieron la pregunta, porque lo que está claro es que la respuesta que querían era María Antonieta (gracias a Sofía Coppola es tema de actualidad); total, un errorcillo con el palito del ordinal del Luis francés: XIV por XVI.

María Teresa de Austria era la menor de los siete hijos (seis niñas y un niño) que tuvo Isabel de Borbón, la primera esposa de Felipe IV de España y fue la única de todos sus hermanos que llegó a la edad adulta (murió a los casi 44 años). María Teresa y Luis XIV eran doblemente primos hermanos: el padre de una y la madre del otro eran hermanos (hijos de Felipe III de España) y la madre de una y el padre del otro también (hijos de Enrique IV de Francia, el primer Borbón). Ya se sabe que entre las casas reales hay consanguinidad a tope, pero este matrimonio puede que haya sido uno de los de menos biodiversidad genética. Esto me recuerda que quizás (habría que hacer el cálculo de porcentaje de genes compartidos) pudo haber sido superado si, por esos mismos años, Felipe IV hubiera cedido a la pretensión de su hijo ilegítimo Don Juan José de Austria de casarse con la hija mayor de su segundo matrimonio, la infanta Margarita: habrían sido hermanos por parte de padre. Por cierto, este Don Juan José era hijo de la famosa actriz La Calderona y, aunque ahora no me apetece comprobarlo, me da la impresión de que es de la que está enamorado Alatriste en la ficción de Pérez Reverte (papel que en la película encarna Ariadna Gil; me encanta esa mujer). Y más por cierto, la infanta Margarita es la que retrata Velázquez como personaje central de Las Meninas.

Pero ya digo que lo de casarse entre primos (y entre dobleprimos) no era obstáculo en las monarquías absolutas del XVII y más cuando así convenía a las políticas dinásticas. El caso es que la boda de María Teresa con Luis, ambos sin haber cumplido aún los 22 años (Luis era apenas 5 días mayor que la infanta española), es una de las cláusulas del Tratado de los Pirineos, con el que se acordaba la paz entre España y Francia, tras la derrota de la primera en la batalla de las Dunas o de Dunkerke (junio de 1658). Se dice que esta batalla (y el consiguiente Tratado) marcan oficialmente el fin de la hegemonía militar y política de España en Europa. Los famosos Tercios ya no daban más de sí. Por cierto, la de Dunkerke no es la batalla en la que muere Alatriste sino la de Rocroi, acaecida 15 años antes; digamos que la decadencia del poder español ya venía arrastrándose a lo largo de todo el XVII. Pero a lo que iba: además de la boda real, en ese Tratado se estipula el paso a la monarquía francesa, junto a varios territorios en Flandes e Italia, del Rosellón, el Conflent, el Vallespir y una parte de la Cerdaña, lo que ahora se llama la Catalunya Nord y que en esa época pertenecía a la corona de Aragón (o al estado federal catalano-aragonés, si se quieren usar términos actuales para siglos pasados, como hacen algunos) desde los tiempos, al menos, de Jaime II de Mallorca (siglo XIV). Y resulta irónico porque una de las excusas que llevó a la guerra abierta entre las monarquías hispana y gala fue el apoyo de Luis XIII a la sublevación catalana de 1640 (guerra dels segadors); apoyo pedido, por otra parte, por los líderes catalanes. El resultado final: Francia vencedora "traiciona" a sus ingenuos aliados catalanes que vuelven al redil de la monarquía hispana algo "amputadillos" pero, al menos, sin perder su "autonomía" nacional; eso ya ocurriría medio siglo después con el primer Borbón "español" que aplicaría en España la política centralizadora que tan efectivamente habían iniciado en Francia sus antecesores dinásticos.

Estoy hablando -claro está- de la guerra de sucesión española que marcó el fin de los Habsburgo y la entrada de los Borbones (de los que seguimos disfrutando). ¿Y qué tiene que ver esto con María Teresa de Austria que cuarenta años antes se había casado con el rey Sol? Pues que de su vientre nacieron (o al menos se reforzaron) los derechos franceses a la corona española. De eso ya eran muy conscientes todos cuando se acordó el matrimonio real en el islotito de Los Faisanes en mitad del río Bidasoa; y como las potencias europeas no estaban dispuestas a aceptar que España y Francia estuvieran bajo una misma corona, la boda llevaba consigo la renuncia de María Teresa a sus derechos sucesorios. Pero, a cambio, España había de pagar la dote de la infanta y no lo hizo, lo que sirvió de excusa a Luis XIV para reclamar los derechos en la persona de su bisnieto Felipe (futuro Felipe V de España).

En todo esto, como es natural, María Teresa debió pintar muy poco, salvo el importante detalle de ser la paridora. Porque parir, parió; y eso que Luis tenía amantes por un tubo (y también ellas resultaban fecundadas por los espermatozoides borbónicos). En 11 años (entre sus 23 y 34) María Teresa dio a luz 6 hijos y sólo el mayor, Luis, le sobrevivió (aunque no durara tampoco mucho, pero sí lo suficiente para continuar la línea sucesoria). La pobre no debió ser muy feliz; parece ser que estuvo apartadita en sus habitaciones versallescas y cuentan que lo llevó con "santa resignación". Imagino que no debía ser muy cómodo, ni para ella ni para el Rey, participar en los asuntos de estado cuando el objetivo principal de la política exterior francesa era la hostilidad a la monarquía española de su hermanito menor y los planes para meter mano en sus posesiones. Recuérdese que durante el reinado de Carlos II todos los monarcas europeos tenían bastante claro que a su muerte habría que repartirse el imperio.

Básicamente, quienes protagonizaban la lucha por la hegemonía europea en los finales del XVII eran Francia y Austria (el imperio), pero ya por entonces empezaba a contar Inglaterra. Desde "siempre" los franceses consideraban que el Flandes español debía pasar a su soberanía (había, la verdad, bastantes argumentos para apoyar esta tesis frente al dominio español). Al casarse con María Teresa, Luis XIV justifica las repetidas agresiones a territorios flamencos como reclamación de los derechos de su esposa (supongo que ella no tenía ni voz ni voto respecto a sus "derechos"). Así, durante varios años, se da la paradoja de que los holandeses, acojonados con la posibilidad de tener a la expansionista Francia de vecina, se alían con los odiados españoles para defender Flandes. Pero la cosa cambia cuando en 1689 Guillermo de Orange, el Estatúder de los Países Bajos (el del retrato), recibió la corona británica del Parlamento de Westminster. Como gobernante de Holanda y Gran Bretaña, Guillermo entiende que tiene mucho que decir en cuanto al futuro reparto de las posesiones españolas a la muerte sin descendencia de Carlos II (prevista a esas alturas por casi todos). Y así, acuerda en 1698 con Luis XIV un tratado secreto de Partición, admitiendo el reparto entre Francia y el Imperio de las posesiones europeas españolas a cambio de garantías para la seguridad fronteriza holandesa y del comercio angloholandés; la otra cosa que "consigue" el de Orange es que el futuro rey de España fuera José Fernando de Baviera (o sea: ni un Borbón ni un Habsburgo) que mantendría América y España, salvo la provincia de Guipúzcoa, que pasaría a Francia.

Aunque el acuerdo era secreto se enteró todo el mundo (suele pasar); los españoles se indignaron (traición holandesa), pero en el fondo me da que tampoco habría habido excesiva oposición (lo cual no quiere decir que se hubiese evitado la posterior guerra); tampoco creo que el emperador se hubiera opuesto demasiado. De hecho, Carlos nombró al de Baviera como heredero, aunque tampoco hizo público ese testamento. Pero no valió de nada, porque José Fernando la palmó a principios de 1699 (¡de varicela!) y quedó claro que en cuanto muriera el rey español (lo que ocurriría poco más de un año después) austriacos, franceses e ingleses (toda Europa, en suma) se enzarzarían en una larga guerra por la sucesión que, en el fondo, era para reestructurar el mapa político del continente y los nuevos equilibrios de poder.

El Tratado de Utrecht al finalizar la guerra vino a consolidar el desmembramiento de las posesiones españolas en Europa (aun quedó el sur de Italia). Significó la irrupción clara de Inglaterra como protagonista en las decisiones continentales. Francia no salió tan bien parada como podría haber deseado el rey Sol ya que, como su dinastía se había quedado con España, apenas le dieron territorios. Así que los teóricos derechos de su esposa (la pobre, muerta ya desde hacía bastante tiempo) quedaron en nada y el Flandes español pasó al imperio austríaco. Posteriormente sería francés y finalmente lograría independizarse (1830) conformando (más o menos) la actual Bélgica. Teniendo en cuenta que ya a mediados del siglo XVII cualquiera habría podido ver que era cuestión de poco tiempo que España perdiera ese dominio, más le habría valido al gobierno de Carlos II aceptar la oferta de Luis XIV de devolver la "Cataluña Norte" a cambio de Flandes.

En fin, que la historia es un lío de azares y tiros por la culata, lo que me lleva a dudar sobre los profetas a toro pasado que hablan de la inevitabilidad de los acontecimientos. Por ejemplo, si Luis XIV no se hubiera casado con la sosa de María Teresa es más que probable que hoy en España no reinaran los Borbones, si el José Fernando de Baviera no hubiera cogido la varicela a lo mejor Guipúzcoa sería francesa (¿y qué estarían diciendo los de Batasuna?). Esta última hipótesis me afecta porque nací en San Sebastián, así que yo sería francés (oh la la). Aunque lo más probable es que mi padre nunca habría ido en el 58 a Donostia y por tanto no habría conocido a mi madre; ergo los dos conjuntos de genes que me dieron origen no habrían tenido ocasión de conocerse. Claro, que no hace falta recurrir a los llamados personajes históricos para ser conscientes de la altísima improbabilidad de nuestras propias existencias. Vamos, qué entre todas las posibilidades que pudieron ser y no fueron, es un tremendo milagro que estemos aquí. Y no sigo por ahí porque esa misma improbabilidad es la que lleva a los creyentes a rechazar la existencia por azar de todo, empezando por el universo.

Bajando más a ras del suelo, si el viernes no hubiera estado zapeando y sin ganas de hacer nada productivo, no habría visto el concursillo ese, ni me habrían entrado ganas de ponerme a buscar sobre la pobre María Teresa de Austria, ni habría obviamente escrito este rollazo. Porque lo cierto es que pensaba escribir sobre un asunto bastante más personal y ligado a lo que motivó (y sigue motivando) este blog, pero debe ser que necesito madurar más mis ideas en ese tema y, mientras tanto, me entretengo con otras cosas.

 
Crispación y seguridades

Creo que casi todo el mundo coincidirá en que el clima político español está muy crispado. A mi muy subjetivo (qué le voy a hacer) modo de ver, esa crispación fue calando en el panorama político nacional durante la segunda parte de la segunda legislatura aznariana, de modo que a Zapatero le resultó bastante obvio plantear como "gancho" electoral su famosa reivindicación del "talante". Y es que, ciertamente, la actitud del último Aznar, reforzada por la pareja siniestra (no hace falta dar nombres, imagino) nos resultaba a muchos bastante irritante y nos hacía desear otro estilo, otras formas.

Los que saben por qué ocurren las cosas, nos cuentan que la victoria de Zapatero se debió al 11M. Yo no lo sé pero, en todo caso, no le voté porque hubiera ocurrido el atentado sino porque estaba harto del estilo (de las formas) del PP, simplemente no les aguantaba más (aclaro que nunca he votado al PP, pero nunca antes me había resultado tan insoportable imaginar que ganaran). El caso es que, también a mi muy subjetivo modo de ver, el pasar a la oposición ha hecho que el PP aumente más su rabia, pareciendo que toda su estrategia política se base en atizar continuamente la crispación.

Y no es mala táctica en un país como España, aunque imagino que no funciona igual según qué regiones o comunidades autónomas. Así, en la que resido, no se percibe que cale tanto, pese a los pobres intentos del imitador canarión de Aznar; a fin de cuentas, el clima suave y marítimo modera las pasiones. No sé cómo va la feria en otras partes aunque imagino que la acritud que describo se circunscribe más a la política nacional que a la autonómica y, por eso, su incidencia debe ser mayor en aquellas comunidades que sienten más próximos los asuntos estatales (esta hipótesis la he verificado en mis conversaciones con madrileños, por ejemplo).

Pero volviendo a lo que decía: no es mala táctica en un país como España porque una de las notas que puede atribuirse a su carácter nacional (¿eso existe? bueno, admitamos que un poquito sí) es la mala leche. Creo que a los españoles nos gusta cabrearnos y radicalizarnos, nada de tibiezas ni matices, las cosas claras y el chocolate espeso. A mí, la verdad, esa actitud me repugna, pero he de reconocer que con frecuencia me descubro esas tendencias tan hispanas (otra tarea personal: luchar contra ese "español" que llevo dentro). Aclaro entre paréntesis que no creo que esa sea la única nota de lo español, pero sí lamentablemente una de las predominantes. Sin embargo, a lo largo de la historia de España han abundado personas, tan españolas como las que más (o más, a mi modo de ver) que se han rebelado contra esas tendencias y buscado el triunfo de otros valores. Lamentablemente, en la mayoría de los casos, no han salido muy bien parados; la España "profunda" los ha denigrado y expulsado. No me voy a enrollar por aquí, pero para dar una pista sobre quienes estoy pensando valga un solo nombre como ejemplo: Goya.

Naturalmente, uno para cabrearse necesita negarse a pensar, requiere simplificar mucho las cosas, condenar absolutamente lo que le cabrea y negarse siquiera a entenderlo o a verlo de ninguna otra forma que la de su cabreo. Por tanto decir que nos gusta cabrearnos equivale a decir que no nos gusta pensar, discutir, razonar, entender ... Y si los políticos (y no sólo los del PP, aunque en mi subjetiva opinión sean quienes se llevan la palma) fomentan la crispación, lo que fomentan es la cerrilidad. Me parece que son unas conductas bastante irresponsables en unos señores que deberían preocuparse por fomentar el debate intelectual entre ciudadanos y no el azuzamiento emocional (y airado) de unas masas borreguiles. Pero, es lo que hay ...

En fin, que me disperso. Me ha motivado ponerme a escribir porque en estos últimos días ando bastante desconcertado con una serie de cosas y personas que leo y oigo. Resulta que como ando siempre muy liado apenas tengo tiempo para atender a ese circo mediático protagonizado por los comentaristas políticos. Sin embargo, recientemente he tenido ocasión de escuchar y leer varias cosas de Jiménez Losantos, de Sánchez Dragó, de Pío Moa. E -ingenuo de mí- me han sorprendido; no ha sido tanto por el tono incendiario e histriónico (que ya lo conocía y que reconozco que me produce un rechazo instintivo de modo que el cómo me dificulta atender al qué) cuanto por la seguridad arrogante de sus afirmaciones. O sea, dicen cosas (que son al menos más que discutibles) como si fueran evidencias de tal calibre que pareciera que sólo un gilipollas profundo podría atreverse a ponerles el más mínimo pero. Y como son tan obvias, no se molestan en explicarlas ya que hacerlo (imagino) sería tratar de subnormales a sus oyentes.

Así que me quedo con la sensación de que soy subnormal porque no sabía que obviamente Aznar ha sido el mejor presidente de los dos últimos siglos, que la guerra civil la inició la izquierda con la revolución de Asturias del 34 de modo que fue inevitable el levantamiento defensivo del 36 o que Zapatero es un mal hombre que pretende destruir España y rendirla ante ETA. La verdad, estaría hasta dispuesto a admitir que en esas afirmaciones (y muchas otras) puede haber algo de verdad pero desde luego no puedo creer que sean plenamente verdad, porque no puedo creer que las cosas sean sólo blancas o negras. Pero, en cualquier caso, lo que no puedo admitir es que se dejen caer afirmaciones de ese o cualquier otro tipo sin argumentarlas, con el falaz recurso de darlas por verdades evidentes.

Uno de los temas recurrentes (y por eso la oportunidad del revisionismo histórico de los años republicanos de Pío Moa y otros) es la comparación entre este periodo y los años 30, para advertir (¿o amenazar?) con la referencia a la guerra civil (que, de paso, se empieza a presentar como algo que fue inevitable: ¿hay algo inevitable en el devenir humano?). Por supuesto, estas analogías interesadas olvidan las tremendas diferencias existentes entre nuestra sociedad y la de nuestros abuelos así como entre sus circunstancias de "entorno". Por eso, me parece harto improbable (por no decir imposible) que tales discursos tengan alguna verosimilitud. Sin embargo, sí hay algo común entre nosotros y nuestros abuelos y es que sigue permaneciendo la tendencia a la mala leche, el rechazo a ponderar los asuntos, a matizarlos.

Por supuesto que sin ninguna reflexión seria que permitiera calibrar la verosimilitud de estas advertencias, lo que cabe constatar es que las mismas se hacen por voces de muy dispares procedencias. Aunque no creo que el "coco" de la guerra civil tenga mucha efectividad hoy entre los españoles, parece que sigue gustando invocarlo. A mí me parecía que quienes más recurrían a él eran los sectores que suelen denominarse de derecha, incluyendo la Iglesia Católica. Por ejemplo, recientemente Rouco Varela nos ha alertado de que "el agnosticismo, el relativismo y el laicismo" colocan a España "en una situación muy parecida a la de los años 30" de forma que "amenazan la existencia de la democracia". Lo que viene a convertirse en el mensaje subrepticio de que la consolidación democrática requiere recuperar la fe, el absolutismo (moral, se entiende) y la religiosidad. ¿Sí?

Hay que reconocer que es un planteamiento innovador, que descoloca los pensamientos que más de uno teníamos. Por eso pareciera que convendría argumentarlo y explicarlo. Pero para nada; se afirma como otra de esas verdades evidentes. Así, viendo en youtube la entrevista que Sánchez Dragó hizo en Telemadrid a Jiménez Losantos oigo cómo ambos coinciden sin pestañear en la obviedad de que la política del actual gobierno está produciendo una radicalización de la sociedad española muy similar a la que llevó al país a la guerra civil. Entre los destrozos provocados por Zapatero hay algo todavía más grave que el desguace que hace de España (y seguramente la historia le pasará factura antes o después por eso). Me refiero al hecho de, sin escrúpulo alguno, haber vuelto a resucitar el guerracivilismo, haber vuelto a traer a las calles de España ... el mismo espíritu de entonces que está otra vez en la calle. Nueva sorpresa porque a mí me daba la impresión de que eran más bien los del otro lado quienes jugaban a este juego de la crispación social. A lo peor lo que me pasa (idiota de mí) es que no tengo la sensibilidad adecuada para darme cuenta de que esos cabreos tan estentóreos no son los que atizan la crispación sino la reacción defensiva de unas personas ante tantas continuadas ofensas de un gobierno agresivo. Y claro, es inevitable que los buenos salten, no son sino víctimas.

No sé; por más que no es algo que me atraiga y a pesar de que no ando para nada sobrado de tiempo, creo que habré de dedicarme a enterarme un poquillo de los argumentos que sustentan esas "verdades" tan evidentes porque (sin ironías) me incomoda esta sensación de ser subnormal. Creo que empezaré leyendo los estudios de Pío Moa (parece que, aparte de sus best-sellers hay otros más rigurosos sobre los años 30). Al fin y al cabo, es un periodo que me interesa mucho y sobre el que he leído bastante. Veremos si mis ideas se aclaran y entiendo tantas seguridades.

Pero, entre tanto, seguiré manteniendo en remojo esas y similares afirmaciones y, sobre todo, seguiré rechazando las actitudes arrogantes y provocadoras. Me siento más a gusto con mis desconciertos (aunque a veces sean incómodos). Y a colación me viene a la mente la anécdota atribuida a Unamuno quien dicen que contestó a un tipo que vaya cabeza más pequeña debía tener cuando afirmaba que no le cabía ninguna duda. A mí, dudas, me caben mogollón.

 
Cómo satisfacer a una mujer

Debes acariciarla, lamerla, lengüetearla cosquillosamente, pellizcarla suavemente, respirarle su aliento, terciopelarle la piel, agujerearle con soplidos cada poro, comerle los labios, saborearla, beberla a sorbitos, derretir sus durezas, masajearla, absorber sus jugos, besarla de mil y una maneras, abrazarla hasta sentirla dentro y viceversa, frotarla, llenar con tu mirada la suya, dibujar con las yemas de tus dedos sus rasgos, aletearle el aura, abrir todas sus oquedades y saber cómo cerrarlas, montarla y ser montado, ensalivarla toda, untarla, mordisquearla ...

Debes también susurrarla, acurrucarla y acurrucarte, coquetearla, alabarla, mimarla, cantarle (salvo que desafines, ay), encantarla, hablarle en silencio, no contrariarla, felicitarla y apoyarla, decirle que la quieres con gestos y palabras, decirle que la quieres con la mirada, ronronear a su lado y acoger sus ronroneos, adorarla sin remilgos, admirarla ...

Por supuesto has de animarla, aplacarla, complacerla, estimularla, consolarla, excitarla, protegerla, entretenerla, intrigarla (pero no demasiado), entenderla (o hacer ver que lo intentas), aceptarla, halagarla, consentirle, echarle en falta, no agobiarla ...

Y pese a ello, también, a veces y sin pasarse, tienes que ordenarle, discutirle, enfadarte, encelarla, racionalizarla, fastidiarla, resistirla, irritarla, encenderla, enervarla, retarla, apretarla, prevalecer, desintoxicarla, ignorarla ...

Claro que, enseguida, habrás de suplicarle perdón, arrastrarte, congraciarte, complacerla, sacrificarte, asistirla, implorarle su amor, ayudarle, entregarte, darle la seguridad de que eres suyo, rebajarte, prometerle enmiendas absolutas, culparte, abandonar todo por ella, jurarle que nada tiene sentido sin ella ...

Y darle de comer en la boca, llevarla a sitios bellos y entretenidos, fascinarla, vestirla, bañarla con jabones aromáticos y esencias florales, hidratarle la piel, humedecerla y secarla, perfumarla, cepillarle el cabello, depilarla, encender velas antes de que llegue, dedicarle las músicas más dulces, comprarle bombones de nuevos sabores, regalarle flores ...

Y no dejes de telefonearla, ni de recordar las fechas sacras, ni de atender lo que dice, aunque sea sin palabras; anticípate a sus deseos y aprende de sus miradas, calma sus ansiedades, valora sus preocupaciones sin osar solucionarlas, aflígete con sus aflicciones y que te alegren sus regocijos, confía en ella y regálale confianza, corresponde sus detalles, haz que se eleve hasta el cielo, engatúsala hasta el sueño, que se sienta respetada ...

En fin, idolátrala y ríndele culto de diosa (de religión estrictamente monoteista, desde luego), renovando siempre los ritos de tu amor; así pues, asómbrala, deslúmbrala, ámala. Lee todos los libros que explican cómo enamorar a una mujer y practica sus consejos como si los hubieras inventado. Y cuando creas que has llegado ... vuelve a empezar y repite todo de nuevo.



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Este post no es más que la manipulación personal de un texto que me ha llegado por correo electrónico. Tras leerlo (y hacerme gracia, la suficiente para ponerme a jugar con él), me he acordado de otro parecido en el que un "pequeño saltamontes" preguntaba a su maestro budista del correspondiente monasterio tibetano qué había que hacer para satisfacer a una mujer. El monje soltaba un larguísimo discurso enumerando los doscientos mil mandamientos que habían de cumplirse para alcanzar tan difícil objetivo hasta que el muchacho se levantaba desesperado para marcharse. El sabio le advierte que todavía no ha acabado y el aprendiz le contesta que da igual, que ya ha entendido el atractivo de la homosexualidad.

Naturalmente, no es necesario renunciar a nuestra orientación heterosexual; si el esfuerzo de satisfacer a la mujer que amamos nos resulta en ciertos momentos agobiante en exceso, uno siempre puede tomarse una cápsula de keledén, este nuevo medicamento tan útil para el stress.

 
Aznar me cae mal

De regreso tras seis días dublineses (almost always raining), desecha la maleta y puesta la consiguiente lavadora, leo el periódico de hoy con más ganas de las habituales (un poquillo de mono de prensa española, imagino). En el País Semanal encuentro el habitual artículo de Javier Marías, titulado esta vez "Creencias, intuiciones y embustes" y dedicado -obviamente- a las declaraciones de nuestro ex-presidente Aznar el 7 de febrero pasado en Pozuelo de Alarcón, cuando ¿reconoció? que ahora sabe que en Irak no había armas de destrucción masiva, pero no lo sabía entonces; entonces él, como "todo el mundo", creía que las había.

El artículo me ha parecido un magnífico ejercicio de lógica estricta, que le permite ensamblar hasta nueve conclusiones absolutamente demoledoras para Aznar, en cuanto persona y en cuanto político. Por supuesto el mérito de Marías no estriba en "alumbrar" tamañas verdades, ya que ninguna es nueva, porque han sido más que repetidas y, en todo caso, cualquiera que sume dos más dos alcanzaría idénticos juicios. Lo que me ha gustado del artículo es su exposición clara y sistemática, contundente, dejando que la lógica brille con todo su esplendor por mucho que al hacerlo necesariamente se pisen callos. Pero es que uno hace rato ya que está bastante harto de esos lenguajes torticeros y cínicos (por muy políticamente correctos que resulten).

Por cierto, volviendo a ver grabaciones del acto en el que Aznar "rectificó", compruebo que la grandísima mayoría de los asistentes eran enfervorizados admiradores del ex-presidente. Por ejemplo, cuando dice que (titubeando, por cierto) "tengo la ... problema de no haber sido tan listo de haberlo sabido mmmm antes", el público interrumpe el brillante discurso con un cariñoso aplauso. Qué más da que fueras listo o no, cuando te queremos tanto. Y aquí radica para mí uno de los temas más peliagudos de este y muchos otros asuntos: que carece de toda relevancia la veracidad de cualquier juicio condenatorio para quienes adoran al interfecto; da igual que sea un payaso, un imbécil, un frívolo, un corrupto, un mentiroso, un mal bicho...

Para mí, cómo se llevó el asunto de la participación española en la guerra de Irak fue algo bochornoso y éticamente deleznable. Las consecuencias de aquellas decisiones no han hecho sino mostrar con la más sangrante crudeza lo equivocadas que eran. Y pese a tan apabullante metedura de pata, este señor con bigote sigue tan campante en su postura de rectitud moral, exhibiendo una autoridad que no sé de dónde coño se cree que le viene. Y naturalmente, esa desfachatez soberbia no sólo no molesta a sus admiradores (que no son pocos) sino que creo que es la actitud necesaria para alimentar la borreguera adoración. Carisma, esa es una de las palabritas mágicas. ¿Cuándo la humanidad habrá evolucionado lo suficiente para no necesitar líderes carismáticos? O, al menos, para que no sean las más hediondas cualidades del hombre los ingredientes más sustanciosos de esa cosa llamada carisma.

Me dirán que caigo en lo mismo que critico, porque se me ve a la legua que Aznar me cae mal. Pues sí, me cae mal, muy mal; es más, no lo soporto. Y en realidad, de eso quería escribir este post: no de Aznar, sino de esas sensaciones difusas que sentimos cuando alguien nos cae mal (seguramente de la misma naturaleza que las que producen los efectos contrarios). Pero estoy bastante cansado (apenas he dormido) y aun tengo que hacer algunas cosas; así que postergaré el asunto pese a que me ronda la cabeza.

No obstante, he de aclarar que una cosa es el conjunto de sensaciones vinculadas a la empatía hacia los demás (que alguien te caiga bien o mal) y otra distinta la ceguera intelectual debida al fanatismo. O, mejor dicho, esa podría ser una definición aceptable de fanatismo: cuando tu vinculación emocional hacia alguien te impide el juicio racional sobre sus actos. Yo estoy seguro (aunque por supuesto no voy aquí a argumentarlo) que mi juicio (duro) sobre Aznar no está "cegado" por el hecho cierto de que me cae mal; creo ser capaz de distinguir entre mi juicio ético al personaje político (su actuación en el tema de Irak, por ejemplo) y mi escasa empatía a la persona. Esta última pertenece casi más al plano de la estética que al de la ética (por ejemplo: la foto que saca el suplemento dominical de El País de hoy del individuo en bañador en el yate de Briatore pertenece a este segundo ámbito).

Ahora bien, aunque hayamos de esforzarnos en no mezclar ambas esferas, es evidente que mucho interfieren en nuestros juicios ¿racionales? las sensaciones empáticas (cómo nos cae). Y aparece de nuevo (tema recurrente en este blog mío) la estrecha relación entre emociones y pensamiento racional.


 
La boda que no fue

En un blog que he descubierto hoy, una chica cuenta que siempre había sido de las que pensaba no casarse; sin embargo hace casi dos años se casó casi de pronto con la persona con la que convivía y de la que estaba enamorada. Lo planteó ella misma y le pareció natural, no le asustó nada, se sintió segura de que lo quería hacer. Sólo puso una condición: hacerlo rápido, nada de un bodorrio largamente preparado.

Yo también he sido siempre de los que pensaba no casarme; y de hecho, nunca me he casado. Cuando era joven, la oposición al matrimonio estaba teñida de presuntuosa coherencia ideológica. Con mi ex, como en todas mis relaciones previas, empezamos simplemente conviviendo, organizando nuestras reglas a medida que iban surgiendo las necesidades. Ella estaba casada y se divorció; pero esos asuntos a mí como que no me concernían. Al principio, la verdad, yo no tenía nada claro que lo nuestro fuera a dudar. Pero pasaba el tiempo, sin excesivas pasiones, sin excesivos sobresaltos; y ciertamente cada vez más imbricados(en todos los sentidos) el uno en la otra.

A ciertas alturas de la relación supongo que los dos se consideran tan vinculados el uno con la otra como si estuvieran casados. A los cinco años de vivir juntos compramos dos pisos que unimos (y que ahora han sido separados) y montamos poco a poco nuestra vivienda común. Ella estaba en mi cartilla de la seguridad social; ambos aparecíamos empadronados en el mismo domicilio, lo que permitía que el Ayuntamiento nos facilitase “certificados de convivencia”. A todos los efectos, y desde luego ante los demás, amigos o conocidos, éramos igualito igualito que un matrimonio. Incluso diría que más matrimonio que muchos otros que sí lo eran.

De vez en cuando, inevitablemente, surgía la cuestión de casarse. No creo que ella tuviera especial interés (¿o sí?) y yo, aunque ya sólo fuera por nostalgia, seguía manteniendo mis endebles “declaraciones de principios”. Para no exhibir posturas pomposas que ni yo mismo me creía prefería sostener que me casaría cuando de ello resultara alguna ventaja práctica. Pero nunca se nos ocurría ninguna.

En los primeros meses de 2004, los más duros de su cáncer de mama, llegó a decirme que si la quisiera me casaría con ella. Me dejó un poco fuera de juego, no me lo esperaba, no sabía a cuento de qué venía eso (aunque entendía sus angustias de esos momentos, su necesidad de sentirse arropada aunque fuera por vínculos en los que no creía). Le dije que por supuesto, que nos casábamos. Esperaríamos a que pasaran los efectos de la quimio (ella quería casarse una vez recuperado el pelo), invitaríamos sólo a un pequeño grupo de amigos. A finales de ese año, hablé con el alcalde del pueblo en que quería la boda. Era el alcalde que mejor me caía y se trata de uno de los pueblos más bonitos y menos destrozados de esta isla; además es la zona de donde provienen las raíces de mi ex. Por supuesto, el hombre aceptó y quedamos en concretar la fecha en una próxima reunión. El caso es que puede decirse que, una vez asumido que iba a casarme, hasta me hacía gracia (¿ilusión?).

No hubo más trámites. Enseguida vinieron los problemas de su segunda operación, el alejamiento, la crisis definitiva … Así que no sólo no me casé, sino que sin necesidad de estarlo, me separé. Puedo seguir manteniendo mis principios.

PS: Acabo de darme cuenta de que el martes este blog cumplirá un año. ¿Quién me iba a decir hace un año, cuando haciendo el tonto lo inicié, que iba a seguir escribiendo por estas fechas? Poz zí. El martes confío en estar en Dublín, así que tendré que postergar la tarta y la velita para la próxima semana, a mi vuelta.

 
Números perfectos

Buscando hace un rato en mi biblioteca un libro que sé que tengo pero que quiere seguir escondido, me encontré con uno de Martin Gardner dedicado, como infinidad de los suyos, a la matemática divulgativa o recreativa. He estado hojeándolo unos minutos y he vuelto a leer las historias de los números perfectos, que ya en su día me sorprendieron y divirtieron.

No voy a dedicar este post a disertar sobre los números perfectos; basta a los interesados buscar en internet para encontrar infinidad de páginas. Aclarar sólo que un número perfecto es un entero igual a la suma de sus divisores propios (excluyendo él mismo). Los tres primeros números perfectos son 6 (=1+2+3), 28 (=1+2+4+7+14) y 496 (=1+2+4+8+16+31+62+124+248).

La búsqueda de los números perfectos es un ejemplo particular de esa capacidad mágica de las matemáticas para intrigarnos, y que se vincula con multitud de movidas esotéricas. Hay toda una rama de las matemáticas, la teoría de números, que se dedica a estudiar las propiedades de los números y, según cuenten con tales o tales otras propiedades, los números se denominan de determinadas maneras. Es como si la infinita población de los números se agrupara en distintas familias (o según el oficio en el que trabajan, o la ciudad en la que viven, etc). Así, los asépticos números resultan estar llenos de características diferenciales, como si cada uno tuviera una personalidad muy definida y, por tanto, nos dijera algo propio (y ya nos metemos en la numerología esotérica).

Es sabido que una distinción elemental separa a los números primos de los restantes. Ser primo es una nota de aristocracia, me parece a mí, aunque tampoco lo más de lo más, no vayamos a exagerar. El club de los primos es obviamente infinito, lo que pasa es que a medida que los números van siendo mayores es cada vez más difícil identificar nuevos miembros. Lo curioso es a muchísima gente le resulta apasionante encontrar nuevos números primos (como cualquier nuevo número con cualquier otra propiedad). No es otra cosa que la obsesión por batir records (y como en muchas otras cosas, los gringos son los más apasionados en esto).

En 1642, un monje franciscano francés llamado Marin Mersenne "inventó" una categoría especial en el club de los primos; así, los "primos de Mersenne" son aristócratas entre los aristócratas. Un primo de Mersenne es un número primo que va justo antes que una potencia de 2; los bajitos se ven enseguida: el 3 que va justo antes de la segunda potencia de 2, el 7 que va justo antes de la tercera potencia, el 31 que va justo antes de la quinta potencia, el 127 que va justo antes de la séptima potencia... Como es fácil entender, los primos de Mersenne se van haciendo enormes enseguida (no se sabe si hay un número infinito de ellos). Es más, los mayores primos de Mersenne son los que lideran el ranking de los primos. Así que, a efectos de lograr records en ese ranking, lo mejor es encontrar nuevos primos de Mersenne. De hecho, hay un proyecto de "computación compartida" que funciona por internet coordinando unos 70.000 ordenadores en paralelo. Uno de los equipos participantes, dirigido por profesores de la Universidad de Missouri, descubrieron el cuadragésimo cuarto primo de Mersenne en septiembre pasado (el mismo equipo había descubierto el 43º a finales de 2005). Este número contiene 9.808.358 cifras (para hacerse una idea: si lo imprimiésemos requeriríamos unas 2.800 páginas A4 todas llenas de cifras). Así que es un primo impresionantemente grande (un cacho primo, vaya), pero no lo suficiente; si hubiera alcanzado los diez millones de dígitos, la Electronic Frontier Foundation habría pagado un premio de 100.000 dólares.

Hágamos un paréntesis: ¿Qué es la Electronic Frontier Foundation? Pues según se definen ellos mismos es un grupo sin ánimo de lucro formado por personas apasionadas (abogados, tecnólogos, voluntarios y visionarios) que trabajan para proteger nuestros derechos digitales. Con esta presentación no tengo claro si darles las gracias o acojonarme. En fin, ya procuraré enterarme de algo más sobre estos señores (me ha picado la curiosidad). Por cierto, conjeturo que lo de premiar a quienes encuentren primos cada vez más grandes debe tener que ver con las utilidades criptográficas de estos números y por ahí nos vamos relacionando con los temas de la protección en Internet y afines. Lo dicho: no sé a qué carta quedarme.

En fin, el caso es que los primos de Mersenne tienen mucho que ver con los números perfectos. Euler demostró que los números perfectos se "generan" como el producto de un primo de Mersenne por la potencia de 2 anterior (supongo que no lo he dicho bien, pero es complicado poner la fórmula y, además, seguro que no interesa a casi nadie). En la práctica, esto quiere decir que, dado un primo de Mersenne tenemos inmediatamente un número perfecto (por ejemplo, si el segundo número de Mersenne que es el 7 (anterior a la tercera potencia de 2) se multiplica por la anterior potencia de 2 (que es 4) el resultado es 28 que es justamente el segundo número perfecto. Así que es fácil deducir que se conocen 44 número perfectos y que el cuadragésimo cuarto es el producto del último mersenne descubierto por 2 elevado a 232.582.656. El resultado no puedo calcularlo con mi modesto ordenador (que alguien trate de pedirle a Excel que calcule una potencia de 2 grandecita), pero he estimado que debe andar por algo más de los 140 millones de dígitos; o sea, que para imprimirlo necesitaríamos más de 40.000 páginas: ¡menudo libraco con todas sus páginas llenas de cifras!

Bueno, pues para que este post no resulte casi tan aburrido como sería leer ese libraco, voy a lo de la simbología de los números perfectos, que es lo que me vino a la memoria cuando reencontré los textos de Gardner. Y para ello hay que remontarse a Pitágoras que es el primero que parece referirse a estos números. A todo esto, hay quienes piensan que Pitágoras no fue una persona, sino una escuela o un grupo de seis iniciados (6 es el primer número perfecto). Lo cierto es que Pitágoras creía que los números mostraban los secretos de la naturaleza, de la realidad; así que el hombre estaba obsesionado e hizo de la numerología una especie de disciplina litúrgico-religiosa, en la que sólo admitía a ciertos iniciados.

El número perfecto era perfecto para estos chicos porque era la suma exacta de todas sus posibles partes (que eso son los divisores propios). Intuyo que los números perfectos debió descubrirse como una sublimación de los triangulares, los que son la suma de una serie consecutiva de números naturales empezando siempre desde el 1 (por ejemplo, el 15 que es igual a 1+2+3+4+5). Los números triangulares son muy bonitos (forman triángulos equiláteros como las quince bolas del billar americano al empezar una partida); ahora, hay que imaginar el orgasmo de Pitágoras cuando descubrió que algunos de esos triangulares no solo se formaban sumando consecutivamente los primeros naturales sino que eran también la suma de sus partes (porque todos los perfectos son triangulares). Comprendo que le parecieran perfectos.

Pitágoras no conoció más que los cuatro primeros números perfectos: 6, 28, 496 y 8.128 (el quinto, 33.550.336, lo descubrió en 1536 Hudalrichus Regius), así que le tenía que parecer un club bastante selecto (y de hecho lo sigue siendo). Para indagar en los significados de estos números (como de cualesquiera otros) hay que meterse en escabrosos terrenos en los que se han sembrado muchas teorías de las que han florecido muchas disciplinas esotéricas. La admiración por la "perfección" de estos números dio lugar desde la antigüedad a explicaciones divinas. Así, en el ámbito judeocristiano llamó la atención que Dios hubiera creado la tierra en seis días. ¿Por qué en ese tiempo pudiendo haber empleado cualquier otro? Pues porque, siendo el 6 un número perfecto, así quiso Dios expresar la perfección de su obra, del universo (esto lo dice San Agustín en "La Ciudad de Dios"; poz vale). Y, por supuesto, el 28 representaría la "perfección" de la circunvalación lunar. Sin embargo, no he encontrado los perfectos significados de 496 y de 8.128, los otros dos números que se conocían. Y habría que ver a estos exégetas buscando significados a los siguientes números perfectos (seguro que las encontrarían).


 
Recordando pérdidas (título semiplagiado)

Hoy leído en el blog de Reich sobre la pérdida de recuerdos. Luego (casualidad) me he topado con un escrito de alguien mayor que yo que rememoraba su militancia política y cómo la había abandonado tras la victoria electoral socialista de 1982. Describía este hombre el ambiente festivo de la tarde noche madrileña del 28 de octubre. Era jueves (¿por qué las elecciones generales en jueves?) y Madrid, efectivamente, fue una fiesta hasta altas horas de la noche.

Yo estuve esa noche celebrando la victoria en la Plaza Mayor y en varios otros sitios del centro de la capital (incluyendo un acercamiento al Palace) en compañía de una chica de cuyo nombre no logro acordarme. Recuerdo perfectamente cómo era mi vida en aquella época, también "veo" (aunque algo borrosamente) el rostro y la figura de aquella chica, sé de qué la conocía, guardo las imágenes de los momentos que vivimos juntos durante los tres meses siguientes; pero no recuerdo su nombre.

Este olvido me molesta, me deja una sensación incómoda y también inquietante. Como si a partir de ese agujerito se fuera a ir descosiendo el tejido completo y el recuerdo se desvanezca. Y claro, cuánto más me esfuerzo menos me viene su nombre a la cabeza. Hace un rato llamé al amigo que en esa época me acompañaba con mucha frecuencia. Tampoco él se acuerda del nombre de aquella chica (en cierto aspecto: menos mal).

Ella trabajaba como auxiliar administrativa en un estudio de tres arquitectos afiliados hacía pocos años al PSOE (con la descarada intención de chupar del poder que ya se veía venir). Ella vivía en el Puente de Vallecas, se definía "socialista de cuatro generaciones" (su abuelo había muerto en la guerra defendiendo Madrid) y miraba con cierta condescendencia irónica a sus jefes. Tendría entonces más o menos la misma edad que yo, 23 años, pero no era, ni mucho menos, tan cría como yo.

¿Y quién era yo? Un chaval con la carrera recién terminada y que seis meses antes, a través de una amiga, había entrado a colaborar con ese estudio de arquitectos en la redacción del plan general de urbanismo de un municipio del área metropolitana madrileña. Era una época en que se reivindicaba el urbanismo desde la izquierda; de hecho, pese a que todavía gobernaba la UCD y todavía no estaba finalizado el montaje autonómico del Estado, el casi generalizado pacto de comunistas y socialistas había permitido que la mayoría de los municipios españoles fueran de izquierda. Y desde los ayuntamientos, muchas veces espoleados por pujantes asociaciones de vecinos (en las que desde el franquismo se habían infiltrado "peligrosos profesionales rojos"), se empezó a hacer de verdad política urbanística (todavía faltaba mucho para las Marbellas).

En esos días de octubre yo estaba aprendiendo a superar el dolor de una ruptura. Una novia que había durado lo que un embarazo y que me había dejado porque creyó que le tocaba uno de verdad (yo me entiendo). El nombre de esa chica sí lo recuerdo, como también recuerdo las historias surrealistas que viví mientras estuvimos juntos e incluso años después. En esos días de octubre lo único que podía hacer para no ahogarme en el sufrimiento del enamoramiento no correspondido (qué estúpido e infantil era entonces) era volcarme en el curre y en el momento político que se vivía (venía el "cambio"). Y lógicamente, en el refugio de aquel estudio, la compañía más atractiva era aquella chica cuyo nombre no recuerdo.

Fue ella la que me sugirió que saliéramos juntos esa tarde y nos fuéramos al centro a vivir "en directo" los resultados. Lo pasamos de maravilla; nos fuimos emborrachando progresivamente, tanto de vinos como del alborozo de tantos y tantos. Bailamos y cantamos a voz en grito, nos abrazamos con desconocidos, nos sentimos (pocas veces me he sentido así) parte de un grupo, del pueblo, de un conjunto de seres humanos fraternalmente unidos. Aunque suene tonto: nos sentíamos felices de una felicidad que era común, no individual.

Era ya muy tarde cuando cogimos en Cibeles un autobús nocturno. No hablamos nada, simplemente nos subimos juntos y nos sentamos en la última fila. Ya nos habíamos abrazado varias veces durante las horas previas, pero habían sido abrazos celebratorios. Ahora nos buscamos las bocas y nos besamos apretándonos cuerpo contra cuerpo; así hasta bajarnos en la parada más cercana a su casa, subir a una segunda planta, entrar en una vivienda pequeña, de un solo dormitorio y dejarnos caer, todavía abrazados, sobre la cama. Al día siguiente llegamos tarde a currar, muertos de sueño y yo sin haberme mudado de ropa.

Salimos juntos durante unos tres meses; íbamos al cine o a pasear y de copas por la zona de Huertas y solíamos acabar en su casa (yo todavía vivía con mis padres: me iría unos meses después), aunque rara vez me quedaba toda la noche. Nunca estuve enamorado de ella e imagino que ella tampoco de mí. Pero me parece que nos tuvimos cariño, que en esa época cada uno necesitaba del otro lo que obtenía: sexo muy tierno (así recuerdo esos polvos) y no demasiado ambicioso, compañía serena, ausencia de riesgos emotivos ...

Los primeros días del 83, en compañía de otra pareja amiga, pasamos unos días en una casa que su familia tenía en un pueblo semiabandonado de la provincia de Guadalajara, cerca de la central nuclear. Pocas veces he pasado más frío que entonces, especialmente cuando nos metíamos en las heladas camas, por más que intentáramos calentarlas con ladrillos puestos previamente en la chimenea. Lo pasamos muy bien y, sin embargo, creo que ambos notábamos que esa estancia invernal era una especie de cierre. Al volver a Madrid, poco a poco fuimos dejando de quedar, sin necesidad de darnos explicaciones. Al final de enero dejé el estudio de aquellos arquitectos y, lógicamente, dejé de verla. Poco tiempo después entró Ana en mi vida y esa ya es otra historia (de las fuertes).

Esta chica fue un regalo oportuno en mi vida, un intermedio dulce entre dos mujeres con las que las relaciones fueron intensas. Nos juntamos gracias a Felipe (¿quién nos iba a decir entonces ...?) y a nuestras circunstancias. No nos hicimos daños pero espero que sí nos diéramos mutuamente cosas buenas. Y sin embargo, no me acuerdo de su nombre. ¿Se acordará ella del mío?



Esta es la segunda zamba que pongo en el blog. Dudé si enlazar "Donde habita el olvido" de Sabina, pero quizás los textos de Drexler se acerquen más a la nostalgia tierna que me ha provocado escribir este post.

 
En el mar dormido me asalta tu recuerdo

Los acordes silenciosos del violín del horizonte
engañaban mis recuerdos, los volvían vaporosos.

Apenas quedaba tiempo, apenas quedaba nada.

Pero bastaba ese lapso de bruma de la mañana
ante las aguas dormidas, ante el mar que enamoraba,
para hablarte callado, para hundirme en tu mirada,
para besarte los labios, para tocarte la cara.

Las estrellas ya dormían, tus ojos lagrimeaban.

No eras tú, sino tu sombra, destellos de pasado
liberando con el sueño, el deseo de tus labios.

Apenas quedaba tiempo, apenas quedaba nada.

Y el beso quedó borrado al callarse el silencio,
al traer las olas viento, al volver el color
al aire, al recuperar su trono el tiempo ...
Y al mar le lloré porque te olvidaba, amor.

Se había acabado el tiempo, ya no quedaba nada.

Tus mil añicos fundidos en el rojo de sus rayos,
el sol matando mi sueño en la cubierta de un barco.


Escrito hace diez años (más o menos), viendo el amanecer, en un barco que me llevaba de Tenerife a Gran Canaria. Y para rememorar la explosión de colores del cielo no tengo a mano más que esta maravilla musical.

 
Empezar a practicar desde pequeñitas

Hoy he almorzado con una amiga que es madre de una niña y un niño, de tres y casi dos años respectivamente. Hablábamos de la pérdida o degradación de los vínculos en una pareja, comparando vivencias propias (ella está en trance de separación); de ahí pasamos a la desaparición (¿definitiva, temporal?) de la atracción sexual; luego directamente a temas de sexo. En esta materia la conversación fue derivando hacia las diferencias en la búsqueda-obtención del placer (del orgasmo) entre los hombres y las mujeres, conviniendo que, probablemente, las cosas debían ser bastante distintas según las edades (por cierto, mi amiga media la treintena; significativamente más joven que yo, vamos). Ella sostiene que toda mujer, salvo que no conozca su cuerpo (que no se masturbe), ha de saber guiar la relación sexual para obtener el máximo placer.

Y así, al referirnos a la masturbación femenina, me ha contado cómo su hija, desde hace unos seis meses, se ha convertido en una asidua practicante. Parece ser que el descubrimiento fue debido al roce del arnés del asiento infantil del coche. A partir de ahí, todos los días, especialmente antes de dormirse, se hace su pajita con la mayor naturalidad del mundo.

Por supuesto en esto de la naturalidad mucho han tenido que ver sus padres. Parece ser que los primeros días la niña estaba entusiasmada con su descubrimiento y, en cuanto no tenía las manos ocupadas, se dedicaba al asunto. Lo hacía delante de quien fuese, lo que enseguida supuso que la abuela se "escandalizara" y le dijera que eso no se hacía. Entonces, los padres hubieron de explicarle que eso no era nada malo pero que mejor no hacerlo delante de otras personas que no fueran ellos.

El caso es que, con el pasar de los días, ha empezado a integrar la práctica en su cotidianeidad y a ir enriqueciéndola. Le gusta masturbarse cuando han acabado los jaleos del día y no hay "obligaciones" por delante. Así, poco antes de que sea el momento de "niños a la cama", la muchachita se acurruca con sus padres y les va pidiendo que le hagan cariñitos, especificando con absoluta precisión dónde y cómo quiere cada caricia. Para su madre, está clarísimo que lo que hace es irse calentando, recrearse con los preliminares tan importantes en una relación sexual adulta. Luego es llevada a la cama y sigue los jueguecitos con alguno de los padres, hasta un momento en que ella misma le dice al progenitor de turno: ¡váyate ya! La fase final de la masturbación, consistente en el frotamiento y presión de la mano completa (no el dedo) sobre el clítoris la prefiere hacer a solas.

Parece ser que, según las consultas pediátricas, el descubrimiento de la autoprovocación del placer sexual a tan temprana edad no es algo anómalo. También parece que lo más frecuente es que la afición se le pase en poco tiempo, para volver a recuperarla en la preadolescencia. Yo no tengo ni idea, porque nunca he sido niña ni supe nada de esta parte de la vida de mis hermanas ni he tenido hijas. Quizás por esta ignorancia personal, no ha dejado de sorprenderme lo que me ha contado mi amiga, quien está segura de que su hija, cuando le toque, será una mujer que sabrá disfrutar de las relaciones sexuales. Así sea.


En estos días estoy especialmente sensible auditivamente; de ahí que me apetezca subir canciones, vengan o no vengan demasiado a cuento. Dado el tema de este post, la canción que enlazo de Bebe resulta bastante obvia, además de conocida por reciente. Seguro que el otro archivo de audio (no es una canción) es menos conocido, pero pensé que había que compensar con el lado masculino (y además me resulta divertido lo que dice Facundo).

 
Postergadas apostillas postreras al pastoso post pasado

No estoy convencido del todo, pero quizás no debería haber escrito el post anterior. En todo caso, lo que en ese post está escrito ya había sido oído por la persona que es su destinataria. El post, además, no da todos los datos, no concreta los detalles de lo que pasó, aunque imagino que no son muy necesarios. Aun así, en la medida en que el incidente que lo motiva afecta a las emociones y sentimientos de una persona que accede a mi blog, quizás no debería haberlo escrito.

Sin embargo, este blog lo escribo principalmente para mí mismo; para dejar constancia de las cosas que vivo, para verlas un poco "desde fuera". Por eso, no escribir sobre lo que ocurrió ayer habría sido una especie de traición a mí mismo. Hoy he intuido que la publicación de este post puede no haber agradado a quien lo ha motivado. Si es así, discúlpame; pero sé que sabes que no quiero hacerte ningún daño.

También hoy me han dicho que el post era muy duro. Parece ser que el haberme apenado en vez de cabreado resulta mucho más duro. Parece ser que, cuando metemos la pata, esperemos que se enfaden con nosotros y ansiamos esa reprimenda como forma de expiar nuestra conciencia de culpa; sí, me he portado mal, pero ya estoy en paz porque me he llevado la bronca que me merecía. Puede que sea así, pero eso es muestra de un comportamiento infantil y, aunque sea poco inteligente por mi parte, no quiero jugar a esos juegos.

De todas formas, es verdad que tampoco me parece grave lo que ha ocurrido y no creo que haya que darle muchas vueltas. Más grave me parecería no aprovecharlo para madurar en el conocimiento propio y mutuo, y eso es incompatible con concesiones infantiles.

Y como apostilla final algo que no dije en el post y que es de justicia decir. Has sido valiente no callándote, máxime cuando era tan fácil callarte y con casi toda seguridad yo nunca me habría dado cuenta. Y sé que lo has afrontado porque eres buena (y se te habría dado fatal mantener el disimulo) y también porque me quieres. Y por eso (es el "cierto aspecto" al que me refería veladamente en el post anterior) no sólo no he dejado de amarte sino al contrario.

Y basta del tema y oigamos una canción fantástica. Me había olvidado que tenía un recopilatorio con los mejores temas de los Kinks. Aquí va el temazo que Ray Davies le compuso a Lola y que oía a mis diecisiete años en primero de carrera. Por cierto, la protagonista del post anterior y de estas apostillas no se llama Lola. Y, más por cierto, la Lola de la canción resulta que es un travesti y yo me entero ahora (eso me pasa por no haber tratado de entender la letra en su momento: ayyy el inglés).


 
Confianza e intimidad

Dice Bucay que uno de los ingredientes imprescindibles en toda relación íntima es la confianza; los otros dos son el amor y la atracción. De esas tres "patas" quizás la confianza sea la más frágil: es tan fácil perderla. Por eso deberíamos ser muy cuidadosos con cualquier comportamiento que pueda erosionar la confianza del otro en nosotros. Porque además (como también dice Bucay) el sentir o no confianza en el otro (como el sentir amor o atracción) no depende de uno, es ajeno a su voluntad. O sea, que yo no puedo hacer apenas nada para recuperar la confianza en ti; tú, sin embargo, sí puedes.

Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio; son palabras de Serrat que suscribo y, en este caso, significarían que es inútil sentirse culpable por haber metido la pata. Ojalá que no hubiera ocurrido, pero ha ocurrido y lo cierto es que la confianza se ha debilitado. ¿Qué va a pasar ahora? No lo sé. Sólo puedo decir que cada uno habrá de aprender de lo ocurrido. Y dejar que el tiempo vaya pasando y evitar actuar de modo tal que lo que, en el fondo, no es sino un incidente menor, erosione más cosas de las que debería. Se me ocurre que si la confianza se resiente, no necesariamente (al menos no enseguida) han de resentirse la atracción y el amor.

Todos somos distintos y, aunque mantengamos un vínculo íntimo, siempre, en mayor o menor grado, guardamos una parcela de nuestra individualidad. No se trata de que quiera ocultártela, sino de que quiero ser yo quien decida cuándo y cómo mostrártela. De otra parte, a medida que la confianza entre dos aumenta, más se abren el uno al otro, más están dispuestos a desnudarse. Uno se expone y queda vulnerable ante el otro (y viceversa) pero, al mismo tiempo, es la forma de vivir una relación auténtica (de ser yo auténtico). Desde luego que sé que no quieres hacerme daño; en ese aspecto mi confianza no ha sido mermada. Pero, al querer entrar donde no habías sido invitada, has violentado algo la naturalidad con que me sentía ante ti.

Sabes que lo mismo que has hecho lo he hecho yo (en bastante mayor grado) con mi ex-mujer. También lo hizo ella conmigo. Así que no voy a ser tan hipócrita de escandalizarme ni tampoco a darle más importancia de la que tiene. Caíste en una tentación fácil, sin darle más vueltas. Lo hiciste motivada por tus miedos, por tus necesidades, por celos ... por cualesquiera de esos sentimientos que vienen en la "ensalada" de la mayoría de las relaciones de pareja y que confundimos con el amor (cuando son aditivos al mismo). Así que, por favor, no le des más vueltas al asunto.

Me has dicho que no te parecía que te perdonara. Es que no siento que tenga nada que perdonarte. Entiendo muy bien por qué lo hiciste; no me siento agraviado (para perdonarte). Siento, eso sí, pena por el hecho de que haya ocurrido; porque soy consciente (no puedo evitarlo) de que esto es un paso atrás en la evolución de mi confianza. Pero nada más. No pienso que han sido desvelados mis secretos inconfesables, ni que nada de lo que hayas podido descubrir sea vergonzoso o contrario a mis ideas (que conoces). No he dejado de amarte (en un cierto aspecto te diría que casi al contrario) ni has dejado de atraerme. Así que, por mi parte, no siento que tenga nada que hacer, salvo tratar de hacer (de que hagamos) como si nada hubiese pasado.

Por tu parte, en cambio, sí quizás deberías meditar si esos otros sentimientos que van con tu amor son tan importantes para ti; porque a lo peor hay cosas que no puedo darte.


El amor no es una condena (rompamos todas las cadenas); pero estate segura de que puedes contar conmigo.

 
Azar mágico

Esta mañana he asistido a una reunión de trabajo. Nada distinta a tantas otras que a lo largo de ya demasiados años he vivido. Y sin embargo, al acabar, a raíz del comentario de un chaval joven que lleva poco tiempo trabajando con nosotros, me he dado cuenta de que he cambiado; también de que los demás me perciben de otra forma. Pero lo más curioso es que veo el panorama con una absoluta indiferencia, como si no fuera conmigo; seguramente ese es el cambio que más me impresiona. Pero tengo que pensar sobre lo ocurrido y sobre las sensaciones e ideas que me ha suscitado; así que, en vez de hablar de esa reunión, contaré algo más reciente, de hace apenas cuatro horas.

Pues érase que estaba yo sufriendo en el gimnasio (aunque reconozco que me sienta bien) y con mi i-pod a toda máquina. En esta semana lo he puesto siempre en aleatorio; es decir que va reproduciendo al azar una cualquiera de las casi mil canciones que tengo grabadas. Pues bien, todas las veces que estoy en el gimnasio sigo la misma rutina: primero corro en la cinta, luego pesas, luego estiramientos y acabo echándome unos diez minutos y procurando respirar y desconectarme. El caso es que tenía la vaga sensación de que la música que sonaba parecía acompañar adecuadamente al tipo de ejercicio que hacía en cada momento; hoy quise verificar esa impresión.

Y me he quedado alucinado. Mientras corría en la cinta han sonado Up! (Shania Twain), Rock and Roll Musisc (Beatles), Pulled Up (Talking Heads), Dressed for Success (Roxette), Jones Crusher (Frank Zappa) y Saturday Night's Alright (The Who); es decir, todas canciones bastante marchosas (sobre todo con el volumen a tope) y, además, sucediéndose en orden creciente como si la música fuera ajustándose al incremento de la velocidad de la cinta (desde luego se corre mejor así).

Durante el tiempo de las pesas ha habido un poco de todo: varias de Dylan, otra de Amaral, Demasiado Corazón de Willy Deville, una de los Rolling y la genial 7 seconds de Neneh Cherry con Youssou N'Dour. Digamos que en general movidillas pero no tanto como mientras corría, más cambio de estilos y de ritmos ... como había cambios de aparatos y de grupo muscular.

En los estiramientos va y me suena la Overture (instrumental) de Tommy de los Who que me pareció que ni a propósito mientras me flexionaba tratando de agarrarme los pies. Completé esta parte con Madness de Marlango, quizás no tan ajustada pero tampoco puede decirse que no fuera adecuada para esos ejercicios.

Pero el summun fue lo que ocurrió durante la relajación. Mientras empezaba a concentrarme en la respiración apareció la voz tranquila de Aute con nada más que un piano cantando Volver a Verte; a continuación, cuando ya estaba casi dejando mis pensamientos en el stand-by tan perseguido, oigo entre brumas la espléndida voz de Norah Jones (otro piano) cantando Don't miss you at all; y para acabar mi ratito de desconexión (los diez minutos los aproximo con tres canciones) me llega otra mujer, la argentina Sandra Mihanovich y la maravillosa "Te Quiero" (poema de Benedetti), nuevamente (y van tres seguidas) sólo voz y piano.

Habrá quien no me crea, pero aquí estoy dándole al i-pod hacia atrás y comprobando que éstos, efectivamente, han sido los temas que "aleatoriamente" me han acompañado los 80 minutos de gimnasio de esta tarde. Si los hubiera programado no habría conseguido acertar tanto como el azar. ¿Será que habremos de dejar que sea él quien tome las decisiones?


PS: Aquí pongo la última canción que sonó; es una versión distinta de la que tengo en el i-pod: a dos voces y alguito más llena de instrumentación, pero sigue siendo fantástica. Espero que una argentina que vive en Nueva York disfrute oyéndola.

 
Estamos huecos y vibramos

Hay muchas muchas cosas que no te enseñan en el colegio y, sin embargo, son bastante básicas. Por ejemplo, me pongo a recordar la física y la química de los últimos años del bachillerato y me da la impresión de que no pasaba del esquema de Newton. A lo mejor es que la relatividad y la física cuántica eran muy difíciles para críos de 16 años, pero al menos podían haber insinuado algunos fundamentos mínimos; pues no.

Todos somos materia; la materia está hecha de átomos; los átomos consisten en un núcleo más o menos compacto de protones y neutrones y unos electrones dando vueltas en órbitas o bien formando una nube difusa. Hasta ahí.

5Los electrones van a toda hostia; parece que dan siete mil billones (7.000.000.000.000.000 = 7x1015) revoluciones por segundo. A esa increíble velocidad casi puede decirse que cada electrón está simultáneamente en todos los puntos de su órbita. Tienen que ir a esa leche para generar la suficiente fuerza centrífuga que contrarreste la también fortísima fuerza de atracción eléctrica del núcleo (los protones tienen carga positiva, los electrones negativa).

Los protones y neutrones son de tamaño más o menos parecido; un protón tiene una masa de 1,6726x10–27 kg. ¿Verdad que no es fácil hacerse una idea? Pues (si no me he equivocado con el Excel) eso equivale a que para tener un gramito de protones habría que juntar 597.871.577.185.221.000.000.000 de ellos; es decir, casi seiscientos mil trillones de neutrones. ¿Y qué coño de cantidad es esa? Es imposible atisbar esas dimensiones tan ínfimas.

Pero eso no es nada, porque siendo tan pequeñajo, el protón (y el neutrón) es un gigante al lado del electrón. La masa de este es 1.836 veces más pequeña que la del neutrón (ni intentemos expresarla en kilos o calcular cuántos electrones hay en un gramo). Esta proporción implica que el 99,97% de la masa del átomo está en el núcleo (entre los protones y los neutrones); vamos que los electrones son, en cuanto a participación en nuestras unidades elementales de materia, prácticamente irrelevantes.

5Y ahora vamos a las dimensiones métricas y, como no todos los átomos son iguales, escojamos el más sencillito, el hidrógeno. El diámetro de la órbita del electrón en nivel inferior de energía es de 0,1058 nanómetros; redondeando: necesitaríamos diez mil millones de átomos de hidrógeno puestos pegaditos uno a otro para cubrir la distancia de un metro. Otra vez parecen dimensiones mínimas y, sin embargo, el diámetro del núcleo es unas 100.000 veces menor. En fin, como es imposible hacerse una idea en la escala de las dimensiones atómicas, pongo el ejemplo de Wikipedia que es el mejor que he encontrado: si un átomo tuviese el tamaño de un estadio, el núcleo sería del tamaño de una canica colocada en el centro, y los electrones, como partículas de polvo agitadas por el viento alrededor de los asientos.

Pues sí, es alucinante. Cada una de las mínimas piezas de que estamos compuestos (y el nosotros incluye toda la materia) es un volumen ocupado sólo en su centésimomilésima parte (¿se dice así?); es decir, prácticamente vacío. Pero, para colmo, los átomos se agrupan en moléculas dejando también enormes espacios vacíos ... y así sucesivamente. En resumen que estamos hechos fundamentalmente de vacío que vibra a toda velocidad (las nubecillas de electrones).

Y el vacío ... ¿qué es? El escenario de las fuerzas subatómicas (y eso exige intentar entender algo de física de partículas: imposible). Ese espacio no es materia (no hay masa), pero es necesario para que exista la materia, para que se mantengan unidas nuestras ínfimas piezas vibrantes. Y a partir de aquí metemos a la energía en juego y luego al tiempo (perdiendo su carácter absoluto) ... La leche.

Trataré de rellenar mis enormes lagunas poco a poco. Pero mientras tanto no puedo evitar imaginarme como un gruyere vibrando a toda velocidad para no disgregarme en la nada. Repito: alucinante

 
Lilith

Tras leer el post de hoy de Marguerite sobre mitología egipcia, me ha apetecido rondar yo también esos lares; así que he ido a rebuscar en viejas carpetas informáticas, de cuando me dio por leer y escribir sobre tales asuntos. Encuentro así la historia de Lilith que no me resisto a pasar a este blog.

Como es sabido, Dios creó al hombre en el sexto día de la creación, haciéndole dueño de la tierra y de todo lo que ésta contenía. Adán empezó a dar nombre a los animales, que es forma primigenia de tomar posesión. Los animales desfilaban ante Adán sometiéndosele, siempre en parejas de macho y hembra. Adán, en su unicidad, sintió celos de ellos y, tras intentar sin suficiente éxito de explorar las posibilidades de acoplamiento con la mayoría de las hembras animales, rogó a Dios que le diera una compañera.

Dios entonces formó a Lilith. Y lo hizo de la misma manera que había hecho con Adan, es decir, modelándola a partir del polvo terrenal e insuflándole la vida. El caso es que, una vez juntos, la relación de pareja no fue demasiado bien, ya que Lilith no resultó lo sumisa que Adán deseaba. Los mosqueos eran especialmente importantes a la hora del triqui-triqui, porque Adán se empeñaba en montarse sobre ella y Lilith se negaba; la chica opinaba que, al estar hecha de la misma materia que el hombre, era su igual y no debía estar debajo. El Adán del mito no debía gustar mucho de la negociación ni tampoco tendría ganas de experimentar nuevas posturas, así que, aprovechando que era más fuerte que su compañera, la forzó a ponerse debajo y santas pascuas. Lilith, indignada, se rebeló, tanto contra Adán como contra Dios a quien debía considerar bastante parcial en favor de su compañero (y no le faltaba razón). Así que reveló en voz alta el nombre mágico de Dios (Dios es el innombrable en la religión judía) y, aprovechando sus poderes mágicos, se escapó volando de Adán.

Adán se quedó muy jodido: su juguete se le había escapado y volvía a estar solo. En vez de ir a buscarla y pedirle perdón (algo que no encajaría con la línea ideológica del mito), llamó a Dios y le reclamó que interviniera. Dios (para eso estamos) envió tres ángeles a buscarla y éstos la encontraron junto al Mar Rojo, una región plagadita de demonios lascivos. Allí estaba la Lilith retozando como loca con los demonios, beneficiándose diariamente a más de un centenar (parece un poco exagerado, pero ...). Y además, se dedicaba a parir hijitos, que se llaman Lilim y que han seguido existiendo durante toda la historia. Los tres ángeles la amenazaron de muerte si no volvía, pero ella, tras explicarles que carecía de sentido que después de su estancia en el Mar Rojo volviera a vivir como Adán en plan de sumisa ama de casa, les devolvió la pelota con otra amenaza: si la mataban, sus descendientes asesinarían a los hijos varones de los hombres por toda la eternidad. La circuncisión judía está relacionada con esta amenaza: con tal ritual se protege a los bebés del poder de Lilith mediante la invocación de los tres ángeles que pactaron con ella.

Así que Adán se tuvo que fastidiar, al menos hasta que Dios le hizo a Eva. Esta vez, escarmentado, la formó a partir de la costilla del hombre, para que estuviera sometida a él y no le saliera respondona.

El mito, tal como lo he resumido, no está en la Biblia. De hecho, al hablar de la creación hay dos versiones ligeramente diferentes en Génesis 1 y 2. En Gen 1, 26-27 dice que Dios creó al hombre macho y hembra, pareciendo que los hizo a la vez, ambos a su imagen y semejanza, ambos para mandar sobre toda la tierra. En Gen 2,18-25 se cuenta la creación de Eva a partir de la costilla de Adán. Y cuando Adán despierta de su sueño y conoce a Eva dice: “ésta vez sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne ...” Parece que hubiera habido una vez anterior en la que la compañera no era hueso de sus huesos y carne de su carne. El caso es que parece que de estas divergencias nace el mito de Lilith.

Cuando digo que el mito no está en la Biblia me refiero a que no aparece contado como un relato; sin embargo, sí aparecen menciones a Lilith, así como a diversos demonios que son parientes suyos; lo que pasa, es que sólo con la Biblia no se puede entender de dónde salen. En el Talmud tampoco hay una narración del mito, pero el nombre de Lilith es el de los demonios hembras, y se usa profusamente. En todo caso, la historia forma parte de la mitología judía y puede encontrarse en el libro de Robert Graves sobre los mitos hebreos (creo que lo escribió en colaboración, ahora no lo tengo a mano).

De otra parte, hay quien sostiene que ese mito no está incluido en ninguna fuente hebrea ni en la tradición rabínica, sino que tiene su origen en la literatura mística judía, concretamente, en el "Alfabeto de Ben Sira" del siglo X, de donde pasa al Zohar y a otros textos de la tradición hebrea. Parece que este libro es una especie de reinvención de historias bíblicas, tratando a los personajes sagrados de forma irreverente y blasfema. No se conoce su autor ni tampoco las motivaciones que tuvo al escribirlo. En cualquier caso, parece que fue aceptado por bastantes comunidades judías, especialmente centroeuropeas, lo que explicaría la gran profusión entre ellos de amuletos anti-Lilith para proteger a los recien nacidos. Por cierto, esta Lilith de origen medieval proviene, a su vez, de un demonio femenino (un súcubo) del panteón sumerio-babilónico.

De cualquier modo, la historieta de Lilith tal como la he contado ha sido muy divulgada, especialmente en el mundo occidental y se asocia en esos términos con la cultura religiosa judía y, especialmente, como explicación de la actitud profundamente antifeminista de las doctrinas rabínicas. Como siempre, la veracidad no es muy relevante en cuanto al éxito de público; y Lilith ha tenido su cuota propia (símbolo feminista, vampirismo, magia, etc). Estamos en el mundo de la magia y de la poesía tan sugerente en sí mismo como para obsesionarse por rigores eruditos.

 
Por si te roban el móvil

Desde que se ha popularizado el correo electrónico, consultar el buzón (o los buzones) se ha convertido en una tarea que ocupa diariamente un buen ratillo. Naturalmente, está el problema del spam, pero de momento lo tengo bastante controlado. Hace un tiempo leí que, para contribuir a reducir el spam, al reenviar un correo deben borrarse las direcciones previas que vienen en el mensaje recibido. Ciertamente esto es algo que poca gente hace, a la vista de la cantidad de direcciones de correo que me llegan en muchos mensajes. Comprobarlo me hace pensar en la enormidad de la red que se va formando a ritmo exponencial, ligando mi cuenta de correo con muchísimas otras de personas de quienes nada conozco.

En todo caso, para mí y de momento, las ventajas del correo electrónico superan con creces sus inconvenientes. Aparte de las obvias de haber permitido un contacto casi inmediato y muy directo entre personas, también está la de convertirse en una fuente de sorpresas, cuando te llegan mensajes realmente interesantes, divertidos, útiles, etc. Tengo una "corresponsal" que casi todos los días me envía una media de 10 correos, la mayoría de ellos dignos de ser calificados con buena nota (según mis personales criterios, claro). Teniendo en cuenta la cantidad de chorradas que circulan, esta amiga tiene que dedicar un buen tiempo diario a labores de selección, aparte de ser un potente nodo receptor (y reemisor) en esa red virtual de cuentas de correo. Además, debe ser uno de los nodos que se activa antes en el tiempo, porque la mayoría de sus mensajes me resultan novedosos (días después suelen volverme a llegar desde personas que, obviamente, se corresponden con nodos secundarios de esa red virtual).

Bueno, todo este rollo previo no es más que para dar apariencia de reflexivo al post este (vana pretensión, lo sé, pero uno es como es). Lo único que quería hacer era transcribir uno de los mensajes recibidos ayer de esta amiga que da una información potencialmente útil sobre los móviles. Lo he comprobado en mi aparato y funciona. Supongo que muchos de quienes la lean ya la conocerán (no estoy precisamente muy puesto en novedades en esta materia), pero también imagino que habrá alguien a quien le sirva. Ahí va:

Los comerciantes de móviles mantienen oculta esta información para que el ladrón siga utilizando el servicio y consumiendo, y a su vez la víctima del robo compre otro teléfono y siga consumiendo también.

Necesitas obtener el número de serie de tu equipo. Para obtener el número de serie marca *#06# y sin más, en el visor aparece un código. Este código, único en todo el mundo, es el número de serie de tu equipo.

Toma nota del mismo y consérvalo en un lugar seguro. Si te roban el móvil, avisa al operador de tu compañía y dale este código. Esto va a permitir que el móvil sea bloqueado completamente, aunque el ladrón cambie la tarjeta SIM.

Probablemente no recuperes tu móvil... pero por lo menos vas a tener la seguridad de que quien lo haya robado no va a poder utilizarlo nunca.

LO MÁS IMPORTANTE de esto es que si toda la gente conociera este truquito, el robo de móviles seria inútil. Así que reenvíalo a todos tus conocidos.

¡Y no olvides anotar tu número de serie en un lugar seguro!


 
Nubes negras, cielos despejados

Acabo de hablar contigo por teléfono y me he levantado del sillón con un montoncito de nubes negras alrededor, en pocas palabras, echando humo. Seguía con esta indefinida sensación de malestar así que me preparé un colacao y un par de tostadas y empecé a preguntarme su por qué. Está claro que es una reacción a lo que me contestaste cuando te pregunté por el asunto ese de tu trabajo: que era un rollo y en esos momentos no te apetecía contármelo. Y eso me dolió y cuando algo me duele, más por inesperado que por importante, noto cómo me cierro en mí misma. Me siento tratada injustamente, que mis buenas intenciones son menospreciadas, y desciendo vertiginosamente a un túnel de piedra: el silencio. El túnel se va ensanchando cada vez más y la distancia que me separa de las paredes de la gruta equivale a mi incapacidad de hablar en ese momento. Sólo unas buenas preguntas a tiempo me devuelven a la superficie, y con ellas, la capacidad de expresarme y decir lo que siento. Tengo que decir que hasta ahora siempre lo has logrado.

A pesar de que yo desee que tú me preguntes sobre mi trabajo (lo perciba como una muestra de interés hacia mí por tu parte) y sienta la necesidad de contarte y compartir contigo las cosas que me pasan durante muchas horas del día, no tengo que pensar (y aquí viene mi reflexión sobre tus ideas) que tú necesitas lo mismo que yo. Es más, ya ha pasado más de una vez, te he preguntado sobre tu trabajo y tu respuesta ha sido parecida a la de hoy. Será cuestión de cabezonería? ¿Tan difícil me es reconocer que tú no necesitas lo mismo que yo y que yo puedo actuar de una forma pero que tú no tienes que hacer lo mismo, porque, simplemente, somos diferentes?




La mayoría de las veces los conflictos de comunicación entre personas, incluso entre las que se quieren, obedecen más a la forma en que se transmite el mensaje que al estricto contenido del mismo. A mí me pierden las formas, y eso no es nuevo. Aunque creo que he mejorado mucho en ese aspecto (no puedes imaginarte cómo era de joven) me queda mucho por andar. Al menos pienso que lo que sí he comprendido es la inutilidad del desprecio a las "contemplaciones" con la excusa de una honestidad mal entendida; porque, en el fondo, revela arrogancia y poca bondad (me resisto a calificarlo de maldad), máxime cuando a uno le consta que en el otro (la otra) sólo hay buena intención y empatía. En mi caso, sin embargo, predomina la impaciencia, que es mi defecto capital, y que cuando se dispara incrementa las probabilidades de respuestas con poco tacto. Naturalmente, el cansancio mental (tras un día de trabajo intenso, por ejemplo) hace que sea más fácil que la impaciencia asome, ya que no estoy lo suficientemente atento a reprimirla.

Así que perdón (de verdad) por haberte dado una contestación que, como bien dices, te resulto inesperadamente cortante. Ciertamente, no me apetecía contarte en esos momentos el asunto laboral; porque no quería volver a poner mi mente en ese tema y porque tampoco me apetecía elaborar la necesaria síntesis que exigía esa conversación telefónica. Pero podía haberte dado ese mensaje de forma que no aparecieran tus nubecillas negras.

En cuanto a tus preguntas finales, no por retóricas voy a dejar de contestártelas. No creo que sea cuestión de cabezonería; simplemente tú (como yo y supongo que casi como todos) actuamos en gran medida dejándonos llevar por nuestros hábitos de comportamiento. Cambiarlos, suponiendo que creamos que debemos hacerlo (y eso es obviamente una decisión de cada uno) requiere esfuerzo y constancia, hasta que, poco a poco, el hábito se va disolviendo. Y tampoco creo que te sea muy difícil reconocer que tú y yo (y cualquier otro) necesitamos cosas distintas. Lo que pasa es que una cosa es reconocerlo desde la razón (relativamente fácil) y otro interiorizarlo. Si de verdad alcanzáramos este segundo nivel, seguramente nos sería mucho más fácil no sentirnos negativamente afectados cuando el otro no actúa como nosotros lo habríamos hecho. Pero, efectivamente, tendemos con mucha frecuencia a valorar e (implícitamente) a juzgar el comportamiento de los demás desde nuestros parámetros (lo que nosotros habríamos hecho) y, lo que es más peligroso, tendemos a extrapolar conclusiones a partir de esas premisas erróneas.

A mí me parece fantástico que te apetezca contarme cosas de tu trabajo y me interesan en la medida en que te afectan; aunque reconozco que mucho menos en cuanto a su contenido propio (lo cual es lógico). También me parece estupendo que te apetezca saber cosas de mi curre y tiendo a pensar que es por la misma razón que me ocurre a mí con las del tuyo: porque me afectan y no tanto porque mi materia laboral te interese en sí misma. Pero, en cambio, no me gustaría (ya sé que no es el caso) que me preguntaras porque entiendes que has de manifestar tu interés como prueba de que me quieres o como contrapartida (o reclamo) de que yo haga (o deje de hacer) lo mismo. A eso me refería con las extrapolaciones peligrosas.

En todo caso, me encanta que, pese a las nubes negras y los túneles anchos, seas capaz de decir lo que sientes. No hay peor opción que el silencio; sólo vale para que se pudra el conflicto y crezca como una bola, no de nieve, sino de futuros rencores. Y de eso ya sabes que tengo un master. Así que perdona nuevamente y un beso muy grande. Te deseo un cielo despejado y luminoso, a ser posible pintado por Velázquez.


 
Los buscadores y mi blog

Hace bastante tiempo puse en este blog el contador de statcounter, pero hasta esta tarde no había investigado un poquillo las utilidades que ofrece la página web. Entre ellas está la de saber cómo han llegado al blog los últimos visitantes, bastante útil (imagino) para desarrollar estrategias que incrementen los accesos (ya me lo plantearé cuando empiece a vender on-line a través del blog). Pues como es natural unos cuantos de mis visitantes recientes han llegado hasta aquí tras búsquedas en buscadores de internet. Lo curioso es lo que buscaban; muestro algunos ejemplos de hoy mismo.

A un madrileño se le ocurre teclear "heterosexual" en el buscador de Yahoo! y obtiene la modesta cantidad de 6.460.000 resultados. Lo curioso es que mi post "Orientación Sexual / Aversión Sexual" aparece en el puesto 52. Si Yahoo ordena por relevancia, no sé cómo ha podido decidir que estoy en el primer 0,0008%. Como en ese post la palabra "heterosexual" (o derivadas) se repite hasta 10 veces, deduzco que eso cuenta. Conclusión, seleccionar términos muy buscados en internet (obviamente habrán de ser de sexo) y repetirlos el mayor número de veces posible en cada post.

Otro buscó en etikedo.com, que deduzco que es el buscador de los blogs de ya.com a partir de las etiquetas que se ponen (últimamente me estoy olvidando de ponerlas) al publicar el post. Pues esta persona tecleó desenamoramiento y sólo salió mi post de "Una Casada Infiel". No puedo creer que entre todos los blogs de ya.com no haya ninguno que haya mencionado el desenamoramiento (la única explicación en que no han optado por esa etiqueta). En cambio, un argentino/a buscó también en etikedo.com el término "infidelidad" y le salieron 23 posts de blogs de Ya.com; parece que se etiquetan más infidelidades que desenamoramientos. Pero atención, nuevamente el post de la casada infiel aparece en los primeros puestos (el 4º) y logro meter otro en el ranking: en un discreto decimosexto puesto mi post "Una infidelidad ocasional".

Un cuaro visitante buscaba en Google "recalificación urbanística" y "plusvalía" y mi post "Corrupción urbanística (y, ya de paso, el problema de la vivienda)" como la cuarta entrada en la primera página de 198. Coño, ahora sí que me he quedado asombrado con el grado de relevancia. ¿Será posible que en un tema tan "de moda" como ese no haya páginas mucho más relevantes? Por cierto, llegar a esa primera página de Google me ha permitido descubrir un blog de un arquitecto que trata temas de urbanismo y vivienda; aprovecharé para visitarlo que tiene buena pinta.

También en Google alguien buscó "criadas" y se encontró con mi post del mismo título, que no es otra cosa que la transcripción de unos párrafos de las Memorias de Sandor Marai. De unos 3.250.000 resultados, ese post aparece en 6º lugar (alucinante) y delante sólo tiene referencias a la obra homónima de Jean Genet (¡qué honor!) y -por supuesto- a una página que ofrece fotos porno gratis de criadas.

También he encontrado algunas trampillas de Google. Así, un mexicano/a buscaba "la diferencia de edad acabó con nuestra relación" y Google le envía a mi blog como decimocuarta opción (entre unas 8.550.000 posibilidades). Me quedé extrañado porque no recordaba haber escrito nunca sobre ninguna diferencia de edad culpable del fin de alguna relación. La explicación es que Google combina dos posts míos. En uno (El sexo en mi crisis de pareja) aparece "nuestra relación" y en otro (Adela) aparece "diferencia de edad". No creo que le valieran de mucho los resultados a mi visitante.

Pero ya para acabar (no es cuestión de alargarse demasiado con estas tonterías) la búsqueda más alucinante. Uno que a través del buscador de msn.es quiere información sobre "comecocos con vidas infinitas". Y el caso es que el décimo de 40 resultados es mi blog combinando tres posts cada uno de ellos con una de las tres siguientes palabras: "con" (ésta tiene que aparecer en casi todos los posts), "infinitas" y "vidas". Lamentablemente este visitante no pudo encontrar "comecocos" en ninguno de mis artículos.

En fin, que no deja de tener gracia esto de enterarse de lo que venían buscando algunos que llegan hasta aquí.

 
¿Un hijoputa que parezca buena persona o una buena persona que parezca un hijoputa?

Ayer fui al teatro a ver "El Método Grönholm". Ya sé que no es precisamente una novedad (tengo entendido que la versión castellana se estrenó en Madrid en otoño de 2004 y la original catalana anteriormente), pero es lo que pasa por vivir en provincias. De hecho, había visto hacia finales de 2005 la versión cinematográfica, que me gustó, pero más me ha gustado esta teatral. Plena de comicidad que es exprimida por muy buenas actuaciones, pese a lo cual deja el regusto amargo de la reflexión. Un allegro ma non troppo, por remedar el título de uno de mis libros favoritos.

El argumento (imagino que ya muy conocido) se centra en una sesión de selección de personal; hay cuatro candidatos que optan a un puesto directivo en una multinacional sueca (descarada alusión a IKEA). A lo largo de la obra se van enfrentando a extrañas "pruebas" hasta el resultado final al que sigue el post-final, una pirueta narrativa original y sorprendente. Hay una frase en esos últimos momentos que le dice Cristina Marcos a Carlos Hipólito: "Buscamos a un hijoputa que parezca buena persona, no a una buena persona que parezca un hijoputa". Con la exageración propia de la caricatura, expresa certeramente lo que podría ser el criterio principal de la selección de personal de cualquier empresa agresivamente competitiva.

El título de hijoputa, en el contexto de la obra, le correspondería a alguien carente de los sentimientos que solemos llamar "de humanidad" y que ha interiorizado como únicas motivaciones vitales las reglas del capitalismo depredador. Así, sólo le interesarían los signos de esa "carrera por eliminación": el dinero, el prestigio social, el poder, etc. Siempre en el marco de la caricatura, las personas así serían frías, despiadadas, faltas de amigos pero sobradas de relaciones útiles ... Y me restrinjo a la caricatura porque me cuesta creer que haya muchos de estos individuos, aunque sí hay muchos que "parecen" hijoputas.

Porque es verdad que, en según que entornos, es conveniente parecer un hijoputa, al margen de que sea más o menos buena persona. El sistema productivo es, en los términos señalados, claramente hijoputa y, por tanto, los que mejor encajan en él optimizando su eficiencia son los hijoputas. Pero me parece que, salvo bichos raros con algún cortocircuito neuronal, convertirse de verdad en un hijoputa conlleva excesivos costes en la felicidad personal. Tiene que haber un momento en la vida de cualquiera en el que se de cuenta de que está corriendo sin ningún destino (salvo el común a todos), en que la ¿conciencia? le explote en insatisfacción (o en depresión).

O quizás no lo haya. Quizás haya personas que son capaces de progresar toda su vida como hijoputas sin vivir nunca una "crisis existencial". Si es así, mejor para ellos (aunque no sepan lo que dejan de vivir). Los que gustan de la "justicia cósmica" pensaran que la vida (o Dios) ha de cobrarles su actitud; y si no, siempre queda creer en el karma y esperar sucesivas reencarnaciones.

Y si me parece difícil que haya muchos verdaderos hijoputas, también lo es, aunque menos, vivir siendo buena persona y pareciendo un hijoputa. En el fondo, pese a la declaración de Cristina Marcos, ese es el peaje mínimo que piden para ser "ejecutivo agresivo"; es decir, puedes ser un tío estupendo y muy humano pero te disfrazas de hijoputa en el curre. Lo que pasa, me parece, es que mantener el disfraz tantas horas al día exige acallar la conciencia y me da que, poco a poco, se iría acallando de forma permanente. O sea, el que empieza pareciendo hijoputa corre el riesgo cierto de acabar siéndolo. O tiene su crisis liberadora y manda a tomar por culo el disfraz (procurando, eso sí, que lo despidan con una buena indemnización).

El equilibrio entre lo que "somos" y lo que aparentamos es complicado. Desde luego, en la sociedad actual (y no sólo en el entorno laboral) la apariencia (la imagen) es importantísima y eso nos convierte a todos en algo esquizofrénicos. Pero piénsese que cuando aparentamos ante los demás acabamos aparentando ante nosotros mismos, con lo cual creeremos ser lo que aparentamos ... o lo seremos realmente. En fin, por este camino me meto en un sembrao.

En la obra teatral, tras las palabras de Cristina Marcos, hay que suponer que el personaje de Carlos Hipólito es una buena persona que pretende parecer un hijoputa (y a fe que lo logra). Así, el chorreo final que le sueltan exhibiéndole de forma descarnada cómo su vida es una mierda, pareciera que habría de conducir a la crisis catártica a la que me refería. De hecho, el personaje de Hipólito se queda hecho polvo, reflexionando destrozado; sin embargo, inmediatamente después reacciona para retomar su actitud hijoputesca (llama por el móvil para ir a una cena con unos empresarios). Y uno, al levantarse de su asiento, se queda con la duda de si era después de todo un verdadero hijoputa o, aún sin serlo, de tanto aparentarlo había perdido en el viaje cualquier otra alternativa.

 
Sexualidad masculina y desintegraciones

La relación sexual para el hombre es la historia siempre dramática de un ser que quiere gozar del cuerpo de una mujer y acaba invariablemente por gozar de sus propios órganos (privándose con ello de los medios de gozar de esta mujer). Y lo menos que puede decirse del placer masculino es que es breve y débil. La eyaculación es una promesa incapaz de ser mantenida; el hombre tiene la impresión de que alzará el vuelo y estallará, pero se desploma, se derrumba, se ahoga. Muere sin llegar a haberse desintegrado, ha confundido con un aniquilamiento lo que no es más que un suicidio. Ya se ha acabado, piensa, pero apenas había comenzado a perder la cabeza y ahora todo se ha ido. La eyaculación siempre es el “no es eso”. En relación a lo que esperaba, no es eso, la crisis más intensa y al mismo tiempo más insignificante, fácil de obtener, rápida de satisfacer, pobre en sensaciones.

La cita proviene del libro “El nuevo desorden amoroso” escrito en 1977 por dos filósofos franceses, Pascal Bruckner y Alain Finkielkraut. Su publicación (¡hace 30 años!) causó un importante revuelo en Francia y países de la Europa Occidental. En esa fecha, ambos filósofos eran muy jóvenes (no llegaban a los 30); hoy ambos son figuras reconocidas del panorama intelectual europeo, con abundantes ensayos publicados (la mayoría disponibles en castellano). Me gustaría saber qué piensan hoy los autores, a punto de entrar en la sesentena, de sus análisis y valoraciones de entonces. Me llama la atención, de otra parte, que con menos de treinta años, fueran capaces de elaborar una crítica tan demoledora a los dogmas de la llamada revolución sexual de los 60 (especialmente las tesis sobre el orgasmo de Wilheim Reich). Me pregunto si sus controvertidas posiciones (sobre todo en esos momentos) provienen sólo de una reacción intelectual, expresada con la previsible dosis juvenil de insolencia, o tienen base en experiencias sexuales personales. Algo de vivencia propia ha de haber, pero ¿a esas edades y en esos años? Bueno, parece que sí; al menos los textos exhiben la lucidez suficiente de quién es capaz de diagnosticar sus carencias; otra cosa es que hubieran experimentado las alternativas.

Yo ahora, a mis 47 tacos, estoy leyendo este libro y sorprendiéndome de que hasta hace muy poco casi nada de lo que dicen estos “jovencillos” se me hubiera ocurrido. Pero es que me da la impresión de que, al menos en mi entorno, los varones de mi generación no fuimos capaces de percibir las limitaciones de la sexualidad masculina “estándar” y, lo que es peor, muchos rondan la cincuentena sin haber abierto puertas alternativas (y creativas); por eso, a nuestras edades y con la falaz justificación de la edad (y de la “normalidad”), la resignación –consciente o subconsciente- va tiñendo más la sexualidad. Ahora bien, también me cuesta creer que la “viva repercusión” que supuso la publicación de este libro fuera tal al exterior de determinados círculos académicos y elitistas. Dudo que su reivindicación de la maleabilidad amorosa (de ahí el título del nuevo desorden) incidiera de verdad en las relaciones afectivas y sexuales reales, pues de ser ahí habría implicado profundas reconstrucciones de las mismas. Basta recordar las coordenadas históricas: acaban los 70 y vienen los 80 y en el plano ideológico el péndulo vuelve a concepciones neopuritanas (neoconservadoras), como si desde los púlpitos se nos dijera: basta ya de experimentos; ahí aparece el sida para “poner las cosas en su sitio”.

En todo caso, uno ha vivido lo que ha vivido y –qué duda cabe- podría haberlo hecho mucho mejor y aprovechado (y disfrutado) mucho más de sus opciones. Pero agua pasada, melancolía estéril; así que más me vale alegrarme de descubrir que la puerta no se había cerrado (y ciertamente que me alegro). He transcrito un párrafo del principio del libro porque al leerlo entendí lo que decía; quiero decir que lo entendí desde mi propia vivencia (hace unos años así no lo habría entendido). Me gustó que eligieran los términos desintegración y aniquilamiento vinculados al orgasmo masculino; o más precisamente al orgasmo que no es. Algo tiene que haber ahí de verdad, al menos así lo siento. Quizás la mayor intensidad vivencial del ser humano (¿del varón o de ambos?) sea lograr la desintegración de su conciencia. No me voy a enrollar al respecto, pero me vienen en mente alusiones psicoanalíticas, de espiritualismo metafísico, etc.

Esa “desintegración” se puede alcanzar (no es palabreo místico) e intuyo que es el vestíbulo de lo que algunos llaman estados superiores de conciencia. Sin ir tan lejos (porque no he ido, ojalá), lo cierto es que, en mi caso, el sexo es el “entorno” más adecuado para ello. Pero claro, no el sexo tal como lo vivía hasta hace poco; no los orgasmos eyaculatorios tradicionales. Ojo: aunque no estuvieran nada mal y, entonces, tampoco echara nada de menos; sin embargo, ahora creo que mi comportamiento sexual (en tanto que propio de un modelo determinado, independientemente de mi mayor o menor “pericia técnica”) llevaba en sí mismo fecha de caducidad, el germen de la resignación. Entender esto me permite entender el papel que jugó el sexo en mi separación (pero por ahí me alargaría demasiado).

Volviendo al párrafo transcrito: yo no me atrevería a afirmar con la radicalidad de los autores que “la relación sexual para el hombre es la historia siempre dramática de un ser que quiere gozar del cuerpo de una mujer y acaba invariablemente por gozar de sus propios órganos”; y no me atrevo porque soy capaz de imaginar diversas intencionalidades masculinas. Por ejemplo, no me parece muy descabellado cambiar el orden de las palabras y decir que la relación sexual es para el hombre (para algunos o muchos hombres) querer gozar de sus propios órganos a través del cuerpo de una mujer. Pero, a efectos de resultados, viene a ser lo mismo. Lo que me interesa resaltar (y hablo exclusivamente desde mi experiencia, para nada con pretensiones generalizadoras) es que la relación sexual a la que me estoy refiriendo se basa muchísimo en el goce de la mujer. No, por tanto, querer gozar del cuerpo de la mujer, sino querer que el placer inunde el cuerpo de la mujer y obtener de ese placer el propio (el masculino). Advierto que, al menos en mi caso, no es una cuestión de “justicia” o equilibrio entre el dar y recibir (por eso de que la mujer debe llegar al orgasmo, etc). Es descaradamente egoísmo, a partir del descubrimiento de que ese placer femenino “pasa” hacia mí; odio las metáforas en este campo (porque inevitablemente suenan cursis) pero no tengo otra: es como sí la mujer produjera energía (sexual) que me va cargando y conduciéndome hacia esas experiencias de “aniquilamiento” que tanto me cuesta describir (incluso a mí mismo).

Intuyo que esa energía sexual capaz de llevarnos a experiencias profundas es predominantemente femenina. Como no puedo evitar mi pepito grillo escéptico-racionalista, me pregunto si los hombres no la tendrán también (y lo que pasa es que yo vine mal de fábrica) o si habrá mujeres que carezcan de ella (y lo que pasa es que he tenido la fortuna de encontrar una maravilla en tal sentido). Tampoco me importa mucho, porque al fin y al cabo la teorización tiene sólo interés teórico (y a mí, ahora, lo que me cuenta es la práctica). Pero, aunque sin pruebas, creo que mi intuición es correcta en lo fundamental. De lo cual cabe concluir, en plan receta, que la sexualidad del varon mejoraría si la convirtiéramos en subsidiaria de la sexualidad femenina. No voy a desarrollar esta idea, aun a riesgo de las fáciles simplificaciones: yo me entiendo.

Claro que históricamente (hasta hace nada) no han ido por ahí los tiros y me da que tampoco hoy. Puede que muchos hombres estemos descubriendo en nuestras intimidades cosas como las que tan mal cuento y también puede que muchos (aunque menos) estén experimentando la potencialidad del sexo como revulsivo de sus conciencias (y de la relación con su pareja) ... Pero de lo que estoy seguro es que estas “revoluciones íntimas masculinas” (sean de la importancia numérica que sean) no trascienden del ámbito de los privado y, por tanto, no resquebrajan apenas el discurso social con el que se ha construido la masculinidad. Esa masculinidad social es, para casi todos los varones, un freno tremendo para, por ejemplo, hablar entre nosotros y ayudarnos en nuestros desconciertos. Y así nos va: todos autodidactas porque el “libro de texto” a muchos no nos vale, pero no es cosa de reconocerlo en público.

Puuf. Ya me estoy yendo por las ramas ... Así que hasta aquí. Añado otra cita del mismo libro, pero ya sin comentarios.

¿En qué sueña el hombre mientras copula? Sueña en poder abandonarse, sin que ese abandono al placer ponga término a su excitación, sueña en gozar como la mujer, sin fin, sin tregua, en una pérdida incondicional de su ser. El éxtasis femenino se convierte, pues, en su utopía, lo que fantasea y lo que le es prohibido pero, al mismo tiempo, la amenaza inquietante que le revela su inferioridad en sus relaciones con la especie, la historia, la vida.

 
La educación de la mujer

A continuación unas cuantas citas de publicaciones españolas de los años 50 dirigidas a niñas, adolescentes y jovencitas. Alguna de las revistas era leída por mi madre hacia finales de los 40.

La familia
El padre tiene la autoridad de la familia. Esta autoridad le ha sido donada directamente por Dios. Por eso se dice que la autoridad paterna es de “institución divina”. Al padre debe entera obediencia toda la familia. Pero también amor. El amor da a los hijos confianza y respeto para acercarse a los padres con la seguridad de que serán comprendidos. A la madre también se le debe obediencia porque su autoridad proviene de la autoridad paterna, ya que el padre no pueda atender completamente a la formación de los hijos, pues sus funciones en la familia –cubrir las necesidades económicas mediante el trabajo– le sacan del hogar; la madre, en cambio, cuida el hogar, y atiende directamente a los hijos. Los hijos en la edad más temprana necesitan muchos cuidados físicos y espirituales; por eso es la madre, con su contacto permanente, la que vela por ellos, sacrificando su vida a este fin, protegiendo, ayudando y corrigiendo amorosamente la vida del hijo, hasta que éste, conseguida su formación y madurez, se independiza creando su familia propia119. (Formación Político-Social. Primer curso de Bachillerato, Madrid, Sección Femenina de FET y de las JONS, 1958, p.4)

Profesiones
Lo bonita que es para la mujer la carrera de Magisterio, porque toda mujer tiene dentro de sí una vocación de madre y esta vocación se complementa con la de maestra (“El primer día”, núm.144, 1958).

Dudas juveniles: ¿Casarse o seguir estudiando?
NORA (Melilla).- “Tengo 18 años. Estoy estudiando y tengo relaciones con un chico que me ha prometido casarse conmigo si dejo los estudios. En casa me obligan a seguirlos”

RESPUESTA: Me parece muy ilógica la postura de este chico, teniendo en cuenta que, por otra parte, no se decide a hablar con tus padres para formalizar vuestro noviazgo. Así pues, habla con él y dile que ése es el primer paso que debe dar si realmente te quiere y si va contigo en plan serio. Luego, él mismo puede comprender que si os comprometéis formalmente y comenzáis a pensar seriamente en vuestra boda, lógicamente dejarás de estudiar, el día que decidas transformarte en una verdadera “ama de casa”. Pero si no comprende tus razones y se empeña en ponerte condiciones antes ya de hablar con tus padres, no creo que con ello demuestre quererte demasiado, ¿no te lo parece? (“Tu problema”, por Silvia Valdemar, núm.40, 1958).

¿Estás preparada para el matrimonio?
Test en el que hay que descubrir si cada afirmación es cierta o falsa.

El tipo de muchacha “femenina”, es más feliz en el matrimonio que las que tienen un temperamento “masculino”.

CIERTO: La personalidad masculina está en constante competición con su cónyuge. Las estadísticas demuestran que los hombres se casan con mujeres inferiores a ellos en enseñanza e inteligencia.
CIERTO: Los estudios demuestran que las mujeres desean encontrar en su esposo un ser más cultivado e inteligente que ellas (Revista Sissí; número 218 de 1962)

Modelo de mujer
Aunque posea un cuerpo perfecto, una sonrisa diáfana, una mirada brillante... ¡Haga suyos estos consejos! Una mujer no es verdaderamente encantadora hasta que...
Se ríe de sí misma, pero nunca de los demás. Se enfrenta con decepciones y engaños, sabiendo dominarse. Ha aprendido a tener tacto. Es humilde. Sabe ser tolerante, sin sentirse superior a aquellos que son menos afortunados. Se da cuenta de lo importante que es cooperar y cumplir sonriendo las razonables exigencias del hogar, del trabajo y de la vida social. Es una mujer dulce, una mujer de exquisita sensibilidad. Es simpática y trata realmente de hallar una solución para los amigos y amigas que se sienten decaídos o apurados. Es generosa y disfruta de veras haciendo feliz a otra persona. Procura ser tan atractiva e interesante como se lo permiten sus medios. Aporta armonía a la vida familiar y a la vida de cuantos la conocen. Sabe cómo desechar una observación ingrata, antes de preocuparse por formularla. Realiza favores a los demás porque encuentra placer en ello, no porque crea que es su deber o porque espere gratitud. No olvide nunca, querida lectora... Estas son las reglas precisas para que usted halle el camino de la felicidad y del éxito social y profesional.
(Revista Sissi, núm.1, 1958)

Test: ¿sabes ser una mujer moderna?
Lectora: ¿Posees la simpatía, el encanto, el “chic” de una auténtica mujer moderna...?Porque –fíjate bien– la mujer, por muy moderna que sea, está obligada a poseer el tierno, leve y sugestivo encanto de su feminidad, que no debe ser en ningún aspecto destruido o anulado en nombre de un equivocado sentido del vocablo “modernismo”. Debemos procurar que la independencia femenina no se interprete en forma negativa o errónea. Para ello, nada mejor que conocer nuestras obligaciones a este respecto. Y nuestras propias posibilidades. Saber, en suma, qué actitud adoptar en determinadas circunstancias, pues a fuerza de desear convertirnos en mujeres muy modernas, olvidamos que todavía seguimos siendo –por encima de todo– mujeres. ¿Sabes tú, amiga lectora, ser eso, una mujer moderna? Contesta con sinceridad a las siguientes preguntas:
1. ¿Te parece importante estudiar y crearte un porvenir?
2. ¿Crees de veras que una mujer puede desenvolverse en la vida sin depender de nadie?
3. ¿Practicas la gimnasia y deportes más que el baile?
4. ¿Estás segura de que deseas realmente formar un hogar?
5. ¿Crees que pueden ser perfectamente compatibles el matrimonio y tu profesión?
6. Si no es así, ¿sacrificarías tu carrera al amor?
7. En tu trato con los hombres, ¿sigues siendo, no ya como nuestras abuelas, pero sí
como nuestras madres?
8. ¿Te parece que la mujer es superior al hombre?
9. ¿Te parece que, en asuntos amorosos, tienes derecho a tomar la iniciativa?
10. ¿Te hubiera gustado ser hombre?
11. ¿Tienes prejuicios cuando se trata de alternar con personas de inferior categoría social que la tuya?
12. ¿Rechazarías a un muchacho por igual circunstancia?
13. ¿Te importa más el dinero y la posición, que la inteligencia?
14. ¿Te sientes rígida, forzada, convencional, cuando te ves obligada a alternar con muchachos a quienes no has visto nunca?
Lo correcto es contestar SÍ a las primeras SIETE preguntas y NO a las restantes. (Sissi, núm.91, 1959)

Sexo (insinuado, desde luego)
nosotras despreciábamos en silencio a Flor por no considerarla una muchacha honesta, ya que teniendo un novio, con el cual riñó por esa causa, se vio entrar a un hombre en su habitación a horas sospechosas de la noche, y permanecer un buen rato en ella (“Confesiones: La que no tuvo piedad”, Sissi, núm.10, 1958).

Todas las citas obtenidas de la Tesis Doctoral “MUJER MÍTICA, MUJERES REALES: LAS REVISTAS FEMENINAS EN ESPAÑA, 1955-1970” de Mª del Carmen Muñoz Ruiz , presentada en 2002 en la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad Complutense de Madrid.

 
Histeria femenina, orgasmos terapéuticos y vibradores

Esta tarde, en el libro que estoy leyendo, descubrí que la palabra histeria viene del griego hyster, que significa útero. Parece ser que, desde la edad media (o quizás antes), se denominaba histeria a las crisis nerviosas femeninas, atribuyendo su causa a desarreglos uterinos (por cierto, en el útero radicaban muchos de los espiritus malignos que convertían a la mujer en un ser diabólico). En la actual psiquiatría, la histeria es un trastorno de conversión, llamado así porque el paciente convierte un conflicto psicológico en trastornos físicos (por ejemplo inmovilidades parciales, incapacidades sensoriales). Obviamente, no es algo exclusivo de las mujeres, pero sí es cierto que los síntomas que la caracterizaban se daban muy mayoritariamente en mujeres.

En fin, lo que me llamó la atención es que en el siglo XIX la histeria femenina se convirtió en un trastorno muy frecuente, sobre todo entre las mujeres de cierta posición socioeconómica; más en concreto, en Inglaterra, en plena época victoriana. Hay que tener en cuenta que el XIX británico corresponde al apogeo del puritanismo sexual y también al nacimiento de los ideales románticos (si bien castos) en las relaciones matrimoniales. Es decir, se buscaba una mayor intimidad y confianza entre los cónyuges (fomentada por los primeros balbuceos de las ideas feministas) pero, al mismo tiempo, excluyendo de ese amor romántico que se estaba "inventando" sus componentes sexuales. El amor es sublime y el sexo sucio: cuánto de esta afirmación sigue anclada en muchos de los subconscientes actuales (y en algunos conscientes). También por esos tiempos la sociedad bienpensante se convenció de que, frente a las ideas medievales sobre la mujer, ésta era intrínsecamente pura, carente de deseos sexuales (también esto ha llegado hasta muchos subconscientes actuales). No se crea que estas ideas eran meras excusas hipócritas; ciertamente la mayoría de los hombres y mujeres de las clases pudientes (quienes, al cabo, establecen las ideologías dominantes que poco a poco van filtrándose al conjunto de la sociedad) lo creían honestamente.

Imagino que el conflicto entre un convencimiento "ideológico" y unas pulsiones físicas se traduciría en el incremento de crisis histéricas entre las damas victorianas. Y es que en la última década del XIX llegó a hablarse de epidemia ante la exagerada abundancia de casos. Era, por supuesto, una enfermedad de clase alta, con lo cual cabe suponer (creo recordar una escena alusiva en una novela inglesa de la época) que hasta podía considerarse "chic" o, cuando menos, perfectamente aceptable. Pero lo fantástico era el tratamiento médico a estas señoras: se les masajeaba el clítoris hasta que se corrían, momento en que alcanzaban un estado de relax desapareciendo los síntomas histéricos ... hasta la próxima, claro. De más está comentar que ese "orgasmo" no se consideraba propio del sexo (ni, por tanto, sucio) y de más también que con sus maridos no debían ni intuirlo. De hecho, en coherencia con la "pureza femenina", parece que a los hombres no les hacía mucha gracia que la mujer gozara más que moderadamente (hay varios testimonios de hombres indignados cuando eso ocurría).

Contemporáneamente los médicos más avanzados (Freud entre ellos) se interesaban por la histeria y planteaban otros tratamientos. Así que supongo que el "masaje erótico" como terapia socialmente admisible iría cayendo en desuso. Lástima. Está claro que si hoy una mujer (o un hombre) fuera a un profesional a que le alivie su tensión sexual con un adecuado masaje, difícilmente puede luego contarlo en una reunión social; y, en el otro lado, el que actualmente hace esa actividad no goza del mismo prestigio que podría tener un médico en su exclusiva consulta de una elegante calle londinense. Pero bueno, también cabe pensar que ese "descubrimiento" del orgasmo terapéutico pudo haber sido un paso en la posterior crisis de la "mujer angélica"; estoy pensando en los felices 20 (y sus desenfrenos sexuales) ... aunque luego vendrían los oscuros 30 y el pacatismo postbélico hasta el despertar de los 60 (pero eso es situarnos ya muy cerca).

Así que volvamos a los masajes terapéuticos. Parece ser que para los ilustres doctores era un trabajo pesado. Hagamos un esfuerzo de imaginación para recrear las correspondientes escenas (procurando situarse en la época y no carcajearnos). Así que en 1869, el médico norteamericano George Taylor inventó el vibrador como herramienta terapéutica para masajear la pelvis de manera fácil e higiénica. Pero era muy aparatoso y además iba a vapor por lo que fue rápidamente sustituido en las consultas por el que a principios de los 80 diseñó el médico inglés Joseph Mortimer Granville, que iba con batería y resulta muy similar a los actuales. Por cierto, parece que este hombre no recomendaba su uso para el masaje genital femenino sino para la musculatura masculina; pero no le hicieron ni caso. El caso es que el invento tuvo un éxito tremendo, tanto es así que se considera que es el quinto utensilio doméstico en electrificarse (antes fueron la máquina de coser, el ventilador, la tetera y la tostadora). Los vibradores, en la última década del XIX y las dos primeras del XX se anunciaban y vendían de forma absolutamente pública y respetable, ya que se trataba de objetos terapéuticos (y lo siguen siendo, qué duda cabe). Luego es sabido que la excusa terapéutica dejó de ser políticamente correcta y los vibradores han pasado a otros ámbitos, con sus épocas de objeto prohibido (como curiosidad: sigue estando prohibida su venta en los estados de Alabama, Georgia y Texas).

Y nada más ... Da qué pensar cómo pensábamos y actuábamos hace poco más de un siglo. Y también cuánto de esa "ideología" sigue perviviendo en nuestros días. ¿O no?


La primera imagen corresponde al vibrador de George Taylor y la otra a publicidad de vibradores de un periódico yanqui de 1918. Por cierto, recomiendo las diapositivas de esta página.



 
Las mujeres cobran menos (la discriminación salarial)

Ayer leí el segundo post de Nanny-Ogg de "verdades verdaderas": las mujeres cobran menos. Naturalmente, hay que entender que es una verdad estadística y válida "a igualdad de trabajo"; es decir, se supone que, en conjunto, puestos laborales equivalentes tienen remuneraciones menores cuando los ocupan mujeres. Esta afirmación es sobradamente conocida (por repetida) lo que parece eximir a sus enunciantes de detallarla (o explicarla); de otra parte, es seguramente el hecho (de serlo) que mejor prueba la discriminación de las mujeres en nuestra sociedad. Digo que es el que mejor la prueba no porque la discriminación salarial sea necesariamente la peor de todas (no digo ni que sí ni que no), sino porque tiene la ventaja de poder cuantificarse y, además, en euros.

Entro en la web del Instituto de la Mujer y compruebo en sus estadísticas que, efectivamente, el salario medio anual de las mujeres en España es inferior al del conjunto de ambos sexos. En 2002, el salario medio anual conjunto era de unos 19.800 euros, mientras que el de las mujeres de 15.770. De ahí resulta que la denominada "brecha salarial" se sitúa en el 28,88%. No queda muy claro de dónde sale esta cifra (no lo explican en la web), pero asumo que significa que, en promedio, las mujeres cobran un 28,88% menos que los hombres, por lo que éstos tendrían un salario medio anual de unos 22.170 euros o, lo que es lo mismo, la diferencia absoluta media se situaría en torno a los 6.400 euros anuales (casi 90.000 pesetas menos al mes que su equivalente masculino). He de aclarar que estas cifras no cuadran del todo con las estadísticas de tasas de ocupación hombres/mujeres de la misma web, lo que me hace pensar que las diferencias deben ser algo menores, pero no creo que eso sea demasiado relevante a efectos de estas reflexiones.

Las cifras que cito corresponden a 2002 y la web solo aporta además las de 1995. La buena noticia es que la brecha ha disminuido en esos siete años así que cabe pensar (en una hipótesis tendencial sin apenas datos que la sostengan) que en este 2007 será algo menor. Pero, por muy optimistas que seamos, si los datos del Instituto de la Mujer son ciertos, difícilmente es creíble que esté hoy por debajo del 25%. Y éste es un valor muy alto; lo suficientemente alto para probar como "verdad verdadera" que las mujeres cobran menos y, por tanto, que es cierto que existe discriminación salarial.

Pero a mí lo que me gustaría es entender cómo se produce en la práctica esta discriminación, acotándola siempre a puestos de trabajo equivalentes. Para ello es necesario no mezclar otras consideraciones que, si bien son también manifestaciones discriminatorias, son otros aspectos. Me refiero, por citar un ejemplo, a la afirmación también muy repetida de que hay muchas menos mujeres en puestos de alto nivel (decisional y salarial). Esta realidad discriminatoria la tengo más que comprobada en mi experiencia personal (por poco representativa que sea como muestra estadística), así que no necesito convencerme. Y me temo que este factor distorsiona algo (no lo suficiente para negar la existencia de la brecha) las estadísticas del Instituto de la Mujer, aunque sólo fuera en el primero de sus epígrafes: directores de empresas de más de 10 asalariados. Me parece claro que cuanto más potente sea la empresa (y más empleados tenga), mayores serán los sueldos de sus directores y, como creo que habrá mayoría de directores hombres en las empresas más potentes, la media salarial de ese epígrafe está mezclando puestos no equivalentes entre sí y, por tanto, no resulta fiable a efectos de cuantificar la brecha entre trabajos análogos. En este mismo ejemplo, la cuestión es la diferencia salarial entre dos directores (uno hombre y otro mujer) de dos empresas equivalentes. O, dando un pasito más, si una empresa cambia de director (pongamos una sucursal bancaria) a directora, ¿a ésta le paga un sueldo inferior al que cobraba su predecesor?

Hay "mundos laborales" en los que, desde luego, no existe ninguna discriminación salarial entre puestos equivalentes. Por ejemplo, en la administración pública (en la que trabajo) cada puesto de trabajo tiene fijado su salario con absoluta independencia del sexo de quien lo ocupe (faltaría más). Pero, aunque no sea tan legalmente rígido, hay muchos sectores que vía la regulación laboral y los convenios colectivos ocurre algo muy parecido (sobre todo en sueldos mínimos que son tantas veces los máximos que se pagan).

Planteo lo anterior a modo de dudas, porque ciertamente me gustaría entender cómo se produce en la práctica la discriminación, ya que tengo que admitir (no van a estar mal todos los estudios estadísticos) que existe y es significativa. Así que me interesaría conocer ejemplos de empresas en las que dos puestos equivalentes tienen salarios diferentes según sea hombre o mujer quien lo ocupa (y siendo equivalentes también los factores objetivos de cada uno de ellos, tales como experiencia, etc). Por más que tenga que estar equivocado, me resisto a dejar de pensar que el factor discriminatorio, más que en las diferencias salariales entre trabajos equivalentes, radica en la mayor dificultad de acceso de las mujeres a los puestos mejor pagados.

En la web del Instituto de la Mujer también hay estudios. Mientras escribía este post me he bajado y leído (un poquillo por encima) uno titulado "Mercado de trabajo, pobreza y género". En él se habla de una diferencia salarial en torno al 25% (lo que cuadra con mi estimación); además la autora, a partir de análisis estadísticos complicados, estima que en torno a las dos terceras partes de esa "brecha salarial" no tienen su causa en diferencias en la productividad de los individuos, debiéndose atribuir consecuentemente a factores discriminatorios. Además, al desagregar más las ocupaciones, el porcentaje de la brecha salarial discriminatoria se reduce del 25% (media conjunta) al 13%. Y hay que hacer notar que es prácticamente imposible contar con datos estadísticos los suficientemente desagregados como para garantizar una suficiente equivalencia entre los puestos laborales cuyas diferencias salariales se cuantifican. O dicho de otra forma, es más que razonable pensar que el valor real de la brecha salarial discriminatoria entre puestos laborales equivalentes bajaría aún del 13% citado.

Ojo: no pretendo afirmar que no exista diferencia (discriminación) entre los sueldos de hombres y mujeres en puestos laborales equivalentes. Lo que creo, tras ver los datos y leer el estudio citado, es que esta brecha es bastante menor del 25%, conclusión que -por otra parte- me parece más explicable en la realidad práctica de gran cantidad de empresas concretas. Pero ojo de nuevo: eso no quiere decir que la discriminación salarial sexista sea baja; ciertamente es alta (en torno al 25%). Lo que pasa es que me da la impresión de que el factor más significativo no es tanto que "la mujeres cobren menos" (a igualdad de puesto laboral) sino la segregación ocupacional; es decir, que la distribución de los puestos de trabajo es más perjudicial para las mujeres. Algo de lo que, como dije antes, ya estaba convencido.

Y esto me trae a la cabeza la frase que oí hace tiempo (no recuerdo a quién) de que habría de verdad igualdad laboral entre hombres y mujeres no cuando las mujeres preparadas alcanzaran puestos de alto nivel, sino cuando lo hicieran las torpes. Porque efectivamente (y vuelvo a remitirme a mi experiencia personal), las mujeres que ocupan puestos directivos suelen tener un nivel profesional bastante más elevado que sus homólogos varones. O caricaturizando un poco (bastante) la estupidez como cualidad positiva en el ascenso laboral está mucho más valorada y premiada para los hombres que para las mujeres. Y eso sí es discriminación, aunque resulte muy difícil cuantificarla.

 
Stand by

Parece estar bastante sentado que el momento de mayor placer sexual de un hombre se produce en el instante justamente anterior a la eyaculación, en ese momento en que la excitación alcanza su culmen y la descarga se percibe inminente. Permanecer indefinidamente en ese "punto límite" es, en el sexo tántrico, el arte supremo. Podría pensarse que, en el esquema ya clásico de las cuatro fases de Masters&Johnson (excitación, meseta, orgasmo y resolución), se trataría de prolongar la meseta retardando, por consiguiente, el orgasmo. Esta interpretación, sin embargo, responde a entender la respuesta sexual masculina de forma lineal y, sobre todo, a asumir la coincidencia de orgasmo y eyaculación. Porque si lo que se hace es evitar la eyaculación al mismo tiempo que se sigue incrementando la excitación, el resultado casi inevitable es el orgasmo. Pero un orgasmo diferente del que acompaña a la eyaculación; sigue siendo placer físico intenso (en mi experiencia quizás menos radicado en las convulsiones musculares que en la sensibilidad dérmica) pero además es interno, profundo, mental (me cuesta encontrar adjetivos adecuados). Este orgasmo es más largo que el derramador seminal, pero lo más importante es que te mantiene en el estado de excitación, cargado de energía, con ganas de seguir amando.

No sólo hay que distinguir entre orgasmo y eyaculación, sino también entre excitación y erección. Suele ocurrirme, en una larga sesión de sexo (obviamente no hablo de un "aquí-te-pillo-aquí-te-mato") que todo el cuerpo se va involucrando en un placer progresivamente creciente, tanto que disfruto enormemente y no quiero que acabe. La excitación implica afluencia de sangre al pene y erección. Me da la impresión de que el pene reclama convertirse en la sede de mi placer, buscando que todo yo me concentre en él y desde ahí me derrame. Negarle ese protagonismo por más que se empeñe, no estar pendiente de su arrogancia. Y bajará y subirá (sin derramarse) pero ello no restará un ápice (al contrario) a la intensificación del placer.

En todo caso, no era de la excitación y de los orgasmos de lo que quería escribir, sino de la resolución. Pero de la resolución mágica que culmina una sesión larga de placeres; por eso los párrafos precedentes. A la que me refiero le antecedió una eyaculación con el corazón palpitando intensamente y las pupilas dilatadas. Si hubiera de elegir una palabra para describir ese rato largo (¿media hora quizás?) ésta sería paz. Una sensación de paz absoluta. Me cuesta mucho describir mis sensaciones y, sin embargo, quiero intentarlo.

El diccionario de la RAE define alienación como el estado de ánimo en que el individuo se siente ajeno; bueno, pues por ahí podrían ir los tiros. Era como si me hubieran apagado todos mis sensores perceptivos, como si hubiera salido de mi cuerpo y también de mi mente. Estaba tendido en la cama con una relajación física que rara vez logro cuando la busco. Cada músculo, cada trocito de piel, cada víscera, cada hueso, cada uno de mis componentes orgánicos ... todos en absoluto reposo, en un equilibrio de armonía completa, sin "hablar" para hacer notar su existencia. Y no había pensamientos; al menos, no había pensamiento consciente, sólo una sensación mental de paz, de estar fuera de mí, inundado por una especie de nube onírica. Tenía los ojos cerrados y veía imágenes y colores, no oía apenas el exterior pero me mecían músicas extrañas (por llamarlas de algún modo). En fin, no estaba allí, mi cuerpo y mi mente estaban suspendidos, no había tiempo.

Lo que describo me suena a la descripción que haría de su estado un aparato en stand-by ... y no me parece mala metáfora. A lo mejor es que esa inmensa sensación de paz (y de felicidad, obviamente) requiere la desconexión, salir de uno mismo. Pues, si es así, el sexo es uno de los caminos para alcanzarla.

Claro que todo se acaba y la culpable de estas experiencias hubo de ser quien me conectara de nuevo: había que vestirse y prepararse para almorzar.

 
Viaje a Madrid

He pasado diez días de descanso en Madrid que me han venido de maravilla. Estoy convencido de que necesitaba salir de mi cotidianeidad, no hacer nada (aunque he hecho bastante). Prueba de ello es que he dormido como un lirón, cuando normalmente no puedo pasar de siete horas. Pero esta semana me he sorprendido despertándome casi todos los días hacia el mediodía. Así que las mañanas nada de nada: ducharse, desayunar, hacer un sudoku, leer un rato ... Luego, tardes y noches, quedar con amigos y familia. Dos tardes dedicadas a los regalos de reyes de mis sobrinas, una a mi madre y una hermana, otra a mi sobrinita más pequeña ... Madrid es grande (incluyo el área metropolitana) y en moverse se va bastante tiempo. También amigos, naturalmente. Me han quedado dos o tres que habría querido ver pero faltó tiempo; y también he echado en falta disponer de más ratos para otros.

El fin de semana anterior estuve con K; luego ella se volvió y me quedé solo. Esos tres días juntos lo pasamos muy bien; me gustó pasearla y enseñarla una ciudad en la que viví tantos años, aunque mucho ha cambiado desde entonces. Madrid (me imagino que esto vale para cualquier ciudad grande) es fantástica para pasear, para vivirla cuando no vives en ella (sobre todo, cuando no estás prisionero de una rutina laboral). Es una ciudad viva, llena de gente en las calles. Hablando de gente en las calles: caímos sin proponérnoslo en la manifestación contra ETA del pasado sábado.

Ese sábado, por la noche, fuimos al teatro Albéniz a ver el espectáculo de Momix. Hasta hace un mes yo no sabía nada de esta compañía de danza. Me enteré de su existencia leyendo el blog de Yabu y siguiendo su enlace. He de agradecerle el dato porque me pareció maravilloso, magia pura. Salimos ambos encantados, emocionados, revitalizados. Cuando se ven espectáculos así uno se siente lleno de alegría. He buscado videos en el eMule (haylos) y procuraré bajarlos (me funciona fatal). En YouTube no he encontrado ninguno del Sunflowermoon (así se llamaba el espectáculo de Madrid), pero sí hay varios otros lo que me ha permitido pasar un rato entretenido. Desde luego, no es lo mismo una pantallita de ordenador que un teatro. De otra parte, en ninguno de estos videos hay nada equivalente al misterio de las danzas que vimos (logrado mediante la invisibilidad de partes del cuerpo de los bailarines).


En resumen, que recomiendo Momix fervientemente. Fue uno de los mejores momentos de este viajito que ya se acaba y que tan bien me ha venido. Ahora de vuelta a la rutina.

 
Don't shoot your gun (elogio de la contención)

Me gusta cargar el arma; cargarla despacio, poco a poco. Cuando se hace despacio, cuando uno se demora largo rato en ese juego paciente y meticuloso, se acumulan tantas sensaciones placenteras como en ninguna otra actividad. Estoy vivo, contento. La mente acallada, fuera preocupaciones, remansado el incesante flujo de los pensamientos, paz. Y al mismo tiempo me siento lleno de energía, potente. Como si la energía inmensa que guarda la pistola cargada me inundase; o mejor: como si yo me convirtiera en esa energía y la concentrase en el arma.

Naturalmente, tengo ganas de disparar; y a veces disparo. Está muy bien disparar y mejor cuanto más se involucra uno en el acto, cuanto más se consigue que el acto repentino del disparo se disocie en una sucesión encadenada de sensaciones conscientes. Apuntar cuidadosamente, percibir la cilíndrica rigidez del cañón que ansía encauzar la salida del proyectil, notar sus infinitésimas vibraciones al ajustar su eje hacia el blanco, sentir como si cañón y objetivo se fundiesen en un solo ente, anticipando el disparo, vivir la explosión del arma en todo el cuerpo, convertirse uno en la bala que vuela e impacta y, con el impacto, se disgrega en minúsculas partículas, las mismas en que yo me disuelvo.

Pero antes de disparar conviene entretenerse largamente en los rituales deliciosos de cargar el arma. Porque una de las raíces del placer está en las ganas de disparar, así que, si uno dispara, finaliza ese proceso de incremento progresivo del placer. Por eso, cuando las ganas de disparar me parecen inaguantables, me obligo a descargar el revólver: abro el tambor y lo hago rodar, sin fijarme en las balas, disfrutando también de ese lánguido estiramiento de la energía del arma que me recorre todo el cuerpo. Y ese placer relajado no disminuye -al contrario- mi excitación de saberme cargado. Son momentos en los que todo mi cuerpo se diluye para luego volver a generar una mayor energía en el arma concentrada.

Lo maravilloso, por supuesto, es jugar a este juego con otra persona; dejar que sea ella quien te cargue el arma. Y el no va más es alcanzar con alguien la complicidad íntima en la que se es capaz de alargar casi infinitamente el proceso. Porque entonces pueden abrirse puertas mágicas al placer compartido, a la confusión disolvente de ambas energías. En esas situaciones el arma se carga hasta límites que uno no la creía capaz de alcanzar, porque la potencia que llega a acumular proviene de dos fuentes. En esas ocasiones no sé si el arma que creía mía lo es, porque se ha convertido (así la siento) en algo común, en un canal por el que fluyen mezcladas nuestras dos almas.

Usar bien el arma, aprovechar al máximo el placer que es capaz de producirnos, requiere -como todo- un aprendizaje. Una de las primeras lecciones es que el mayor placer que te proporciona un arma no es dispararla. Eso a mí me costó entenderlo. Cuando era joven porque me gustaba cargar y disparar rápida y frecuentemente; al fin y al cabo -pensaba- para eso es una pistola. Luego fui aprendiendo (me fueron enseñando) a entretenerme con las distintas formas de cargar el arma, pero siempre buscando mejores y más satisfactorios disparos. A medida que me hacía mayor, empecé a notar dificultades para cargar el arma así como menos capacidad de disparo. Además, por circunstancias que no viene al caso relatar ahora, fui perdiendo interés en el arma, reduciendo su uso a ejercicios ocasionales de carga y descarga, más casi por las exigencias de mantenimiento. Sólo recientemente he descubierto que no se trata de disparar (aunque dispare) sino de compartir, lo más intensamente posible, el juego de cargarla.

Más que en cualquier otro aprendizaje, tener la suerte de hallar un buen maestro es fundamental. En este caso -obvio es decirlo- el maestro es también el compañero del juego y además quien, a su vez, ha de aprender de ti. Se trata pues de un aprendizaje compartido, como compartida es toda la experiencia; y tanto más intensa cuanto más compartida. Lo estimulante es que pareciera un juego que no tiene fin, que siempre se renueva, que continuamente permite descubrir nuevas formas de cargar y descargar las armas. Claro, hace falta confianza mutua, sentirse a gusto el uno con el otro, no tener miedo a abandonarse (al contrario: propiciarlo). Me parece que no hay por qué negar a esos sentimientos el título de amor. Pero, llamémoslo como queramos, lo cierto es que este uso de las armas posibilita alcanzar estados de conciencia plenos de paz y felicidad.

Y, cambiando de tema, quiero aclarar que no me gustan nada las armas de fuego.

 
Ira Hayes

Ayer fui a ver "Banderas de nuestros padres", la última peli de Clint Eastwood. Técnicamente es perfecta pero, para mi gusto, se hace algo pesada. Seguramente no estaba con la disposición adecuada para absorber el tono algo melancólico, introspectivo que le da Eastwood, no sé. La historia es sencilla: desde principios de 1945, los americanos deciden tomar Iwo Jima, una pequeña isla en el Pacífico al sur del Japón, de gran importancia estratégica en el curso de la guerra. Comienzan a bombardearla (16 a 18 de febrero) e iniciaron el desembarco el día 19. Tras tres o cuatro días de duros combates (los japoneses habían permitido el desembarco para acribillarles desde dentro), el 23 un grupo de marines logró ascender al monte Suribachi y plantar la bandera norteamericana, lo que generó una enorme euforia. Sin embargo, la batalla continuó hasta el 26 de marzo, con casi 7.000 muertos estadounidenses y 18.000 japoneses.

La anterior es la "historia oficial" (en este caso, tomada de Wikipedia). Pero resulta que una vez alzada la bandera, y cuando la cima del Suribachi estaba en calma, se quitó y se izó una segunda, por un grupo de 6 marines distintos. Este segundo alzamiento fue el que se "inmortalizó" en una foto que se ha convertido en una de las más famosas de la galería de imágenes bélicas (asociada al heroísmo, patriotismo, etc). Aclaro que del primer izamiento también había una foto, pero ciertamente no es tan "estéticamente contundente" (Compruébese lo anterior comparando las dos fotografías: la primera y la segunda bandera).



Tres de los marines del segundo grupo (los otros tres murieron en Iwo Jima) fueron paseados poco después de la batalla en una gira por todo Estados Unidos a fin de recaudar fondos para la guerra. Si bien desde el principio los organizadores saben que ellos no levantaron la primera bandera, nada de eso importa y se mantiene el show mientras interesa.

En 2000, James Bradley, hijo de uno de los tres "héroes", escribió el libro que da origen a la película con la finalidad, según se dice en la peli, de conocer a su propio padre, quien nunca hablaba con su familia de la guerra. Los derechos del libro los compró Spielberg que acordó con Esatwood que dirigiera la película.

No sé si hasta el 2000 se seguía manteniendo la versión oficial o no. En todo caso, carece de importancia, ya que el asunto es lo suficiente lejano en el tiempo como para que -imagino- a la mayoría de los actuales norteamericanos les deje fríos. En todo caso, es otro ejemplo de la relativa importancia de la verdad histórica, de su utilidad política. Pone de manifiesto la conveniencia de los mensajes simples, carentes de matices, coherentes en su integridad: tenemos una foto estupenda (qué más simple que una imagen), ahora contemos una historia perfecta.

Los tres protagonistas de esta historia, según se ve en el film, no se sentían muy a gusto en el paripé publicitario; es natural. Pero había uno más incómodo que los demás: un indio (nativo norteamericano) llamado Ira Hayes. Tanto que protagoniza diversos incidentes y finalmente es retirado de la gira patriótica. Ira vivió entristecido los diez años siguientes, alcoholizado y con frecuentes problemas con la policía. El 24 de enero de 1955, con 32 años recién cumplidos, le encontraron muerto boca abajo, hundido en sus propios vómitos y sangre, cerca de la Reserva india del río Gila, donde vivía.

Toda esta historia ni me va ni me viene, la verdad. Salvo que, mientras veía la peli, el nombre de Ira Hayes disparó una sinapsis y me trajo a la memoria una canción de Dylan de su extraño album de 1973: The Ballad of Ira Hayes. Y recordé el estribillo (la letra nunca llegué a entenderla del todo) que hablaba de un indio borracho de wkisky o algo así. Así que me volví a casa con ganas de buscar en internet; y compruebo que, como todas las canciones de ese album menos una (la de Sarah Jane), ésta no es de Bobby, sino de un tal Peter LaFarge, un cantante folk, quien la compuso a principios de los 60. La canción la han cantado, además de su autor, el inevitable Johnny Cash y otros "country singers". Pues resulta que ese LaFarge era de raza india (adoptado a los nueve años por un novelista blanco) y había vivido la época mágica del Greenwich Village neoyorkino, coincidiendo en esos "años de la inocencia" con Dylan, entre otros. Murió muy joven, a los 34 años, de un derrame cerebral.

La letra de la canción da por supuesto que Ira Hayes levantó la bandera original; o, para ser más precisos, no alude siquiera a que hubiera habido otra bandera. Así que supongo que LaFarge, cuando la escribió, conocía sólo la versión "oficial". Dylan la canta en el 70, en las sesiones de estudio de las que salieron los albumes Selfportrait y New Morning, pero se publica en el 73 en el ya citado album que sacó la CBS para "vengarse" del abandono de uno de sus artistas preferidos (había fichado por Asylum). Dicen algunos críticos que Dylan canta esta canción "convincentemente", creyéndosela (aunque lo único que canta es el estribillo). Imagino que el tema era de los que le atraían por esa época; imagino también que influiría el haber conocido al autor.

En fin, que sin esperármelo, a estas alturas "lleno" de contenido un recuerdo de hace treinta y pico años: yo de adolescente oyendo la balada de Ira Hayes, sin tener ni puñetera idea de quien era ese "indio borracho". Y ahora vuelvo a oír la canción en su versión dylanesca.


 
Balance de 2006

Leo en el blog de Eva que, como ritual de fin de año, escribe en una hoja de papel todos los acontecimientos importantes que le han sucedido y trata honestamente de analizarlos para obtener las adecuadas enseñanzas. Nunca he sido proclive a balances pero, en esta última época de mi vida, estoy escribiendo mucho sobre lo que me pasa y sobre lo que siento (de ahí el blog) justamente para tratar de entenderme, aclararme y, por supuesto, procurar mejorar (o intentar ser lo más feliz posible, que viene a ser lo mismo). Así que voy a intentar copiar el ritual de Eva.

En lo personal, en lo que se refiere a mi estado interior, creo que puedo pensar que el año transcurrido ha significado una progresiva mejora. Desde luego, me siento ahora mucho más en paz y a gusto conmigo mismo y mis circunstancias impuestas que a finales del año pasado. El tiempo lo cura todo (dicen) y, sobre todo, el tiempo va suavizando los acontecimientos, dejándote ver otras perspectivas de los mismos que en su momento no percibías. Pero que haya avanzado no se debe (sólo) al paso del tiempo; ha puesto bastante de mi parte (creo, aunque sea inmodesto decirlo). Hacia el final de la que llaman fase de duelo, el año pasado, me di cuenta de que había de aprovechar el palo recibido para transformar muchas cosas dentro de mí. No fue una conclusión racional; o no lo fue inicialmente, sino en todo caso como reflexión posterior a una serie de fogonazos emocionales, casi a modo de revelaciones sorprendentes (algunas veces me he referido a esos grifos que sentí que se me abrían por dentro). Así que creo que debo estar moderadamente orgulloso de cómo me he portado. Todo lo que nos ocurre en la vida son oportunidades para nuestro crecimiento personal, pero no basta con que ocurran, hay que esforzarse (no es gratis) en aprender de ellas.

Por supuesto el mérito no es sólo mío. Digamos que he tenido suerte en cruzarme con personas que me han acompañado en este año y me han aportado bastante. Las conversaciones con Maricarmen me fueron valiosísimas en la transición del dolor a la ilusión; varios amigos (la mayoría amigas, la verdad) de antes que estuvieron ahí, algunos de ellos sorprendiéndome (y supongo que también yo a ellos) con la nueva relación (más cercana) que se planteaba entre nosotros. Y en abril apareció K, que me ha dado (me sigue dando) tanto, con quien he vivido muchos momentos que -sin cinismos de ningún tipo- he de incluir en el esquivo concepto de felicidad. Y otras personas nuevas que he conocido (que estoy realmente conociendo), algunas de ellas plenas de atractivos y, sobre todo, buenas y honestas.

Así que, gracias a todas ellas porque han contribuido mucho a que ahora me de yo mismo buena nota en este balance anual. La cual no significa que haya llegado a ninguna meta (a donde seguramente no se llega nunca) sino que "progreso adecuadamente".

Ha habido este año también acontecimientos tristes. Ahora me vienen a la cabeza los dos más dolorosos: las muertes de Luis y Ángel ... He dejado de escribir un rato mientras veía sus caras (¡con qué claridad!) en mi mente. Ya no están; no puedo escribir nada más al respecto.

También ha sido triste la retirada de Enrique. Ha sido durante 15 años mi jefe directo, el mejor jefe que una persona como yo podía tener. Es además una excelente persona y un buen amigo. Con su marcha se cierra una etapa en mi trabajo y se acentúa la crisis que vivo respecto al mismo. Todo el año me he debatido entre seguir o irme, pedir una excedencia y probar otros ambientes (tengo algunas ofertas). En materia laboral el balance sería que sigo con parecida confusión a la que estaba a principios de año. Bueno, quizás haya despejado algunas incógnitas, pero permanecen muchas dudas. Imagino que, en un sentido u otro, la cuestión se dilucidará en 2007. Las decisiones son como las manzanas, muchas veces más que arrancarlas conviene dejar que caigan de maduras.

Ha sido este un año de muchas lecturas. Ahora me entran ganas de hacer una lista de los libros devorados, pero es un poco ridículo. En contra de lo que era habitual en mí, seguramente este año los ensayos han superado a las obras de ficción. He leído muy "intencionalmente"; es decir, buscando lo que me iba interesando en cada momento. Soy muy disperso en mis intereses, pero aún así ha habido temas que han acumulado más lecturas, respondiendo a mi etapa psicológica de desconciertos. Pero, además de los libros, este ha sido el año del descubrimiento de los blogs y, sin duda, sus lecturas han llenado muchas de mis horas y avivado mis intereses.

Más cosas; viajes, por ejemplo. No ha estado mal el año. Por supuesto, el viaje más completito fue el del mes de julio: 15 días recorriendo el Lazio (recién hace un mes terminé de ordenar las más de 500 fotos). Pero también varios viajitos cortos a la península (Madrid, Barcelona, Zaragoza), cada uno con su particular motivo al que se sumaban siempre sorpresas, agradables las más. Y además he de contar los saltos a las islas vecinas y las escapaditas de relax de fin de semana. En fin, que (sobre todo comparando con el año anterior), 2006 ha sido bastante más que aceptable en cuanto a mi movilidad. Y me gustaría que la racha continuase o, mejor, se incrementase. Tengo que investigar sobre las ofertas que por ahí pululan (por ejemplo, ir un día al aeropuerto y coger un charter prácticamente gratis al sitio de Europa que sea) y aprovechar de la reciente implantación en mi isla de compañías low cost. Se pasa muy bien viajando; era algo que había ido perdiendo en los últimos años y que he de fomentar.

En el lado de las cosas "malas" que me han pasado tengo que poner el accidente de coche que tuve el 15 de octubre. Por más que me esfuerzo, siguiendo los consejos de Eva, no logro verle el lado bueno. El coche ya ha sido dado de baja (su arreglo costaba más que su valor de mercado), lo cual ha aportado un "argumento" a la rabia de mi ex-mujer. Por suerte, el chaval que conducía el otro parece que ha salido bien parado si pienso en lo que pudo haber sido (fractura de cadera de la que está recuperándose). La ansiedad que sentí durante las dos primeras semanas ya no existe, por supuesto, pero me han quedado algunos efectos: conduzco con cierta tensión e incomodidad y siempre que paso por los semáforos fatídicos me viene el recuerdo desasosegante. La historia no ha acabado porque recibí el viernes una citación para acudir a declarar al Juzgado pasado Reyes. Parece ser que me han denunciado. Obviamente mantendrán que fui yo quien se saltó el semáforo a fin de ser indemnizados por mi seguro (su coche, por cierto, circulaba sin seguro). Procuraré que el trance pase lo más rápido posible y sin que me afecte demasiado en mi tranquilidad anímica. Ya veremos.

Pues me parece que voy a dejar ya esto del balance. Uno empieza a pensar en los acontecimientos del año que se va y, de pronto, se encuentra con que ha escrito demasiado y todavía le quedan cosas por revisar. En fin, como muestra un botón, básicamente porque no tengo más tiempo que hay que hacer otras cosas.

PS: Tendría, por ejemplo, que haber recordado los cines, teatros, conciertos y demás espectáculos de los que he disfrutado este año. Como no hay tiempo destacaré sólo el fantástico concierto de el Boss en Las Ventas. Para recordarle ahí va una canción suya en vivo (que, por supuesto, no tocó en Madrid).



 
Carta a mi ex-mujer

Estoy escribiéndote nada más irte. Te he pedido que te vayas porque sé (los dos lo sabemos) a qué situación habríamos llegado de seguir "hablando". Y quiero evitar que nos hagamos más daño; y me gustaría que tú quisieras lo mismo. Te he dicho -y es verdad, lo creas o no- que lo que más me gustaría sería que recuperáramos una relación cariñosa y de confianza. No quiero perderte; no lo he querido desde que decidiste romper nuestra pareja, y sigo sin quererlo.

En agosto del año pasado, en una carta que te envié cuando te ibas de casa, te decía que a mí sólo me perderías si tu quisieras, si te empeñaras en que así fuera (por entonces me habías dicho que tenías miedo de perderme). Esas palabras siguen vigentes, incluso mucho más, porque ahora te diría que trataré de ponerte difícil que quieras perderme. Pero también sé (como te he dicho en varias ocasiones) que en varios aspectos tú eres más fuerte que yo; así que es más que probable que si te empeñas logres matar cualquier atisbo de amor entre nosotros.

Es que tengo la sensación de que te empeñas, de que sigues considerándome alguien malo, alguien que quiere hacerte daño y del cual tienes que defenderte. Nuestra separación la planteaste como un acto de liberación frente a mis opresiones (tengo grabadas en el alma tus palabras en la consulta de Sandra) y, a partir de ahí, cada vez que yo he hecho algo que directa o indirectamente afectase a ambos, lo has juzgado como una agresión o, al menos, así lo he percibido yo. Siempre te las arreglas para darle la vuelta a las intenciones de las cosas que hago, interpretándolas como si tuvieran propósitos malvados, de aprovecharme de ti. De otra parte, sólo mencionas los hechos en los que -desde tu versión- me comporto egoístamente, omitiendo aquellos que tú realizas.

Es muy difícil poder hablar desde esos presupuestos. Y es muy doloroso cuando, ante todo lo que haces, bien o mal, pero siempre sin ninguna intención oculta y con el ánimo de acordarlo entre los dos (me creas o no), uno se encuentra con una actitud como la tuya, empeñada en pintarme como el enemigo que quiere sacar ventaja a tu costa. Y es especialmente doloroso cuando descubro que ese rencor lo llevas a las cosas materiales, porque es en ese aspecto donde veo más claramente que no hay sino rabia hacia mí, el deseo de que yo no saque nada bueno no porque sea a tu costa (no lo necesitas), sino por el hecho en sí.

Yo no quiero sacar ninguna ventaja (me creas o no, de nuevo). Te hice la propuesta de reparto buscando el equilibrio entre nuestras pertenencias y pensando (ingenuamente) que estarías de acuerdo. Pero -por supuesto- para que cambiaras lo que creyeras conveniente. Te pasé la lista de gastos que yo entendía que eran comunes que habían ido a mi cuenta bancaria con la misma intención y tal como habíamos hablado; esperando, naturalmente, que tú hicieras lo mismo. Siempre pensé que nunca íbamos a tener problemas en esto y así se lo he dicho a algunos amigos comunes; y me jode tener que admitir que esos amigos tenían razón.

Lógicamente yo tengo una cocina nueva y tú mantienes la que pusimos hace doce años. Lo que no piensas ahora es que dijimos que, al dividir las casas, había que hacer una cocina en la que yo estoy, independientemente de quién fuera a vivir en este lado; lo que no piensas es que tu lado es mucho mejor, tanto en orientación como en ruidos; de lo que te olvidas es de cómo fuiste planteando la división de las casas (empezaste el 11 de octubre por mail, cuando todavía estabas en el apartamento) y de cómo, al final, te dije que vale, que lo mejor era que tú te quedaras en el lado en que estás.

El coche. Poco tengo que añadir a lo que te dije hará algo más de un mes. Tuve un accidente y nos hemos quedado sin coche; en mi opinión, nada hay que repartir. Tú piensas, en cambio, que como el accidente lo tuve yo he de pagarte la mitad del valor del coche. Y hoy añades que crees que si hubiera sido al revés yo te habría exigido lo mismo. ¿Lo crees de verdad, desde el fondo de tu corazón?

Cosas como esas me has dicho muchas y me hacen mucho daño (que, seguramente, a estas alturas y a diferencia de hace un año, ya no te importa). En mayo, después de una de nuestras conversaciones frustradas, te dije por mail que sentía que entre nosotros había mucha fragilidad y te pedía que, para evitar dañarnos y ahondar rencores, procurásemos ambos tratarnos con cariño. Te aseguro que yo, con mayor o menor éxito, lo intento. Pero me da la impresión de que tú estás intentando devolverme los daños que sientes que te hecho. Y no parece que quieras que eso cambie, parece que quisieras suprimirme completamente. En enero, tras el incidente de mi cama, te escribí que me daba la impresión de que las cosas que hacías en relación a mí obedecían a tu necesidad de afirmarte en mi contra, porque seguías necesitando verme como un enemigo. Ahora me dices que te has dado cuenta de que estoy negociando contigo las cuestiones materiales para sacar ventaja, que no estás dispuesta a admitirlo y que lo mejor sería ponerse en manos de un abogado.

Vuelvo a preguntarte lo mismo: ¿crees eso de mí desde el fondo de tu corazón? Y, ¿es así como quieres que prosiga la relación entre nosotros? ¿No es posible que hablemos desde el cariño, sin dobleces ni desconfianzas?

Yo no soy tu enemigo. No te deseo ningún mal. Todo lo contrario; te deseo la mayor felicidad; deseo que eches de ti todos los sentimientos de rabia, de rencor; deseo que sólo sientas amor hacia fuera. Deseo también que te conozcas y que desde ahí te sientas en paz, y puedas recibir el muchísimo cariño que tanta gente te tiene y no te hagan daño cualesquiera comportamientos malévolos. Creo que, en relación a mí y a nuestra relación de 16 años, debes todavía resolver cosas y -seguramente- perdonarme y perdonarte. En cuanto al daño que, estando juntos, he podido hacerte, deberías saber que nunca fue a propósito sino, en la mayoría de los casos, resultado de mi torpeza afectiva y de mis muchos otros defectos. De muchos de esos defectos, por otra parte, he sido dolorosamente consciente (y, por tanto, me he esforzado en corregirlos) justamente al comprobar que te causaban dolor. Pero, en cualquier caso, también deberías pensar que la ruptura de nuestra pareja no fue sólo un acto defensivo tuyo ante mis "agravios"; deberías pensar en ti, no "usarme" ante ti misma como "excusa". Quizás entonces te vaya desapareciendo la rabia que me tienes y me veas de otra manera (yo creo que mucho más ajustada a la verdad). Y, sobre todo, quizás entonces suprimas un factor negativo hacia tu felicidad.

Hará unos 6 meses leí un artículo (que te adjunto) sobre la necesidad que, para su tranquilidad psicológica, muchos sienten de tener enemigos a quienes echar la culpa. Me pareció que, en gran medida, retrataba lo que yo creo que te pasa conmigo. Supongo que no estarás de acuerdo (ni con el artículo ni con lo que te he dicho hasta aquí), pero creo que debía decírtelo. Si simplemente leyeras estas frases (como todos los mails que te he enviado desde nuestra separación) con una actitud diferente, asumiendo -aunque sea a modo de hipótesis- que soy sincero (y lo soy), a lo mejor te valen para cuestionarte algunas de tus actitudes. Creo que sería bueno, no sólo para mí (que me encantaría), sino para tu propio bienestar interior. Sin embargo, ahora mismo, no puedo sino imaginarte leyendo desdeñosamente mis palabras.

Pese a ello las escribo; el motivo es que te quiero y no quiero que entre nosotros haya rencor. A lo peor ésta es una estrategia errónea para mis objetivos, pero no puedo usar otra, porque soy como soy. En cuanto a las cuestiones prácticas (cuya importancia para mí frente a tus sentimientos es nimia), te sugiero que seas tú la que me propongas el reparto que entiendas justo y te pido que, a partir de ahí, nos esforcemos ambos en acordar lo que acordemos en conversaciones calmadas y ordenadas, sin presuponer que el otro quiere aprovecharse ni nada por el estilo.

A este respecto, me gustaría evitar algo que has hecho repetidamente: echarme en cara como decisiones mías, acuerdos que te he propuesto y a los que, en su momento, diste tu conformidad. Son varios los ejemplos de lo que te dije más arriba de "darle la vuelta" a mis intenciones. Así, pasan los días y lo que yo creía que a ti te parecía bien (porque así lo me lo dijiste), resulta que no, que fue una decisión mía para aprovecharme, para sacar ventaja. Y, como tengo la sensación de que fuera cual fuera la propuesta que yo hubiera hecho posteriormente la ibas a interpretar como resultado de mis malévolas intenciones, es que te digo que hagas tú las propuestas.

En todo caso, haz lo que creas justo y conveniente. Y permite que mis mejores deseos de felicidad te lleguen. Un beso muy grande.

 
Reunión con 8 mujeres

El pasado jueves 21 me invitaron al almuerzo del estudio de mi amigo J. Comida griega que no estaba nada, pero que nada mal. Por supuesto fue la princesita; es más, ejerció como anfitriona (se levantó un par de veces para saludar brevemente a cada uno de los comensales), porque J estaba casi en un extremo en actitud lánguidamente condescendiente. Durante el almuerzo, bromas y risas políticamente correctas.

Tras los brindis se propuso movernos a algún bar a seguir la marcha. Al final fuimos un grupo de 8 mujeres y yo; ni la princesita ni J (ni unos pocos más) quisieron ir, pretextando cosas pendientes que hacer. Así que me encontré las siguientes 5 horas en compañía exclusiva y abundantemente femenina, con edades que variaban desde los veintipocos de Judith (una preciosidad) hasta los algo más de cuarenta de Vero; entre medias, Susana, Belén, Elena, Dácil, Bea y Dolo.

La conversación fue avanzando por "áreas temáticas", alcanzando mayores dosis de franqueza y cachondeo (ya nada políticamente correcto) a medida que los rones y whiskis iban haciendo sus efectos. Supongo que mi presencia en el grupo limitaría el desparpajo fluido de las charlas "only women" aunque, de ser así, las autocensuras fueron reduciéndose cada vez más. Siempre he opinado que las charlas entre mujeres son infinitamente más entretenidas que las que mantenemos los tíos; así que, pese a mi abrumadora minoría (o precisamente por eso) estaba encantado. De otra parte, el ser el único hombre del grupo me confería un indudable protagonismo; era algo así como una especie de arbitro o gurú que podía (y que debía) "validar" las distintas opiniones femeninas. Esa cualidad me venía reforzado por ser -ay- el de más edad y también seguramente por mi situación externa al estudio en el que todas trabajaban y, a la vez, conocedor casi íntimo de sus acontecimientos desde hace muchos años.

El primer asunto que se trató fue -cómo no- la influencia de la princesita en el estudio. Confirmé (si es que me hubiera hecho falta, que no) como todas estaban hasta los ovarios de la muchachita. Pero, al mismo tiempo, me percaté de que también estaban muy preocupadas por el futuro del estudio y, consecuentemente, de sus puestos de trabajo. Lo significativo es que nadie se atrevía a hablar con J y explicarle lo mal que se estaban poniendo las cosas, aunque muchas pensaban que, dada la habilidad de la princesita para cargar las culpas a los demás y su ascendiente sobre mi amigo, podrían resultar damnificadas gravemente a corto plazo. Yo opiné que era más que probable que si alguna se quejaba a J sólo agravaría su situación personal, al menos mientras durara su encantamiento. Quizás, si todas conjuntamente le hablaran ... En fin, el tema dio bastante de sí, combinando risas, preocupaciones, chismes, cinismo ... de todo.

Pero la protagonista de la tarde fue Bea, arquitecta de 36 años casada y con dos hijos pequeñitos. Acababa de tomar la decisión de separarse y quería desahogarse, soltar el revoltijo de emociones que la inundaban, oír opiniones ajenas, compartir sus sentimientos (hay que decir que Bea es una mujer -como hay tantas- "excesiva": habla mucho y apasionadamente, siempre acelerada, se vuelca a tope en todo lo que hace; y así sucesivamente). Su separación tiene -como todas- una historia particular previa.

A Salva, su marido, le detectaron un cáncer de hígado hará un año. El pronóstico, al principio, no era nada esperanzador. Él, por lo que ella me ha contado y mis propias percepciones las pocas veces en que coincidimos, la noticia lo apabulló, se quedó en un estado de desconcierto, lleno de miedo y tristeza. Tengo la impresión que, desde los primeros momentos, fue Bea quien tomó las riendas, forzó las acciones precisas para moverse. Esto es bastante corriente en casos de cáncer en pareja; en mi propio caso, con mi ex-mujer, ocurrió algo parecido. El enfermo, al saberlo, recibe un golpe casi paralizante; también su pareja se queda anonadada pero, normalmente a diferencia del otro, se niega a aceptar cualquier pronóstico fatal y, en cierto grado como respuesta a esa negación y para evitar pensamientos depresivos, impone un ritmo frenético de actividad, coge la dirección del proceso. Así hizo Bea, organizando todos los viajes (se operó y trató con quimio y radio en Barcelona), hablando con los médicos, resolviendo las múltiples gestiones ... y, por supuesto, cumpliendo con sus obligaciones laborales (en un Ayuntamiento y en el estudio profesional de mi amigo) y domésticas. A ello hay que sumar que la noticia del cáncer casi coincidió con la del embarazo de su segundo hijo, que nació hace pocos meses.

Bueno, dentro de lo que cabe, todo ha ido muy bien. Extraído el tumor (cortando unos cuantos trozos de vísceras; por cierto, el hígado vuelve a crecer) y pasadas la quimio y la radio con efectos dolorosos y muy debilitantes, aparte de otros secundarios, todas las pruebas indican que no hay señales de células cancerosas. Aún así, Salva habrá de sufrir de por vida una serie de limitaciones, especialmente referidas a su régimen alimenticio. Además, todavía está débil y no debería trabajar, no obstante lo cual, en contra de la opinión de Bea, desde hace un par de meses ha empezado a ir a su bufete (es abogado) media jornada. También asistió a algunas sesiones con una psicóloga, pero decidió dejarlas.

Y ahí está una de las cuestiones fundamentales: en el estado psicológico de Salva. Se siente hundido, asustado, no ha asumido lo que le ha ocurrido y no ha reaccionado en términos positivos ante lo que parecen ser buenos pronósticos. Al mismo tiempo, se ha ido encerrando cada vez más en sí mismo (tampoco creo que nunca haya sido demasiado expansivo, sobre todo si se le compara con su mujer) y se comporta con Bea, si no exactamente hostil, de un modo que se asemeja. Bea siente (esto lo repitió mucho) que le está continuamente reprochando todo, cualquier detalle nimio de su comportamiento; siente como si le estuviera culpando de que ella pueda seguir con su vida y él no, de que él haya tenido el cáncer y ella no. Para colmo, esta actitud de incomodidad sorda entre ambos no se hace explícita porque Salva no quiere hablar, se refugia en una especie de victimismo fatalista, haciendo notar con frecuencia sus dolencias y su estado enfermizo (por ejemplo, a principios de mes cogió una neumonía).

Bea dice que no puede más, que está harta. Que ella se sentía capaz de "tirar del carro", pero no sintiéndose sola y -sobre todo- reprochada. Que cada vez le apetece menos volver a su casa, que cada vez le importa él menos, que cada vez tiene menos ganas de compartir nada con su marido. El último viaje a Barcelona (pocos días antes de la reunión que estoy narrando) fue la gota que le colmó el vaso, porque la hostilidad de él aumentó. Así que, nada más volver, con la impetuosidad que la caracteriza, sin demasiada meditación (ella misma lo reconoce) decidió que no podían seguir juntos. Se lo dijo y a él le pareció muy bien; obviamente, sin ningún entusiasmo, como si fuera la consecuencia obligada (y morbosamente deseada) de su victimismo, de sus deseos de hundirse más en su depresión (porque supongo que es lo que él tiene).

Y hasta aquí los antecedentes. Luego vinieron las opiniones, cubriendo una amplia gama, cada una de ellas muy asociada al carácter e historia personal de quien la emitía. En un extremo estaba Vero, desde el principio convencida de que la relación había muerto y que lo que Bea tenía que hacer era olvidarse y volcarse a fondo en una nueva vida; Vero ha tenido muchas parejas y ninguna durante demasiados años. En la otra punta se colocaba Belén, unos treinta y cinco, defensora a ultranza del "romanticismo Corín Tellado", que se resistía a admitir que la relación se hubiera acabado. Bueno, tampoco voy a transcribir aquí el largo debate, bastante caótico, alternando reflexiones "profundas", bromas y cachondeos, sentimientos, diagnósticos tajantes ... Diré que al final hubo casi unanimidad en que no había sido la enfermedad la que había acabado con la relación, que ya antes Bea y Salva habían perdido muchos de sus vínculos afectivos. Los dos o tres años anteriores cada uno había ido separándose del otro, dedicándose cada vez más a su vida propia (básicamente profesional). En esas estaban, siguiendo juntos por la inercia adquirida y ante la ausencia de conflictos explícitos, cuando Bea se quedó embarazada y, enseguida, el cáncer. La enfermedad focalizó toda perspectiva y postergó cualquier otra consideración. Pero también, una vez superada esta primera (y esperemos que única) fase, sirvió para que afloraran en forma de conflictos explícitos las incompatibilidades y pocas ganas de seguir juntos.

Hay en la historia de Bea y Salva muchas similitudes con la mía y, al mismo tiempo, tantas diferencias. Yo me quedé con la impresión de que, dada la situación emocional de mi amiga, la separación es inevitable y debe ser inmediata, sin perjuicio de que, calmados los ánimos, pudieran volver a juntarse. Pero, la verdad, no creo que esto último ocurra; primero, porque es poco frecuente que una vez que se separan las parejas vuelvan; segundo, porque los veo (y desde que los conozco) muy distintos, con poco en común (en todo caso, dos hijos, que ya es bastante). Cuando mi ex-mujer me planteó separarnos (también dijo que temporalmente) y propuso que fuéramos a una psicóloga, ésta opinó que éramos dos personas muy compatibles, que creía que teníamos "mucho camino por delante que compartir". No creo que hubiera dicho lo mismo de Bea y Salva.

Lo que -hago un inciso- me lleva a algo que siempre he pensado: que es muy difícil que se consolide una relación de pareja entre personas sin suficientes "cosas objetivas" en común. Intuyo que es una condición necesaria aunque, obviamente, no suficiente. Pero esto sería otro motivo de otro post.

Y retomo el hilo para ir acabando (no pensaba que fuera a escribir tanto). Sentada la postura rupturista, y todos con suficientes rones en el cuerpo, la conversación se volcó en asuntos sexuales. Porque -también coincidencia casi unánime- Bea tenía rápidamente que follar, como terapia de choque antidepresiva, como la manera más eficaz de desahogarse, de cargar las pilas. Alguna propuso que se enrollara con un compañero del Ayuntamiento en el que trabaja, un chico más joven que ella y bastante pánfilo que -parece ser- es "mono"; pero la propuesta fue descartada porque probablemente esté enamoriscado de ella y de lo que se trataba era de rollitos dulces y cariñosos, pero sin riesgos de ataduras. Diré que yo estaba también entre los candidatos y que, en el cachondeillo premeditadamente ambiguo (que quede la duda de si es o no broma), Bea se sumó al juego.

Y así seguimos un buen rato, cayendo de vez en cuando unas cuantas confesiones sobre gustos y fantasías sexuales que, tras las carcajadas inmediatas por la franqueza impudorosa de la declarante, resultaban ser compartidos muy mayoritariamente. En fin, reunión interesante y, sobre todo, divertida. Todos encantados y nos despedimos prometiéndonos repetir lo antes posible.