Tras leer el post de hoy de Marguerite sobre mitología egipcia, me ha apetecido rondar yo también esos lares; así que he ido a rebuscar en viejas carpetas informáticas, de cuando me dio por leer y escribir sobre tales asuntos. Encuentro así la historia de Lilith que no me resisto a pasar a este blog.
Como es sabido, Dios creó al hombre en el sexto día de la creación, haciéndole dueño de la tierra y de todo lo que ésta contenía. Adán empezó a dar nombre a los animales, que es forma primigenia de tomar posesión. Los animales desfilaban ante Adán sometiéndosele, siempre en parejas de macho y hembra. Adán, en su unicidad, sintió celos de ellos y, tras intentar sin suficiente éxito de explorar las posibilidades de acoplamiento con la mayoría de las hembras animales, rogó a Dios que le diera una compañera.
Dios entonces formó a Lilith. Y lo hizo de la misma manera que había hecho con Adan, es decir, modelándola a partir del polvo terrenal e insuflándole la vida. El caso es que, una vez juntos, la relación de pareja no fue demasiado bien, ya que Lilith no resultó lo sumisa que Adán deseaba. Los mosqueos eran especialmente importantes a la hora del triqui-triqui, porque Adán se empeñaba en montarse sobre ella y Lilith se negaba; la chica opinaba que, al estar hecha de la misma materia que el hombre, era su igual y no debía estar debajo. El Adán del mito no debía gustar mucho de la negociación ni tampoco tendría ganas de experimentar nuevas posturas, así que, aprovechando que era más fuerte que su compañera, la forzó a ponerse debajo y santas pascuas. Lilith, indignada, se rebeló, tanto contra Adán como contra Dios a quien debía considerar bastante parcial en favor de su compañero (y no le faltaba razón). Así que reveló en voz alta el nombre mágico de Dios (Dios es el innombrable en la religión judía) y, aprovechando sus poderes mágicos, se escapó volando de Adán.
Adán se quedó muy jodido: su juguete se le había escapado y volvía a estar solo. En vez de ir a buscarla y pedirle perdón (algo que no encajaría con la línea ideológica del mito), llamó a Dios y le reclamó que interviniera. Dios (para eso estamos) envió tres ángeles a buscarla y éstos la encontraron junto al Mar Rojo, una región plagadita de demonios lascivos. Allí estaba la Lilith retozando como loca con los demonios, beneficiándose diariamente a más de un centenar (parece un poco exagerado, pero ...). Y además, se dedicaba a parir hijitos, que se llaman Lilim y que han seguido existiendo durante toda la historia. Los tres ángeles la amenazaron de muerte si no volvía, pero ella, tras explicarles que carecía de sentido que después de su estancia en el Mar Rojo volviera a vivir como Adán en plan de sumisa ama de casa, les devolvió la pelota con otra amenaza: si la mataban, sus descendientes asesinarían a los hijos varones de los hombres por toda la eternidad. La circuncisión judía está relacionada con esta amenaza: con tal ritual se protege a los bebés del poder de Lilith mediante la invocación de los tres ángeles que pactaron con ella.
Así que Adán se tuvo que fastidiar, al menos hasta que Dios le hizo a Eva. Esta vez, escarmentado, la formó a partir de la costilla del hombre, para que estuviera sometida a él y no le saliera respondona.
El mito, tal como lo he resumido, no está en la Biblia. De hecho, al hablar de la creación hay dos versiones ligeramente diferentes en Génesis 1 y 2. En Gen 1, 26-27 dice que Dios creó al hombre macho y hembra, pareciendo que los hizo a la vez, ambos a su imagen y semejanza, ambos para mandar sobre toda la tierra. En Gen 2,18-25 se cuenta la creación de Eva a partir de la costilla de Adán. Y cuando Adán despierta de su sueño y conoce a Eva dice: “ésta vez sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne ...” Parece que hubiera habido una vez anterior en la que la compañera no era hueso de sus huesos y carne de su carne. El caso es que parece que de estas divergencias nace el mito de Lilith.
Cuando digo que el mito no está en la Biblia me refiero a que no aparece contado como un relato; sin embargo, sí aparecen menciones a Lilith, así como a diversos demonios que son parientes suyos; lo que pasa, es que sólo con la Biblia no se puede entender de dónde salen. En el Talmud tampoco hay una narración del mito, pero el nombre de Lilith es el de los demonios hembras, y se usa profusamente. En todo caso, la historia forma parte de la mitología judía y puede encontrarse en el libro de Robert Graves sobre los mitos hebreos (creo que lo escribió en colaboración, ahora no lo tengo a mano).
De otra parte, hay quien sostiene que ese mito no está incluido en ninguna fuente hebrea ni en la tradición rabínica, sino que tiene su origen en la literatura mística judía, concretamente, en el "Alfabeto de Ben Sira" del siglo X, de donde pasa al Zohar y a otros textos de la tradición hebrea. Parece que este libro es una especie de reinvención de historias bíblicas, tratando a los personajes sagrados de forma irreverente y blasfema. No se conoce su autor ni tampoco las motivaciones que tuvo al escribirlo. En cualquier caso, parece que fue aceptado por bastantes comunidades judías, especialmente centroeuropeas, lo que explicaría la gran profusión entre ellos de amuletos anti-Lilith para proteger a los recien nacidos. Por cierto, esta Lilith de origen medieval proviene, a su vez, de un demonio femenino (un súcubo) del panteón sumerio-babilónico.
De cualquier modo, la historieta de Lilith tal como la he contado ha sido muy divulgada, especialmente en el mundo occidental y se asocia en esos términos con la cultura religiosa judía y, especialmente, como explicación de la actitud profundamente antifeminista de las doctrinas rabínicas. Como siempre, la veracidad no es muy relevante en cuanto al éxito de público; y Lilith ha tenido su cuota propia (símbolo feminista, vampirismo, magia, etc). Estamos en el mundo de la magia y de la poesía tan sugerente en sí mismo como para obsesionarse por rigores eruditos.
Por tanto, si bien es cierto que tenemos tendencia a poner en mentes de otras épocas ideas nuestras, lo cierto es que, en este caso, lo que se ha hecho es "aprovechar" un mito antiguo para simbolizar con él ideas contemporáneas. No es exactamente lo mismo.
Tenemos tendencia a poner en mentes de otras épocas ideas que son sólo de la nuestra, o a interpretar textos antiguos como si los hubiéramos escrito nosotros, y eso es un error.
Por cierto que Adán no es que tuviera mucha suerte con las mujeres porque ya ves lo qué le paso con Eva... ¿No sería que el chico era un poco tonto?
Besos
Gracias por traer esta historia no la conocía. Un beso.





