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Varón, 47 años. Cerrando etapa y sin saber cuál abro.

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Ludovico (presentación)

Ludovico tiene fobia a las vaginas. Una fobia tremenda, incontrolable. ¿Que qué es eso de fobia a las vaginas? Pues que no las soporta, que no puede ni verlas y mucho menos olerlas, tocarlas (o sentirse tocado por ellas). Bueno, y no digamos gustarlas, saborearlas, lamerlas ... Ya sólo pensar en una vagina le crea una sensación indefinible de malestar general, amagos de mareo, nerviosismo. Pero bueno, le es fácil evitar estos síntomas porque Ludovico rechaza de forma casi automática cualquier atisbo de pensamiento que enlace con el objeto de su peculiar fobia. Claro que a veces, con demasiada frecuencia para su gusto, lo escucha en conversaciones con amigos. Ciertamente, en casi todas las ocasiones, con otros nombres que todavía agreden más la sensibilidad de Ludovico. Porque el término vagina, con esa sonoridad más bien neutra pese a la aspereza de la sílaba intermedia, le resultaba, dentro de lo que cabe, aceptable. Pero oír coños, almejas, rajas, chochos (o chuchas o conchas como dicen sus compañeros sudamericanos) y demás vulgaridades le ponen de los nervios, seguramente por la descarga visual que producen. Cuando esto ocurre, Ludovico salta como un poseso, reclamando airado el silencio, hasta el punto de haberse ganado fama entre quienes le tratan de persona puritana y extremadamente puntillosa en asuntos de sexo.

Nada más lejos de la realidad, sin embargo. Porque Ludovico, si no un obseso, es desde luego una persona de gran sexualidad, un hombre muy erotizado. Desde muy joven Ludovico se descubrió como una persona de fuertes impulsos sexuales, y todavía ahora, en torno a los cuarenta (año más o menos), la atracción por las mujeres se mantiene intacta. Y no es una pulsión tranquila, sino manifestada en oleadas violentas de deseo, un día sí y otro también, y varias veces cada día. Vamos, que el depósito de la lujuria lo tiene a rebosar, presto a inflamarse ante la chispa de cualquier hembra (porque casi todas, dice Ludovico, están buenísimas).

Le gustan pues las mujeres, y mucho. Ahora, le gustan por piezas. Quiero decir que el objeto de su arrebatado deseo no es un cuerpo femenino en su conjunto, sino partes concretas. Su excitación reside en cada una de estas partes en sí mismas, descontextualizadas de las otras. Una mujer es para él una colección andante de excitadores de su sexualidad y el que estén ensamblados entre sí en un determinado orden le resulta casi del todo indiferente. Me contó una vez que era como si pudiera atribuir a cada parte de un cuerpo una nota, expresada en unidades de excitación sexual que le provocaba. La "nota" de una hembra concreta era, por tanto, la suma exacta de las notas de sus partes. Por ejemplo, si unas tetas le ponían a cien, su excitación no variaba (ni para más ni para menos) por la relación que tuvieran con la cintura de su propietaria.

Conviene aclarar que esta enfermiza (porque no me cabe duda de que se trata de una patología) sexualidad de Ludovico no se extiende a otros aspectos de sus relaciones con las mujeres. En concreto, él ve a una mujer como un ser humano en su integridad, en su conjunto. Aprecia global e interrelacionadamente todas las características de su personalidad, incluyendo las estéticas. Y las emociones que ante una mujer siente (especialmente el enamoramiento) dependen de esa percepción de conjunto. La excepción es la atracción sexual.

He calificado de patológica esta sexualidad y he ahora de decir que el propio Ludovico así lo admite. De hecho, ha consultado su caso con varios psicólogos y psiquiatras, buscando terapias que corrijan su anormalidad. Pero poco ha avanzado. Piensa Ludovico que su excitabilidad está totalmente divorciada del resto de sus reacciones emocionales, como si fuera algo aparte. Es más, no funcionan bien simultáneamente. Por eso, cuando Ludovico, siguiendo los consejos de algún terapeuta, ha procurado "combinar" en una relación sexual el sentimiento amoroso y la lujuria, una de las dos se resentía. No es que no pueda tener sexo con una mujer a la que ama, pero cuando está follando no la está amando, no está embargado por esos sentimientos arrobados y tiernos. Y cuando el amor hacia una mujer se apodera de él, cuando siente esa "unión íntima de las almas" (así lo define él), no nota el mínimo atisbo de atracción sexual.

Quedamos pues en que Ludovico tiene una sexualidad disociada y fragmentaria. No todos los "fragmentos" que le excitan son iguales o, mejor dicho, tienen la misma potencia estimulatoria. Desde luego, el primer puesto, con diferencia, se lo llevan los culos. Pero prácticamente todas las partes del cuerpo de la mujer son capaces de generarle excitación. Unas orejas, especialmente los lóbulos; labios, sobre todo los de apariencia carnosa; las áreas laterales de un cuello; un ombligo, en particular esos que parecen mal anudados; las rodillas, más cuanto más redondeadas; los pies (puede pasarse un rato largo describiendo algunos que le hayan impactado); los pechos, grandes, algo caídos, en forma de "peras jugosas" como gusta describirlos ... En fin, que no hay apenas parte del cuerpo femenino que no sea objeto de su admiración, de la que no sea capaz de extraer estímulos inagotables.

La excepción es -ya lo he dicho- la vagina. Así que una hembra (suele usar este término para referirse a la mujer como objeto de sus deseos sexuales) es, para él, un agregado de partes maravillosas (unas más que otras) entre las que se incluye, desgraciadamente, una que le repugna. No obstante, a pesar de que todas vienen con vagina de serie, Ludovico ha entrenado una notable habilidad para abstraer su existencia, por el simple mecanismo de concentrar su atención en aquellos otros elementos tan cargados de erotismo. Podría decirse que Ludovico hace el amor, real o imaginariamente, con partes concretas y nunca con la mujer en su totalidad. Y no se crea que exagero demasiado, porque más de una vez me ha narrado el goce sentido con la chica de aquellas muñecas tan excitantes, o cómo olió, lamió, absorbió, acarició durante larguísimo tiempo el lunar que una pelirroja poseía en la columna, justo donde se iniciaba la curva del culo.

Un tío tan raro, pensarán todos, poca vida sexual debe tener. Cualquiera dudaría de que, con tales anomalías, pueda encontrar mujeres reales dispuestas a acostarse con él. Sin embargo, por extraño que parezca, Ludovico ha follado siempre regular y frecuentemente. Ha tenido parejas estables (incluso ha estado casado durante diez años) y ligues ocasionales; también hubo una época en la que recurría con cierta asiduidad a las prostitutas. Cómo logra aparearse se explica conociéndole, sabiendo que cuenta con numerosas cualidades que le hacen atractivo, además de haber desarrollado una estrategia personal para disimular primero y hacer entender después sus inclinaciones y fobias.

Como ya llevo bastante escrito sobre este individuo voy a dejarlo aquí. De momento, porque me quedan bastantes cosas que contar, la mayoría relacionadas (obviamente) con su vida sexual. ¿Qué cómo conozco todo esto? Pues porque, no me pregunten la razón, Ludovico me considera su mejor amigo, el único (son sus palabras) en quien puede confiar. No es que me sienta muy cómodo con sus confidencias pues el descubrir sus manías y enterarme de muchos detalles íntimos a veces me ha dejado algo desasosegado. Te haces una idea de un tipo que te cae bien (insisto en que tiene muchas cualidades atractivas) y poco a poco te va desvelando facetas suyas que te descolocan. ¿No se podría haber ahorrado las confidencias? Pero en fin, también esas anomalías las va uno poco a poco encajando y aceptando. No por eso va a dejar de ser un buen tipo, o es que ¿no somos acaso todos un poco rarillos?


 
Comentario:
Desde luego, Ludovico es el fetichista más extraño del que tengo noticias :D A mí, como a Marguerite me resulta curiosa su repugnancia cuando, efectivamente, tantos hombres hay que no parecen conocer otro lugar de la anatomía femenina (y encima, mal)
 
Comentario:
ummmm, que atractivo este ludovico, a ver si me lo presentas, yo odio que me toquen la vagina. jajaja. besos
 
Comentario:
Cada vez entiendo más que mi estado de soledad transitoria se esté convirtiendo poco a poco en permanente.

Ya nos explicaras cómo demonios se las apaña tu amigo para tener relaciones sexuales sin incorporar la vagina, resulta curioso, ya que algunos hombres se empeñan en que ese es el único órgano sexual que tenemos.

Besos
 
Comentario:
Hay algo que no entinedo, lo que le causa fobia a este hombre es la vagina en sí o el exterior que esconde la vagina, la bulba, los labios y demás, o todo en conjunto. Y si este señor tiene repulsión por las vaginas cómo consigue llevar a término un coito sabiendo que lo hace a través de una vagina. Qué cosas más raras, no es, a lo mejor, que lo que este señor no quiere hacer es un cunnilingus??? pues que lo diga así y se deje de remilgos de lunares en ese lugar sin nombre donde acaba la espalda. A ver si me lo explicas. Un beso.
No