Tres horas de vuelo con la noche cayendo. Un sudoku samurai de un País atrasado, un par de capítulos de la última de Irving, algunas canciones del i-pod. Pero la modorra se impone y me embebe la niebla somnoliente; ese espacio fronterizo entre el sueño y la vigilia.
Por unos momentos, poco antes de aterrizar, semisueño con R. Me despabila el altavoz (en breves momentos tomaremos tierra en el aeropuerto de ...) y me descubro con una extraña sensación de tristeza, quizás de nostalgia. Han sido muchos años juntos, muchos viajes compartidos ...
Luego conversación con mi hermana. Me cuenta su charla telefónica del otro día (era el cumpleaños de R). Yo le cuento mi último y desagradable diálogo con ella, el malestar de mi vergüenza, la rabia (infantil) de haber sido puesto en evidencia.
No la amo, sé que ya no la amo. Imagino volver con ella y no me produce la más mínima apetencia, al contrario. Pero quizás haya ahora, una vez ido el amor, una cierta y sutil nostalgia de la relación acabada. No lo sé.
En todo caso, sólo estoy poniendo por escrito una sensación huidiza vivida en el amodorramiento aéreo. Sabes que es a ti a quien quiero, ¿verdad?
Basta ya, me voy a la cama porque aquí es una hora más.
Besitos salados de CHOI
Vuelve pronto...





