¿SE DESPIDE MI BLOG?
Hace cuatro meses comencé a escribir en este blog. Al presentarme ya dije que fue para una práctica de una asignatura de mi carrera: periodismo. Tenía que elegir un tema y en seguida lo tuve claro. Cuando uno está lejos de su tierra es cuando te sientes más cerca de ella. De esta forma, a parte de disfrutar, también conocería la actualidad de mi ciudad estando a tantos kilómetros.
La verdad es que el mundo de la informática es un poco desconocido para mí, me resulta un poco complicado y al principio fue eso lo que no me llamó tanto la atención. Pero he podido comprobar que es una cosa muy sencilla y que puedes divertirte y aprender mucho haciéndolo. A parte, es gratificante escribir un artículo o un reportaje sabiendo que hay alguien que lo va a leer. He descubierto un poquito lo que es este nuevo medio Internet y todas las salidas y opciones que ofrece al usuario. Creo que ha sido una actividad que ha aportado conocimientos para la que será, o eso espero, mi futura profesión.
La asignatura para la que estoy haciendo este blog ya llega a su fin. Se supone que ya no voy a estar obligada a seguir con esto. Pero creo que serán muchos los artículos que siga publicando. Quiero ser periodista y a los periodistas nos gusta escribir. ¿Qué mejor modo de exponer unas ideas y dar espacio para que los demás opinen al respecto? Así que, como dicen en los informativos, hasta aquí el artículo de hoy y nos vemos cada semana, a la hora que queráis y en la misma página...
La verdad es que el mundo de la informática es un poco desconocido para mí, me resulta un poco complicado y al principio fue eso lo que no me llamó tanto la atención. Pero he podido comprobar que es una cosa muy sencilla y que puedes divertirte y aprender mucho haciéndolo. A parte, es gratificante escribir un artículo o un reportaje sabiendo que hay alguien que lo va a leer. He descubierto un poquito lo que es este nuevo medio Internet y todas las salidas y opciones que ofrece al usuario. Creo que ha sido una actividad que ha aportado conocimientos para la que será, o eso espero, mi futura profesión.
La asignatura para la que estoy haciendo este blog ya llega a su fin. Se supone que ya no voy a estar obligada a seguir con esto. Pero creo que serán muchos los artículos que siga publicando. Quiero ser periodista y a los periodistas nos gusta escribir. ¿Qué mejor modo de exponer unas ideas y dar espacio para que los demás opinen al respecto? Así que, como dicen en los informativos, hasta aquí el artículo de hoy y nos vemos cada semana, a la hora que queráis y en la misma página...
LOS NIETOS DE ALQUIFE 3ª PARTE
El pueblo fue quedándose más vacío con el paso del tiempo. Las familias se fueron a buscar trabajo a otros lugares. Durante la mayor parte del año son pocos los que se quedan aquí. Otra cosa muy distinta es cuando llega Navidad, las fiestas de abril, verano o algún que otro puente. En estos días somos siempre los mismos, pero nunca faltamos a nuestra cita. Somos los nietos de los que vivieron el Alquife minero.
Lo que más nos gusta son las fiestas de abril, en honor a su patrón, San Hermenegildo. El Santo recorre todas las calles del pueblo. En muchas de las casas se detiene porque las familias quieren tirar docenas de cohetes a su paso; hay algunas que preparan sangría para las personas que van en la procesión, así como para los que llevan el trono del patrón. Las tracas esperan por todos lados, incluso hay una, que es muy famosa, que se coloca en el cerro. Cuando son las once de la noche, y San Hermenegildo está próximo a la Plaza de la Iglesia, es cuando más gente hay en la calle, porque cuando el Santo llegue a dicha plaza, la banda de música, acompañada por el gentío, se dirige a la recogida del Gran Palo Alquifeño. Los jóvenes cogen el Gran Palo, rodeado de cientos de explosivos, y todo el mundo canta al compás de las notas tocadas por la banda. Al llegar a la plaza, y tras ofrecérselo a San Hermenegildo, lo levantan con cuerdas y lo dejan preparado, dando tiempo para que podamos correr y situarnos debajo de algún balcón que nos resguarde de los cohetes. Es impresionante ver arder el Palo. Aunque hay algunos años que ha sido tan bestial, como el pasado 2005, que ha causado heridos y algunos cristales rotos de farolas y ventanas. Lo que queda de esta “bomba” permanece en el mismo sitio hasta las próximas fiestas.
También, en Navidades, tenemos la fiesta de los disfraces, donde cada grupo de jóvenes confecciona sus propios trajes y compiten en la Nave Blas Infante para llevarse un premio en efectivo.(¡Arriba esos piratas!).
Son muchas las risas que nos echamos en el pueblo. Y, aunque ha habido años en los que hemos estado muy pocos, siempre cada Nochevieja y cada fiesta son algo especial. No serían lo mismo si no fuera en Alquife. No sería lo mismo sin probar el “choto” de las abuelas y los cafés en el pub.
En la actualidad, el cerro está llevándose las casillas abandonadas. Los que más abundan por sus callejuelas son los gatos, que siempre te asaltan allá a donde vayas. Lo curioso es que, tras estar muy poquitos, de nuevo Alquife parece ir cobrando vida. Se están construyendo nuevas instalaciones, nuevos hogares, y hay algunos extranjeros que compran lo que queda de las casas del cerro. De Los Pozos, la mayoría de las noticias son confusas: que si los compra uno, que si los compra otro. Ahora se habla de que los van a nombrar de interés cultural. Lo que sí es cierto es que parece que la gente vuelve al pueblo.
Aunque los mayores se nos van yendo, nuestros padres y nosotros, los jóvenes, siempre nos hemos sentido muy apegados a esta tierra de color rojo y de pasado minero…
Lo que más nos gusta son las fiestas de abril, en honor a su patrón, San Hermenegildo. El Santo recorre todas las calles del pueblo. En muchas de las casas se detiene porque las familias quieren tirar docenas de cohetes a su paso; hay algunas que preparan sangría para las personas que van en la procesión, así como para los que llevan el trono del patrón. Las tracas esperan por todos lados, incluso hay una, que es muy famosa, que se coloca en el cerro. Cuando son las once de la noche, y San Hermenegildo está próximo a la Plaza de la Iglesia, es cuando más gente hay en la calle, porque cuando el Santo llegue a dicha plaza, la banda de música, acompañada por el gentío, se dirige a la recogida del Gran Palo Alquifeño. Los jóvenes cogen el Gran Palo, rodeado de cientos de explosivos, y todo el mundo canta al compás de las notas tocadas por la banda. Al llegar a la plaza, y tras ofrecérselo a San Hermenegildo, lo levantan con cuerdas y lo dejan preparado, dando tiempo para que podamos correr y situarnos debajo de algún balcón que nos resguarde de los cohetes. Es impresionante ver arder el Palo. Aunque hay algunos años que ha sido tan bestial, como el pasado 2005, que ha causado heridos y algunos cristales rotos de farolas y ventanas. Lo que queda de esta “bomba” permanece en el mismo sitio hasta las próximas fiestas.
También, en Navidades, tenemos la fiesta de los disfraces, donde cada grupo de jóvenes confecciona sus propios trajes y compiten en la Nave Blas Infante para llevarse un premio en efectivo.(¡Arriba esos piratas!).
Son muchas las risas que nos echamos en el pueblo. Y, aunque ha habido años en los que hemos estado muy pocos, siempre cada Nochevieja y cada fiesta son algo especial. No serían lo mismo si no fuera en Alquife. No sería lo mismo sin probar el “choto” de las abuelas y los cafés en el pub.
En la actualidad, el cerro está llevándose las casillas abandonadas. Los que más abundan por sus callejuelas son los gatos, que siempre te asaltan allá a donde vayas. Lo curioso es que, tras estar muy poquitos, de nuevo Alquife parece ir cobrando vida. Se están construyendo nuevas instalaciones, nuevos hogares, y hay algunos extranjeros que compran lo que queda de las casas del cerro. De Los Pozos, la mayoría de las noticias son confusas: que si los compra uno, que si los compra otro. Ahora se habla de que los van a nombrar de interés cultural. Lo que sí es cierto es que parece que la gente vuelve al pueblo.
Aunque los mayores se nos van yendo, nuestros padres y nosotros, los jóvenes, siempre nos hemos sentido muy apegados a esta tierra de color rojo y de pasado minero…
¿QUÉ QUEDA DE LOS POZOS? 2ª PARTE
Cada vez que voy a mi pueblo busco tiempo libre para escaparme a pasear por lo que queda de sus minas. Todo sigue estando rojo. El agua, al no funcionar las bombas, ya ha inundado gran parte de la cantera; de los cerca de 200 metros de profundidad que tiene, ya son más de 100 los que están anegados. Al mismo tiempo es un paisaje bonito y desolador.
Los Pozos, al fondo, se ven solitarios, silenciosos, llenos de recuerdos y vacíos de vida. Aunque ya no está permitida la entrada, muchos somos los que nos “colamos” para comprobar qué ha cambiado año tras año. Siempre me acerco a la que fue la casa de mis abuelos y mi padre, la 351. Las ventanas están rotas, puedes entrar a muchas de las viviendas, aunque es peligroso, pues se están viniendo abajo. Todo está en calma, sólo se escuchan los pájaros si es primavera. Las pizarras de la escuela siguen pintadas, aunque los pupitres y los libros que había esparcidos por el suelo ya han desaparecido. Una de las cosas más impresionantes es la capilla. Las campanas cuelgan a cada lado, la pintura se cae, algunos cristales también están rotos, la gran puerta de madera cerrada,… Dentro sigue todo igual, con el altar y las flores artificiales dentro de jarrones. Todos los bancos llenos de polvo, y el confesionario intacto. Las escalerillas que suben hacia donde se instalaba el coro y desde donde se tocaban las campanas. Al fondo se ven las vías del tren, que pasaba por mitad del barrio para llevar el mineral hasta el Puerto Alquife de Almería. También puedes entrar al bar-discoteca de Los Pozos: la barra sigue allí, el teléfono antiguo cuelga de la pared, y están las columnas en medio de lo que parece una pista de baile. Están las casas de la gente más adinerada, que aún conservan los suelos de madera, las chimeneas de piedra, las fuentes en medio de los patios y los muebles de la cocina. Puedes ver el cine de invierno, con sus filas de sillas. Muchas de las cocheras están abiertas, y muchos de los corrales están destrozados. Hay hasta una gasolinera, con camiones abandonados y aparcados al fondo. Los talleres aún conservan los cascos de los mineros y algunas herramientas. Toda la maquinaria está inservible, pues los años a la intemperie las han devastado.
A pesar de su aspecto fantasmal, al pasear por esas calles cubiertas de mineral y de cristales rotos, se puede sentir las vidas de las personas que habitaron este lugar, las risas de los niños, las charlas de los mayores, las fiestas y el trabajo.
Los Pozos, al fondo, se ven solitarios, silenciosos, llenos de recuerdos y vacíos de vida. Aunque ya no está permitida la entrada, muchos somos los que nos “colamos” para comprobar qué ha cambiado año tras año. Siempre me acerco a la que fue la casa de mis abuelos y mi padre, la 351. Las ventanas están rotas, puedes entrar a muchas de las viviendas, aunque es peligroso, pues se están viniendo abajo. Todo está en calma, sólo se escuchan los pájaros si es primavera. Las pizarras de la escuela siguen pintadas, aunque los pupitres y los libros que había esparcidos por el suelo ya han desaparecido. Una de las cosas más impresionantes es la capilla. Las campanas cuelgan a cada lado, la pintura se cae, algunos cristales también están rotos, la gran puerta de madera cerrada,… Dentro sigue todo igual, con el altar y las flores artificiales dentro de jarrones. Todos los bancos llenos de polvo, y el confesionario intacto. Las escalerillas que suben hacia donde se instalaba el coro y desde donde se tocaban las campanas. Al fondo se ven las vías del tren, que pasaba por mitad del barrio para llevar el mineral hasta el Puerto Alquife de Almería. También puedes entrar al bar-discoteca de Los Pozos: la barra sigue allí, el teléfono antiguo cuelga de la pared, y están las columnas en medio de lo que parece una pista de baile. Están las casas de la gente más adinerada, que aún conservan los suelos de madera, las chimeneas de piedra, las fuentes en medio de los patios y los muebles de la cocina. Puedes ver el cine de invierno, con sus filas de sillas. Muchas de las cocheras están abiertas, y muchos de los corrales están destrozados. Hay hasta una gasolinera, con camiones abandonados y aparcados al fondo. Los talleres aún conservan los cascos de los mineros y algunas herramientas. Toda la maquinaria está inservible, pues los años a la intemperie las han devastado.
A pesar de su aspecto fantasmal, al pasear por esas calles cubiertas de mineral y de cristales rotos, se puede sentir las vidas de las personas que habitaron este lugar, las risas de los niños, las charlas de los mayores, las fiestas y el trabajo.
ALQUIFE, UN PUEBLO DE MINERAL ROJO 1ª PARTE
Granada está llena de contrastes. Culturas tan diferentes que conviven en sus calles. Calor agotador en verano y frío de nieve en invierno. El verde de Las Alpujarras y la seca tierra de El Marquesado. Y es que cuando sales de la capital y te diriges hacia Guadix, el paisaje se transforma en piedras erosionadas por el paso del tiempo, el aire y el sol. Es un desierto de roca, cuyo mayor encanto es una visión de Sierra Nevada blanca desde un punto de vista que no existe en la ciudad. Pero no es de las casas hechas en las montañas de Guadix de lo que quiero hablar; tampoco del conocido castillo de La Calahorra. Es Alquife el pueblo que quiero que conozcáis; mi pueblo. Un lugar marcado por su pasado minero.
Fueron romanos y árabes los que empezaron a aprovechar la riqueza de estas tierras en la extracción del mineral de hierro. Y así siguió siendo a lo largo de los siglos….hasta principios de los años noventa. Pero no quiero poner datos y fechas de forma objetiva, pues para mí es distinto. Conozco sus gentes, las calles destruidas y abandonadas del cerro donde siempre hemos jugado, conozco su olor en primavera y en invierno, conozco sus minas y Los Pozos, las estrellas que se ven desde La Redonda cuando vas hacia el polideportivo, … No podría escribir sin implicarme. Pero empecemos desde el principio…
La mayoría de nuestros abuelos trabajaron en las minas. Gente de todos los pueblos que conforman El Marquesado del Zenete venían a Alquife a buscar trabajo. Había puestos en la cantera, en la pólvora, en la maniobra de vagones, en la electricidad, en el correo,… En el cerro alquifeño había cuevas naturales, pero comenzaron a aparecer grietas a causa de la actividad minera. Allí era donde antes vivían, en casitas encaladas, la mayor parte de las personas del pueblo. Pronto surgió Los Pozos, el barrio donde residían tan sólo los mineros y sus familias. Mis abuelos, como muchos otros, se trasladaron aquí. Había cerca de sesenta viviendas. Tenían cinco colegios, una capilla, cine de verano y de invierno, un centro médico, sus cocheras y sus corrales. Todo el mundo se conocía; cuando había comuniones, todos los allí residentes acudían sin precisar una invitación. En los grandes montes artificiales, formados por la tierra extraída de la mina, se reunían los chiquillos para jugar. Los jóvenes quedaban por las noches en las puertas de las casas para tocar la guitarra y reír. Cuando soplaba el viento, el rojo mineral se arrastraba hasta las ventanas de los hogares. Este es el color característico de mi pueblo. Por esta razón, fueron muchas las familias que comenzaron a construirse casas en Alquife. Mis abuelos se fueron a la “Plaza del Charco”. Aún recuerdo cuando, teniendo cuatro o cinco años, salíamos a la plaza y, al volver a casa, estábamos manchados de mineral rojo. Pero eso no duraría mucho. Las minas las cerraron a principios de los noventa. Cerca de 2.500 trabajadores fueron despedidos. Hubo grandes manifestaciones. La mina no tenía mucha maquinaria; también, al ser a cielo descubierto, la bomba de extracción de agua no daba abasto…Total, aunque seguía existiendo mucho mineral de hierro que sacar, parece ser que los gastos eran mayores a los beneficios obtenidos. Tema cerrado. Minas abandonadas y, lo que queda de Los Pozos, sólo un “pueblo fantasma”. Comenzó el declive de Alquife.
Fueron romanos y árabes los que empezaron a aprovechar la riqueza de estas tierras en la extracción del mineral de hierro. Y así siguió siendo a lo largo de los siglos….hasta principios de los años noventa. Pero no quiero poner datos y fechas de forma objetiva, pues para mí es distinto. Conozco sus gentes, las calles destruidas y abandonadas del cerro donde siempre hemos jugado, conozco su olor en primavera y en invierno, conozco sus minas y Los Pozos, las estrellas que se ven desde La Redonda cuando vas hacia el polideportivo, … No podría escribir sin implicarme. Pero empecemos desde el principio…
La mayoría de nuestros abuelos trabajaron en las minas. Gente de todos los pueblos que conforman El Marquesado del Zenete venían a Alquife a buscar trabajo. Había puestos en la cantera, en la pólvora, en la maniobra de vagones, en la electricidad, en el correo,… En el cerro alquifeño había cuevas naturales, pero comenzaron a aparecer grietas a causa de la actividad minera. Allí era donde antes vivían, en casitas encaladas, la mayor parte de las personas del pueblo. Pronto surgió Los Pozos, el barrio donde residían tan sólo los mineros y sus familias. Mis abuelos, como muchos otros, se trasladaron aquí. Había cerca de sesenta viviendas. Tenían cinco colegios, una capilla, cine de verano y de invierno, un centro médico, sus cocheras y sus corrales. Todo el mundo se conocía; cuando había comuniones, todos los allí residentes acudían sin precisar una invitación. En los grandes montes artificiales, formados por la tierra extraída de la mina, se reunían los chiquillos para jugar. Los jóvenes quedaban por las noches en las puertas de las casas para tocar la guitarra y reír. Cuando soplaba el viento, el rojo mineral se arrastraba hasta las ventanas de los hogares. Este es el color característico de mi pueblo. Por esta razón, fueron muchas las familias que comenzaron a construirse casas en Alquife. Mis abuelos se fueron a la “Plaza del Charco”. Aún recuerdo cuando, teniendo cuatro o cinco años, salíamos a la plaza y, al volver a casa, estábamos manchados de mineral rojo. Pero eso no duraría mucho. Las minas las cerraron a principios de los noventa. Cerca de 2.500 trabajadores fueron despedidos. Hubo grandes manifestaciones. La mina no tenía mucha maquinaria; también, al ser a cielo descubierto, la bomba de extracción de agua no daba abasto…Total, aunque seguía existiendo mucho mineral de hierro que sacar, parece ser que los gastos eran mayores a los beneficios obtenidos. Tema cerrado. Minas abandonadas y, lo que queda de Los Pozos, sólo un “pueblo fantasma”. Comenzó el declive de Alquife.
¡¡UNA MARAVILLA DEL MUNDO!!
Cuántas maravillas hay en el mundo. Cuántas cosas ha sido capaz el hombre de llevar a cabo. A todos nos suenan el Faro de Alejandría, el Templo de Artemisa, la Estatua de Zeus, el Coloso de Rhodas, el Mausoleo de Halicarnasso, los Jardines Colgantes de Babilonia o las famosas Pirámides de Egipto. Pero sólo son estas últimas de las que hemos podido disfrutar con la vista y no sólo con la imaginación. Ahora, todos nosotros volvemos a votar por las nuevas Siete Maravillas del Mundo. Y, cómo no, Granada vuelve a ser una gran protagonista. ¿Razón? LA ALHAMBRA. La impresionante fortaleza que corona mi ciudad.

Y no es sólo un gran orgullo por haber sido seleccionada como finalista: es una de las veintiuna maravillas del mundo escogidas por los internautas. De esta forma, La Alhambra de Granada será la única aspirante española a este título, desbancando construcciones tan importantes como la Mezquita de Córdoba, La Sagrada Familia de Barcelona, la Giralda de Sevilla, la Catedral de Santiago de Compostela o el Museo Guggenheim de Bilbao. Diecinueve millones de internautas han sido los que han hecho sus votaciones, dejando en un reducido número veintiuno las ciento once maravillas que había en un primer momento.
Weber fue la persona que comenzó esta iniciativa de renovar las Siete Maravillas del Mundo, pues, según él, nadie ha podido contemplar con sus propios ojos ninguna de ellas, salvo las inmortales Pirámides de Giza, siempre retando al tiempo desde las alturas.
El resultado de los Siete esperados nombres lo sabremos en enero del próximo año 2007. Aún así, La Alhambra tiene una gran competencia, con monumentos tan impresionantes como la Acrópolis de Atenas, el Coliseo Romano, las Estatuas de la Isla de Pascua, la Gran Muralla China, el Taj Majal, Machu Pichu, de nuevo las Pirámides de Egipto, etc.
La Torre Eiffel y la Estatua de la Libertad también entran en el saco, pero, bajo mi punto de vista y sin ánimo de ofender, creo que no se pueden comparar a la grandeza y trabajo de las otras propuestas.
Creo que La Alhambra es un fuerte candidato, pues todo aquel que la ha visitado ha podido sentir el embrujo que la envuelve, con todos los aromas que desprenden sus miles de flores, con todos los regalos que hay para la vista en sus patios y paredes, con la música que nos sigue por nuestro paseo: el agua, principal protagonista.
La Alhambra sigue imperturbable a lo largo de los años. Con cada paso que das por sus calles y empedrados te sumerges un poquito más en su Historia, en su pasado. La magia y el misterio de los ojos moros sigue llenando cada rincón de esta hermosa construcción. Mi apuesta es, sin duda, por esta fortaleza que siempre sentí, sin poder evitarlo, un poco mía.

Y no es sólo un gran orgullo por haber sido seleccionada como finalista: es una de las veintiuna maravillas del mundo escogidas por los internautas. De esta forma, La Alhambra de Granada será la única aspirante española a este título, desbancando construcciones tan importantes como la Mezquita de Córdoba, La Sagrada Familia de Barcelona, la Giralda de Sevilla, la Catedral de Santiago de Compostela o el Museo Guggenheim de Bilbao. Diecinueve millones de internautas han sido los que han hecho sus votaciones, dejando en un reducido número veintiuno las ciento once maravillas que había en un primer momento.
Weber fue la persona que comenzó esta iniciativa de renovar las Siete Maravillas del Mundo, pues, según él, nadie ha podido contemplar con sus propios ojos ninguna de ellas, salvo las inmortales Pirámides de Giza, siempre retando al tiempo desde las alturas.
El resultado de los Siete esperados nombres lo sabremos en enero del próximo año 2007. Aún así, La Alhambra tiene una gran competencia, con monumentos tan impresionantes como la Acrópolis de Atenas, el Coliseo Romano, las Estatuas de la Isla de Pascua, la Gran Muralla China, el Taj Majal, Machu Pichu, de nuevo las Pirámides de Egipto, etc.
La Torre Eiffel y la Estatua de la Libertad también entran en el saco, pero, bajo mi punto de vista y sin ánimo de ofender, creo que no se pueden comparar a la grandeza y trabajo de las otras propuestas.
Creo que La Alhambra es un fuerte candidato, pues todo aquel que la ha visitado ha podido sentir el embrujo que la envuelve, con todos los aromas que desprenden sus miles de flores, con todos los regalos que hay para la vista en sus patios y paredes, con la música que nos sigue por nuestro paseo: el agua, principal protagonista.
La Alhambra sigue imperturbable a lo largo de los años. Con cada paso que das por sus calles y empedrados te sumerges un poquito más en su Historia, en su pasado. La magia y el misterio de los ojos moros sigue llenando cada rincón de esta hermosa construcción. Mi apuesta es, sin duda, por esta fortaleza que siempre sentí, sin poder evitarlo, un poco mía. 




