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Desde mi charca
Pensamientos propios y pequeñas anecdotas
Sindicación
 
Abrazo.





Abraza a un árbol y absorbe la naturaleza, siente como a través de su tronco la savia envuelve tu entorno y la música de las hojas mecidas por el viento danzan con tus pensamientos. Conviértete en raíz para profundizar en tus más íntimos pensamientos, abre después tus brazos ramas a los cuatro vientos y capta las energías, las energías puras de la naturaleza.
Abraza el árbol, siente fluir la energía de la tierra, que se entrelaza con tu propia energía, que la purifica, que la revitaliza, que la haga fluir más rápido por todo tu cuerpo.
Cierra los ojos y sé árbol. Cierra los ojos y sé persona. Con las pilas cargadas, con la mirada nueva, con las manos expectantes y las ilusiones renovadas.
Cierra los ojos y sueña. Abre los ojos y observa. La tierra se mueve porque tú la ves, el viento sopla porque tu lo oyes. Respira profundamente absorbiendo los olores, el estado de ánimo se adecua a lo que tú quieres, a lo que sientes. Somos parte de la naturaleza, estamos implicados con ella.
Hoja, rama, tronco, raíz. Conexión del cielo con la tierra y de la tierra con el cielo.
Manera sencilla de recargar energías, manera sencilla de fluir la mente. Abrimos nuestra mente, avanzamos en nuestro conocimiento, respiramos tranquilos el aire puro de la mañana, preparamos por la tarde nuestro cuerpo para el sueño.
Agarrados al tronco, visualizamos nuestros pensamientos, la música de los recuerdos, la melodía de los sentimientos, el batir del corazón se adecua a nuestra nueva situación.
Dejamos el árbol y nos sentimos de nuevo abrazados a la vida.
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A fuera, istmos.




• Me lleno tanto de ti que tengo que vaciarme cada día en una distinta para volver a llenarme de ti.
• Tienes una mirada tan linda que engarzada con tu sonrisa formaría la estrella más hermosa del firmamento.
• Dormía para soñar que no estaba despierto.
• Supo que la vida iba en serio cuando ya no encontró más excusas para empezar a vivir.
• Un hombre mendigaba amor en la calle y la gente le echaba calderilla de ternura.
• Ámame como soy. Deséame como me imaginas.
• Búscame en los recónditos rincones de tus sueños. Allí me refugio yo de mis pesadillas.
• En un solo corazón cabe todo el amor del mundo. Por qué en el mundo hay tan pocos corazones llenos?
• Le dijeron que odiara a su prójimo por ser diferente y no supo quien era el prójimo, si el que le mandaba o el de enfrente.
• Si para amarte tengo que reinventarme, me quedo como soy y te busco en otra parte.
• Cuando ríes con tu hermano, dos felicidades se dan la mano.
• Mira que fácil seria acabar con las guerras si la gente se acordara de jugar a piedra, papel o tijera.
• Me querías tanto para ti que no me dejaste crecer y me sequé el carácter.
• Que buena te salió la comida! El punto exacto de sal y el necesario de cariño.
• Amó tanto la vida que la preñó de esperanzas.
• La felicidad tiene alas y nosotros la buscamos a pie.
• Veo en el horizonte tu mirada buscando en mi horizonte. Hay algo más?
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Dedos







Es curioso, no tengo nada que contar y me entran ganas de escribir. Los dedos se me deben querer hacer autónomos e ir por su cuenta, porque el cerebro hoy va a empujones, pero se ve que hoy han tomado la resolución.

Somos 20. Somos reivindicativos. Siempre nos ha estado dándonos ordenes. Coge esto, señala aquello, aprieta aquí, patea lo otro...
Siempre nadados por un cerebro que nunca nos preguntaba la opinión sobre si queríamos señalar a la Luna, coger una cuchara o que nos mandaba meternos dentro de una repugnante nariz o sitios peores.
Expuestos a lesiones por el torpe funcionamiento cerebral al no coordinar un brazo con otro, una pierna con otra, siempre callados sin podernos quejar, padeciendo nuestra situación en silencio, como otras partes del cuerpo donde habitamos.
Consolando siempre a los meñiques, siempre acomplejados por su poca utilidad.
Al índice, que se siente un dictador porque señala y manda callar, cuando en el fondo es un trozo de pan, con una función equivocada, que ni rechista cunado lo manda a hurgar en la nariz.
El corazón, un salido que sirve para mandar a tomar por... o investigar en otros agujeros corporales.
Hoy nos sentimos nosotros, queremos que el mundo sepa que tenemos corazón, (aunque sea un salido). Que el cerebro fue más rápido y se apoderó de todas las neuronas pero nos queda alguna, estamos investigando cual de nosotros las tiene.
Encima hay disputas entre nosotros, apañados vamos. Los dedos de los pies nos acusan a los de las manos de no pensar con ellos en la tierra, que tenemos aires de superioridad y nosotros le respondemos que claro, es que estamos arriba, salvo cuando el capullo que nos domina le da por hacer piruetas o duerme, que entonces se iguala la cosa.
Nadie está conforme con nada, está claro, pero somos veinte y dignos, útiles, necesarios. Queremos ser reconocidos y queridos, ser consultados, ser valorados.
Seguiremos informando, seguiremos reivindicando.

Bueno, no subscribo lo anteriormente escrito, ha sido una tarde tonta y ellos le han dado al “enter”. Mil perdones.
 
No puede ser.
Hubo un momento de indecisión. No sabia si volver a retomar la mirada. Estaba allí, con la cabeza bajan no sabiendo si lo que había visto era cierto. Era temprano y tenia sueño pero la sensación había sido tan real.
Se armó de valor y se miró otra vez al espejo. Efectivamente, ese hombre que aparecía allí era él.
Qué había pasado? No era el chaval de siempre, era un hombre mayor el que asomaba. Sus ojos, sus propios ojos, por primera vez lo reconocían así.
No puede ser que haya pasado tanto tiempo, que lástima, como se estropean los cuerpos.
- Me siento vital todavía. –se decía.
Bueno, algunos achaques empezaba a notar, pero nadie es perfecto, se decía a modo de justificación.
Es cierto que la ley de la gravedad, según pasan los años, cada vez es más grave, a las mujeres se le empiezan a caer cosas de la cintura para arriba y a los hombres de la cintura para abajo, pero no podía ser, él aún era joven, o al menos eso creía hasta hace poco.
Acabó la reflexión, se echó agua a la cara y se secó despacio, muy despacio con la toalla.
Tocaba recapitulación de todas las cosas que tenia pendientes por hacer. Eran tantas, que pereza!.
Extendió la toalla de baño por el suelo y con gran resolución se quitó el pijama y el boxer y se tumbó en el suelo. Boca abajo apoyó las manos en el suelo y efectuó tres flexiones, tres, con lo cual , satisfecho, se dijo.
- Lo he conseguido!, Ahora tengo que ir por las demás cosas pendientes.
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Bolero
Me gusta escuchar boleros de tanto en tanto. Son grandes historias musicadas compuestas con el alma y que hablan de esas cosas, pequeñas, sencillas, llamadas sentimientos. Los hay desgarrados y esperanzadores, de amor y desamor, de pena y alegría, esos dos polos opuestos que siempre van marcando nuestra vida.
Mientras escribo esto, está sonando “caminemos”, del Trio Los Panchos.
Cuando los oigo, se me llena toda la mente de emociones, una historia narrada en aproximadamente tres minutos pero intensos, vivos.
Te lleva y te trae por la carretera del recuerdo, recordando lo que fuimos, justificando lo que somos, añorando lo que pudimos haber sido y preñándonos de esperanza para el futuro.
Recuerdo haberlos oído desde siempre, en casa mi padre escuchaba a Antonio Machín, Lorenzo González, Los Panchos, y al principio no me gustaban, pero se ve que hicieron poso, formaron una parte de la banda sonora de mi vida y con el tiempo los rescaté y fui descubriendo verdaderas maravillas como Mayte Martin cantando con Tete Montoliu boleros. O Marta Serra Lima otra gran cantate de boleros, no muy conocida.
Se desabrocha el corazón con esta música, sensual, intima, donde la distancia no existe, pues vive pegado a nosotros.
Y no me gusta bailar, soy un negado para bailar, pero cuando oigo algún bolero, es como una sensación extracorporal, algo de mi sal de mi cuerpo y danza en el espacio por mi.
Pero hay que dosificarlos, depende del momento y la ocasión, porque escucharlos en exceso te puede dejar el corazón encogido y no conviene, hay mucho cuerpo para que funcione con un corazón encogido, prefiero que funcione con la sonrisa del recuerdo.

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