Bolero
Me gusta escuchar boleros de tanto en tanto. Son grandes historias musicadas compuestas con el alma y que hablan de esas cosas, pequeñas, sencillas, llamadas sentimientos. Los hay desgarrados y esperanzadores, de amor y desamor, de pena y alegría, esos dos polos opuestos que siempre van marcando nuestra vida.
Mientras escribo esto, está sonando “caminemos”, del Trio Los Panchos.
Cuando los oigo, se me llena toda la mente de emociones, una historia narrada en aproximadamente tres minutos pero intensos, vivos.
Te lleva y te trae por la carretera del recuerdo, recordando lo que fuimos, justificando lo que somos, añorando lo que pudimos haber sido y preñándonos de esperanza para el futuro.
Recuerdo haberlos oído desde siempre, en casa mi padre escuchaba a Antonio Machín, Lorenzo González, Los Panchos, y al principio no me gustaban, pero se ve que hicieron poso, formaron una parte de la banda sonora de mi vida y con el tiempo los rescaté y fui descubriendo verdaderas maravillas como Mayte Martin cantando con Tete Montoliu boleros. O Marta Serra Lima otra gran cantate de boleros, no muy conocida.
Se desabrocha el corazón con esta música, sensual, intima, donde la distancia no existe, pues vive pegado a nosotros.
Y no me gusta bailar, soy un negado para bailar, pero cuando oigo algún bolero, es como una sensación extracorporal, algo de mi sal de mi cuerpo y danza en el espacio por mi.
Pero hay que dosificarlos, depende del momento y la ocasión, porque escucharlos en exceso te puede dejar el corazón encogido y no conviene, hay mucho cuerpo para que funcione con un corazón encogido, prefiero que funcione con la sonrisa del recuerdo.

Mientras escribo esto, está sonando “caminemos”, del Trio Los Panchos.
Cuando los oigo, se me llena toda la mente de emociones, una historia narrada en aproximadamente tres minutos pero intensos, vivos.
Te lleva y te trae por la carretera del recuerdo, recordando lo que fuimos, justificando lo que somos, añorando lo que pudimos haber sido y preñándonos de esperanza para el futuro.
Recuerdo haberlos oído desde siempre, en casa mi padre escuchaba a Antonio Machín, Lorenzo González, Los Panchos, y al principio no me gustaban, pero se ve que hicieron poso, formaron una parte de la banda sonora de mi vida y con el tiempo los rescaté y fui descubriendo verdaderas maravillas como Mayte Martin cantando con Tete Montoliu boleros. O Marta Serra Lima otra gran cantate de boleros, no muy conocida.
Se desabrocha el corazón con esta música, sensual, intima, donde la distancia no existe, pues vive pegado a nosotros.
Y no me gusta bailar, soy un negado para bailar, pero cuando oigo algún bolero, es como una sensación extracorporal, algo de mi sal de mi cuerpo y danza en el espacio por mi.
Pero hay que dosificarlos, depende del momento y la ocasión, porque escucharlos en exceso te puede dejar el corazón encogido y no conviene, hay mucho cuerpo para que funcione con un corazón encogido, prefiero que funcione con la sonrisa del recuerdo.

Comentario:
No se porque te quiero... será que tengo alma de bolero.
Mya.
Mya.