La vida por delante.
No supo por qué le estaba pasando lo que le estaba pasando. Nadie la había preparado para afrontar la vida así, de una manera tan cruda y descarnada. Con sólo sus ideas y sus manos por herramientas, debía acometer la construcción de ella misma. Sin parecerse a nadie, sin ser como nadie. Ella. Simplemente.
Era consciente que partía de la más absoluta nada y debía convertirse en alguien querido al menos por ella misma.
Los años de aprendizaje en la infancia y en la escuela no le habían servido absolutamente de nada. Habían sido más bien de desaprendizaje. No se puede decir que fuera una etapa de la vida que llenara un espacio vital en su recorrido por este mundo.
Sólo tristes recuerdos.
Y ahora estaba sola. El mundo por delante.
Ideas agolpadas en su mente, volcadas por el canal del bolígrafo en un papel, expresaban sus sentimientos y su manera de ver este mundo desde el prisma de una apenas novata en esto del arte de crecer.
Escribía y escribía, a veces compulsivamente. Tenia necesidad de expresarse, de sentirse, de oírse.
Un papel tras otro salía de su mano. Los leía, los remiraba y muchos caían en el lecho de la papelera con sus vestidos de arrugas y sentimiento de desaprobación. Otros papeles, más afortunados, yacían en el lecho de la bandeja donde esperaban la oportunidad de ser leídos por otras personas.
Notaba que se sentía mejor. Fueron muchos años de silencios por ella y gritos por los otros y la callada escritura silenciosamente la sacaba a flote de la mierda en que había vivido.
Esa era su salvación y ese su destino.
Era consciente que partía de la más absoluta nada y debía convertirse en alguien querido al menos por ella misma.
Los años de aprendizaje en la infancia y en la escuela no le habían servido absolutamente de nada. Habían sido más bien de desaprendizaje. No se puede decir que fuera una etapa de la vida que llenara un espacio vital en su recorrido por este mundo.
Sólo tristes recuerdos.
Y ahora estaba sola. El mundo por delante.
Ideas agolpadas en su mente, volcadas por el canal del bolígrafo en un papel, expresaban sus sentimientos y su manera de ver este mundo desde el prisma de una apenas novata en esto del arte de crecer.
Escribía y escribía, a veces compulsivamente. Tenia necesidad de expresarse, de sentirse, de oírse.
Un papel tras otro salía de su mano. Los leía, los remiraba y muchos caían en el lecho de la papelera con sus vestidos de arrugas y sentimiento de desaprobación. Otros papeles, más afortunados, yacían en el lecho de la bandeja donde esperaban la oportunidad de ser leídos por otras personas.
Notaba que se sentía mejor. Fueron muchos años de silencios por ella y gritos por los otros y la callada escritura silenciosamente la sacaba a flote de la mierda en que había vivido.
Esa era su salvación y ese su destino.
Comentario:
... y a veces la costaba trabajo dormirse, y escribía, y escribía, y escribía, incluso a oscuras, y con los ojos cerrados, y lo peor era que ni siquiera escribiendo la llegaba el sueño.
En las peores noches de insomnio, solo la voz del mago de los sueños conseguía acunarla y transportarla hasta los brazos de Morfeo, porque cuando el hacedor de sonrisas la decía "te quiero, te quiero, te quiero" ella sólo escuchaba las sonrisas de su corazón.
Toda mi vida no sería suficiente para darte las gracias, por todo lo que haces cada día por mí.
Besos de gominola... con sabor a... chocolate negro.
¿A que sabe el chocolate negro, en una charca?
En las peores noches de insomnio, solo la voz del mago de los sueños conseguía acunarla y transportarla hasta los brazos de Morfeo, porque cuando el hacedor de sonrisas la decía "te quiero, te quiero, te quiero" ella sólo escuchaba las sonrisas de su corazón.
Toda mi vida no sería suficiente para darte las gracias, por todo lo que haces cada día por mí.
Besos de gominola... con sabor a... chocolate negro.
¿A que sabe el chocolate negro, en una charca?





