Las 08:00. Esta también se acabó.
Por fin. Esta también se ha terminado.
- Doc, que llevo unos días que no me siento bien. Tengo "ideas" en la
cabeza... y a veces me dá por "pensar".
- Señora, ¡Cuánto me alegro!. Siga, siga practicando... No se
desanime.
Esta noche no ha sido mala. Un par de críos con otitis, una muchacha con una picadura de medusa en una zona realmente inverosímil, un par de despistados preguntando por una farmacia de guardia ( al ver las tarifas de la clínica ) y ella.
Encantadora, elegante, distinguida.
Como siempre, con una sonrisa que le ilumina el rostro. Como siempre, acompañada por esa muchachita tan guapa que le ha heredado el brillo de los ojos.
Viene despacio, porque tiene un par de besos para todos. Y cuando pasa a mi consulta parece que el día tiene para mí otro color. Y me trata de Don. No puedo dejar de ruborizarme cada vez que lo hace. No me dice Doc. Me dice Don.
Esta vez viene porque se ha sentido mareada y muy agotada, vea usted. Sin fuerzas para nada... Casi sin apetito. Y sed; mucha, mucha sed.
Menos mal, mi querida doña Carmen que no es nada. Déjese de historias y ponga en marcha el aire acondicionado, que no está usted para abanicarse los 30 grados que tuvimos ayer.
Y menos con su hipertensión, su taquicardia, su diabetes, su parkinson y sus dos prótesis de cadera.
Y es que, mi muy querida amiga, 94 años son muchos años.
Se va repartiendo besos. No dejo de advertir en el bolso el último libro que Carmen lleva leyendo desde que la conozco. La piel del tambor.
Vá despacio, página a página. Y es que con las cataratas, Don, sólo puedo leer un par de horas al día.
Y antes, con lo bonito que yo bordaba. Tiene que pasarse por casa; venga usted con su mujer y los niños... Ya, ya lo sé, pero usted ya tendría que tener niños. Ya verá que en cuanto los tenga cómo le van a gustar. Yo tuve 8, pero se me murieron 4, sabe usted... y es que en ese tiempo...
Vamos, Yaya. El Doc tiene más gente qué atender.
Discúlpela, Don. Es que estos niños tienen siempre tanta prisa...
Y hoy, como cada vez, tengo que impedir que deslice un billete de 5 euros en mi bata... para los dulces de los niños.
Vuestro
Doc.
- Doc, que llevo unos días que no me siento bien. Tengo "ideas" en la
cabeza... y a veces me dá por "pensar".
- Señora, ¡Cuánto me alegro!. Siga, siga practicando... No se
desanime.
Esta noche no ha sido mala. Un par de críos con otitis, una muchacha con una picadura de medusa en una zona realmente inverosímil, un par de despistados preguntando por una farmacia de guardia ( al ver las tarifas de la clínica ) y ella.
Encantadora, elegante, distinguida.
Como siempre, con una sonrisa que le ilumina el rostro. Como siempre, acompañada por esa muchachita tan guapa que le ha heredado el brillo de los ojos.
Viene despacio, porque tiene un par de besos para todos. Y cuando pasa a mi consulta parece que el día tiene para mí otro color. Y me trata de Don. No puedo dejar de ruborizarme cada vez que lo hace. No me dice Doc. Me dice Don.
Esta vez viene porque se ha sentido mareada y muy agotada, vea usted. Sin fuerzas para nada... Casi sin apetito. Y sed; mucha, mucha sed.
Menos mal, mi querida doña Carmen que no es nada. Déjese de historias y ponga en marcha el aire acondicionado, que no está usted para abanicarse los 30 grados que tuvimos ayer.
Y menos con su hipertensión, su taquicardia, su diabetes, su parkinson y sus dos prótesis de cadera.
Y es que, mi muy querida amiga, 94 años son muchos años.
Se va repartiendo besos. No dejo de advertir en el bolso el último libro que Carmen lleva leyendo desde que la conozco. La piel del tambor.
Vá despacio, página a página. Y es que con las cataratas, Don, sólo puedo leer un par de horas al día.
Y antes, con lo bonito que yo bordaba. Tiene que pasarse por casa; venga usted con su mujer y los niños... Ya, ya lo sé, pero usted ya tendría que tener niños. Ya verá que en cuanto los tenga cómo le van a gustar. Yo tuve 8, pero se me murieron 4, sabe usted... y es que en ese tiempo...
Vamos, Yaya. El Doc tiene más gente qué atender.
Discúlpela, Don. Es que estos niños tienen siempre tanta prisa...
Y hoy, como cada vez, tengo que impedir que deslice un billete de 5 euros en mi bata... para los dulces de los niños.
Vuestro
Doc.
Comentario:
Con pacientes tan "jóvenes" seguro que tu mujer no tiene celos de ellas...La verdad que con estas abuelitas hay que tener muuuuucha paciencia. Ánimo Doc.
Comentario:
ANIMO DOC.
NOS ENCANTA LEER TU BLOG, TIENES UN TRABAJO MUY ADMIRADO POR MUCHA GENTE.
AUNQUE LOS HORARIOS SON UN P0CO MALO, AYUDAIS A TODOS.
UN BESAZO Y GRACIAS POR VISITAR NUESTRO BLOG.
LAS COMPIS
NOS ENCANTA LEER TU BLOG, TIENES UN TRABAJO MUY ADMIRADO POR MUCHA GENTE.
AUNQUE LOS HORARIOS SON UN P0CO MALO, AYUDAIS A TODOS.
UN BESAZO Y GRACIAS POR VISITAR NUESTRO BLOG.
LAS COMPIS





