Desde mi PCra
De dentro a fuera...y viceversa
Acerca de
Sin salir de mi escritorio...voy vaciando botellas y lanzándolas al mar...
Sindicación
 
Doce chupitos personales

Por mi madre, a la que siempre encuentro ahí, donde perdí la cuna ¡GLUPS!

Por mi hija, que es Luna y es luna, y un pedazo de mi cuerpo, realmente
¡GLUPS!

Por mi hermano, que me saca las castañas del fuego y me hace reir de cojones
¡GLUPS,GLUPS;GLUPS!

Por Internet, que abre un arco iris luminoso en el centro de mi cueva
¡GLUPS!

Por esos nuevos amigos, repartidos por todo el universo y que, sin embargo, viven en casa
¡GLUPS!

Por los libros, que me atan al suelo con su fantasía e impiden que me vuelva loco
¡GLUPS!

Por la música...escuchad...escuchad...
¡GLUPS!

Por mi amigo...¡Qué de cosas, no!...grandísimo hijo de puta que me vigilas de cerca
¡GLUPS!

Por tí, que no sé quién eres, y, sin embargo, lo sé
¡GLUPS,GLUPS!

Y por mí, y punto.
...vaya, me he quedado sin chupitos...

Y por todas las personas de buena voluntad, que se dejan la vida viviendo, dejando vivir, ayudando a vivir...¡Que tengamos suerte todos!

F E L I Z 2 0 0 6

 
Cuento de navidad


Es la noche. El frío acomete por mis costillas, pero no llueve y la muchedumbre me protege del viento helado. Sentado en el mejor banco, con mi botella de peleón entre los pies, contemplo aturdido la algarabía sin inmutarme. Es una mala noche como otra cualquiera. Noche Buena.

-ESTA ES LA NOCHE-...-FELICES-...-DIOS HA NACIDO-...Vocifera un hombretón panzudo de nariz colorada, curiosamente ataviado con un disfraz de Santa Klaus; rodeado de niños con zambombas, crótalos y panderetas, gritando a voz en pecho villancicos.

La avenida está sobrexcitada, sobreiluminada. Una espesa red de bombillas chillonas oculta el cielo del paseo; me escamotea las verdaderas estrellas, que parecen haber huido avergonzadas, doloridas por la luz artificial; impertinente flash crónico que hiere mis ojos escarchados. La misma luz que pinta arco iris desordenados sobre los rostros que pasan, presurosos y atribulados; rostros pálidos ateridos, desencajados. Mil bultos desfilan, corren, se entrecruzan, se atropellan en una incomprensible urgencia desorganizada. Es noche buena, todo el mundo tiene prisa: -¡que no llegamos!-...-¡venga, que ya es muy tarde!-...Hace un rato creí entrever entre la multitud de piernas a una linda muchachita, cabellos rubios, persiguiendo a un conejito que parecía huir de ella...Llegamos tarde si, llegamos tarde. Hace ya bastante tiempo que dios no nació.

En mi portal de Belén el banco es confortable, apenas baila; se deja mecer suavemente entre el vaivén de esta estampida humana que se abalanza sobre mis ojos, como una marea negra...a veces gris...variopinta en general: barbas de todos los tamaños, cabellos de todos los tintes, gorros calados, bufandas embozadas...burkas cristianos de diseño.

Pero el frío no perdona. La humedad agujerea.

Poco a poco, la muchedumbre va escampando; entonces busco en mi botella esatristezaamable que me roba, a descompasadas embestidas, esta fría ventisca que parece empeñada en quedarse a alegrarme la noche. Apenas van quedando ya transeúntes, cuando reparo, no lejos de mi banco, en un gemelo: un mendigo andrajoso y babeante que ríe de manera escandalosa, saltando los vidrios rotos y el charco de cava de la botella que acaba de romper contra el suelo; blasfemando, como si se tratara de una hoguera de San Juan, pero en pleno diciembre...¡FELIZ NAVIDAD!...¡JAJAJAJAAAA!...¡DIOS HA NACIDO!...¡JAJAJAJAAAAA!... A su lado, una pareja de ancianos no sale de su asombro. El marido -sin duda se trata de un matrimonio consagrado por la iglesia- parece enojado y defraudado al ver el triste final de su caritativo regalo de noche buena; el pobre hombre se siente insatisfecho, al ver de tal manera su caridad derrochada.

La esposa le conmina presurosa : -Déjalo estar, hombre. No ves cómo está? Ya te dije que no te metieras donde no te llaman-

Al pasar rozando mi banco, el buen hombre de bien tropieza con mi botella de peleón haciéndola astillas; pero siguen los dos su camino como si no hubieran visto nada. Aún distingo unas últimas palabras que le va diciendo ella mientras lo lleva del brazo: -Venga, olvídalo y vamos corriendo a casa Jesús, que a este paso nos van a dar las uvas...-

Y el frío no perdona. La humedad agujerea.

Me recostaré en mi banco y cerraré de una vez mis ojos sobreimpresionados, a ver si de esa manera consigo vislumbrar el cielo que me escamotean las bombillas: las verdaderas estrellas, que parecen haber huido avergonzadas, doloridas por la luz artificial.




 
Lo sé


Ya sé que ella eligió apurar la partida, y gana.
Que yo sigo jugando mis cartas marcadas, perdido de antemano.
Que me juego la vida por tener esperanza, y, por lo tanto, pierdo.

¿En qué lugar del mundo cabría ese minuto,
frío como la espada que nos cercena el alma?...

Si no fuera porque yo sé que, a pesar de todo,
mi paz vive en tus ojos.
Y, en los míos, se-esconde, agazapada,
esa luz que te atrapa.

Hoy vuelvo a tener miedo, porque sé qué me pasa.
Ayer fuí la hoguera. Hoy soy la ceniza que el viento arrasa.




 
No hay nombre


Hoy has besado a mi sombra...Se ha quedado tan petada que hasta yo me he dado cuenta.

Por ahí acabó la noche. Todo lo demás no importa.

Mil estrellas desbocadas amenazan esta luna reventona; y el mar, verdioscuro y frío, se complace en reflejarlas a ambas, como si no fuera con él la cosa; unilateral, milenario y orgulloso de su intemperie espumosa. Y ese brillo de tus ojos imponiéndose a mi sombra...

Dale la mano, está sola...Sabe dónde ha de morir...y que tú...y que tú también lo sabes.