173 años o Viva el Romanticismo (sólo para valientes). Parte Uno.
"Músicos, putas y camareros,
de la mano entrarán en el infierno."
proverbio catalán

Sí, hoy es un gran día.
Un 7 de Mayo, de 1833 concretamente; los barrios más bajos de Hamburgo, asistían como si nada a la venida al mundo de un angelito de cornisa que iba a dar que hablar, y que cantar: Johannes Brahms. De padre músico y madre costurera.
El pequeño Johann no tardó en convertirse en el predilecto de su madre; con su tez pálida y enfermiza y sus frecuentes jaquecas. El niño era menudo pero con un cabezón considerable, en el que fulguraban dos estrellas intensamente azules, con las que miraba como si se le vaciara el alma; enmarcadas por largos y suaves cabellos rubios. Ya digo...un angelito...de cornisa. Apenas fue a la escuela, en la que era un alumno aplicado, unos tres años; abandonando pronto todo estudio que no se refiriera a la música. Más tarde Brahms, se mostraría muy preocupado por sus lagunas culturales; y sólo a fuerza de gran tesón e innumerables lecturas, conseguiría alcanzar un nivel más que estimable. Siguió siendo cabezón hasta la muerte.
El caso es que su padre, discreto músico de orquestina, ya había visto en el niño la realización musical de sí mismo, y no escatimó en gastos. Gastos en los que, la familia era pobrísima, no tardó en contribuir el chaval. Lo mejor que pudieron encontrar para él, fue un trabajo en un "café cantante" de los barrios portuarios de Hamburgo; donde el pequeño, de 10 años, tocaba al piano un selecto repertorio de canciones ligeras, que hacían las delicias de marineros y prostitutas. Por lo visto, la imagen cándida del niño de dorada melena y ojos azules, no tardó en despertar en aquellas mujeres sentimientos maternales, que exteriorizaban en torpes manifestaciones de cariño. Digamos que se lo criaron, vaya. Ahí se gestó también, claro, su eterna afición al tabaco y la cerveza. Ya de mayor, Brahms soliá recordar, no sin cierto orgullo privado del menor resentimiento, las duras condiciones que hubo de soportar en la infancia. En cuanto a las prostitutas, manifestó textualmente: Por lo menos tienen bondad de corazón, lo que no puede decirse de de muchas otras mujeres de excelente reputación. En realidad, la pequeña celebridad, no tardaría en brillar en las sesiones musicales de la alta burguesía hamburguesa, para deleite y solaz de damas y caballeros. Alternando esta actividad con su trabajo en los cafés del puerto y las visitas diarias a la fábrica de pianos, por falta de recursos para adquirir uno propio.
De hamburgo pasó, ya más crecidito, a Düsseldorf, donde fue acojido por la familia Schumann. La relación de Brahms con Robert y su esposa Clara, es una de las más conmovedoras e interesantes que se hayan producido entre artistas hasta la época. Por un lado, la emocionante generosidad de Robert, que no regateó eloguios para aquel que llegó a llamar el elegido; por otro, la fidelidad con que Brahms correspondió al entusiasmo de Schumann cuando éste perdió definitivamente la razón; hasta su muerte. Y por otro, las singulares muestras de afecto de Brahms hacia Clara, correspondidas por ésta en una medida que aún hoy no ha alcanzado pleno esclarecimiento.
La relación de Brahms con las mujeres se halla teñida por su sentido de lo contradictorio. Siempre parecía estar próximo a establecer una relación, para acabar finalmente por seguir su sendero solitario. Existen multitud de testimonios referentes a su carácter sarcastico, que se prodigaba en comentarios irónicos y con dobles sentidos; haciendo ver que, en general, tenía al sexo femenino por objeto decorativo y de escasa capacidad intelectual. Sin embargo, sometió todas sus obras a la crítica previa de Clara, por la que mostró siempre la mayor consideración, aparte de un intenso amor.
Parece ser que separó "claramente" el amor físico, la pura satisfacción de sus instintos, del amor ideal o-y espiritual. De hecho, se cuenta que acabó por conocer por sus nombres de pila a todas las prostitutas de Viena, las cuales le llamaban a su vez Herr Doktor. En realidad, lo que el músico mostraba ante el sexo opuesto era, en primer lugar, una visceral timidez exacerbada; sólo vencida ante aquella con capacidad suficiente para comprenderlo y aceptarlo más allá de sus excesos verbales y sarcasmos, puras manifestaciones de una actitud previa de defensa. Y en sugundo lugar, una insuperable contradicción, jamás resuelta, entre el deseo y el temor de amar y ser amado. Esto explicaría sus reiterados fracasos, siempre que se planteaba en serio el matrimonio. Y también su pasión por Clara Schumann; a la que podía amar plenamente sin necesidad de una realización física; constituyendo así el paradigma del amor intelectualizado y sublimado. Aunque, insisto; su verdadera relación con Clara nunca ha sido, ni lo será, plenamente esclarecido. Una frase de su primera carta a Clara tras la muerte de Robert: " Deja que mi profundo amor te reconforte, porque te quiero más que a mí mismo, más que a nadie o nada en el mundo."...ayssssss...me encantan las cartas de esa época...

Comentario:
Pues sí. Tienes toda la razón.
Pero no te me escames, que los catalanes adolecen, ya sabes de cuánto.
Es broma. Anda que si eres catalana...¿Glauka...catalana...? No. Imposible.
Un roce así, de repeeeeente...
Pero no te me escames, que los catalanes adolecen, ya sabes de cuánto.
Es broma. Anda que si eres catalana...¿Glauka...catalana...? No. Imposible.
Un roce así, de repeeeeente...
Comentario:
Y sirenas, le faltan las sirenas la proverbio catalán.