LA NOVELA
Queremos contar la historia de Hans Castorp, no por él (pues el lector ya llegará a conocerle como un joven modesto y simpático), sino por amor a su historia, que nos parece, hasta el más alto grado, digna de ser contada (en este sentido, debemos recordar en torno a Hans Castorp que ésa es su historia, y que no todas las historias ocurren a cualquiera). Se remonta a un tiempo muy lejano; ya está, en cierto modo, completamente cubierta de una preciosa herrumbre y es, pues, necesario contarla bajo la forma de un pasado remotísimo.
Esto tal vez no sea un inconveniente, sino más bien una ventaja; es preciso que las historias hayan pasado, y podemos decir que, cuanto más han pasado, mejor responden a las exigencias de la historia y que esto es mucho más ventajoso para el narrador que evoca murmurando las cosas pretéritas. Pero ocurre con ella como ocurre hoy con los hombres, y entre ellos no se hallan en último lugar los narradores de historias: es mucho más vieja que su edad, su antigüedad no puede medirse por días; ni el tiempo que pesa sobre ella por revoluciones en torno al sol. En una palabra, no debe su grado de antigüedad al tiempo, y con esta observación queremos aludir a la doble naturaleza, problemática y singular, de ese elemento misterioso.
Pero para no oscurecer artificiálmente un estado de cosas claro, debemos manifestar que la extrema antigüedad de nuestra historia proviene de que se desarrolla antes de cierto cambio y cierto límite que han trastornado profundamente la vida y la conciencia...
Se desarrolla, o para evitar totalmente todo presente, se desarrolló en otro tiempo, en el pasado, en esos días consumados del mundo anterior a la Gran Guerra, con cuyo principio comenzaron tantas cosas que luego no han dejado apenas de comenzar. Esta historia se desarrolla, pues, antes. Tal vez mucho antes. Pero el carácter antiguo de una historia, ¿no es tanto más profundo, más completo y legendario, cuanto se desarrolla más inmediatamente antes de ahora? Además, quizá nuestra historia, desde otros puntos de vista y por su naturaleza íntima, tenga más o menos algo de leyenda.
La contaremos en detalle, exacta y minuciosamente. En efecto, el interés de una historia o el aburrimiento que nos produce, ¿han dependido jamás del espacio y el tiempo que ella exige? Sin temor de exponernos al reproche de haber sido meticulosos en exceso, nos inclinamos, al contrario, a pensar que sólo es verdaderamente divertido lo que ha sido meticulosamente elaborado.
Por lo tanto, el narrador no podrá terminar la historia de Hans Castorp de una sola vez. Los siete días de una semana no serán suficientes; tampoco bastarán siete meses. Lo mejor será que no se pregunte de antemano cuánto tiempo transcurrirá sobre la Tierra mientras la historia le tiene aprisionado entre sus mallas. ¡Después de todo, Dios mío, tal vez no llegarán a ser siete años!
Y después de esto, comencemos.
Érase una vez..................................................
Bueno, la verdad es que no me imagino al chico este con las sugerentes trasparencias que lucía la bella Scherezade; pero es indudable que poseía argumentos e imaginación para varios miles (más una) de noches.
Quizá sea esta novela, la novela: La montaña mágica, Thomas Mann. Lo seguro es que sí es de las que con mayor placer se deja paladear. Y a eso me dispongo de nuevo, para amueblar (y acaso refrescar) las dilatadas tardes de calor insoportable que suceden a la siesta, en este último tramo de vacaciones que me queda. Es lo que tiene la vida del lagarto.
Saludos.
Comentario:
¡Juas! Acabo de escribirte un comentario toda lúcida y me lo ha comido.
Resumiendo te decía que pillo con gusto la recomendación del libro y que esta muy guay lo de tu transformación de lagarto, pero que dejes de contarte las escamas y vuelve a tu Pcra (y hacer burbujas de amor por donde quiera lalalá)
No te mando un beso de lagarta a lagarto porque me da que suena muuuy mal ;-)
Resumiendo te decía que pillo con gusto la recomendación del libro y que esta muy guay lo de tu transformación de lagarto, pero que dejes de contarte las escamas y vuelve a tu Pcra (y hacer burbujas de amor por donde quiera lalalá)
No te mando un beso de lagarta a lagarto porque me da que suena muuuy mal ;-)
Comentario:
Me gusta ese estilo de narración en plural, ya lo he leido algunas veces... y me está dando una idea.
Te estas tomando unas laaargas vacaciones mi querido pececillo.
Besos
Te estas tomando unas laaargas vacaciones mi querido pececillo.
Besos
Comentario:
Lo apunto.
Comentario:
Por donde andas cariño ? Me tienes abandonada!
Ah! de paso te digo que me gusto lo que lei.
Besos desde mi mar :)
Ah! de paso te digo que me gusto lo que lei.
Besos desde mi mar :)
Comentario:
Mira, uno que tengo en la lista... con tiempo y una caña (bien fría a ser posible).
Me alegro que tenga tiempo para el ocio caballero, yo a ver si saco un poco aunque sólo sea para mi.
Besazos!
Me alegro que tenga tiempo para el ocio caballero, yo a ver si saco un poco aunque sólo sea para mi.
Besazos!
Comentario:
Erasé una vez...las palabras entretejiendo fantasías en tardes frescas de verano que se desgranan como suaves hojas cayendo sobre la piel, rememorando, ansiando y deseando que no terminen jamás. Asi me llego a mi...Hans, dulce e inocente, ojalá todos por momentos nos suspendieramos en el tiempo.
Buen fin de semana.
p.d. pensé que habías dejado de escribir, bloglines, dejo de avisarme cuando hacias magia con los dedos. :(
Buen fin de semana.

p.d. pensé que habías dejado de escribir, bloglines, dejo de avisarme cuando hacias magia con los dedos. :(
Comentario:
Mira...en pocas palabras, como tú:
Die Zeit, die im traditionellen Bildungsroman die Perspektive der Fortentwicklung zu garantieren schien, birgt in Thomas Manns Roman keine Utopie mehr, wie auch die antithetischen Betrachtungen Naphtas und Settembrinis (»sie sind beide Schwätzer«) keine inhaltliche Synthese erfahren. Eine Kommentierung aus der Sicht Hans Castorps bietet der mit "Schnee" überschriebene Absatz des sechsten Kapitels, ein verkleinertes Modell des gesamten Romans und von Thomas Mann rückblickend gerne an den Schluß des gesamten Werkes positioniert, in dem Castorp sich auf Skiern in das Hochgebirge wagt, nicht ohne fortwährende Reminiszenzen an die beiden Kontrahenten (»Ach ja, du pädagogischer Satana... Übrigens habe ich dich gern. Du bist zwar ein Windbeutel und Drehorgelmann, aber du meinst es gut, meinst es besser und bist mir lieber als der scharfe kleine Jesuit und Terrotist..., obgleich er fast immer recht hat, wenn ihr euch zankt ...«), und dort im Schneesturm sich verirrt, im Kreis läuft. Die Szene mündet in einen Traum mit der kursiv gesetzten Quintessenz: »Der Mensch soll um der Güte und Liebe willen dem Tod keine Herrschaft einräumen über seine Gedanken.« Diese Absage an die mit dem Tod verbundene Sinnlichkeit und die damit implizierte Aufwertung von Ethos und Bewußtsein wird jedoch nicht nur durch die Bemerkung relativiert, daß Hans Castorp schon bald nach seiner Heimkehr seinen Traum »nicht mehr so recht« verstand; bereits im Traum selbst erscheint der Tod - er ist »Freiheit, Durchgängerei, Unform und Lust« - als fortwährende Versuchung zum ekstatischen, auch von Erotik geprägten Leben, nur durch den gewissenhaften Vorsatz zu bändigen: »Ich will dem Tod die Treue halten in meinem Herzen, doch mich hell erinnern, daß Treue zum Tode und Gewesenen nur Bosheit und finstere Wollust und Menschenfeindschaft ist, bestimmt sie unser Denken und Regieren.« Nichts anderes als Thomas Manns eigene Lebensproblematik, die Suche nach dem Ausgleich von Leben und Geist, scheint letztlich im "Zauberberg" wieder auf. »Der Roman erzählt, je länger er dauert, desto weniger von Castorp und desto mehr von Thomas Mann«, so das Fazit von Martin Walser, der an diesem Beispiel eine vehemente Kritik am ironischen Erzählverfahren des Autors, seinem distanzierten Spiel mit Symbolen und Motiven übt, eine Kritik, die das Werk des Autors von Anfang an begleitet hat. Es wird allgemein als Kennzeichen der Klassizität Thomas Mann gewertet, daß eine literarische Nachwirkung seines Werkes kaum vorhanden ist, somit die Anmerkungen des Schriftstellers Walser eher eine Ausnahme darstellen, während für die Fachwissenschaft der Rang seines Werks und des "Zauberbergs" als »klassischer Roman« (H. Koopmann) im besonderen unbestritten ist.
Un abrazo¡¡¡ y feliz lectura
Die Zeit, die im traditionellen Bildungsroman die Perspektive der Fortentwicklung zu garantieren schien, birgt in Thomas Manns Roman keine Utopie mehr, wie auch die antithetischen Betrachtungen Naphtas und Settembrinis (»sie sind beide Schwätzer«) keine inhaltliche Synthese erfahren. Eine Kommentierung aus der Sicht Hans Castorps bietet der mit "Schnee" überschriebene Absatz des sechsten Kapitels, ein verkleinertes Modell des gesamten Romans und von Thomas Mann rückblickend gerne an den Schluß des gesamten Werkes positioniert, in dem Castorp sich auf Skiern in das Hochgebirge wagt, nicht ohne fortwährende Reminiszenzen an die beiden Kontrahenten (»Ach ja, du pädagogischer Satana... Übrigens habe ich dich gern. Du bist zwar ein Windbeutel und Drehorgelmann, aber du meinst es gut, meinst es besser und bist mir lieber als der scharfe kleine Jesuit und Terrotist..., obgleich er fast immer recht hat, wenn ihr euch zankt ...«), und dort im Schneesturm sich verirrt, im Kreis läuft. Die Szene mündet in einen Traum mit der kursiv gesetzten Quintessenz: »Der Mensch soll um der Güte und Liebe willen dem Tod keine Herrschaft einräumen über seine Gedanken.« Diese Absage an die mit dem Tod verbundene Sinnlichkeit und die damit implizierte Aufwertung von Ethos und Bewußtsein wird jedoch nicht nur durch die Bemerkung relativiert, daß Hans Castorp schon bald nach seiner Heimkehr seinen Traum »nicht mehr so recht« verstand; bereits im Traum selbst erscheint der Tod - er ist »Freiheit, Durchgängerei, Unform und Lust« - als fortwährende Versuchung zum ekstatischen, auch von Erotik geprägten Leben, nur durch den gewissenhaften Vorsatz zu bändigen: »Ich will dem Tod die Treue halten in meinem Herzen, doch mich hell erinnern, daß Treue zum Tode und Gewesenen nur Bosheit und finstere Wollust und Menschenfeindschaft ist, bestimmt sie unser Denken und Regieren.« Nichts anderes als Thomas Manns eigene Lebensproblematik, die Suche nach dem Ausgleich von Leben und Geist, scheint letztlich im "Zauberberg" wieder auf. »Der Roman erzählt, je länger er dauert, desto weniger von Castorp und desto mehr von Thomas Mann«, so das Fazit von Martin Walser, der an diesem Beispiel eine vehemente Kritik am ironischen Erzählverfahren des Autors, seinem distanzierten Spiel mit Symbolen und Motiven übt, eine Kritik, die das Werk des Autors von Anfang an begleitet hat. Es wird allgemein als Kennzeichen der Klassizität Thomas Mann gewertet, daß eine literarische Nachwirkung seines Werkes kaum vorhanden ist, somit die Anmerkungen des Schriftstellers Walser eher eine Ausnahme darstellen, während für die Fachwissenschaft der Rang seines Werks und des "Zauberbergs" als »klassischer Roman« (H. Koopmann) im besonderen unbestritten ist.
Un abrazo¡¡¡ y feliz lectura