Año felliniano
Sí. Me da a mí que sí.
De hecho, la despedida del invierno fue ya bastante de Charlot, pa no desentonar. Perdí varios autobuses (por causa justificable, claro) a ese umbral de la primavera y puesta de corto que para los valencianos singifican la fallas cada año. Vaya, que me las encontré ya plantaditas y, si me descuido, quemadas. Algún conato de quema prematura había sido ya perpetrado (también pa no desentonar) por las J.R.A.F. (Juventudes revolucionarias anti fallas); sin mayor resonancia que la pura anècdota; también para no desentonar. Pero llegué. Sin saber decir cuándo ni por dónde, con gran desasosiego de mis allegados, llegué, sí.
Y nada. Como siempre. Salvo de la quema el olor a pólvora constante (absolutamente enardecedor, sobre todo cuando se mezcla con el jazmín) y alguna que otra mascletá (literalmente: machada, no se lo pierdan) en primera fila (insustituible tratamiento antiestrés); bajo una intensa lluvia de pavesas del ocho (mu weno pa la calvicie).
Pero lo bueno, también para no desentonar, me esperaba a la vuelta. Como siempre (me pasa como en Reyes) me toca abandonar la fiesta en su mejor punto: Las fallas ya preparadas para arder, y además, mi santo y el Día del Padre. En fin, ya digo, para no desentonar. Pero esta vez no perdí ningún autobús. Fue más bien el autobús el que me perdió a mí...Me explico:
Salgo, ya digo, justo el día de la Fiesta a la mañana. Mañana radiante de luz levantina; poca gente viajando, primer asiento, de cara al paisaje (conocido palmo a palmo, como luego se verá) y sin acompañante al lado. El ánimo más que hecho, cómodo, cansado, sobre ruedas, 8 horitas por delante...sensores desconectados, plácido viaje, pequeño paréntesis de espacio y tiempo, un trozo de nada...
Y así es, hasta llegar a Pamplona, ya a las puertas de la meta. Al intentar acceder al centro, una maraña inmensa nos corta el paso: Imposible pasar, dice el guardia; Cabalgata del Día del Padre (desde luego estos navarros...con tal de cabalgar...). Pero así es, y parece que todo el mundo lo sabía menos yo, y el conductor que, curiosamente, se estrena hoy en la línea.
La mayoría de pasajeros, parejas de ancianos requemados que vienen de Benidorm, son depositados de cualquier manera en una esquina cualquiera de la periferia, entre maletas, lamentos y alguna que otra crisis nerviosa. Gran profusión de móviles y tremenda algarabía de "señoras al borde"...mientra el conductor (novato y despistado) se informa de por dónde ha de tirar...Nada, todo normal, ligero contratiempo a las puertas de casa. El bus muy aligerado. Quedaremos unos 20 pasajeros; la mayoría viejos impacientes y cansados, y servidor, en primera linea, tranquilizando al guardia y al conductor (novato), y ofreciéndose, como gran conocedor de la zona que es, a llevar a buen puero el barco. Seguimos...ya casi estamos...
Tras varias órbitas al cinturón industrial de Pamplona divisamos, por fin, una salida que señala...literalmente: A FRANCIA POR SAN SEBASTIÁN. Y allí que nos aventuramos, en una ya casi noche estrellada, de media luna burlona, por una carretera nacional (mal señalizada) que no tarda en convertirse por arte de magia en una carretera comarcal (sin señalizar), que nos va adentrando poco a poco, y hacia arriba, en un inquietante y tupido bosque, por un caminillo cada vez más estrecho y sinuoso, que parece no llevar a ningún lado...al menos civilizado (me perdonen los navarros)...con aquí, el Acéfalo de copiloto experto, y un manojillo de ancianas aterrorizadas, que dudan entre linchar primero al conductor (novato) o al mequetrefe ese de las barbas. Eso sí, sin perder un ápice de compostura y dignidad. Menos una, que lucía una sonrisilla anacrónicamente exultante... En fin. Llegar o morir, parecía ya ser la consigna.
Y llegamos. Vaya si llegamos. Aunque no gracias a mí, desde luego. Con dos horas de retraso y la tripulación al borde del amotinamiento; acabando de redactar sendas cartas de reclamación a la empresa: una para no dejar pilotar nunca más ese novato, y otra para prohibir viajar a ese GPS zumbao que no hace más que reirse...¡No sé de qué!...
En fin...cosas que pasan...Nada más llegar, el conductor (ya menos novato) y yo, nos escabullimos como pudimos de la furiosa jauría que parecía ya no tener prisa, o haberla cambiado por prioridades más cívicas y humanitarias, al grito de "La primavera ha venida, señoras". Y nos fuimos a tomar unas cervecitas; para reir lo sufrido y saludar a la nueva estación con igual dosis de alegría y escepticismo...y sed. Y celebrar el haber salido ilesos de los arranques de furia de esas ancantadoras ancianitas.
Bueno. Pura anécdota. Uno ya está acostumbrando a ver asomar la nariz de Fellini cuando menos se lo espera.
No parece cosa de quejarse ¿verdad?
Feliz primavera a todos. Vuelvo.
Comentario:
A-eso-juego,sonrisilla,a,hacer-amigos.Sobre-todo,de-buena-estirpe.
Déjame-que-te-bese-un-rato.
Déjame-que-te-bese-un-rato.
Comentario:
Pues a mi me pareces encantador. jajajaj, haciendo amigos, eh?
Comentario:
Pues muchas gracias, Rufo a secas. Recibo directamente mensaje tan directo.
¿Valenciano?...¿Navarro?...O simple observador?...
Estás en tu casa, en cualquier caso, majo.
¿Valenciano?...¿Navarro?...O simple observador?...
Estás en tu casa, en cualquier caso, majo.
Comentario:
Que imbécil eres, cchaval.