Hace 11 años, aquella noche...
Hernani (Guipúzcoa): martes 27 de septiembre del 94. Andrinúa marca el 3-0 al Anorthosis de Chipre y clasifica al Athletic de Bilbao para la siguiente ronda de la copa de la UEFA.
En un piso de alquiler, seis obreros de la construcción vimos el partido por la televisión y tres nos decidimos a salir después para tomar una cerveza o un café y, de paso, conocer el lugar.
Habíamos llegado allí el día anterior. Nuestra obra consistía en hacer zanjas por varias calles para instalar la red de tuberías de gas, algo que no era nuevo para nosotros. Hernani sólo era una obra más.
Era ya noche cerrada. Habíamos oído que era un pueblo conflictivo. Quizás por eso no nos pareció demasiado extraño que, nada más salir, viésemos un par de contenedores de basura volcados en una calle. No le dimos importancia y nos dirigimos al centro, a buscar por dónde se movía allí la gente. Llegamos a la plaza del ayuntamiento y de allí partían dos calles muy parecidas: La Calle Mayor y otra paralela llamada Kardaberaz.
A simple vista nos decidimos por ésta segunda, se veía más movimiento y más carteles luminosos de bares.
Componíamos la expedición Wally, un albañil bilbaíno de poco más de 30 años, Jose Luis, un palista extremeño de algo menos de 30 y yo, vizcaíno con 28 en aquel momento.
Casi nada más entrar en aquella calle empedrada y peatonal una chica joven se nos acercó:
-“Tenéis fuego?”- preguntó
Jose Luis se adelantó a contestar con cortesía, acercándole su mechero encendido.
Jose Luis llevaba varios años viviendo en Bilbao pero mantenía un cerrado acento extremeño, quizá por eso, cuando la chica aún no había terminado de encender su cigarrillo, escuchamos una voz varios metros detrás nuestro: “¡Tres cacos!”.
Era una mujer de edad cercana a la jubilación quien dio esa voz de alarma.
Pero no se refería a ladrones, no: hablaba de nosotros tres. Identificó a tres desconocidos jóvenes como si fuésemos miembros de algún cuerpo policial.
Nosotros seguíamos caminando con idea de entrar a tomar algo en un bar pero, tras esa voz, comenzó a salir de ellos gente que se colocaba frente a sus puertas y a lo largo de las aceras. Algunos comenzaron a corear dos palabras contra nosotros: txakurras (perros) y cipayos.
Esa sensación de estar en un lugar desconocido y en el momento equivocado no nos dejaba detenernos, ni siquiera girar el cuello. Movíamos los ojos rápidamente de derecha a izquierda para ver lo que nos esperaba y buscar la salida al otro extremo de la calle y los oídos estaban atentos a los gritos, los insultos y a cualquier ruido que nos viniera por detrás.
Afortunadamente, nadie bajó de la acera. No estábamos solos, éramos tres, pero sí estábamos ante el peligro. Quizá fuimos cobardes, quizá sensatos, pero era nuestro primer día allí y no parecía, con aquella confusión, el mejor momento para mezclarnos entre la gente de allí.
La calle terminaba en otra plaza y parecía que podía ser el final del “túnel del terror” que estábamos atravesando. Pero fue todo lo contrario. Allí nos esperaba la “atracción” más excitante.
Salimos de la calle como despedidos por el paso precipitado que llevábamos y nos dimos de bruces contra unos treinta individuos, muchos de ellos con la cara cubierta por pasamontañas o pañuelos, armados con barras de hierro o bates de béisbol, que se ensañaban con una cabina de teléfonos y algunos cajeros automáticos.
En unos momentos nos vimos rodeados por ellos pero no nos cerraron del todo el paso. Caminábamos ahora mucho más despacio pero entre los insultos y las amenazas, ahora más directas, de ellos.
En un momento, yo (bendita ingenuidad) le comenté a Wally sin girar la cabeza: “¿Y si nos damos la vuelta y les decimos que somos obreros del gas?”
Wally, mucho más curtido que yo en los ambientes callejeros, me contestó: “No dejes de andar, no digas ni una palabra y no te des la vuelta”
Wally me enseñó muchos trucos para las obras pero también me instruyó en muchas otras cosas de la vida. -Hace un par de años que no sé nada de él: esto hay que corregirlo.-
Así, desembocamos en una calle, no sabemos cuál, no conocíamos nada, y nos metimos en un bar apartado de allí donde tomamos algo rápido mientras tratábamos de normalizar el ritmo cardíaco y orientarnos para llegar a nuestro piso por un camino diferente al recorrido.
De vuelta a casa pudimos ver algunos carteles. El 27 de septiembre se celebraba el “gudari eguna”, el “día del luchador vasco”.
Creo que nunca llegaré a ser un gudari, no soy capaz de luchar de esa manera por mi pueblo. Yo sólo alcanzo a trabajar siempre aquí, donde he nacido, hacerlo del modo más eficaz posible, formar aquí una familia, educar a mi hijo en libertad, enseñarle a compartir y escuchar, a tolerar y opinar; ofrecer mi tierra a todo aquel que quiera venir, pagar aquí mis impuestos para el bien común, contribuir a que mi pueblo tenga las calles limpias, respetar el entorno natural, la propiedad privada, las normas de convivencia, llevar la verdad por delante y la mano abierta para quien la quiera estrechar. Se dar la mano en cualquier idioma... pero no me veo capaz de ser un gudari como ellos. Quizá yo no valgo para luchar por mejorar mi tierra.
Incluso yo dudaría de la veracidad de este relato pero, si os sirve mi palabra, todo esto sucedió exactamente así. Tampoco quiero que nadie piense que esto es habitual; se dieron varias coincidencias que derivaron en este episodio. Que nadie venda ahora que los vascos vivimos de esta manera.
Aquí acabó la aventura de aquella noche, hace hoy 11 años, pero la obra nos mantuvo allí dos meses. Esto fue lo más llamativo que nos pasó, pero no acabó todo esa noche. Pasaron cosas curiosas...que contaré.
En un piso de alquiler, seis obreros de la construcción vimos el partido por la televisión y tres nos decidimos a salir después para tomar una cerveza o un café y, de paso, conocer el lugar.
Habíamos llegado allí el día anterior. Nuestra obra consistía en hacer zanjas por varias calles para instalar la red de tuberías de gas, algo que no era nuevo para nosotros. Hernani sólo era una obra más.
Era ya noche cerrada. Habíamos oído que era un pueblo conflictivo. Quizás por eso no nos pareció demasiado extraño que, nada más salir, viésemos un par de contenedores de basura volcados en una calle. No le dimos importancia y nos dirigimos al centro, a buscar por dónde se movía allí la gente. Llegamos a la plaza del ayuntamiento y de allí partían dos calles muy parecidas: La Calle Mayor y otra paralela llamada Kardaberaz.
A simple vista nos decidimos por ésta segunda, se veía más movimiento y más carteles luminosos de bares.
Componíamos la expedición Wally, un albañil bilbaíno de poco más de 30 años, Jose Luis, un palista extremeño de algo menos de 30 y yo, vizcaíno con 28 en aquel momento.
Casi nada más entrar en aquella calle empedrada y peatonal una chica joven se nos acercó:-“Tenéis fuego?”- preguntó
Jose Luis se adelantó a contestar con cortesía, acercándole su mechero encendido.
Jose Luis llevaba varios años viviendo en Bilbao pero mantenía un cerrado acento extremeño, quizá por eso, cuando la chica aún no había terminado de encender su cigarrillo, escuchamos una voz varios metros detrás nuestro: “¡Tres cacos!”.
Era una mujer de edad cercana a la jubilación quien dio esa voz de alarma.
Pero no se refería a ladrones, no: hablaba de nosotros tres. Identificó a tres desconocidos jóvenes como si fuésemos miembros de algún cuerpo policial.
Nosotros seguíamos caminando con idea de entrar a tomar algo en un bar pero, tras esa voz, comenzó a salir de ellos gente que se colocaba frente a sus puertas y a lo largo de las aceras. Algunos comenzaron a corear dos palabras contra nosotros: txakurras (perros) y cipayos.
Esa sensación de estar en un lugar desconocido y en el momento equivocado no nos dejaba detenernos, ni siquiera girar el cuello. Movíamos los ojos rápidamente de derecha a izquierda para ver lo que nos esperaba y buscar la salida al otro extremo de la calle y los oídos estaban atentos a los gritos, los insultos y a cualquier ruido que nos viniera por detrás.
Afortunadamente, nadie bajó de la acera. No estábamos solos, éramos tres, pero sí estábamos ante el peligro. Quizá fuimos cobardes, quizá sensatos, pero era nuestro primer día allí y no parecía, con aquella confusión, el mejor momento para mezclarnos entre la gente de allí.
La calle terminaba en otra plaza y parecía que podía ser el final del “túnel del terror” que estábamos atravesando. Pero fue todo lo contrario. Allí nos esperaba la “atracción” más excitante.
Salimos de la calle como despedidos por el paso precipitado que llevábamos y nos dimos de bruces contra unos treinta individuos, muchos de ellos con la cara cubierta por pasamontañas o pañuelos, armados con barras de hierro o bates de béisbol, que se ensañaban con una cabina de teléfonos y algunos cajeros automáticos.
En unos momentos nos vimos rodeados por ellos pero no nos cerraron del todo el paso. Caminábamos ahora mucho más despacio pero entre los insultos y las amenazas, ahora más directas, de ellos.
En un momento, yo (bendita ingenuidad) le comenté a Wally sin girar la cabeza: “¿Y si nos damos la vuelta y les decimos que somos obreros del gas?”
Wally, mucho más curtido que yo en los ambientes callejeros, me contestó: “No dejes de andar, no digas ni una palabra y no te des la vuelta”
Wally me enseñó muchos trucos para las obras pero también me instruyó en muchas otras cosas de la vida. -Hace un par de años que no sé nada de él: esto hay que corregirlo.-
Así, desembocamos en una calle, no sabemos cuál, no conocíamos nada, y nos metimos en un bar apartado de allí donde tomamos algo rápido mientras tratábamos de normalizar el ritmo cardíaco y orientarnos para llegar a nuestro piso por un camino diferente al recorrido.
De vuelta a casa pudimos ver algunos carteles. El 27 de septiembre se celebraba el “gudari eguna”, el “día del luchador vasco”.
Creo que nunca llegaré a ser un gudari, no soy capaz de luchar de esa manera por mi pueblo. Yo sólo alcanzo a trabajar siempre aquí, donde he nacido, hacerlo del modo más eficaz posible, formar aquí una familia, educar a mi hijo en libertad, enseñarle a compartir y escuchar, a tolerar y opinar; ofrecer mi tierra a todo aquel que quiera venir, pagar aquí mis impuestos para el bien común, contribuir a que mi pueblo tenga las calles limpias, respetar el entorno natural, la propiedad privada, las normas de convivencia, llevar la verdad por delante y la mano abierta para quien la quiera estrechar. Se dar la mano en cualquier idioma... pero no me veo capaz de ser un gudari como ellos. Quizá yo no valgo para luchar por mejorar mi tierra.
Incluso yo dudaría de la veracidad de este relato pero, si os sirve mi palabra, todo esto sucedió exactamente así. Tampoco quiero que nadie piense que esto es habitual; se dieron varias coincidencias que derivaron en este episodio. Que nadie venda ahora que los vascos vivimos de esta manera.
Aquí acabó la aventura de aquella noche, hace hoy 11 años, pero la obra nos mantuvo allí dos meses. Esto fue lo más llamativo que nos pasó, pero no acabó todo esa noche. Pasaron cosas curiosas...que contaré.
El jefe
Bruce Springsteen cumple años. “The boss”, el jefe. Así se le conoce en el mundo de la música. El 23 de septiembre es el día del “jefe”... en mi casa también. El jefe ya escribe su edad con dos cifras. Una década prodigiosa.
En casa todos estamos de celebración. ¿Qué hay mas importante que celebrar que somos padres desde hace 10 años?
No puedo olvidar ninguno de los momentos que hemos vivido alrededor de él. Desde la primera vez que lo ví, oscuro, larguilucho, manchado de su viaje al exterior, nervioso... hasta hoy mismo abriendo regalos con avidez, traspasando con sus ojos el papel del envoltorio tratando de adivinar el contenido; peleando más tarde contra el sueño, rindiéndose al final por un día agotador de nervios.

Podría estar horas hablando de él. Hoy solo quiero felicitarle y darle las gracias por ser como es. Ningún padre es objetivo hablando de su hijo, sin embargo, yo no creo equivocarme al decir que tengo al mejor de todos.
Feliz cumpleaños, Axel.
En casa todos estamos de celebración. ¿Qué hay mas importante que celebrar que somos padres desde hace 10 años?
No puedo olvidar ninguno de los momentos que hemos vivido alrededor de él. Desde la primera vez que lo ví, oscuro, larguilucho, manchado de su viaje al exterior, nervioso... hasta hoy mismo abriendo regalos con avidez, traspasando con sus ojos el papel del envoltorio tratando de adivinar el contenido; peleando más tarde contra el sueño, rindiéndose al final por un día agotador de nervios.

Podría estar horas hablando de él. Hoy solo quiero felicitarle y darle las gracias por ser como es. Ningún padre es objetivo hablando de su hijo, sin embargo, yo no creo equivocarme al decir que tengo al mejor de todos.
Feliz cumpleaños, Axel.
Benidorm
Esto llega con algo de retraso pero el concurso de blogs (por cierto, ¿nadie más se va a animar?) y poner al día mis otros papeles me han tenido ocupado.
No quiero dar una mala impresión de lo que fue mi semana de vacaciones, lo pasé bien. Benidorm es uno de esos lugares en donde encuentras todo para disfrutar, pero primero hay que adaptarse al lugar. Es necesario comprender que estás en un gran parque temático en donde todo es de manipulado por el hombre. A veces dudo incluso si las olas de la playa estaban controladas por algún mecanismo.
La primera impresión que tuve de Benidorm no pudo ser más espantosa. Fue la que vi desde la autopista.
Tras unos kilómetros de áridos y angulosos picos de una cordillera que se asoma al mar, surgieron, como si de una película apocalíptica se tratara, unos afilados misiles de hormigón que parecían haber lanzado allí unas naves alienígenas en prácticas de tiro.
Recordé por un momento la escena final de “El planeta de los simios” en donde Charlton Heston comprobaba cómo el hombre había destruido toda una civilización. Aquí, la civilización ha destruido al hombre a base de construir.
Propongo que los últimos kilómetros de acceso a Benidorm se hagan mediante túneles. Hay que evitar esa panorámica al visitante.
Hay un cabo elevado que divide la ciudad en dos playas. Ese cabo y las calles que conducen hasta él conforman lo que debió ser en su día un tranquilo pueblo costero. Comencé a subir esas callejuelas con la ilusión de conocer lo que podría ser el alma de la ciudad. Al llegar a lo más alto hay una plaza y un pequeño parque donde unas pequeñas columnas soportan unas vigas que configuran una especie de cenador. Es un mirador elevado desde donde, puestos de espaldas al mar, tenemos una extraordinaria vista de las dos playas y de la ciudad. Sin embargo, algo rompía esa armonía.
No soy para nada religioso, más bien todo lo contrario, pero la imagen de aquella plaza me recordó un pasaje de los evangelios en donde Jesucristo perdió la templanza y arremetió contra los mercaderes que ocupaban la sinagoga. “Mi templo es para rezar y no una cueva de ladrones” (texto recordado de Jesucristo Superstar). Un paraje privilegiado para la contemplación estaba ocupado por pintores al spray, caricaturistas, peluqueros sólo para colocar extensiones, músicos folklóricos andinos y, el más sorprendente de todos, un quiromántico informatizado. Sí, “le leemos la mano por ordenador” rezaba el cartel. Una ciencia-timo (táchese lo que no proceda) milenaria mejorada con las nuevas tecnologías. No tardaremos en ver cómo, en vez de las cartas, nos echarán las tarjetas de crédito. O, en vez de echar mal de ojo, nos meterán un virus por la webcam... yo creo que éste ya lo tengo.
Un paseo nocturno junto a la playa tiene su encanto pero también tiene unos riesgos para los que no venía preparado, aunque sí advertido. Pero por muy advertido que fuera se me hizo difícil pasar por delante de las terrazas de los hoteles y de otros pubs musicales en los que un señor con bigote (puedo jurar que todos eran así) y teclado modelo BBC (bodas, bautizos y comuniones), con voz acomplejada pero sin complejos a la hora de cantar, entonaban canciones del tipo “se va el caiman, se va para Barranquilla”. En otros, una señoras, que parecían acabar de haber acostado a sus nietecitos y vestidas como damas de honor de alguna boda, trataban de poner ritmo a los últimos bailables de la música latina (¿alguien se ofrece a lavarle la camisa a ese que lleva diciendo todo el verano que la tiene negra?). Y, cuando me alejaba del último hotel con piscina y señor con bigote y organillo BBC, me di de frente con un cartel que anunciaba a Maria Jesús y su acordeón.... ¡Había que huir de allí! ¡En cualquier momento podía sonar su gran éxito: “Los pajaritos”!
A escasos metros de allí vimos aparcadas cuatro preciosas motos. Una Harley Davidson y otras tres similares. Arriba, un cartel donde se podía leer Daytona y, una vez activado el oído, que tuve que poner en stand by viendo (oyendo, mejor) el panorama anterior, me pareció distinguir las notas de un bajo eléctrico, con lo que, de un tirón, refugié a los míos en ese búnker.
Allí, cuatro “guardianes del sonido”, armados con tres guitarras y una batería, recordaban grandes canciones de Eric Clapton, Bob Dylan, Lynyrd Skynyrd,, Rolling Stones, Queen, Steppenwolf, REM, Bon Jovi e incluso de los Beatles.
Allí comenzaba a reinar la paz. Ambiente y decoración motera, un cubalibre en la barra (también he dado vacaciones a mi abstinencia), música de la que me gusta, mi familia junto a mí y , en especial, mi hijo sentado delante de mí, en un taburete entre mis rodillas, con quien conseguí acabar dando palmas a ritmo de rock y cantar en perfecto ingles(???) la frase “sweet home Alabama”.
Cuando éstos acabaron de tocar, vimos muy cerca otro antro similar pero la actuación también había terminado. Sin embargo la música era la misma, pero en disco y... no tuve fuerzas suficientes para librarme de caer allí también y escuchamos, sentados alrededor de una mesa, música de la que es difícil encontrar si uno no la tiene en casa.
Mi hijo, al final, acabó reconociendo que le gusta más esa música que la de cierta gente salida de algún programa (que prefiero no nombrar aquí por respeto a los artistas nombrados más arriba) o la de otros canta-guaperas de esa misma calaña.
Quizá no haya sido capaz aún de enseñarle a leer pero tengo que intentar enseñarle a escuchar música... ¡Y me importa un pimiento lo que diga el club de fans de Enrique Iglesias! ¡Viva Eric Clapton... y los demás!
Una mañana visitamos la que por donde vivo conocen como “la calle del coño”. Es una calle repleta de locales de nombre vasco, con las barras llenas de los pinchos más exquisitos y donde, antes o después, acabamos todos los que venimos de allí. Por eso, es frecuente encontrarse con algún conocido y la primera expresión que se oye es la de: “¡Coño! Fulanito, ¿cómo tú por aquí?”. A eso debe este sobrenombre la calle Sto. Domingo de la zona antigua de Benidorm.
Vimos bares como el Easo Berri, Santurtzi, Txapela, Sorginak, Ondartzara, y algunos más que no recuerdo. Pero el detalle que más me gustó fue en el bar Aurrera, donde en una pizarra que había en la parte alta de la barra se podía leer la siguiente pregunta: ¿Quién va el primero? Ese día, mi Atletic iba primero en la liga y para una vez que estamos ahí hay que hacerse oír. Debajo, en letras más pequeñas también ponía: ...Y el último? Lo siento, guipuzcoanos, hoy nos toca reir a nosotros.
Al cabo de unos días en Benidorm acabas comprendiendo que esto es como la isla de los juegos del cuento de Pinocho. Aquí hay todo lo que quieras buscar aunque todo tiene un precio... y qué precio!
No quiero desanimar a quien lo quiera visitar pero es necesario pasar primero por una aduana en donde dejemos nuestro concepto de la palabra “natural” y en su lugar coloquemos el término “ocio” a toda costa.
Una vez hecho este cambio, Benidorm puede resultar la ciudad ideal para unas vacaciones.
No quiero dar una mala impresión de lo que fue mi semana de vacaciones, lo pasé bien. Benidorm es uno de esos lugares en donde encuentras todo para disfrutar, pero primero hay que adaptarse al lugar. Es necesario comprender que estás en un gran parque temático en donde todo es de manipulado por el hombre. A veces dudo incluso si las olas de la playa estaban controladas por algún mecanismo.
La primera impresión que tuve de Benidorm no pudo ser más espantosa. Fue la que vi desde la autopista. Tras unos kilómetros de áridos y angulosos picos de una cordillera que se asoma al mar, surgieron, como si de una película apocalíptica se tratara, unos afilados misiles de hormigón que parecían haber lanzado allí unas naves alienígenas en prácticas de tiro.
Recordé por un momento la escena final de “El planeta de los simios” en donde Charlton Heston comprobaba cómo el hombre había destruido toda una civilización. Aquí, la civilización ha destruido al hombre a base de construir.
Propongo que los últimos kilómetros de acceso a Benidorm se hagan mediante túneles. Hay que evitar esa panorámica al visitante.
Hay un cabo elevado que divide la ciudad en dos playas. Ese cabo y las calles que conducen hasta él conforman lo que debió ser en su día un tranquilo pueblo costero. Comencé a subir esas callejuelas con la ilusión de conocer lo que podría ser el alma de la ciudad. Al llegar a lo más alto hay una plaza y un pequeño parque donde unas pequeñas columnas soportan unas vigas que configuran una especie de cenador. Es un mirador elevado desde donde, puestos de espaldas al mar, tenemos una extraordinaria vista de las dos playas y de la ciudad. Sin embargo, algo rompía esa armonía.
No soy para nada religioso, más bien todo lo contrario, pero la imagen de aquella plaza me recordó un pasaje de los evangelios en donde Jesucristo perdió la templanza y arremetió contra los mercaderes que ocupaban la sinagoga. “Mi templo es para rezar y no una cueva de ladrones” (texto recordado de Jesucristo Superstar). Un paraje privilegiado para la contemplación estaba ocupado por pintores al spray, caricaturistas, peluqueros sólo para colocar extensiones, músicos folklóricos andinos y, el más sorprendente de todos, un quiromántico informatizado. Sí, “le leemos la mano por ordenador” rezaba el cartel. Una ciencia-timo (táchese lo que no proceda) milenaria mejorada con las nuevas tecnologías. No tardaremos en ver cómo, en vez de las cartas, nos echarán las tarjetas de crédito. O, en vez de echar mal de ojo, nos meterán un virus por la webcam... yo creo que éste ya lo tengo.
Un paseo nocturno junto a la playa tiene su encanto pero también tiene unos riesgos para los que no venía preparado, aunque sí advertido. Pero por muy advertido que fuera se me hizo difícil pasar por delante de las terrazas de los hoteles y de otros pubs musicales en los que un señor con bigote (puedo jurar que todos eran así) y teclado modelo BBC (bodas, bautizos y comuniones), con voz acomplejada pero sin complejos a la hora de cantar, entonaban canciones del tipo “se va el caiman, se va para Barranquilla”. En otros, una señoras, que parecían acabar de haber acostado a sus nietecitos y vestidas como damas de honor de alguna boda, trataban de poner ritmo a los últimos bailables de la música latina (¿alguien se ofrece a lavarle la camisa a ese que lleva diciendo todo el verano que la tiene negra?). Y, cuando me alejaba del último hotel con piscina y señor con bigote y organillo BBC, me di de frente con un cartel que anunciaba a Maria Jesús y su acordeón.... ¡Había que huir de allí! ¡En cualquier momento podía sonar su gran éxito: “Los pajaritos”!
A escasos metros de allí vimos aparcadas cuatro preciosas motos. Una Harley Davidson y otras tres similares. Arriba, un cartel donde se podía leer Daytona y, una vez activado el oído, que tuve que poner en stand by viendo (oyendo, mejor) el panorama anterior, me pareció distinguir las notas de un bajo eléctrico, con lo que, de un tirón, refugié a los míos en ese búnker.
Allí, cuatro “guardianes del sonido”, armados con tres guitarras y una batería, recordaban grandes canciones de Eric Clapton, Bob Dylan, Lynyrd Skynyrd,, Rolling Stones, Queen, Steppenwolf, REM, Bon Jovi e incluso de los Beatles.
Allí comenzaba a reinar la paz. Ambiente y decoración motera, un cubalibre en la barra (también he dado vacaciones a mi abstinencia), música de la que me gusta, mi familia junto a mí y , en especial, mi hijo sentado delante de mí, en un taburete entre mis rodillas, con quien conseguí acabar dando palmas a ritmo de rock y cantar en perfecto ingles(???) la frase “sweet home Alabama”.
Cuando éstos acabaron de tocar, vimos muy cerca otro antro similar pero la actuación también había terminado. Sin embargo la música era la misma, pero en disco y... no tuve fuerzas suficientes para librarme de caer allí también y escuchamos, sentados alrededor de una mesa, música de la que es difícil encontrar si uno no la tiene en casa.
Mi hijo, al final, acabó reconociendo que le gusta más esa música que la de cierta gente salida de algún programa (que prefiero no nombrar aquí por respeto a los artistas nombrados más arriba) o la de otros canta-guaperas de esa misma calaña.
Quizá no haya sido capaz aún de enseñarle a leer pero tengo que intentar enseñarle a escuchar música... ¡Y me importa un pimiento lo que diga el club de fans de Enrique Iglesias! ¡Viva Eric Clapton... y los demás!
Una mañana visitamos la que por donde vivo conocen como “la calle del coño”. Es una calle repleta de locales de nombre vasco, con las barras llenas de los pinchos más exquisitos y donde, antes o después, acabamos todos los que venimos de allí. Por eso, es frecuente encontrarse con algún conocido y la primera expresión que se oye es la de: “¡Coño! Fulanito, ¿cómo tú por aquí?”. A eso debe este sobrenombre la calle Sto. Domingo de la zona antigua de Benidorm.
Vimos bares como el Easo Berri, Santurtzi, Txapela, Sorginak, Ondartzara, y algunos más que no recuerdo. Pero el detalle que más me gustó fue en el bar Aurrera, donde en una pizarra que había en la parte alta de la barra se podía leer la siguiente pregunta: ¿Quién va el primero? Ese día, mi Atletic iba primero en la liga y para una vez que estamos ahí hay que hacerse oír. Debajo, en letras más pequeñas también ponía: ...Y el último? Lo siento, guipuzcoanos, hoy nos toca reir a nosotros.
Al cabo de unos días en Benidorm acabas comprendiendo que esto es como la isla de los juegos del cuento de Pinocho. Aquí hay todo lo que quieras buscar aunque todo tiene un precio... y qué precio!No quiero desanimar a quien lo quiera visitar pero es necesario pasar primero por una aduana en donde dejemos nuestro concepto de la palabra “natural” y en su lugar coloquemos el término “ocio” a toda costa.
Una vez hecho este cambio, Benidorm puede resultar la ciudad ideal para unas vacaciones.
Comilona de empresa
¡Atención! Algunas personas que viven de su cara bonita se reúnen para erradicar el hambre en el mundo.
¿Hay nuevo concurso de misses?
No. Se reúnen los dirigentes de los países componentes de la ONU
Esto me suena más a un festival de las canciones. Allí sale cada uno con su guitarra y su más hermosa composición de amor y luce su mejor sonrisa mientras entona canciones en cuyas letras se repiten constantemente palabras como solidaridad, apoyo, diálogo, hermanamiento, paz, progreso, estabilidad, salud, comunicación, incluso nombran la palabra esfuerzo. Quizá porque este año tienen el comedor a más de 50 metros del aparcamiento de las limusinas: se les va a hacer duro.
Todas las televisiones del mundo trasmiten las mejores estrofas de nuestros inspirados bardos. En la televisión pública de cada nación dirán que nuestro representante estuvo mejor que sus oponentes y que dio una lección de interpretación.
Después asistiremos a las fotos de gente que se odia dándose la mano con una fenomenal sonrisa. Son de especial interés las fotos en las que, por su vestimenta o color de piel, quienes se abrazan son radicalmente diferentes.
Pero lo que no llegamos a ver es cómo llegan a los acuerdos reales, los que luego vemos reflejados en la calle.
-“A ver, señorías. Hemos llegado a un punto que, no es que tengamos demasiado dinero, siempre se puede mejorar pero, cada día hay más medios de comunicación y la gente se entera de cómo vivimos. Ellos se mueren de hambre, como siempre, pero ahora empiezan a hablar y molestan mucho.
Hay que hacer algo. Creo que sería buena idea invertir algo de lo que nos sobra en callarles la boca con un mendrugo de pan. Ponemos unos milloncejos para alimentos y medicinas y se callarán un rato.”
-“¿ Y si invertimos en educación tanto básica como universitaria con especial interés en las materias apropiadas para que cada región aproveche sus recursos naturales? Y también en confeccionar un modelo de seguridad social básica para que empiecen a gestionar desde dentro su sistema sanitario?”
-“¡Tú estás tonto o qué! Tu debes de ser de los nuevos aquí, no? A esa gente se les manda alimentos y medicina desde aquí. Así, primero invertimos nosotros como particulares en empresas de esos gremios y, como damos nosotros mismos la orden de envío, el volumen de negocio y el pago del estado a nuestra empresa están asegurados.
Luego, ellos siempre estarán en deuda con nosotros y así, si hay algo de valor en su país, lo cogeremos en pago a nuestros favores. Si ellos adquieren cultura y empiezan a gestionarse por sí solos, ¿cómo metemos allí la cuchara nosotros?”
-“¿Y qué hacemos con los países que tienen conflictos bélicos internos?”
_”Esos son los mejores. ¿Dónde te crees tú que van a parar todas las armas que fabricamos? Nos ponemos de acuerdo, nos repartimos los bandos y colocamos armas a cada lado. Así sacamos dinero por las armas que se nos quedan viejas, esperamos a que se vayan aniquilando entre ellos y después entramos nosotros en nombre de la paz y de la justicia, probamos nuestros nuevos aviones y carros de combate, terminamos de destruir el país y colocamos allí a uno de nuestros chóferes de limusinas como presidente... democrático, eso sí. Luego él, por la cuenta que le trae, ya se preocupará de conceder las licencias a empresas nuestras para la reconstrucción del país. Así, los cuatro supervivientes nos besarán los pies y consumirán todo lo que nosotros les digamos. Eso sí, que no se nos olvide durante el conflicto apropiarnos de los recursos interesantes del lugar.”
-“Una última cuestión. ¿Esta gente necesitaría también envíos de ropa? Es que yo tengo una importante empresa textil”
-“¿Ropa? Pero si son medio salvajes y van apenas con un taparrabos! Bueno... espera ... se me ocurre que... sí! ¡Ya lo tengo! Prepara una partida importante de baberos, de esos que llevan inscrito: “Come y calla” Ja, ja, ja, ja....
Bueno, señorías, a comer, que el almuerzo ya lo tengo olvidado. No olviden sacar sus guitarras y sus mejores sonrisas. Fotos y abrazos para la prensa. ¿Dónde hacemos la próxima comilona?”
Nadie como Joan Manuel Serrat ha sido capaz de retratar tan bien a esta gente. Las últimas tres estrofas son el fiel retrato de las canciones a guitarra de las que hablo aquí arriba y con las que intentan dormirnos al pueblo. Palabras, sólo palabras.
Probablemente en su pueblo se les recordará
como cachorros de buenas personas,
que hurtaban flores para regalar a su mamá
y daban de comer a las palomas.
Probablemente que todo eso debe ser verdad,
aunque es más turbio cómo y de qué manera
llegaron esos individuos a ser lo que son
ni a quién sirven cuando alzan las banderas.
Hombres de paja que usan la colonia y el honor
para ocultar oscuras intenciones:
tienen doble vida, son sicarios del mal.
Entre esos tipos y yo hay algo personal.
Rodeados de protocolo, comitiva y seguridad,
viajan de incógnito en autos blindados
a sembrar calumnias, a mentir con naturalidad,
a colgar en las escuelas su retrato.
Se gastan más de lo que tienen en coleccionar
espías, listas negras y arsenales;
resulta bochornoso verles fanfarronear
a ver quién es el que la tiene más grande.
Se arman hasta los dientes en el nombre de la paz,
juegan con cosas que no tienen repuesto
y la culpa es del otro si algo les sale mal.
Entre esos tipos y yo hay algo personal.
Y como quien en la cosa, nada tiene que perder.
Pulsan la alarma y rompen las promesas
y en nombre de quien no tienen el gusto de conocer
nos ponen la pistola en la cabeza.
Se agarran de los pelos, pero para no ensuciar
van a cagar a casa de otra gente
y experimentan nuevos métodos de masacrar,
sofisticados y a la vez convincentes.
No conocen ni a su padre cuando pierden el control,
ni recuerdan que en el mundo hay niños.
Nos niegan a todos el pan y la sal.
Entre esos tipos y yo hay algo personal.
Pero, eso sí, los sicarios no pierden ocasión
de declarar públicamente su empeño
en propiciar un diálogo de franca distensión
que les permita hallar un marco previo
que garantice unas premisas mínimas
que faciliten crear los resortes
que impulsen un punto de partida sólido y capaz
de este a oeste y de sur a norte,
donde establecer las bases de un tratado de amistad
que contribuya a poner los cimientos
de una plataforma donde edificar
un hermoso futuro de amor y paz.
:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_:
¡Atención! Continúa abierto el concurso de septiembre. Las bases y los primeros concursantes se pueden ver debajo de mis enlaces, aquí, a la derecha.
¿Hay nuevo concurso de misses?
No. Se reúnen los dirigentes de los países componentes de la ONU
Esto me suena más a un festival de las canciones. Allí sale cada uno con su guitarra y su más hermosa composición de amor y luce su mejor sonrisa mientras entona canciones en cuyas letras se repiten constantemente palabras como solidaridad, apoyo, diálogo, hermanamiento, paz, progreso, estabilidad, salud, comunicación, incluso nombran la palabra esfuerzo. Quizá porque este año tienen el comedor a más de 50 metros del aparcamiento de las limusinas: se les va a hacer duro.
Todas las televisiones del mundo trasmiten las mejores estrofas de nuestros inspirados bardos. En la televisión pública de cada nación dirán que nuestro representante estuvo mejor que sus oponentes y que dio una lección de interpretación.
Después asistiremos a las fotos de gente que se odia dándose la mano con una fenomenal sonrisa. Son de especial interés las fotos en las que, por su vestimenta o color de piel, quienes se abrazan son radicalmente diferentes.
Pero lo que no llegamos a ver es cómo llegan a los acuerdos reales, los que luego vemos reflejados en la calle.
-“A ver, señorías. Hemos llegado a un punto que, no es que tengamos demasiado dinero, siempre se puede mejorar pero, cada día hay más medios de comunicación y la gente se entera de cómo vivimos. Ellos se mueren de hambre, como siempre, pero ahora empiezan a hablar y molestan mucho.
Hay que hacer algo. Creo que sería buena idea invertir algo de lo que nos sobra en callarles la boca con un mendrugo de pan. Ponemos unos milloncejos para alimentos y medicinas y se callarán un rato.”
-“¿ Y si invertimos en educación tanto básica como universitaria con especial interés en las materias apropiadas para que cada región aproveche sus recursos naturales? Y también en confeccionar un modelo de seguridad social básica para que empiecen a gestionar desde dentro su sistema sanitario?”
-“¡Tú estás tonto o qué! Tu debes de ser de los nuevos aquí, no? A esa gente se les manda alimentos y medicina desde aquí. Así, primero invertimos nosotros como particulares en empresas de esos gremios y, como damos nosotros mismos la orden de envío, el volumen de negocio y el pago del estado a nuestra empresa están asegurados.
Luego, ellos siempre estarán en deuda con nosotros y así, si hay algo de valor en su país, lo cogeremos en pago a nuestros favores. Si ellos adquieren cultura y empiezan a gestionarse por sí solos, ¿cómo metemos allí la cuchara nosotros?”
-“¿Y qué hacemos con los países que tienen conflictos bélicos internos?”
_”Esos son los mejores. ¿Dónde te crees tú que van a parar todas las armas que fabricamos? Nos ponemos de acuerdo, nos repartimos los bandos y colocamos armas a cada lado. Así sacamos dinero por las armas que se nos quedan viejas, esperamos a que se vayan aniquilando entre ellos y después entramos nosotros en nombre de la paz y de la justicia, probamos nuestros nuevos aviones y carros de combate, terminamos de destruir el país y colocamos allí a uno de nuestros chóferes de limusinas como presidente... democrático, eso sí. Luego él, por la cuenta que le trae, ya se preocupará de conceder las licencias a empresas nuestras para la reconstrucción del país. Así, los cuatro supervivientes nos besarán los pies y consumirán todo lo que nosotros les digamos. Eso sí, que no se nos olvide durante el conflicto apropiarnos de los recursos interesantes del lugar.”
-“Una última cuestión. ¿Esta gente necesitaría también envíos de ropa? Es que yo tengo una importante empresa textil”
-“¿Ropa? Pero si son medio salvajes y van apenas con un taparrabos! Bueno... espera ... se me ocurre que... sí! ¡Ya lo tengo! Prepara una partida importante de baberos, de esos que llevan inscrito: “Come y calla” Ja, ja, ja, ja....
Bueno, señorías, a comer, que el almuerzo ya lo tengo olvidado. No olviden sacar sus guitarras y sus mejores sonrisas. Fotos y abrazos para la prensa. ¿Dónde hacemos la próxima comilona?”
Nadie como Joan Manuel Serrat ha sido capaz de retratar tan bien a esta gente. Las últimas tres estrofas son el fiel retrato de las canciones a guitarra de las que hablo aquí arriba y con las que intentan dormirnos al pueblo. Palabras, sólo palabras.
Probablemente en su pueblo se les recordará
como cachorros de buenas personas,
que hurtaban flores para regalar a su mamá
y daban de comer a las palomas.
Probablemente que todo eso debe ser verdad,
aunque es más turbio cómo y de qué manera
llegaron esos individuos a ser lo que son
ni a quién sirven cuando alzan las banderas.
Hombres de paja que usan la colonia y el honor
para ocultar oscuras intenciones:
tienen doble vida, son sicarios del mal.
Entre esos tipos y yo hay algo personal.
Rodeados de protocolo, comitiva y seguridad,
viajan de incógnito en autos blindados
a sembrar calumnias, a mentir con naturalidad,
a colgar en las escuelas su retrato.
Se gastan más de lo que tienen en coleccionar
espías, listas negras y arsenales;
resulta bochornoso verles fanfarronear
a ver quién es el que la tiene más grande.
Se arman hasta los dientes en el nombre de la paz,
juegan con cosas que no tienen repuesto
y la culpa es del otro si algo les sale mal.
Entre esos tipos y yo hay algo personal.
Y como quien en la cosa, nada tiene que perder.
Pulsan la alarma y rompen las promesas
y en nombre de quien no tienen el gusto de conocer
nos ponen la pistola en la cabeza.
Se agarran de los pelos, pero para no ensuciar
van a cagar a casa de otra gente
y experimentan nuevos métodos de masacrar,
sofisticados y a la vez convincentes.
No conocen ni a su padre cuando pierden el control,
ni recuerdan que en el mundo hay niños.
Nos niegan a todos el pan y la sal.
Entre esos tipos y yo hay algo personal.
Pero, eso sí, los sicarios no pierden ocasión
de declarar públicamente su empeño
en propiciar un diálogo de franca distensión
que les permita hallar un marco previo
que garantice unas premisas mínimas
que faciliten crear los resortes
que impulsen un punto de partida sólido y capaz
de este a oeste y de sur a norte,
donde establecer las bases de un tratado de amistad
que contribuya a poner los cimientos
de una plataforma donde edificar
un hermoso futuro de amor y paz.
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¡Atención! Continúa abierto el concurso de septiembre. Las bases y los primeros concursantes se pueden ver debajo de mis enlaces, aquí, a la derecha.
Concurso de retratos de septiembre
Me tiro a la piscina. Luego ya comprobaré si hay agua, es decir: si soy capaz de llevar a buen puerto este concurso que me corresponde organizar por haber ganado el que organizó Lara el mes pasado.
Os presento las normas.
En el concurso de este mes se trata de hacer un retrato por escrito sobre cualquier persona. Sólo se exige que se hable de una persona, aunque sea de ficción, conocida, desconocida, popular o anónima.
Cada cual puede hacerlo en el tono que quiera y con la extensión que le parezca.
Habrá de plazo para presentar los textos hasta el 30 de septiembre, así que aconsejo que se envíen los textos cuanto antes para poder ser leídos y votados.
Los votos se podrán mandar a partir del domingo (incluido) 18 y hasta el domingo (también incluido) 2 de octubre. Desde la misma dirección de correo sólo se admitirá un voto diario a la misma persona.
Tanto los textos para concursar como los votos habrá que enviarlos a la siguiente dirección de correo:
josemerabi@hotmail.com
Quería haber abierto otra dirección para el concurso pero me temo que me voy a complicar, así que dejaré la mía. Si puede ser, en asunto señalad que es para votar o para participar en el concurso.
Aquí, a la derecha, en la parte de abajo de mis enlaces (no sé ponerlo más a la vista) dejo los accesos a las normas y a los escritos que mandéis para concursar.
Ojalá os animéis a participar, no es tan difícil. Leo por ahí textos de verdaderos artistas y, aunque el premio de organizar el concurso del siguiente mes supone un pequeño esfuerzo, entre todos podemos conseguir algo bonito. Me gustaría recibir propuestas para que el vencedor tenga alguna otra satisfacción además de el reconocimiento de los demás. A mí se me ocurre que podríamos abrir un blog en exclusiva para el concurso y que al ganador se le facilitaran las contraseñas para manejarlo cada mes y que él las pudiera cambiar para tener el control de esa página. Así tendría menos dificultad organizar el concurso y seguro que acabaría siendo el blog más visitado y popular.
Espero que sepáis perdonarme si todo no funciona como debiera. Intentaré facilitar las cosas pero la informática y yo no nos llevamos demasiado bien.
Ahora sólo espero recibir vuestros trabajos, cuantos más mejor. Una vez empezado, si soy capaz de publicar el primer trabajo, prefiero recibir cuantos más mejor.
Animo, artistas. Si Ronaldo y Paulina Rubio dan entrevistas... ¿no vais a ser vosotros mejores con la palabra?
Os presento las normas.
En el concurso de este mes se trata de hacer un retrato por escrito sobre cualquier persona. Sólo se exige que se hable de una persona, aunque sea de ficción, conocida, desconocida, popular o anónima.
Cada cual puede hacerlo en el tono que quiera y con la extensión que le parezca.
Habrá de plazo para presentar los textos hasta el 30 de septiembre, así que aconsejo que se envíen los textos cuanto antes para poder ser leídos y votados.
Los votos se podrán mandar a partir del domingo (incluido) 18 y hasta el domingo (también incluido) 2 de octubre. Desde la misma dirección de correo sólo se admitirá un voto diario a la misma persona.
Tanto los textos para concursar como los votos habrá que enviarlos a la siguiente dirección de correo:
josemerabi@hotmail.com
Quería haber abierto otra dirección para el concurso pero me temo que me voy a complicar, así que dejaré la mía. Si puede ser, en asunto señalad que es para votar o para participar en el concurso.
Aquí, a la derecha, en la parte de abajo de mis enlaces (no sé ponerlo más a la vista) dejo los accesos a las normas y a los escritos que mandéis para concursar.
Ojalá os animéis a participar, no es tan difícil. Leo por ahí textos de verdaderos artistas y, aunque el premio de organizar el concurso del siguiente mes supone un pequeño esfuerzo, entre todos podemos conseguir algo bonito. Me gustaría recibir propuestas para que el vencedor tenga alguna otra satisfacción además de el reconocimiento de los demás. A mí se me ocurre que podríamos abrir un blog en exclusiva para el concurso y que al ganador se le facilitaran las contraseñas para manejarlo cada mes y que él las pudiera cambiar para tener el control de esa página. Así tendría menos dificultad organizar el concurso y seguro que acabaría siendo el blog más visitado y popular.
Espero que sepáis perdonarme si todo no funciona como debiera. Intentaré facilitar las cosas pero la informática y yo no nos llevamos demasiado bien.
Ahora sólo espero recibir vuestros trabajos, cuantos más mejor. Una vez empezado, si soy capaz de publicar el primer trabajo, prefiero recibir cuantos más mejor.
Animo, artistas. Si Ronaldo y Paulina Rubio dan entrevistas... ¿no vais a ser vosotros mejores con la palabra?
Vuelta a casa... con premio!
Uno se va de vacaciones y regresa sabiendo que habrá que recuperar el tiempo perdido en las cosas del trabajo. Por eso me llevé un cuaderno donde anotar mis impresiones sobre estos días, para que escribir en el blog no me llevara demasiado tiempo. Además, supongo que tengo mucho atrasado para leer. Así tendría menos trabajo adelantado al volver.
Con lo que no contaba es que mi artículo “Vidas paralelas” fuera elegido como el mejor en el concurso que organizó Lara en el mes de agosto.
Nunca he recibido un premio de este tipo, bueno sí, pero fue un concurso de redacciones en el colegio cuando tenía 12 años (por cierto, creo que gané porque me atreví a hacerlo en verso). Sólo he recibido premios deportivos en donde la celebración consiste en besar el trofeo, levantarlo bien alto y gritar algún “palabro” que recibe un coro desafinado de “oeoeoeses”.
Así que ahora tengo que improvisar un discurso y (qué miedo da) se me viene a la cabeza la imagen de todos aquellos que sueltan una larga y tediosa lista de agradecimientos. Me temo que los voy a imitar: lo siento.
Quiero dar las gracias en primer lugar a Lara, la organizadora, por su dedicación durante este mes y su empeño en hacernos concursar. Aunque hay algo que “no le voy a perdonar”. Ya hablaremos, Lara...
Por supuesto a todos aquellos que me hayan votado pero también a quienes lo hayan hecho a los demás. Se trata de que participemos cuántos más mejor, eso hará más rico el concurso y, por eso, sobre todo a aquellos que hayan mandado su mejor post para participar y hacer más grande este juego. Quizá no sea bueno que este concurso salga de aquí, pero sí es bonito que participe el mayor número de personas, eso le dará más calidad.
Hay otras personas que no escriben aquí pero que me animan a menudo a seguir escribiendo con críticas (pocas) y halagos (demasiados). Gracias por vuestros consejos para escribir y para todo lo demás. Gracias por vuestra amistad.
Pero si hay alguien que no espera aparecer por aquí es quien me indicó el camino que lleva hasta el mundillo de los blogs. Ella escribe uno, o al menos lo escribía porque veo que hace tiempo que no lo ha renovado, y siempre se mantuvo fiel a su idea a pesar de no recibir prácticamente nunca ningún comentario. Se llama Sandra y tiene un cuaderno lleno de recetas de cocina muy especiales. Su blog es blogs.ya.com/encuentroconlasalud/
Quizá sea demasiado tarde para enmendar mi olvido pero, si esto te puede animar a continuar con tus recetas, voy a ponerte entre mis enlaces ahora mismo. Espero que todo te esté marchando bien, San.
Ahora es cuando viene el lío. Como os decía al principio, tengo trabajo acumulado y no contaba con este premio así que los problemas se me multiplican.
Pero asumí un riesgo y tengo que cumplir. No quiero ser yo el responsable de romper esta iniciativa. No sé cómo lo haré ni de dónde sacaré tiempo. Pediré ayuda, si hace falta hasta al “Bene”, pero debo continuar con el concurso. ¿Cómo decían los Queen?...”the show must go on”, el espectáculo debe continuar.
En pocos días pondré las bases del concurso. Tengo que preguntar cómo hacerlo y, si fuera poslble, cómo deshacerme de dos spywares que tengo tocándome los webs desde hace unas semanas.
Pero puedo adelantar el tema. Se me ocurre, si a la mayoría no le parece mal, que podría tratarse de hacer un retrato. No, no quiero que cojáis ahora un lapicero o un carboncillo. El talento que tenéis está en la palabra así que no pido un dibujo sino una descripción por escrito de una persona.
Del modo que queráis: serio, cómico, nostálgico, atendiendo a su físico, a su carácter, a sus cstumbres, en 1ª persona, en 2ª, en 3ª, recordando, adivinando, imaginando... De la manera que más os guste pero que nos haga ver casi a nuestro lado a esa persona.
Y esa persona podría ser un familiar, un amigo, un conocido, un personaje popular en algún lugar, un famoso, una estrella de cine, del deporte o incluso una persona de ficción, que sólo exista en la imaginación de alguno de vosotros. Sólo pido que se describa a una persona, no a una mascota ni a un superhéroe de capa y rayo láser. Tampoco quiero una anécdota de esa persona de no ser un pequeño apunte necesario para describir su carácter.
Podéis empezar a trabajar en el retrato, a mí me toca hacerlo para el concurso (quién me mandaría...)
Ah, yo también estoy escribiendo un retrato de alguien muy especial pero ese... tardaré más en publicarlo.
Gracias a todos.
Con lo que no contaba es que mi artículo “Vidas paralelas” fuera elegido como el mejor en el concurso que organizó Lara en el mes de agosto.
Nunca he recibido un premio de este tipo, bueno sí, pero fue un concurso de redacciones en el colegio cuando tenía 12 años (por cierto, creo que gané porque me atreví a hacerlo en verso). Sólo he recibido premios deportivos en donde la celebración consiste en besar el trofeo, levantarlo bien alto y gritar algún “palabro” que recibe un coro desafinado de “oeoeoeses”.
Así que ahora tengo que improvisar un discurso y (qué miedo da) se me viene a la cabeza la imagen de todos aquellos que sueltan una larga y tediosa lista de agradecimientos. Me temo que los voy a imitar: lo siento.
Quiero dar las gracias en primer lugar a Lara, la organizadora, por su dedicación durante este mes y su empeño en hacernos concursar. Aunque hay algo que “no le voy a perdonar”. Ya hablaremos, Lara...
Por supuesto a todos aquellos que me hayan votado pero también a quienes lo hayan hecho a los demás. Se trata de que participemos cuántos más mejor, eso hará más rico el concurso y, por eso, sobre todo a aquellos que hayan mandado su mejor post para participar y hacer más grande este juego. Quizá no sea bueno que este concurso salga de aquí, pero sí es bonito que participe el mayor número de personas, eso le dará más calidad.
Hay otras personas que no escriben aquí pero que me animan a menudo a seguir escribiendo con críticas (pocas) y halagos (demasiados). Gracias por vuestros consejos para escribir y para todo lo demás. Gracias por vuestra amistad.
Pero si hay alguien que no espera aparecer por aquí es quien me indicó el camino que lleva hasta el mundillo de los blogs. Ella escribe uno, o al menos lo escribía porque veo que hace tiempo que no lo ha renovado, y siempre se mantuvo fiel a su idea a pesar de no recibir prácticamente nunca ningún comentario. Se llama Sandra y tiene un cuaderno lleno de recetas de cocina muy especiales. Su blog es blogs.ya.com/encuentroconlasalud/
Quizá sea demasiado tarde para enmendar mi olvido pero, si esto te puede animar a continuar con tus recetas, voy a ponerte entre mis enlaces ahora mismo. Espero que todo te esté marchando bien, San.
Ahora es cuando viene el lío. Como os decía al principio, tengo trabajo acumulado y no contaba con este premio así que los problemas se me multiplican.
Pero asumí un riesgo y tengo que cumplir. No quiero ser yo el responsable de romper esta iniciativa. No sé cómo lo haré ni de dónde sacaré tiempo. Pediré ayuda, si hace falta hasta al “Bene”, pero debo continuar con el concurso. ¿Cómo decían los Queen?...”the show must go on”, el espectáculo debe continuar.
En pocos días pondré las bases del concurso. Tengo que preguntar cómo hacerlo y, si fuera poslble, cómo deshacerme de dos spywares que tengo tocándome los webs desde hace unas semanas.
Pero puedo adelantar el tema. Se me ocurre, si a la mayoría no le parece mal, que podría tratarse de hacer un retrato. No, no quiero que cojáis ahora un lapicero o un carboncillo. El talento que tenéis está en la palabra así que no pido un dibujo sino una descripción por escrito de una persona.
Del modo que queráis: serio, cómico, nostálgico, atendiendo a su físico, a su carácter, a sus cstumbres, en 1ª persona, en 2ª, en 3ª, recordando, adivinando, imaginando... De la manera que más os guste pero que nos haga ver casi a nuestro lado a esa persona.
Y esa persona podría ser un familiar, un amigo, un conocido, un personaje popular en algún lugar, un famoso, una estrella de cine, del deporte o incluso una persona de ficción, que sólo exista en la imaginación de alguno de vosotros. Sólo pido que se describa a una persona, no a una mascota ni a un superhéroe de capa y rayo láser. Tampoco quiero una anécdota de esa persona de no ser un pequeño apunte necesario para describir su carácter.
Podéis empezar a trabajar en el retrato, a mí me toca hacerlo para el concurso (quién me mandaría...)
Ah, yo también estoy escribiendo un retrato de alguien muy especial pero ese... tardaré más en publicarlo.
Gracias a todos.
Cada mañana me levanto con la idea de que algo va a mejorar. Sin embargo, cada día nos vemos envueltos en otro poco más de basura por causas que no llego a entender. Cuando llego a casa, la ducha no es capaz de quitarme más que la suciedad propia de mi zanja.
Aquí trato de deshacerme de todo el barro que me inyectan dentro antes de que se endurezca y me convierta en una insensible figura de cerámica.
Si os sirve como terapia os invito a gritar conmigo.