Blogs.ya.com Quitar publicidad
Desde mi zanja
El mundo visto desde abajo. Las ingenuas opiniones de un obrero de la construcción.
Acerca de
Image hosted by Photobucket.com Cada mañana me levanto con la idea de que algo va a mejorar. Sin embargo, cada día nos vemos envueltos en otro poco más de basura por causas que no llego a entender. Cuando llego a casa, la ducha no es capaz de quitarme más que la suciedad propia de mi zanja. Aquí trato de deshacerme de todo el barro que me inyectan dentro antes de que se endurezca y me convierta en una insensible figura de cerámica. Si os sirve como terapia os invito a gritar conmigo. free hit counter
hit counter
Enlaces
Debilidades
y...
¡¡¡ CONCURSO DE SEPTIEMBRE !!!
Sindicación
 
Magia magiar
Hay acontecimientos que desconciertan. Uno nunca sabe con qué objeto nos hacen creer ciertas cosas. El ejemplo más claro es la llegada del hombre a la luna en al 69. No, esa no es una mentirijilla para que un niño esquive una reprimenda, no, es el mayor montaje del siglo XX.

Ahora que hay medios para controlar todo se aprecian todos los matices que antes quedaban ocultos por la insuficiencia técnica de las retransmisiones. Este mismo año hemos podido comprobar que la más avanzada nave espacial, el Discovery, no era capaz ni siquiera de acercarse. ¡Este año! ¡El 2005! ... Y nos quieren vender que llegaron en el 69, yo creo que hasta el año lo escogieron a propósito para tomarnos el pelo.

Pero hay un asunto que me sigue trayendo de cabeza y al que parece que nadie le interese:



Ese país es la mayor apuesta que quienes tienen los hilos del devenir mundial han conseguido colocarnos en nuestras vidas. Hungría es un país tan incierto como el paseo de Neil Armstrong por la luna, sin embargo todos damos por hecho que Hungría existe y... ¿Alguien conoce algo palpable de Hungría? ¿Alguien conoce a un húngaro famoso? ¿Ha pasado algo relevante en Hungría en los últimos años? Esta para los amantes del fútbol, ¿existe algún destacado equipo húngaro?

Ahora alguno me contestará: “Sí, el Ujpest Dozsa

Empecemos por ahí. ¿A alguien le parece que ese es un nombre normal? ¿Sois capaces de leerlo en voz alta sin escupir?. Encima de hacernos creer que existe un equipo con un nombre así quieren reírse de nosotros a base de vernos los apuros que pasamos para tener recogida la saliva después de nombrarlo. He buscado su página web y sólo tiene una foto de un equipo en un campo vacío... da que pensar, ¿no?.

Siguiendo con el fútbol, la única figura que la gente mayor recuerda es Puskas, un gran jugador que dicen que acabó jugando en España después de desertar de su país natal: Hungría.
A mí esto me suena a chino. Dicen que su apellido verdadero era Purczfeld pero que lo cambió por Puskas, que dicen que en húngaro significa escopeta.
...Vamos a ver, seamos serios. Alguien con intención de desertar y pasar desapercibido lo último que haría es ponerse como apellido “Escopeta”, al menos eso me parece a mí. Luego, para más recochineo, en España lo apodan “Cañoncito Pum”.... ¡Venga ya!
Tenía otro sobrenombre que era Pancho, este debía ser el nombre con el que lo conocían sus más allegados. Eso me parece más real, eso me hace pensar que, probablemente, este señor era de Nerja (Málaga) y cuyo apodo, años después, heredó el famoso Pancho de la serie “Verano azul”. Desde luego, Pancho tiene muy poco de nombre húngaro.

Enlazando con el deporte, alguien me podrá decir que Fernando Alonso consiguió en Hungría su primera victoria en la Formula 1.... ¡Claro! ... Y que fue el ganador más joven de una carrera aquel día con apenas 22 años... ¡Pues claro que sí!
Yo también tengo en mi casa una Play-Station y también he hecho buenas carreras en ese circuito, y también sale por una pantalla de televisión.
Con 22 años, Alonso lo único que dominaba era el joystick de una videoconsola. En eso era bueno y por eso ganó aquel simulacro de carrera. Luego, en circuitos de verdad nunca ganaba nada.

Ese circuito, por cierto de nombre Hungaroring (otro nombre de coña), es sólo un circuito virtual que nos colocan cada año para mantener viva la ilusión de ese país ficticio que tratan de mantener. Diseñaron un trazado virtual y nos conectan cada año a sus monitores haciéndonos creer que existe esa carrera en una pista de verdad. Por eso ganó Fernando Alonso tan joven, a Schumacher se le atascó el mando ese día.

Hungría existe también para los filatélicos. No hay país que imprima más cantidad de sellos que Hungría. Pregúntenle a cualquier coleccionista a ver cuántos sellos tiene con la inscripción “Magiar Posta”. Sí, pero nadie viene con un sello desde allí, todos se reciben por correo. Está claro que hay alguna empresa que tiene un pequeño taller de impresión subvencionado por el poder que se encarga de distribuir gran cantidad de sellos por el mundo. Otro modo de mantener a Hungría presente.
Yo no soy coleccionista y no sé qué motivos figurarán en sus sellos...¡si allí nunca pasa nada!

Todo esto me ha venido a la cabeza por una noticia que he escuchado esta semana:
Crea Hungría vacuna contra gripe aviar

Profundizando en la noticia nos habla de que el propio ministro de sanidad de allí, el señor Jeno Rácz (???), se ha ofrecido como conejillo de indias para probar esa vacuna.
¡Hasta aquí podía soportarlo, ya no! Que me quieran vender como ciertos algunos acontecimientos deportivos, culturales o de ocio, pase, pero que ya me digan que un mandamás se juegue el tipo por la salud mundial es algo que pertenece a la más enrevesada ciencia-ficción.

Me niego a seguir admitiendo su existencia. Nos lo han colocado en la zona más perdida de Europa del este, sin salida al mar, sin grandes cordilleras, sin nada especial. No han hecho más que abrir un hueco en un lugar donde confluían Austria, Eslovaquia, Ucrania, Rumania, Yugoslavia, Croacia y Eslovenia. Han hecho un dibujo en ese lugar y tal como les ha quedado lo han sembrado de nombres impronunciables como Tolkien en “El señor de los anillos”; más complicados diría yo.
...Pero si hasta el nombre de la capital es un plagio: Budapest... es una burda imitación de Bucarest, la capital de Rumania, que la tenían a la vista y la utilizaron como modelo.

Espero que nadie se sienta ofendido por mi artículo de hoy. Supongo que alguien me criticará por hacer de menos a este supuesto país pero a lo que no tengo miedo a los comentarios de personas naturales de allí... porque no las hay.
 
La mano que mece mis dudas.
Una vez más, como tantas otras mañanas, como tantos otros días, acudo a ti, a tu recuerdo, a tu consejo.
Hoy me encuentro especialmente decaído, cansado quizás. La vorágine de preparativos para esa fiesta, el cúmulo de buenas sensaciones, la cantidad de amigos de los que he disfrutado en estos días, dejan una sensación de resaca, un repentino silencio en el ánimo que me empuja a quedarme quieto, callado, dubitativo.

Me gustaba esto de escribir pero hoy, de repente, me encuentro agotado, lo veo inútil. No acierto a tocar un tema que interese a los demás. Siempre dicen que hay que escribir para satisfacción de uno mismo y así he tratado de hacerlo pero no puedo negar cierta frustración y envidia ante la respuesta a otros textos más triviales, menos comprometidos pero seguro más llamativos que son los que parecen despertar mayor interés.

Por eso hoy, de nuevo, acudo a ti. Es lo que siempre hago cuando tengo dudas, cuando me vengo abajo, porque sé que siempre estás aquí, conmigo. Siempre lo has estado.
Para los demás hace 13 años que te fuiste. Para mí, hace 13 años que trato de mejorar día a día para que, quizá demasiado tarde, te sientas orgullosa de mí.

No fui capaz de hacerlo antes y no encuentro otra manera de corregir aquello. No fui capaz de demostrar que te respetaba, que te quería. Daba por hecho que lo supondrías porque es lo natural, pero pasa el tiempo y estoy aprendiendo que el amor no sólo hay que darlo por supuesto; hay que demostrarlo, necesita gestos, palabras, hechos...

Sólo recuerdo haberte dicho “te quiero” una vez y creo que ya no me oías. Tengo una angustiosa duda, no sé si en aquellas navidades se durmió sólo tu cuerpo o si también lo hizo tu mente. Espero que lo hicieran los dos al mismo tiempo. Duele mucho pensar que te dabas cuenta de todo lo que te estaba pasando. Ojalá no hubiera sido así, aunque eso signifique que se evaporó mi único “te quiero” entre aquellos olores a sueros, medicinas y alcohol.

Nunca me gustaron las navidades y aquellas del 92 reafirmaron mi aversión a esas hipócritas celebraciones. La nochebuena te golpeó duro, muy duro, y los Reyes te dejaron el dudoso regalo del descanso.
Aún busco cada día mi regalo para tu 57 cumpleaños, apenas faltaban 3 días. Hace 10 años encontré el mejor, el que tú hubieras querido, pero cada 9 de enero te busco para ofrecerte el abrazo de tu nieto y no te encuentro. Mejor dicho: él no te encuentra. Yo sé que estás ahí pero él no lo entiende. Puedo sacar fotografías preciosas pero la que más quiero no consigo enfocarla bien, no encuentro la cámara capaz de lograrlo.

Te recuerdo siempre luchando, siempre trabajando, sufriendo entre otras cosas por los disgustos que yo te daba a pesar de tus esfuerzos por aportar un poco de sensatez a mi desordenada cabeza. El mensaje lo entendí tarde, demasiado tarde, pero trato de rectificar ahora.
Y sé que lo estás viendo. No sé cómo, yo nunca he creído en estas cosas, pero sé que estás aún aquí, conmigo.

Por eso entiendo tu mensaje de no rendirme, de no abandonar. Esta mañana mientras estaba atascado y confuso mientras pensaba sobre qué escribir o incluso en no escribir más, te has acercado y me has dicho:
“Yo nunca me rendí, nunca dejé de luchar. Ahora tú no me falles” Y tu recuerdo ha venido a llenar este vacío que tenía.

No me sirve como excusa quejarme de mucho trabajo, de muchos problemas, de estrés. Nunca olvidaré aquella frase que me dijiste una vez: “No tengo tiempo para tener estrés, tengo muchas cosas que hacer.”

...Y por favor, ahora descansa y disfruta. Por una vez deja que los demás cuiden de ti.
Yo voy a seguir peleando, sólo te pido que en días como hoy sigas aquí, conmigo.

No te olvido. Nunca lo he hecho y jamás lo haré.
 
Esos locos grandecitos... El ÑKU
Hoy tengo la sensación de no haber dormido, pero sí que tengo la sensación de haber soñado.
Hoy me levanto y tengo la extraña impresión de haberme vestido anoche con minifalda y medias, o con ropa de marinero, de haber cantado, bailado y actuado.

Y el sueño parece real. Me río mucho, me divierto, lo paso realmente bien. Me veo rodeado de un grupo de gente alegre y cariñosa. Gente que esa noche deja colgado en la percha el traje de adulto con maneras correctas, de padre ejemplar, de vecino respetable para ponerse el disfraz de entusiasta desinhibido capaz de cualquier locura por amor a su pueblo... mi pueblo, el pueblo donde nací. El pueblo que siempre llevo tan pegado a mí como mis apellidos: Balmaseda

Estos “locos grandecitos” son una gran cuadrilla de benditos locos que, desde hace ya 28 años, representan una delirante parodia el viernes del fin de semana de fiestas. La fiesta de San Severino del 23 de octubre. Se hacen llamar ÑKU que, como su propio nombre indica... no significa nada. Este nombre nació entre aquella proliferación de partidos y siglas de la transición. Por cierto, es el único grupo que sigue fiel a sus principios: el sentido del humor y el amor a un pueblo.

Desde niño admiraba cómo unos adultos eran capaces de presentarse en público con los más disparatados disfraces bailando canciones conocidas con su letra modificada para contarnos historias cercanas al pueblo. Anoche, por tercera vez pude subirme con ellos al escenario. Cada año tiene más valor la invitación que un buen amigo me hizo para colaborar con ellos. Gracias “Barce”, entonces no era consciente de el regalo que me hacías.


Desde hace tres años tengo el placer de mezclarme entre señores (¡cómo me cuesta llamarlos así después de ver lo que hacen!) que ya han cumplido los 50 y que son capaces de preparar guiones, confeccionar coreografías, argumentar una trama, arreglar melodías, pintar escenarios y, que no se me olvide, hacer frente a los gastos que esta representación requiere. Son capaces también de grabar estas canciones en un estudio (Tío Pete) cada año y seleccionar las mejores para publicar un disco. No les importa (o sí, pero van) ensayar todo esto durante muchas tardes al salir del trabajo. No se sonrojan cuando, al repartir los papeles, se comprometen a salir al escenario de la manera más estrafalaria y ridícula que se pueda uno imaginar. No se ponen nerviosos cuando a falta de unos minutos para empezar la función aprovechan ese tiempo para tomarse el último trago en el bar más próximo.

A mí aún me cuesta luchar contra la sensación de ridículo que siento allí arriba, en el escenario, pero me voy contagiando de ellos. Quiero enfermar por completo. Ahora, cada vez más, creo que el ridículo lo hacemos cuando no somos capaces de hacer sonreír a quienes están a nuestro lado por miedo a que se nos advierta un mueca incorrecta.

Además de ellos también hay un pequeño grupo de chicas (esta vez digo chicas porque son de mi edad) que son capaces de hacer y decir las cosas más irreverentes y divertidas que se puedan ver en un escenario. Quizá tengan aún más valor que ellos porque hoy todavía se nos permite a los hombres mucho más que a las mujeres y hay quien no es capaz de considerar decente a una mujer que se divierta y haga reír en público.



Este grupo lo compone mucha gente, no sabría decir cuántos pero, ya que no soy un cronista objetivo sino alguien que cuenta su propia experiencia, me gustaría referirme a tres de ellos en especial que me han acogido con cariño, han contado conmigo, me han dado compañía y, lo más importante... me han pagado algunas copas. Gracias “Zapa”, gracias “Txipu” y muchas gracias “Txato”.

También intervienen a veces hijos o hijas de algunos componentes. Hay quien suma el talento de sus padres y los superan con creces. “A menudo los hijos se nos parecen, así nos dan la primera satisfacción” dice la canción de Serrat. Ojalá haya quienes vayan pareciéndose a sus padres de entre los de este grupo para seguir con esta preciosa locura. Pasan los años y algunos quieren empezar a estar del otro lado del espectáculo. “Nada ni nadie puede impedir ...que las agujas avancen en el reloj, que decidan por ellos... y que un día nos digan adiós.” Tengo fe en la gente de este pueblo, no podemos dejarles solos,no podemos dejar de ser diferentes.

Alguna gente que conozco no se explica porqué no hago más que hablar de Balmaseda a pesar de llevar 13 años fuera de allí, porqué aún reservo éste día para tomarlo como fiesta local en vez del patrón de donde ahora vivo. Los que hemos crecido allí sí sabemos porqué. No es un lugar como los demás.
Primero tengo que corregirme: no es un pueblo sino una villa, pero una villa con más de 8 siglos de historia. En su imagen física no es muy diferente a los demás pueblos de por aquí. Siempre se muestra la imagen de un puente romano, el “puente viejo”, que sirve como símbolo a la villa.

Pero lo diferente que tiene Balmaseda es que es un rincón con alma, un lugar con vida. Los auténticos monumentos de este lugar son sus habitantes, gente con espíritu festivo dispuesta a echarse a la calle a la mínima llamada para celebrar algo. Los auténticos monumentos de Balmaseda son gente como esta cuadrilla de “locos grandecitos” que son la gente del ÑKU. Gracias por dejarme formar parte de vuestra locura.
 
Que vivan para verlo
Al general Pinochet:
“...le deseo sinceramente un juicio justo, apegado a derecho y, en la medida de lo posible, un calabozo limpio, cómodo y digno.
Ojalá que nadie lo golpee, general, que nadie lo humille.
Que no le confisquen su casa y su auto ni le destruyan su biblioteca.
Que no le venden los ojos ni lo tiren al suelo, para darle patadas y culatazos.
Que no le cuelguen de los pulgares, ni le administren descargas eléctricas en los testículos.
Que no le arranquen la lengua, que no le hundan la cara en el vómito, ni lo asfixien metiéndole la cabeza en una bolsa de plástico, que no le revienten los globos oculares, que no le quiebren los huesos de las manos, que no le introduzcan ratas hambrientas por el ano.
Que no le violen ni lo mutilen.
Que no lo hagan volar a pedazos con una carga explosiva; que no disuelvan su entierro a macanazos, que no secuestren a sus hermanos ni le arranquen los pezones a sus hijas.
Es decir, general, ojalá que no le hagan nada de lo que sus subordinados hicieron, bajo las órdenes de usted...
La humanidad habrá dado un paso, simplemente con un juicio justo.”

(Fragmento de una carta de Pedro Miguel. Chile,1999)

Hoy he buceado entre mis papeles para rescatar este recorte que guardaba desde hace años. Hoy las noticias hablaban de que tanto a Saddam Hussein como al general Pinochet les llevaban ante un tribunal.
Hubiera querido aportar algo más de mi parte pero esta carta habla por sí sola. Sirve para ambos. Podríamos debatir sobre los diferentes recorridos que han llevado a estos dos individuos ante un juez pero hoy sólo quiero pensar que la justicia haga su labor.
¿Alguna vez dejará de ser una utopía la justicia?
 
La obra en Hernani
En el artículo del 27 de septiembre que titulé:”Hace 11 años, aquella noche...” conté un inesperado incidente que tuvimos unos compañeros de obra y yo en Hernani. Dejé pendiente contar algunas cosas sorprendentes que sucedieron los días siguientes y hoy retomo el tema para terminar con la historia de aquella obra. Si no habéis leído lo anterior os aconsejo que pinchéis en el enlace que dejo aquí para que tenga más sentido el artículo de hoy.

La obra duró dos meses. En la zona en donde estábamos trabajando nuestra presencia se hacía notar. Todo el mundo ha padecido cerca de su casa obras de canalización y sabe de qué hablo. Ocupamos gran parte de un aparcamiento público con dos excavadoras, un dúmper de obra, una caseta metálica donde cambiarnos y guardar la herramienta de mano y varios acopios, de tuberías y de material de relleno. No pasábamos inadvertidos.

Enseguida nos integramos entre la gente de aquel barrio: un bar en donde comíamos, otro en donde tomábamos café o alguna cervecita en alguna escapada, una tienda en donde comprábamos pan y embutidos para el bocadillo de por la mañana, un estanco, el kiosko... aquellos vecinos jubilados que siempre trabajaron en obras como la nuestra y vienen a explicarnos cómo antes se trabajaba mejor, las vecinas que se quejaban del ruido y del polvo que levantábamos, sus hijas que... bueno, sus hijas; todo el barrio nos conocía en pocos días.

De este barrio a la calle Kardaberaz, donde ocurrió el incidente, había menos de 200 metros. Sólo había que cruzar una carretera local y pasar bajo un arco que daba acceso a la Plaza Mayor. Sin embargo para nosotros aquel arco era algo así como Stargate, una puerta a otra dimensión, una frontera, una valla tras la cual nos sentíamos indefensos, discriminados y maltratados.

El día siguiente al altercado, y después de saber que todo fue debido a que se celebraba el “gudari eguna” (día del luchador vasco), decidimos ir a dejar claro quiénes éramos. Para ello regresamos a la misma hora al “lugar del crimen”.
Esta vez, José Luis prefirió no pasar por un mal trago y se quedó en casa. En su lugar vino otro compañero: Chema.
Chema era otro bilbaíno de nuestra edad. Entre sus aficiones estaba la de adiestrar perros. Digo esto por algo que sucedió más tarde.

Planeamos entrar en esa calle con paso decidido y meternos en el primer bar que viéramos con mucha gente. Ese día era un día “normal”, sin celebraciones, y la calle se suponía más tranquila.
Quisimos que los del día anterior reflexionaran. No podíamos ser tan estúpidos como para volver a provocarles si fuésemos lo que ellos pensaban.

Nos acercamos a la barra del bar y pedimos algo para tomar. A escasos metros a nuestra derecha había un grupo de unos 5 ó 6 que se nos quedó mirando descaradamente. Todos eran muy jóvenes excepto uno, que se mantenía en el centro del grupo apoyado de espaldas contra la pared del bar, frente a nosotros. A sus pies permanecía sumiso e inmóvil un perro pastor alemán.
Hablaron entre ellos y, en poco tiempo, uno se nos acercó:
“Vosotros, ¿sois cipayos o qué?”
Fue Chema quien aceptó el diálogo:
“¡Mira qué manos! Estos callos no salen patrullando por ahí, somos obreros de la construcción. ¿No nos habéis visto metiendo el gas en aquella calle?”
Chema se quedó mirando al más adulto, que permanecía callado pero que se veía que dominaba al grupo y le dijo:
“...Además, tú ya has pasado por la obra” y añadió señalando ostensiblemente a su perro “que me suelo fijar mucho en los perros y os he visto pasar por allí alguna vez”
Aquel hombre sólo quería polémica porque hizo como si lo entendiera al revés y contestó: “¿Me estás llamando perro acaso?”
Nos obligó a una aclaración tan innecesaria como absurda sobre su perro, la afición de Chema a adiestrar perros y el trabajo que estábamos haciendo.

Salimos de aquel bar y cruzando la calle entramos en otro, repleto de gente. Era un bar largo y estrecho. La barra ocupaba toda la derecha y entre ella y la pared izquierda habría no más de dos metros. Ocupamos un hueco hacia la mitad de la barra. Chema y yo apoyados en ella y Wally por fuera cerrando el triángulo.

A los pocos minutos entraron los jóvenes de la cuerdilla de antes y pasaron hacia el fondo. Desde allí nos miraban por turnos, con escaso disimulo, y no tardaron demasiado en volver a salir.
Cruzaron por detrás nuestro para lo que nos tuvimos que apretar bastante, lo mismo que cuando entraron. Nada más salir ellos Wally exclamó: “¡Ese hijo p. me ha cacheado!”. Aprovechó el apretón para palparle de arriba abajo en un instante. Luego supimos que a aquel sujeto le conocían por los rasgos de su cara como “el chino”.

Nos fimos a casa al de un rato. Lo más surrealista estaba por llegar al día siguiente.

Desde primeras horas de la mañana, una moto Vespa blanca aparecía por la obra, nos observaba y se iba para asomarse más tarde desde otro punto. Así, tres o cuatro veces aquella mañana. Y hacia el mediodía, una pequeña furgoneta color hueso se detuvo casi en la misma zanja. De ella bajó un tipo con un paquete que entregó al primer obrero que se acercó mientras le explicaba que se habían equivocado con nosotros y que el paquete contenía algo para disculparse. Era una tarta.

No soy capaz de describir las caras que se nos quedaron según nos íbamos enterando. Llevamos la tarta al bar donde comíamos y se lo explicamos a su dueña. Nadie se fiaba de aquella tarta. Ella reconoció en el envoltorio el nombre de una pastelería conocida y de fiar. Al final, nos sirvió de postre ese día aunque nos costó mucho que alguno se decidiera a ser el primero en hincarle el diente. Entre risas y bromas, nadie estaba del todo convencido.

Volvimos poco por aquella zona de Hernani. Los jueves, algunos de nosotros salíamos pero íbamos hasta San Sebastián; nos veíamos más cómodos camuflados entre una multitud de, sobre todo, universitarios.
Muchas tardes, otros compañeros cenaban en una pizzería de una calle paralela a la de la obra. Yo no iba allí por mi fobia al queso. La chica que lo atendía trató siempre con simpatía y normalidad a mis compañeros, nunca hubo ningún problema.
La zanja rodeó la manzana y se acercó hasta la misma puerta de la pizzería. Ya llevábamos más de un mes en Hernani. La chica de la pizzería se asomó a la puerta y nos reconoció:
“¡O sea que al final sois obreros!”. Nos contó cómo alguien se había acercado a ella alguna tarde, mientras mis compañeros cenaban en una mesa al fondo y le comentó: “¡Qué bien protegida estás!”, Haciéndole ver que eran policías.

Otra tarde nos animamos todo el grupo a cenar en una hamburguesería del casco viejo, la zona conflictiva. Nos sentamos y esperamos pacientemente a que atendieran a todos los demás. Pero nuestro turno nunca llegaba. Entró más gente después que nosotros y fueron atendidos enseguida. No quisimos montar jaleo, al de un rato nos fuimos de allí. ¿Casualidad?...Nunca volvimos para corroborarlo.

No me queda un grato recuerdo de aquella obra, sin embargo, entre la gente del barrio al que instalamos la tubería dejamos muy buenas relaciones. Estos sí son como la gran mayoría de la gente que uno se puede encontrar en esta tierra.
Pero no puedo negar que se mantienen pequeños rincones de nuestra preciosa geografía en donde algunos caciques crean ghettos inexpugnables. Lo malo es que esa es la imagen que se exporta de aquí.
Todos solemos cometer el mismo error: vemos una hermosa coreografía y nos olvidamos de la belleza del conjunto cuando vemos que un bailarín falla en un movimiento; sólo nos fijamos en aquel y dejamos de apreciar la armonía del conjunto.
En el ballet de Euskadi tenemos a algunos especialmente torpes pero os invito a mirar cómo se mueve el resto, seguro que os gusta.
 
Vuelta a la arena
No me gusta repetir seguidos los mismos temas pero tampoco me gusta lo que veo una y otra vez en imágenes y textos que me dejan impotente ante la rabia y el asco que acumulo. No me gusta aburrir pero me gusta menos callar.

Leo este titular en la prensa: “Los asaltantes de la verja tiran la toalla”. Y el artículo relata como muchos de los sub-saharianos se rinden ante el aumento de refuerzos a ambos lados de la valla. Cada día los gatillos del ejército marroquí se vuelven más sensibles, las balas perforan las ilusiones de huída y las probabilidades de consumar el salto con éxito son menores frente a la posibilidad de ser abatido o, en el mejor de los casos, abandonado en el desierto.

Sí, esta es la última modalidad de ayuda: Una persona (¿aquí debo poner humana o negra? Hay quien cree que no es lo mismo).Una persona, decía, destrozada física y anímicamente puede ser arrojada al desierto sin víveres como repesalia al terrible delito de querer vivir dignamente. Esta es una “sabia decisión” de un gobierno que permite que crucen su país ilegalmente para rematarlos en la puerta de salida.

Luego dirán que la fiesta de los toros es de una crueldad intolerable para el animal. Aquí los “animales” son toreados en un área más grande; los sueltan en la arena del desierto y dejan que se cansen para, cuando ya exhaustos llegan a su destino, clavarles el rejón de una bala, las banderillas de una alambrada y después torearles con la muleta de la burocracia. Y como final de fiesta, arrastrar a la bestia en un paseo triunfal para llevarla a morir al desierto.
La “ganadería” de origen marca el destino de esta gente. Si no muestran la divisa de una gran casa, si han nacido en campo abierto sólo tendrán como equipaje un billete al matadero o una remota esperanza de escaparse del ruedo.

He visto imágenes de aquella gente de Mali y de Senegal. Yo diría que reconozco alguno de sus gestos. Pasan frío, como nosotros; se asustan, como nosotros; piden ayuda, como nosotros; explican su situación, como nosotros; ... ¡Por Dios! ¡Lloran como nosotros! ¿Alguien me puede decir qué deben hacer para que les escuchemos?

No digo que haya que abrir la verja. No digo que haya que dejarles cruzar países ilegalmente. Pero ¿no podríamos hacer algo en sus países? ¿O en occidente sólo tenemos dinero para enviar balas y misiles a Irak?
Con lo que cuesta una bala come una persona en esos países; con lo que cuesta un misil come un pueblo entero. Pero claro, ¿qué botín vamos a recoger a cambio de esa ayuda? Un barril de polvo del desierto no sirve como combustible para nuestros carros de combate; un puñado de piedras vulgares no sirve para confeccionar el collar con que premiar a la becaria del despacho oval.

Todos hablamos de este tema. Todos decimos lo mal que lo pasa esta gente pero ¿sabemos de su boca lo que realmente sucede en su tierra?
Estoy harto de oír por televisión a fulanas de diseño y silicona y a catetos con el pelo engominado y gafas de sol de espejo dando ruedas de prensa y jamás he podido escuchar a uno de estos desterrados una declaración de más de 10 segundos.

Tendría un gran interés por escucharlos pero me siento cansado e impotente. Creo que haré como todos. Voy a tumbarme en mi sofá a ver una serie cómica de televisión y después veré un partido de fútbol, aquí no hay negros hambrientos que me hagan pesada la digestión, éstos pasaron la valla a 10.000 metros de altura en un jet privado que pagamos nosotros.
...Por cierto, este año han subido 50 euros el abono para mi equipo pero merece la pena: hay que pagar 10 millones de euros por un futbolista africano que dicen que es un crack.

En el artículo de abajo habla el dueño de estas prendas.
 
Un salto al más allá
“Es cierto lo que dicen. Esta noche hace frío, pero yo tenía entendido que era mucho más. Claro, es posible que quienes me lo contaran hablaran de los que lo intentan por mar. Eso tiene que ser horrible... pero es lo que hay.
Yo no me mojaré; no sé si he tenido más suerte o no... Eso lo sabré en pocas horas. Lo que se trata es de llegar, sea como sea. Allá, en la mi pueblo, ya no había futuro.
No puedo quitar de mi cabeza la imagen de mi padre, no creo que soporte este invierno. Se despidió de mí... para siempre. Sé que nunca lo volveré a ver. También sé que le queda poco, no le quedan fuerzas, ni ilusiones, sabe que no hay futuro. Tampoco le queda dinero, me lo dio todo a mí y gracias a él he llegado hasta aquí.
¡Qué rabia me da! Lo poco que le quedaba para vivir se lo tuvimos que dar a aquella gente para que yo pudiera llegar hasta aquí.

Lo sé, papá, sé que me diste la vida que te quedaba para que yo viviera una de verdad. Y no te voy a fallar. Lo que esté en mis manos no voy a dejar de intentarlo, luego, necesitaré algo de suerte y muchas fuerzas. Pero te recordaré en vida, como te dejé. Ya tengo bastante con el recuerdo de mamá, no pudo con aquel hermano que venía.
Total, para qué... al otro se lo llevó la malaria. Siempre dicen que van a traer medicinas pero nunca llegan, al menos a mi pueblo.
Eso sí, a veces me pregunto porqué seguíais teniendo hijos. Si no hay futuro!. Siempre decías lo mismo pero no lo acabé de entender.
“Ellos quieren que desaparezcamos, así no tendrán preocupaciones. Y sé que es muy difícil salir adelante pero no nos vamos a rendir, alguno debe continuar aquí, aunque para que quede uno tenga que quedar otro en el camino. Tú haz lo mismo, no te rindas jamás”
Y no me rendiré, papá. Esta noche voy a saltar. No sé cómo caeré pero lo voy a hacer.

Dicen por aquí que somos ejércitos de conquista y no sé cuántas cosas más. La verdad, no sé de qué hablan pero así están más entretenidos en discutir y cuanto más revuelto esté todo, más fácil será colarse.
Dicen que el rey de Marruecos nos deja pasar para recuperar dos ciudades. La verdad, yo no sé nada de eso, yo solo quiero comer algo mañana y, la verdad, a mí el rey sólo me interesa cuando veo su perfil en una moneda en mis manos. Y me da igual quién sea, lo que cuenta es la cifra que está escrita en el otro lado de su cara.
También dicen que después de pasar todo está más fácil. Los de España están discutiendo entre ellos por nuestra culpa y, mientras tanto, se olvidan de nosotros. Así mejor; una vez allí me perderé entre la multitud y a empezar de cero.

Hay algo que se me hace duro, pero debe ser así. En cuanto pase dejaré de ser yo, dejaré de ser tu hijo, de ser de mi pueblo. Dejaré de tener edad, incluso nombre. El que tengo hasta hoy lo dejaré en un recuerdo que nunca nadie me sacará de mi cabeza. Allí quedará junto a tu recuerdo y al de todos los de la aldea. Esa será mi religión. Cuando me falten las fuerzas abriré mi memoria para recordar que prometí no rendirme.

Prefiero no pensar en ello pero cuando esta gente lleva un animal de la jungla a un zoológico lleva más historial que nosotros. Somos menos que las bestias... bueno, no importa, lo que quiero es saber que puede haber un mañana.
Yo ya no soy ni persona; sólo soy un estómago, unas manos vacías, unas piernas dispuestas a huir, y la esperanza de conocer un nuevo calendario. Ni siquiera tengo cabeza, no tengo que pensar, sólo saltar. Tampoco tengo corazón, sólo en ese recuerdo que nunca revelaré.
Parece que hay movimiento. Es el momento. Hay que saltar.
Está muy oscuro y hay mucho revuelo, casi diría que siento miedo pero no... deben de ser los nervios.
No quiero perder el sitio, quizás los últimos no lleguen y yo no puedo fallar ahora.
Vaya! Se oyen disparos... y gritos. No sé qué pasa pero allá voy. No veo apenas nada.
Está alto y tiene pinchos. Ya me he clavado algunos pero no son importantes, después de lo que he pasado no me voy a quejar ahora.
Suenan más disparos... ya casi estoy. Ahora sólo queda soltarse y tener suerte al caer.

...Me duele...No estoy seguro de lo que ha pasado. No sé si salté o caí por un disparo. Me duele un costado. La caída debió ser fuerte, me duele mucho, creo que perdí la conciencia por un momento.
Ahora sí que tengo frío, y no puedo moverme... me duele un costado y me cuesta respirar.
Me mareo, pero ya no importa. Lo conseguí. Estoy en el otro lado. Dicen que aquí sí hay médicos que te atienden. Tengo que acordarme de no hablar, también dicen que si descubren mi idioma me pueden deportar de vuelta. No tengo país, no tengo idioma, ni siquiera tengo nombre, así me dejarán aquí.
Me duele cada vez más y me mareo. No puedo aguantar más tiempo despierto pero no importa: sé que ya no volveré a sufrir, será mi nuevo paraíso.”

 
Resultado del concurso.
Ha llegado el momento de dar los resultados del concurso de retratos de septiembre. Tarde, a cuenta de problemas de mi conexión durante tres días, pero llega.
No quiero retrasarlo más, así que os diré que los votos que he recibido dicen que os han gustado:

En 3º lugar: “El chino Hilario” de Ce Pequeño.

En 2º lugar: “La persona que me roba el sueño” de Mardolo.

Y el mejor retrato ha sido: “Hombre lento” dibujado por Kaftrado.

Enhorabuena, Kaftrado. Ahora te cedo el testigo (perdón por el retraso) para que seas tú quien nos ponga deberes a los demás. Estoy seguro que sabrás dedicarle a ello todo el tiempo que yo no he tenido y conseguir un número mayor de participantes. Lo que veo difícil de conseguir es mayor sensibilidad que en los retratos que han publicado aquí tanto los tres más votados como Cabaret, María, Felipe, Hawhite y Narima.

Ahora sólo me queda dar las gracias a todos ellos y a quienes votaron. A mí me ha servido para conocer otras páginas interesantes y a unos autores magníficos. Gracias y perdón por no haber sabido dar un mayor interés a este concurso. Kaftrado se encargará de recuperarlo, seguro.

...Ahora, me vuelvo a mi zanja.
 
Se acaba el concurso
El concurso de retratos de septiembre está a punto de acabar. No ha tenido la participación que hubiera querido en cuanto a número, sin embargo, los textos que han llegado hasta hoy son de una extraordinaria belleza.
Ahora, quizás sea tarde para participar pero es el momento adecuado para que escojáis el que merece ser ganador. Hay 8 relatos bellísimos que os animo a leer pinchando aquí o en el enlace que dice “LOS CONCURSANTES” que está por aquí abajo a la derecha.
Y para votar podéis mirar en el otro enlace que pone “LAS NORMAS DEL CONCURSO” o directamente a mi dirección de correo que se ve señalando mi nombre al final de cada artículo.
Más fácil todavía: si queréis votar y no os importa la privacidad de vuestro voto, admitiré los que lleguen como comentario a éste post.
Ahora ya no hay excusa para participar. Pasaros por los retratos, merece la pena.
Gracias a todos.