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Desde mi zanja
El mundo visto desde abajo. Las ingenuas opiniones de un obrero de la construcción.
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Image hosted by Photobucket.com Cada mañana me levanto con la idea de que algo va a mejorar. Sin embargo, cada día nos vemos envueltos en otro poco más de basura por causas que no llego a entender. Cuando llego a casa, la ducha no es capaz de quitarme más que la suciedad propia de mi zanja. Aquí trato de deshacerme de todo el barro que me inyectan dentro antes de que se endurezca y me convierta en una insensible figura de cerámica. Si os sirve como terapia os invito a gritar conmigo.
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Gunda
No recuerdo ya cuántas veces tuve que preguntar cómo era exactamente su nombre: Idelgunda. Me podía la curiosidad de conocer cuál se escondía detrás del apócope con el que la llamaban: Gunda.

Cuando la conocí vivía en aquella cabaña de un monte perdido sobre un pequeño pueblo de Cantabria. Allí cuidaba del ganado y de los pastos con su hermana Tina, Clementina, la abuela de mi mujer. Ella nunca se casó y pasó muchos años conviviendo con su hermana, casi aisladas del mundo. Parecían felices. No sé si lo eran del todo pero lo parecían. Ya habían hecho todo en la vida, ahora disfrutaban de las visitas de sus nietos y comenzaban a conocer a algunos biznietos.
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Hace 10 años, Tina se separó de Gunda. Por su boca se le coló la más destructora de las enfermedades y la montaña cántabra se quedó sólo en manos de su hermana. A Gunda no le dieron pensión de viudedad por la muerte de su hermana, su compañera de tantos y tantos años: las leyes dicen que no eran pareja. No, no lo eran. Eran simplemente hermanas, ¿hay algún vínculo más fuerte?

Con 84 años, la montaña no era el mejor lugar para una mujer sola así que se vino a vivir con mi suegra, casi al lado de mi casa. La vida le dio un vuelco radical, su paseo era por asfalto, entre ruidos y coches. Su monte ya sólo era un pequeño barrio encima de una carretera. Sus animales quedaron allí, en Cantabria, al cuidado de un nieto.

A esas edades es mejor no parar, puede que no se vuelva a arrancar. Así que Gunda se hizo cargo de todas aquellas tareas de la casa para las que aún era útil, y lo era para casi todas. Con la labor hecha, bajaba las escaleras desde el tercero, sin prisa, ayudada por su bastón, y daba un pequeño paseo hasta sentarse en un banco a la sombra desde donde veía jugar a los niños del barrio.

Así veía crecer a sus nietos – no lo eran exactamente pero ¿cómo negarle el rango de abuela?-, sentada, con las manos apoyadas en su bastón, la mirada difusa tras sus gafas gruesas y la sonrisa perpetua de aquellos que ya apenas oyen. Muchas veces pienso si es que sus oídos ya no necesitaban recibir nuevos sonidos, tantos años y tanta vida no dejan sitio para más. Ahora sólo miraba, sólo descansaba, sólo disfrutaba de contemplar la vida a su alrededor.

Los años no respetan nada y, poco a poco, sus piernas fuero quedando débiles para bajar a la calle. Un tercero sin ascensor se convirtió en un abismo infranqueable y su mundo se redujo a un pequeño piso. Si hacía sol era fácil verla desde la calle sentada en una silla en su balcón. Allí pasaban las horas entre el desayuno, la comida y la cena.

Ya apenas hablaba. Su sordera le aislaba cada día más pero nunca perdía el gesto sonriente. A éstas alturas, ¿para qué enfadarse?. No sé lo que pasaría por su cabeza cada día pero parecía feliz. Algunas mujeres de su edad parece que fueron educadas para nunca quejarse de nada y sólo trabajar para los demás. Y no, ya no eran horas de comenzar una revolución, esa queda para las nietas.

Como si el ciclo vital quisiera darse la vuelta completamente se fue convirtiendo en una niña. Ya no se valía por sí misma, apenas comía sin ayuda, había que acostarla y levantarla y, en las últimas semanas, incluso necesitaba pañales. Se sonreía como los bebés, sin entender aquellos gestos que le hacían gracia, pero se sonreía.
El ayuntamiento designó una ayuda para mi suegra. Una mujer se hacía cargo de Gunda durante unas horas para que ella pudiese salir a la calle y despejarse un poco. Pero los ayuntamientos no entienden de la vida, sólo de números. Para diciembre no había presupuesto y retirarían a esa mujer hasta confeccionar nuevos presupuestos allá por enero. No, en diciembre Gunda y su sobrina no necesitaban ayuda, los ediles contables decidieron eso. Supongo que tampoco les llegaría para sus sueldos en diciembre... Lo preguntaré, pero supongo que no cobrarán diciembre. No creo que sean tan sinvergüenzas de dejar sin ayuda durante un mes a una anciana enferma con 94 años y tener dinero para su cesta de Navidad.

Y Gunda decidió que sería muy complicado para los demás llegar con nosotros a fin de año. Ni siquiera el sol vino a despedirla el domingo. Quizás el tiempo quiso homenajearla con el clima de su tierra: frío, nublado y lluvioso. Así fue la última tarde de Gunda, como ella: nada brillante pero intensa, olvidada por muchos pero más útil que nadie para generar vida a su alrededor.

Esta mañana, Doña Idelgunda, dejó de sonreír, dejó de contemplar, dejó de vivir.

Hasta siempre, vieja desconocida.
 
Sin sotanas rosas
De nuevo el Vaticano es noticia por crear polémica. Esta vez ha sido por el veto que imponen a los homosexuales para ejercer el sacerdocio. Hablan de que quienes aspiren a serlo “deben alcanzar la madurez afectiva”. Y leo más adelante lo que piensan de los homosexuales: “se encuentran en una situación que obstaculiza gravemente una correcta relación con hombres y mujeres”.

... Y estoy de acuerdo con el Vaticano.

Lo estoy como lo suelo estar siempre que dictan normas de conducta para sus feligreses. Son libres de hacerlo y los demás somos libres de acogernos o no a su filosofía de vida. Por eso, porque no me incumbe para nada lo que dicte el Papa, es por lo que acepto, o mejor dicho, escucho sus nuevas normas sin inmutarme. Lo siento por aquellos a los que sí les afecte, no creo que sean demasiados pero, según el catecismo también son “hijos de Dios”. Hablo de los cristianos homosexuales...¿porqué no puede haberlos?.

Por mi parte no habría ningún problema. Son dos conceptos de vida que están lejos de mi modo de pensar y yo no soy quién para orientar a nadie pero no tienen porqué ser antagónicos. Los respeto a ambos como me gusta que ellos lo hagan conmigo. Eso sí: unos molestan más que otros: si a un homosexual le dices que tú no lo eres, lo acepta y punto, pero algunos cristianos se empeñan en condenar mi conducta y tratan de convencerme de que mi trayectoria de ateo es una aberración.Así que, a los gays, el Vaticano les empuja a elegir entre esos dos sentimientos. O dejas de ser homosexual o no entras en la Iglesia.

Por estas cosas y porque no veo la necesidad de pisar suelo sagrado, no me meto a analizar esta nueva norma. Y podría hacerlo pero cada uno en su casa es libre de dictar sus propias normas.

Yo también podría pensar que tanto monjas como curas “se encuentran en una situación que obstaculiza gravemente una correcta relación con hombres y mujeres”. Podría pensar también que me resulta absurdo que alguien que nunca ha ido con su hijo en brazos al médico a las 4 de la madrugada esté impartiendo cursos preparatorios para el matrimonio. Podría pensar que es una actitud aprovechada y de cobardes imponer su doctrina a niños de menos de 10 años, educándoles en el temor y obediencia a dogmas inexplicables antes de que ellos puedan razonar las cosas. Podría pensar en demasiadas cosas pero la Iglesia no está en mi camino, me limito a vivir al margen de ella, que también es posible. Dudo mucho que, si hay otra vida, me pase más factura por mis actos que a otras muchas personas (algunas, con sotana).

Y no sólo lo digo yo sino que la Constitución también habla de que nuestro país no tiene establecida una religión por ley. Por eso, lo mismo que yo no me meto en las normas de la iglesia católica, tampoco quiero que vengan a imponer sus ideas en lo que se refiere a nuestra vida civil. Es por eso por lo que no comprendo porqué, a estas alturas, hay tantas discusiones a cuenta de poner o no la religión como asignatura.

La religión, como materia, no dista mucho de la quiromancia o del estudio de los horóscopos. No hay estudios científicos sobre ella que demuestren ni siquiera sus bases. Además, ¿porqué la católica y no la budista o la musulmana?.

No. La religión católica, y las otras, tendrán cabida en capítulos de historia, de arte o de filosofía. Lo mismo que la botánica entrará dentro de las ciencias naturales o que Cervantes ocupará un lugar preferente en las clases de literatura.

Hay otros problemas más serios en la educación. En vez de cambiar tanto los nombres de los cursos –que al final son los mismos cursos pero con distintos nombres- habría que buscar una solución a la alarmante plaga que existe de alumnos “revienta-clases”. Aquellos que acuden al instituto porque las leyes se lo exigen pero que se niega a aceptar las normas de conducta. Los profesores se ven forzados a impartir clase al ritmo que se le antoje al “angelito” de turno. No tiene armas para combatirlos, sobre todo ante aquellos cuyos padres son capaces de denunciar al profesor porque éste le ha pedido permanecer en silencio para explicar la lección del día.

Ahí es donde quiero ver una reforma educativa. Hay que hacer algo con estos quinceañeros que no quieren estudiar, no se les puede meter a reventar un curso, otros alumnos sí que quieren estudiar. Habría que buscarles escuelas- taller por ver si les atrae algún oficio. Y si se trata de mantenerlos ocupados hasta los 16 se me ocurre que los que no quisieran ir a clase podrían ir a atender residencias o a realizar labores para su municipio hasta esa edad: jardinería, limpieza, etc. Ah, pero con un mes de vacaciones y no con los tres que podrían tener de haber estado estudiando. Si lo que queremos es que nuestros hijos estudien habrá que incentivar a quienes se esfuerzan, aunque no aprueben.

Seguro que esta propuesta tiene un montón de inconvenientes, legales, morales o económicos, pero lo lanzo aquí para que, quienes se dedican a ello, recojan el borrador y al menos tengan por dónde empezar a debatir. Seguro que saben cómo hacerlo: muchos de ellos estudiaron, como yo, en un colegio de curas.

Por cierto, ¿la Iglesia acepta que los homosexuales utilicen la casilla de el impuesto religioso para hacer donaciones económicas?...Es sólo una pregunta.
 
Nadie te invitó a esta película.
No, no has podido evitar la tentación de hacerte notar. Era una ocasión magnífica para hacerlo. El lugar apropiado: una sala de cine. A veces pienso que eres calculadora hasta lo insospechado. Quiero olvidarte, no saber nunca más de ti pero sabes que no va a ser fácil hacerlo. Ten seguro que lo voy a lograr, y lo sé porque confío en mi hijo: él te va a derrotar.

Una tarde de domingo y un buen plan: al cine él y yo. En la pantalla una película de animación: Chicken Little. Lo cierto es que no esperaba demasiado de esta película y sin embargo, ambos salimos encantados por ella. Divertida, con un guión sencillo y abstracto a la vez y, lo mejor de todo, una galería de personajes hilarantes (para mí, mención aparte merece un puerco espín chulapón, con sus gafas negras y aire de rompecorazones de discoteca).

El pollito protagonista provoca una debacle en el pueblo al advertir de que un trozo de cielo se caía. Por supuesto, nadie le creyó aunque él decía la verdad. Su padre no le apoyó, desconfió de él y el pollito pasó una larga temporada sumido en la tristeza al haber perdido los demás la confianza en lo que él hacía.

Entonces miré a mi izquierda y te vi. En esa butaca había un niño de 10 años con sus ojos fijos en la pantalla. En la oscuridad del cine pude verte ahí, en esos ojos. Esos ojos que desde hace unos años tienes confundidos. Esos ojos a los que no dejas brillar con total alegría. Esos ojos que mantienen una expresión de desánimo, de cansancio, de desesperación algunas veces. Esos ojos que necesitan huir de ti. Esos ojos a los que confundes no sé de qué manera, a los que desorientas cada vez que ven unas letras.

Recordé cómo perdí la confianza en Axel cuando, después de todo tipo de pruebas, nos convencieron de que no tenía ningún problema. Entonces le hice trabajar duro. Y se cansaba. Y yo no podía entenderlo y me enfadaba: tenía que seguir, tenía que fijarse más, estaba muy distraído.

Y él repetía que no, que estaba muy cansado, que lo estaba intentando pero no lo conseguía hacer. Y yo lo pasaba mal, su madre lo pasaba mal... y él lo pasaba peor que nadie porque sabía que decía la verdad y no le creíamos.

Me siento como el padre del pollito de la película. Perdí mi confianza en Axel, lo traté mal. Luego supe que nunca mintió, que nunca tuve que haberle exigido tanto, que trabajaba el triple que sus compañeros para obtener la tercera parte de resultados.

Y fue por tu culpa. Estabas dentro de él, agazapada, silenciosa, venenosa, cruel. Nadie te veía, sólo él sabía que te llevaba dentro pero no sabía tu nombre, ni era capaz de explicar cómo enmarañabas su visión de las palabras.

Te odio, no sabes hasta donde te odio. Pero ahora adivino tu imagen derrotada, porque ahora ya sí que confío en él. Sé que te va a aplastar. También sé que nunca saldrás de su cabeza pero tú no vas a crecer y él sí. Y te advierto de que él es fuerte. No sé si te estás empezando a dar cuenta pero está ganando en confianza. Sabe que lo puede hacer, y lo hará.

Lo que más odio de ti es lo cobarde que eres. Te escondes de los demás, no sales a pelear contra mí o contra su madre. No dejas que entremos en el campo de batalla. Sabes que sólo él es tu enemigo, que sólo el puede luchar. No, yo no puedo clavarte una lanza pero ahora sé que mi labor es afilarla y ponerla en manos de tu enemigo. Y decirle que confío en que va a acertar con ella. Nunca dudes de que estaré detrás de él para que no se rinda. Y nuestra labor comienza a dar frutos. El ya ve el camino, ya comienza a ver la luz al final del túnel, sabe que ese túnel tiene salida. Y está cansado, lleva tres años encerrado en él, y sabe que aún le queda mucho por recorrer pero ya sabe que va a salir.

A veces se cansa pero ya no le obligo a caminar cansado. Me siento con él para hacerle mirar atrás y ver el camino recorrido. Entonces es cuando él se da cuenta de que merece la pena el esfuerzo y él solo se levanta, coge su lanza y te embiste de nuevo para que te apartes de su camino hacia la luz.

De las pocas cosas que puedo hacer por él es buscar más aliados, más amigos que le ofrezcan nuevas armas para su lucha. Ayer mismo encontré a alguien que me ofreció nuevas armas (gracias, Marta). Somos una legión detrás de él y todos vamos a disfrutar cuando veamos tu derrota.

El pollito de la película de hoy tuvo que ganar una liga de béisbol para satisfacer a su padre. Y no fue bastante y fue capaz de salvar al planeta Tierra de los alienígenas con tal de ganarse su confianza. Yo no le pido tanto, mi confianza la tiene hace tiempo y no la voy a perder jamás. Yo sólo quiero ver en sus labios la sonrisa que le provoque su victoria ante ti. Sé que va a despegar y que va a volar alto en cuanto se deshaga del lastre que siempre has sido para él.

Yo nunca te voy a olvidar. Has hecho mucho daño a mi hijo. Le has robado quizá sus años más bonitos. Le has escondido su autoestima. Le has borrado una sonrisa completa. Eso nunca te lo voy a perdonar. Eso sí, nunca más voy a dudar de su palabra. Espero que él sí te olvide para siempre, cobarde y maldita dislexia.


 
Minas anti-obreros.
Esta mañana ha sido complicada en el trabajo. Estábamos abriendo una zanja para una nueva canalización. Estábamos informados que tendríamos que cruzarnos con una red de cables de baja tensión. Esto yo no lo conozco bien pero dicen los que dominan la electricidad que son incluso más peligrosos que los de alta tensión.

La línea se distinguía perfectamente. Una marca de baldosas nuevas indicaban bien su dirección. Al acercarnos a donde deberíamos cruzarnos con ella lo hicimos con cuidado y trabajando a mano para buscar algún indicio más concreto de su situación. Encontramos una banda amarilla de señalización, debajo de ésta arena y debajo de la arena lo que parecía una losa de protección.

Así, más tranquilos podíamos seguir con la excavación. Yo, desde la excavadora, empujaba el material hacia atrás, para poder cargarlo sin riesgo, separándolo unos dos metros de lo que habíamos encontrado. Y al intentar sacar el cazo de la máquina cargado noté algo que me impedía levantarlo. Lo bajé e hice el recorrido a la inversa: hacia abajo y hacia atrás. Ya era demasiado tarde, enseguida los vecinos nos advirtieron que se habían quedado sin corriente.

Nos extrañó. Teníamos localizada la línea donde nos habían indicado y allí no encontramos ningún obstáculo que protegiera esa línea. Estaba lloviendo – lleva así toda la semana- y un obrero, con la ropa mojada, quitó con una azada la tierra que había en el lugar de la supuesta avería.

Allí estaban: cuatro cables enterrados, sin estar metidos en una tubería, sin una placa de hormigón que los protegiera, sin un plano que lo indicara y a dos metros de donde encontramos su señalización. En cuanto quedaron a la vista le dije yo al compañero que se apartase, que tenía la ropa mojada y era peligroso. Sin embargo, supuse que, como ya había saltado la corriente, ya no llevaría carga eléctrica y me bajé yo de la máquina, con la ropa seca, para limpiar más concienzudamente la zona y comprobar la avería.

Había tocado un cable por debajo y se había pelado. No estaba roto pero era suficiente para dejarlo fuera de servicio. Seguía quitando la tierra de encima de los cables cuando en la punta de la azada saltó una chispa acompañada de una pequeña explosión. Entonces sí que decidimos retirarnos de allí hasta que vinieran a repararlo los de la compañía eléctrica.

En poco tiempo llegaron y lo repararon rápido. Era fácil, sólo tenían que volverlo a encintar aunque quedaría provisional hasta que renovaran el cable entero.

El encargado de la obra estaba enojado pero no contra nosotros. Vio que habíamos hecho lo correcto y que lo absurdo es que salieran otros cables en una dirección diferente a la marcada y sin ninguna protección.

Una vez hecha la reparación, uno de los operarios de la compañía eléctrica se vino hacia mí con unos papeles en la mano y tuvimos una conversación que trataré de recordar lo más fielmente posible.

Electricista - ¿Eres tú el de la máquina?
Jose- Sí, ¿por?
E- Me tienes que dar tus datos y los de la máquina.
J- ¿Y eso?
E- Ya sabes, para dar parte al seguro y esas cosas.
J- ¿Y porqué no pones los de tu empresa?, esos cables estaban sin protección ni señalización.
E- Es que no suelen llevar.
J- ¿Y porqué no llevan?
E- Es una canalización antigua y antes no se ponía.
J- Pero esta línea de baldosas está puesta recientemente, ¿No ves el color diferente? Y ahora hay unas normas de seguridad que hay que cumplir. Además, dos metros más adelante sí que tiene una banda de señalización. Todavía no has preguntado si alguno de nosotros ha recibido una descarga por no estar protegido como debe de ser. Nos la hemos jugado porque tu empresa no se gaste unos duros en poner una tubería o un poco de hormigón.
E- Bueno, tú dame los datos y que los seguros se arreglen. Bastante hemos hecho que nos obligan a que nos den los datos antes de reparar nada.

Supongo que comprenderéis que las palabras exactas no fueron éstas aunque el significado sí, sólo las he lavado lo necesario, y que el tono en el que yo hablaba tampoco era relajado. Al final le di los datos aunque después apareció el encargado e hizo cargo a su empresa de la avería, yo estoy subcontratado por ellos.

Quería mostrar con este caso cómo esas poderosas compañías no tienen ningún reparo en saltarse las normas de seguridad aunque pongan en peligro la vida de la gente que tenga que trabajar cerca de donde ellos han canalizado. Cuando hay una avería como ésta su protocolo consiste en buscar a quien les va a pagar la reparación y después arreglarlo. Nunca preguntan si ha habido algún accidentado.

Estoy de acuerdo en que hay líneas antiguas que no están enterradas correctamente pero ellos sí saben dónde están, cobran por su utilización y un plus por su mantenimiento y esperan a que la compañía de seguros de la próxima empresa que se tope con ellas les subvencione una renovación de esa canalización.
¿Que hay accidentes?... No importa, nunca serán trabajadores suyos y no les tocará pagar indemnizaciones.
¿Que hay alguna víctima?... Bueno, este año ya han caído más de 700 obreros en la construcción, las víctimas de sus descargas eléctricas sólo serán unos pocos mezclados entre todos ellos.

Por eso comentaba yo hace muy poco, a cuenta del tremendo accidente en Granada, que sólo son noticias cuando mueren varios a la vez en un accidente. Este año sólo han sido noticia seis obreros pero ya han muerto 700 hasta septiembre: uno a uno no son noticia.

Para rematar el día, entro en una página de noticias y veo lo siguiente ocurrido hoy mismo en mi provincia:

accidente laboral
Herido grave un operario al electrocutarse cuando se encontraba trabajando en Algorta

Algunas empresas han crecido tanto que se creen por encima de las leyes... y les dejan. ¡Cuántos accionistas tendrán metidos entre los peces gordos!
Eso sí, si nosotros vamos a cambiar las ventanas de nuestra casa tendremos que presentar a las autoridades municipales hasta un plano firmado por el mismísimo Brunelleschi.
 
Vehículos de poder, bellezas ocultas.
Me gusta, y quiero, contar mis opiniones sobre lo que ocurre en el mundo, sobre las noticias que nos muestran cada día. Pero tengo que trabajar y no tengo ocho horas diarias para ponerme delante de esta pantalla y contar lo que pienso. Trato de escribir una o dos veces por semana aunque no me obligo a ello y todo depende de si hay algo especial que me llega a emocionar más.

Ojalá no estuviera todo el día quejándome. Ojalá las noticias que comento fueran de otra índole. Acabaré pareciendo un cascarrabias pero no me dan demasiados motivos para estar de otro ánimo. Eso sí, siempre que puedo, y si creo que soy capaz de hacerlo, intento dar alguna solución al problema aunque resulte ser una utopía en el mejor de los casos o una sandez en el peor... pero lo intento. Otros, los que viven de buscar soluciones solo tienen una palabra: el “no”.

Unos hacen la ley porque les beneficia a ellos y los otros dicen que no simplemente porque son la oposición. Esta frase la digo ahora, la dije hace 5 años y la diré dentro de 10, me temo. Ya se acabaron los tiempos en los que los pensadores, perdón, los políticos, ofrecían alternativas a aquello que no les gustaba. Me recuerdan a aquellos caraduras que en las fiestas de los pueblos salían con un bote para pedir y te colocaban en la solapa una pegatina con la inscripción: “Paro no”. Me miraban mal cuando, en vez de darles un donativo les respondía: ” Jetas tampoco”

No hablo sólo de la manifestación en contra de la LOE. Hablo en general. Con lo de Cataluña pasa lo mismo. Unos piden más de lo que pueden pedir sabiendo que crean tensión, otros conceden lo que pueden para que los votos de los pedigüeños les asegure su lugar en el poder, los otros están plantados en el no a todo y se niegan a hablar, y luego quieren cobrar como “parlamentarios”.

Guardo por ahí una ingeniosa frase del desaparecido Perich que dice:
“La religión sirve para ayudarnos a resolver una serie de problemas que no tendríamos si no existiera la religión”
Que no se enfaden los católicos, no voy en contra de ellos a pesar de estar de acuerdo con la frase. Lo que quiero decir es que se podía aplicar ahora esta sentencia a nuestros políticos. Pensad un momento cuántos problemas crean ellos por sí solos. ¡Como si ni hubiera suficientes sin su ayuda!

Francia arde, y me parece que sólo es la punta del iceberg lo que asoma. Pero no sólo para Francia, lo cierto es que me asusta demasiado lo que está pasando allí. Hay demasiada “gasolina” olvidada en todas las ciudades, en todos los países. En París saltó una chispa y ahora es difícil sofocar el incendio. Me da vergüenza ver como valoran como un avance el que “sólo” se hayan quemado 300 coches alguna noche. Lo que para cualquiera es una catástrofe para ellos es un triunfo de las medidas de represión que han impuesto. Me recuerdan a los matones de discotecas, primero venden licores a los clientes hasta que pierden el control y así luego tienen motivos para apalearlos y echarlos a la calle, lo importante (su dinero) ya lo han dejado en la caja.

El ministro de interior español dice que aquí no hay miedo, que no se dan las condiciones que han llevado a ciudadanos franceses –sí, franceses, no inmigrantes- a provocar esta revuelta. No, señor ministro, aquí no hay jóvenes en paro, ni barrios convertidos en ghettos donde la droga es la moneda de cambio y la delincuencia es el modo de vida. Aquí el estudiante tiene trabajo seguro al salir de la universidad. Aquí la vivienda es un bien accesible para cualquier bolsillo. Aquí la sociedad tiene en ustedes un buen ejemplo de tolerancia y capacidad de escuchar a los demás, de que el triunfo viene dado por el trabajo bien hecho. Aquí no ven como auténticos mamarrachos se hacen de oro a costa de vender su dignidad en programas lamentables. Aquí no hay desigualdades económicas que tienden a ensancharse cada vez más. Aquí no hay barrios con peluquerías caninas mientras en otros no existe el alcantarillado. Aquí no hay fracaso escolar que lleve a chavales de 15 años a la calle sin objetivo alguno que no sea hacer el gamberro por ahí. Aquí no hay un clima de trato discriminatorio a la inmigración. Aquí no hay inmigrantes sin nada que perder y sin nada que llevarse a la boca.

No me extraña que luego, en los telediarios, ocupe más tiempo un entrenamiento de la selección de fútbol que todo lo demás. Si nos clasificamos para el mundial se nos olvidará todo. Y cuando no haya fútbol ya nos pondrán un programa en donde podamos debatir quién será el próximo millonario al que paguemos su carrera con nuestro sueldo, a base de mensajes con el móvil para votar.

...Si es que tenemos lo que merecemos.

Así, con este panorama y sin saber decidirme con cuál de estos temas cabrearme, esta lluviosa mañana he ido, junto a mi “enano” favorito, a un lugar sorprendente. A apenas 15 kms. de mi casa y perdido en lo más profundo de un monte, existe una exposición de coches impresionante. El lugar se llama Castillo de Loizaga y tiene, entre una gran cantidad de coches antiguos de varias marcas y modelos, una colección de 43 modelos de Rolls Royce en perfecto estado.




Armado con mi cámara, he tenido problemas por decidirme a cuál de ellos no sacarle una foto. Me gustaría recoger aquí todas las que he sacado pero son unas 30. Aquí dejo una muestra.









Hay bellezas modernas, como un Ferrari Testarrosa y un Lanborghini Countach amarillo.










Uno de los pabellones es exclusivo de Rolls Royce y están ordenados por edades. No he podido resistirme a posar junto al de mi edad.









Hay otros muchos que no soy capaz de describir, los vi primero en su página web pero la sensación de tenerlos al alcance de la mano es muy diferente a lo que uno aprecia en fotos.


Axel y yo elegimos uno cada uno para echar una carrera pero... no nos los prestaron, y mira que a cambio les ofrecí darse un paseo en mi Renault Kangoo! ... Ellos se lo perdieron, por desconfiados.



Uno de ellos tiene datos a la vista que dicen que sólo se fabricaron 18 unidades entre los años 50 y 56 y viene la lista de sus dueños. Aparecen nombres como la Reina Elizabeth, Shah de Persia, Emir de Kuwait, Duque de Gloucester, Duquesa de Kent, Aga Khan, el Principe de Arabia Saudí, Rey Faisat de Irak la princesa Margaret y, por tres veces, nuestro recordado (¡como para olvidarle!) Francisco Franco. Hubiera merecido la pena destrozar uno de esos tres preciosos Phantom IV contra un barranco a pesar del inmenso disgusto que hubiera supuesto para sus mecánicos. A cambio: 20 años de democracia.


Me llamó la atención un precioso carruaje que me condujo hasta el cuento de la cenicienta. La sensación de aquel lugar produce un efecto como el de los cuentos. En el lugar más apartado del mundo podemos encontrar la mayor de las bellezas. Sólo es necesario que alguien con gusto y buen criterio sea capaz de cuidarlas y ofrecer al mundo lo mejor de ellas, eso sí, sin olvidarse de su dignidad y su cuidado.





No sería mala tarea buscar cerca de nosotros esa belleza que no somos capaces de apreciar y ayudar a que no se quede encerrada ni inservible. Hay quienes son expertos en ocultarla de tal manera que deja de ser digna y bella. Desde aquí los maldigo. Y desde aquí también, un abrazo a quienes no les hayan dejado mostrarse ni circular libres.
Hay más Rolls Royce que los de esta exposición, me gustaría verlos un día por la calle impecables, relucientes, señoriales... vivos.







 
Un fado en Granada
Se llama Abel. No sé apenas nada más de él. Fue el obrero con el que tuve la relación más corta y traumática que recuerdo. Hace ya casi dos años, creo que allá por enero.

Aquellos días se estaban habilitando los vestuarios y demás casetas de obra para comenzar la construcción de un pabellón para una popular empresa sueca de muebles “fáciles” de montar. Aquel día conocí a Abel, tendría algo menos de 30 años, grande, moreno, nervioso, impulsivo. Nuestra labor era hacer un agujero entre las casetas para enterrar un provisional pozo séptico. Yo manejaba la excavadora y cargaba el material al dúmper que conducía Abel. El lo descargaba al otro lado de la obra, a unos 50 metros después de bajar una pequeña rampa.

Nos quedaba muy poco por vaciar, apenas dos viajes y en el último que había hecho me comentó: “En este viaje he batido el record”.

Le cargué el que era el penúltimo viaje y me dedicaba a preparar las últimas tierras hasta que Abel volviera cuando vi que de un camión que había en la obra saltó precipitadamente el chofer y se puso a correr. Levanté la vista por encima de la caja del camión y descubrí el dúmper volcado y a Abel caído debajo de él.

También salté de la máquina y me dejé caer por un pequeño talud para acercarme corriendo y ayudar en lo que pudiera. Abel, afortunadamente, no estaba atrapado por el dúmper pero, inmóvil, no podía dejar de gritar.

Me repetía: “¡Estírame la pierna!”...Era imposible. No podía adivinar qué era lo que se había hecho pero, bajo la tela del pantalón, aquello tenía una forma muy extraña. Le dije: “No puedo tocarte la pierna, no está bien y podría hacerte más avería... aguanta”
Sólo pudimos ayudarle ofreciéndole agua hasta que llegó la ambulancia.

Abel bajaba cada viaje por esa rampa, que no era peligrosa, y al llegar abajo tenía que girar 180 grados en un terreno amplio y llano para descargar las tierras. Pero giró demasiado rápido y el dúmper, cargado, no soportó la inercia del giro. El, al ver que salía despedido, se dejó caer sobre una pierna, pero la rodilla cedió.

Llegó la ambulancia en pocos minutos y lo primero que hicieron fue cortar la pata del pantalón. Se nos heló la sangre. La tibia y el peroné estaban totalmente fuera de la rodilla. Más tarde supimos que ni siquiera se habían roto los huesos, pero fue peor porque ese desplazamiento le había destrozado los ligamentos. Incluso el tiempo jugaba en su contra porque también se había arrancado la arteria que distribuye la sangre por su pierna y podía haberla perdido de no llevarle rápido al quirófano.

Hace unos meses lo vi de lejos de visita en otra obra. Me confirmaron que era él, vino a saludar a algunos compañeros mientras gestionaba algún papel. Me costó reconocerle porque tenía el pelo mucho más largo pero le delataba una ostensible cojera.

Ya tenía el alta médica, después de más de un año de recuperación pero ya no podría trabajar más en la construcción. No he vuelto a saber de él.

El tremendo accidente de Granada, donde seis personas han perdido la vida, me ha traído a la memoria este dramático día. Esta vez han sido seis y el desplome de esa plataforma ofrece una imagen impactante. Ahora comienza la búsqueda de un responsable. Ahora cada grupo buscará la forma de echarle los trastos a su rival: los sindicatos a la patronal; la patronal a los obreros; la derecha a la izquierda, la izquierda a la derecha, los nacionalistas a los dos; los ingenieros a los proveedores, los proveedores a la dirección de obra; la contrata a la subcontrata, la subcontrata a la presión de la contrata...

Pero hay seis familias rotas y, como en aquel pavoroso incendio en Guadalajara, los señores de traje y carpeta no tendrán el más mínimo reparo en escupir sapos y culebras por encima de unas familias abrazadas a precipitados ataúdes.

Y no, su intención nunca será la de respetar el dolor de esas familias y poner solución a la próxima catástrofe. Su intención pasará por clavar, en vergonzosa pelea de alacranes, su aguijón en una zona vital de su rival.

Ahora tenemos esta noticia en la prensa y la televisión, pero no por que sea algo excepcional sino por lo espectacular del suceso. Cada día muere al menos un obrero en este país. La semana que viene ya habrá otras seis familias llorando pero que no saldrán por la televisión.

Para mí, el proceso a seguir en este caso no debería ser muy diferente al de casos más anónimos e individuales.
Lo primero, una vez contada la noticia a los medios, proteger a esas familias de las cámaras y los micrófonos, escucharles en qué condiciones quedan y ofrecerles ayuda, bien con medios del estado o con los del seguro de la empresa.
Una vez atendidos, estudiar las causas del accidente y ver las posibles formas de evitar otro similar en cualquier otra parte.
Con esos datos, hacer llegar a todas las empresas las consideraciones necesarias para evitar otro caso parecido.
Y después de todo esto, y sin necesidad de hacer públicas las investigaciones, buscar a los responsables de los errores cometidos y que la justicia tome decisiones si hubiera necesidad.

Ningún linchamiento público ha servido nunca para que un pueblo reciba una sensación de justicia y bienestar.

Podría dar aquí mi opinión sobre lo que se podría hacer para evitar gran parte de los accidentes laborales pero necesito más tiempo y más espacio y, por hoy, ya he escrito demasiado. Pero puedo adelantar quienes tienen más cosas que mejorar que nadie: los sindicatos, esos que dicen que están para servir al obrero... perdón, se me escapa la risa.
 
Pasiones extremas
Hay diferentes causas para que un hombre decida, a veces por unos motivos y a veces por otros, aparcar todas las posibilidades que le ofrece su futuro y aceptar lo que tiene a su alcance para cerrar ahí sus andanzas en busca de una idealizada mujer que no se sabe muy bien si existe.

El problema surge cuando esa elección ya no es, desde el principio, aquella que colme el máximo de sus aspiraciones. Pero la estabilidad económica y social es una golosina demasiado apetecible como para dejarla pasar a la espera de quién sabe qué.

...Y aquello que buscas aparece fuera de plazo, cuando ya no hay posibilidad de marcha atrás. Sin embargo, la pasión no se rinde y pelea contra la imagen y la estabilidad, la pasión es capaz de nublar todo lo que nos rodea y lucha contra la razón.

Aparece el engaño, las peripecias, el caminar en la cuerda floja, un reloj que corre demasiado, un calendario que avanza lento, una doble vida sujeta con alfileres y que en cualquier momento se puede desmoronar.

Así, a esa velocidad transcurren los días de Chris Wilton , el personaje protagonista de la última genialidad de Woody Allen. Casado con una niña rica pero atrapado por la sensualidad de la novia de su cuñado, el otro rico heredero.

Scarlett Johansson encarna a esa voluptuosa futura cuñada, otra perdedora que se agarra a la estabilidad de su novio mientras trata de abrirse paso, sin excesiva fortuna, en el mundo de la interpretación.

Chris había enterrado la esperanza de conseguir a Nola (Scarlett Johansson) y decidió aceptar a Chloe (la heredera) como la piedra donde edificar un futuro próspero bajo el paraguas de su poderoso suegro, a pesar de no ser la mujer de sus sueños. Pero era lo suficientemente agradable como para sacrificar una vida emocionalmente intensa a cambio de todas las comodidades del mundo.

Woody Allen no hace escenas vacías y, torpe de mí, no acerté a entender aquella en la que los recién casados entran en su nueva casa y Chris muestra problemas de vértigo al asomarse a sus inmensas cristaleras desde donde se ve todo Londres. Ese vértigo no es físico, él es consciente que se ha subido a un lugar demasiado alto, un lugar que no le corresponde y al que llega sujeto a unas bases poco sólidas.

La película habla desde el principio de cómo los más ínfimos detalles de suerte pueden hacer que te conviertas en un triunfador o en un fracasado, un marido y ejecutivo perfecto o un adúltero delincuente entre rejas. (No, no contaré la trama ni el final). Mientras una voz en off habla de la suerte se ve cómo una pelota de tenis golpea en la parte alta de la red y sube en vertical. Ahí se congela la imagen y desde ese momento hasta el final de la película no sabremos de qué lado de la red cae.

Lo cierto es que siempre espero reírme en las películas de este genial director. Nadie crea diálogos más inteligentes que él ni situaciones más rocambolescas. Pero en esta no hay demasiado espacio para el humor, aunque deja su sello en alguna frase suelta. Comienza con un previsible lío de enredos pasionales para ir derivando hasta cambiar de género. Por algunos momentos, los equilibrios del protagonista por mantener su doble vida recuerdan al suspense de varias obras de Hitchcock.

Tampoco extraña que todos los actores quieran pasar por sus películas, y lo hacen cobrando mucho menos de lo habitual. Scarlett Johansson parece ser la más prolífica actriz de los dos últimos años (Arac attack, Lost in traslation, La joven de la perla, A wood woman, In good company, La isla) pero en esta obra de Allen, a mi parecer, crece como una actriz de verdad. Da vida a un personaje inseguro, pasional, enigmático, ambicioso y luchador en unos momentos, hundido y resignado en otros, incluso con una peculiar manera de hablar. Si hay un momento impactante es precisamente su aparición en pantalla jugando al ping-pong como jugadora invicta esperando a su próximo rival.

Algo tendrá Woody Allen para que ella ya esté repitiendo rodaje con él para su próxima película. Algo tiene Woody Allen para que cada año su sólo nombre me lleve como hipnotizado al cine, haga lo que haga. Algo tiene “Match Point” que hace pensar de a qué caminos conduce la pasión. Algo tienen la pasión y la razón que les obligan a luchar en bandos opuestos.

¿Tan difícil es verlas en el mismo bando?


 
En los próximos 40 años...
Me gustaría saber si en los próximos 40 años cuando salga a la calle no tengo que conocer la ideología de cada uno para hablar con él de depende qué cosas.

Me gustaría saber si en los próximos 40 años oriente y occidente dejan de ser dos conceptos bélicos para pasar a ser solamente geográficos.

Me gustaría saber si en los próximos 40 años el cáncer ha pasado a ser un enfermedad erradicada por la prevención o las vacunas.

Me gustaría saber si en los próximos 40 años la emigración sólo responde a los caprichos de la gente por cambiar de clima o trabajo.

Me gustaría saber si en los próximos 40 años Sudamérica ha explotado como continente dejando atrás la bota opresora de algunos dictadorzuelos.

Me gustaría saber si en los próximos 40 años los Estados Unidos demuestran al mundo que, de verdad, son la mayor democracia del mundo.

Me gustaría saber si en los próximos 40 años la mujer ha dejado de ser vapuleada en algunos hogares y menospreciada en muchos trabajos.

Me gustaría saber si en los próximos 40 años la seguridad social de cada país es gratuita y para todos sus habitantes.

Me gustaría saber si en los próximos 40 años Africa será un continente con infraestructura suficiente para valerse por sí mismo y el agua será una realidad allí.

Me gustaría saber si en los próximos 40 años las religiones dan paso a la cultura para, desde ella, volver a tener una lectura más actual de la propia filosofía de cada religión.

Me gustaría saber si en los próximos 40 años los padres habremos sido capaces de educar a los nuestros sin la dureza de hace décadas pero sin la falta de respeto o de ideales que los desorientan ahora.

Me gustaría saber si en los próximos 40 años se habrá encontrado un sustituto energético para el petróleo y que fuese más limpio y, sobre todo, más accesible para todos los países.

Me gustaría saber si en los próximos 40 años los políticos habrán dejado de salir por la televisión a todas horas y lo harán sólo en navidades para darnos un mensaje de serenidad y afecto.

Me gustaría saber si en los próximos 40 años la droga más adictiva serán los ojos de tu pareja.

Me gustaría saber si en los próximos 40 años tener un techo no significa ser un esclavo de un banco para el resto de tus días.

Me gustaría saber si en los próximos 40 años las listas del paro sólo acogen a aquellos que están haciendo los trámites necesarios para colocarse en otra empresa con mejores condiciones.

Me gustaría saber si en los próximos 40 años (este es personal) la música vuelve a ser audible y original.

Me gustaría saber si en los próximos 40 años el deporte vuelve a ser un entretenimiento y no un motivo de disputas territoriales y un vivero de grandes fortunas.

Me gustaría saber si en los próximos 40 años se habrán solucionado multitud de problemas que nos hacen torcer el gesto cada vez que vemos las noticias pero, realmente, los problemas que se deriven de que una niña deba o no ser la heredera de un trono me importarán muy poco hasta dentro de 40 años. Y después... tampoco.

Enhorabuena a los príncipes por su nueva hija, que todo les vaya bien y ahora... cada uno de nuevo a su trabajo. Dejémosla crecer, es un bebé.

No me resisto a poner aquí un enlace al artículo que escribí en mayo cuando se dió a conocer el embarazo que, por cierto, fue mi segundo artículo en el blog.