La madre de Dorian Gray
No es aconsejable jugar con los grandes poderes. Así le pasó a Dorian Gray al hacer pactos con el diablo. No se puede vender el alma al diablo y luego pretender que aquel se olvidará de cobrarlo. La eterna juventud dura lo que el pacto marque, o quizás incluso menos. Y nunca una gran fuerza va a dar marcha atrás porque un triste individuo haya cambiado de opinión.
Oscar Wilde emparejó a su personaje con el mismísimo diablo. Y el bueno de Dorian sucumbió a los encantos de la eterna juventud, olvidándose de que su alma se estaba pudriendo. Y todo se paga. Y no se paga cuando uno quiere sino cuando el poderoso lo decide y a la manera de aquel.
Hay un caso reciente de síndrome de Dorian Gray. Un canalla que llegó a un pacto con la justicia por el cual en los próximos tres mil años sólo envejecería dieciocho. Pero no los dedicó a hacer el bien sino todo lo contrario; cargó su tambor de ira, odio y locura y apretó el gatillo cobardemente detrás de 25 nucas.
Y empezó a creerse un héroe, un símbolo. Es el efecto que produce en el cerebro la idea de ser superior a cualquiera que viva a nuestro lado, de pensar que la razón y la falta de escrúpulos es lo mismo, de medir los ideales en función de los kilos de dinamita.
Hoy han pasado esos dieciocho años y este nuevo Dorian confiaba en concluir su pacto con la justicia. Pero aquella había puesto algunas cláusulas a las que Dorian no hizo caso. Se creyó más fuerte que ella y, además de asesinar a esas 25 personas, olvidó que en el acuerdo había firmado que no se regodearía en público de estos crímenes ni alentaría a nadie para seguir con su sangría.
Y él sonreía, y brindaba con champagne cada nuevo crimen, y escribía artículos con intención de que todo aquel terror continuase. A su vez, en su casa una mujer confiaba a volver a abrazar a su hijo. Un hijo terrible, asesino, despiadado, cruel... pero un hijo. Ella quería ver a su Dorian fuera de los barrotes de la cárcel y para eso esperó 18 años.
Mientras, en la cárcel, su hijo negaba que la justicia pudiera cobrarle tan alto precio por aquella pequeña cláusula mientras que le había permitido asesinar al módico precio de nueve meses por víctima. Pero el poder es así de caprichoso y recto.
Y aquí se vio el verdadero valor de este personaje. Un hombre a quien no le hacía pestañear el ruido de un impacto de bala en un cráneo ajeno, cuando estaba tan cerca que seguro que podía apreciarlo, no ve la forma de acabar con su propia vida tras la frustración que la justicia le provoca. Finge una huelga de hambre que le mantiene vivo más de dos meses.
La cobardía llega a estos extremos. Hace años, 25 familias perdieron el apetito cuando él sí sabía como aplicar la pena de muerte y hoy se le ha olvidado cómo dejar de respirar. Lo que ahora tiene es miedo y quiere ir con su mamá.
Pero ya es tarde, su crimen nº 26 acaba de producirse. Su madre, de 83 años, y que llevaba los 18 últimos esperándole, ha dejado de esperar. Ha muerto ayer sola en su casa, sin su hijo que, emborrachado de euforia hace años, decidió romper el pacto con la justicia.
Ahora no vele decir que no es justo. Tampoco lo era pagar menos por matar a una persona que lo que se tarda en traer un hijo al mundo. No niego que ahora sea un símbolo; lo es, pero de la cobardía.
La sonrisa del último minuto.
Quiero dedicar este artículo a mi amiga Vicky, una estupenda futbolera que conoce bien el espíritu de superación del que hablaré en estas líneas y del que da muestras en su blog.. Y, por supuesto, a su madre. Desde aquí, un fuerte abrazo para ambas.
6-0. Así acabó el partido de fútbol que jugó mi hijo el domingo. Estoy orgulloso de él. Tanto como si hubiera sido titular y no un suplente que sólo jugó la segunda parte. Tanto, o incluso más que si hubiera jugado en el equipo contrario, el que ganó, y no en el que recibió la goleada.
Pero me siento orgulloso de él porque aprovechó hasta el último momento para participar, mejorar y, sobre todo, para divertirse. La victoria no está en el marcador sino en la almohada; es cuando uno repasa la jornada y comprueba que ha disfrutado de vivir, que ha mejorado lo logrado hasta ayer.
Estoy seguro de que este año no puede tener mejor entrenador que el que tiene. No sé si sabe más o menos de fútbol, de tácticas, de ejercicios; pero sé que, a su vez, alguien le está impartiendo a él una magistral lección de espíritu competitivo.
El domingo coincidí por primera vez con la familia del entrenador: su mujer, una hija adolescente y un revoltoso niño de no más de cuatro años. Ellas dos muy divertidas y con una contagiosa y perpetua alegría.
Al acabar el partido, me acercaba al corrillo de padres que se forma a la salida de vestuarios cuando escuché a esta mujer que decía algo así:
“La pena es que no podré estar la semana que viene en Lezama para verlos contra el Athletic. Pero no, ya le he dicho que ni se le ocurra dejarlo. No puede dejar a los chiquillos a mitad de temporada. Él me ha dicho que pensaba abandonarlo todo para ayudarme pero como más me va a ayudar es haciendo lo mismo que hasta ahora. Esas horas con los chavales le vendrán muy bien. Y a mí también. Tenemos que seguir igual, eso nos ayudará más.”
Mantuve la discreción pero consulté después a qué se refería. Esta semana la ingresarán para operarla de cáncer. Una vez asumido el impacto admiré la fortaleza mental y el espíritu positivo de esta mujer. Una lección más de cómo hay que aferrarse a la vida y no rendirse ante sus agresiones. Una prueba más de los naufragios en que nos creemos inmersos cuando el agua nos moja los tobillos. Una demostración más de que los héroes, las personas que de verdad mueven el mundo, nunca salen en la televisión sino que están, quizás, comprando el pan a nuestro lado o sentados enfrente nuestro en el autobús.
No tenemos porqué rendirnos mientras el enemigo no acabe con nosotros. La vida puede ser otro partido en el que también perdamos 6 a 0, pero nuestra obligación es disfrutar de cada minuto y no rendirnos en actitud sumisa y de derrota al encajar el segundo gol.
Confío en ver con esta mujer el partido contra el Athletic de la temporada que viene. Seguro que con este entrenador mantendremos el espíritu necesario para superarnos y, sobre todo, para disfrutar de cada minuto ... aunque nos metan 14. En nuestro equipo hay una campeona.
El mundo al revés.
Hoy me espera un día en el que la vergüenza estará por encima de ninguna satisfacción. Hay algo que me da mucho asco de la política: los políticos.
Tras el tremendo atentado en Barajas, una asociación de ciudadanos ecuatorianos tuvo la iniciativa de manifestarse contra el terrorismo como repulsa a los asesinatos de sus compatriotas.
(Por cierto, ¿porqué tanto énfasis en llamarles ecuatorianos? ¿acaso si hubieran sido de Madrid se referirían a ellos como “dos madrileños”? ¿o dirían “dos personas” o “dos ciudadanos”? La xenofobia no se combate tratando con respeto a quienes vienen de fuera sino olvidándonos de dónde nació quien pasa al lado nuestro.)
La idea original era una manifestación “contra el terrorismo”. Algo muy sencillo y muy claro. Además iría destinada, supongo que como todas las manifestaciones, a la clase política para que utilice todos sus recursos con ese destino.
En los años en los que a mí me parecía comprender cómo funcionaba todo, el pueblo se manifestaba para que la clase política atendiera a sus demandas. Ahora ya no es así. Ahora los partidos políticos se arrogan la convocatoria de las mismas y ocupan las calles para que les escuche... ¿quién?. Si son ellos los que salen, ¿a quién le están pidiendo qué? ¿Quizás a ETA?
No creo yo que esos criminales tengan demasiado en cuenta lo que los partidos opinen. Y más cuando no son capaces de ponerse de acuerdo en establecer qué es lo que demandan. Todos utilizan el maquillaje de la ambigüedad para poder interpretar los resultados (que también maquillarán) a su modo. Lemas confusos que sólo sirven para dividir a la sociedad en el camino a la paz.
Tenemos una clase política tan incapaz, tan analfabeta, tan prepotente, tan cínica y tan falsa que no saben buscar un lema que una a todos. Necesitan una enorme pancarta para escribir larguísimas y retorcidas frases mientras esperan a su rival político pensando: “O te tragas mi frase o podré decir que no estás en una manifestación contra ellos”
Quizás porque yo no tengo estudios no soy capaz de confeccionar lemas tan complicados. A mí sólo se me ocurría éste: “JUNTOS CONTRA ETA”
...Me temo que no tengo futuro como político.
Por otra parte insisto en lo que comenté dos artículos atrás. Creo que todos estos meses empiezan a dar frutos. Al menos se han creado dudas en el partido político que apoya a los terroristas y han dudado si acudir o no a una manifestación por la paz. Dudaban hasta que se añadió al lema la alusión directa a ETA.
Ese es el día. Cuando Batasuna acuda a una manifestación de este tipo, ETA habrá empezado a desangrarse. De momento, sus dirigentes han dudado pero imagino que muchos de los apoyos anónimos se estarán apartando de la bestia. Entiendo que los que dan la cara en público tengan miedo a hacer declaraciones que les desvinculen de la banda. Más de uno estará pensando que la próxima víctima puede ser uno de ellos.
Han jugado a domadores de leones toda la vida y ahora se dan cuenta de que están en una jaula con una fiera salvaje que ocupa la trampilla por donde salir. Otegui: hay escoltas en paro porque tú contribuiste a que asesinaran a su protegido. Sería paradójico que ahora ellos protegiesen tu nuca, ¿verdad?. Puede que ahora conozcas cómo hemos vivido los demás durante tantos años.
Tras el tremendo atentado en Barajas, una asociación de ciudadanos ecuatorianos tuvo la iniciativa de manifestarse contra el terrorismo como repulsa a los asesinatos de sus compatriotas.
(Por cierto, ¿porqué tanto énfasis en llamarles ecuatorianos? ¿acaso si hubieran sido de Madrid se referirían a ellos como “dos madrileños”? ¿o dirían “dos personas” o “dos ciudadanos”? La xenofobia no se combate tratando con respeto a quienes vienen de fuera sino olvidándonos de dónde nació quien pasa al lado nuestro.)
La idea original era una manifestación “contra el terrorismo”. Algo muy sencillo y muy claro. Además iría destinada, supongo que como todas las manifestaciones, a la clase política para que utilice todos sus recursos con ese destino.
En los años en los que a mí me parecía comprender cómo funcionaba todo, el pueblo se manifestaba para que la clase política atendiera a sus demandas. Ahora ya no es así. Ahora los partidos políticos se arrogan la convocatoria de las mismas y ocupan las calles para que les escuche... ¿quién?. Si son ellos los que salen, ¿a quién le están pidiendo qué? ¿Quizás a ETA?
No creo yo que esos criminales tengan demasiado en cuenta lo que los partidos opinen. Y más cuando no son capaces de ponerse de acuerdo en establecer qué es lo que demandan. Todos utilizan el maquillaje de la ambigüedad para poder interpretar los resultados (que también maquillarán) a su modo. Lemas confusos que sólo sirven para dividir a la sociedad en el camino a la paz.
Tenemos una clase política tan incapaz, tan analfabeta, tan prepotente, tan cínica y tan falsa que no saben buscar un lema que una a todos. Necesitan una enorme pancarta para escribir larguísimas y retorcidas frases mientras esperan a su rival político pensando: “O te tragas mi frase o podré decir que no estás en una manifestación contra ellos”
Quizás porque yo no tengo estudios no soy capaz de confeccionar lemas tan complicados. A mí sólo se me ocurría éste: “JUNTOS CONTRA ETA”
...Me temo que no tengo futuro como político.
Por otra parte insisto en lo que comenté dos artículos atrás. Creo que todos estos meses empiezan a dar frutos. Al menos se han creado dudas en el partido político que apoya a los terroristas y han dudado si acudir o no a una manifestación por la paz. Dudaban hasta que se añadió al lema la alusión directa a ETA.
Ese es el día. Cuando Batasuna acuda a una manifestación de este tipo, ETA habrá empezado a desangrarse. De momento, sus dirigentes han dudado pero imagino que muchos de los apoyos anónimos se estarán apartando de la bestia. Entiendo que los que dan la cara en público tengan miedo a hacer declaraciones que les desvinculen de la banda. Más de uno estará pensando que la próxima víctima puede ser uno de ellos.
Han jugado a domadores de leones toda la vida y ahora se dan cuenta de que están en una jaula con una fiera salvaje que ocupa la trampilla por donde salir. Otegui: hay escoltas en paro porque tú contribuiste a que asesinaran a su protegido. Sería paradójico que ahora ellos protegiesen tu nuca, ¿verdad?. Puede que ahora conozcas cómo hemos vivido los demás durante tantos años.
La costosa magia de un regalo
No sé si puedo soportar el gasto que me supone este año tu regalo de Reyes. Es demasiado caro. Aún así, lo he comprado. Y sé que de este desembolso voy a tardar en recuperarme.
Pero no podía esperar más. Sé que no era para ti un capricho sino una necesidad. Entiendo que tres años de batalla te han dejado sin fuerzas. Te has rendido y no me resigno a verte derrotado.
Tu enemigo es fuerte, es devastador. Pero sabemos que se le derrota en las batallas largas. Sí, ya sé lo que dices, y lo entiendo. Todos te decimos cómo se le gana pero sólo tú recibes sus golpes.
Tus profesores, tu logopeda y nosotros mismos vemos que has tirado la toalla, que la dislexia te ha dejado malherido, agotado y rendido a sus ataques. Que ya has dejado de luchar cuando tu enemigo empezaba a dar muestras de debilidad. Sólo te quedaban unos meses, quizás un año para alzar tu espada orgulloso frente al monstruo arrodillado.
Yo jamás te daré por derrotado, es por eso que me he empeñado en hacerte un complicado regalo de Reyes. Es un libro mágico. Y lo es por muchos motivos: porque su título lo dice, porque la magia lo trajo a mis manos y porque no descubrirás sus efectos cuando lo leas sino con el paso del tiempo.
Otros años me he gastado mucho dinero en tus regalos. Por eso eran tan baratos, porque sólo me costaban dinero y yo, a cambio, recibía el brillo de tus ojos al abrirlos, la ilusión de tener en tus manos ese juego, ese coche, ese mecano que tanto llevabas pidiendo. Verte feliz la mañana del 6 de enero sólo costaba un puñado de euros.
Esta vez mi regalo no cuesta dinero sino saber que lo recibes con gesto resignado, saber que para ti un libro no es un regalo sino una ofensa. Pero sé que con el tiempo verás que el regalo no es un libro sino un tratado de responsabilidad, descubrir que cada uno recibimos en función de nuestro trabajo y que llega una edad en la que cada uno tiene que luchar por aquellas cosas que quiere.
Me pierdo tu sonrisa, tu abrazo, tu gratitud. A cambio me llevo tu mirada de desilusión, tu gesto forzado al descubrir que no es lo que esperabas. Por eso me he quedado sin fondos, tengo déficit de tu cariño. Pero es una inversión a largo plazo y confío en ti, en tu capacidad, en que vuelvas a la pelea para que más tarde pueda recuperar la inversión que he hecho con el mejor de tus abrazos.
Sé que puedes reanudar la batalla. Sé que tienes capacidad para derrotar al monstruo. Sé que te queda poco. Por eso no puedo traerte aún al cómodo refugio de la rendición y los bálsamos, sino ayudarte a que te incorpores, todo ensangrentado por las heridas, y empujarte de nuevo a la pelea, aunque lo tenga que hacer con lágrimas en los ojos.
Es tu año, Axel. Y en el libro de magia está el conjuro. Los ingredientes de la pócima están en tu cabeza. Son el esfuerzo, la constancia y la fe en tu capacidad.
Tu guerra es mucho más dura que la de los otros, pero sólo de aquella batallas épicas nacen los héroes de leyenda. Y me gustaría decir años después que yo soy el padre de uno.
Pero no podía esperar más. Sé que no era para ti un capricho sino una necesidad. Entiendo que tres años de batalla te han dejado sin fuerzas. Te has rendido y no me resigno a verte derrotado.
Tu enemigo es fuerte, es devastador. Pero sabemos que se le derrota en las batallas largas. Sí, ya sé lo que dices, y lo entiendo. Todos te decimos cómo se le gana pero sólo tú recibes sus golpes.
Tus profesores, tu logopeda y nosotros mismos vemos que has tirado la toalla, que la dislexia te ha dejado malherido, agotado y rendido a sus ataques. Que ya has dejado de luchar cuando tu enemigo empezaba a dar muestras de debilidad. Sólo te quedaban unos meses, quizás un año para alzar tu espada orgulloso frente al monstruo arrodillado.Yo jamás te daré por derrotado, es por eso que me he empeñado en hacerte un complicado regalo de Reyes. Es un libro mágico. Y lo es por muchos motivos: porque su título lo dice, porque la magia lo trajo a mis manos y porque no descubrirás sus efectos cuando lo leas sino con el paso del tiempo.
Otros años me he gastado mucho dinero en tus regalos. Por eso eran tan baratos, porque sólo me costaban dinero y yo, a cambio, recibía el brillo de tus ojos al abrirlos, la ilusión de tener en tus manos ese juego, ese coche, ese mecano que tanto llevabas pidiendo. Verte feliz la mañana del 6 de enero sólo costaba un puñado de euros.
Esta vez mi regalo no cuesta dinero sino saber que lo recibes con gesto resignado, saber que para ti un libro no es un regalo sino una ofensa. Pero sé que con el tiempo verás que el regalo no es un libro sino un tratado de responsabilidad, descubrir que cada uno recibimos en función de nuestro trabajo y que llega una edad en la que cada uno tiene que luchar por aquellas cosas que quiere.
Me pierdo tu sonrisa, tu abrazo, tu gratitud. A cambio me llevo tu mirada de desilusión, tu gesto forzado al descubrir que no es lo que esperabas. Por eso me he quedado sin fondos, tengo déficit de tu cariño. Pero es una inversión a largo plazo y confío en ti, en tu capacidad, en que vuelvas a la pelea para que más tarde pueda recuperar la inversión que he hecho con el mejor de tus abrazos.
Sé que puedes reanudar la batalla. Sé que tienes capacidad para derrotar al monstruo. Sé que te queda poco. Por eso no puedo traerte aún al cómodo refugio de la rendición y los bálsamos, sino ayudarte a que te incorpores, todo ensangrentado por las heridas, y empujarte de nuevo a la pelea, aunque lo tenga que hacer con lágrimas en los ojos.
Es tu año, Axel. Y en el libro de magia está el conjuro. Los ingredientes de la pócima están en tu cabeza. Son el esfuerzo, la constancia y la fe en tu capacidad.
Tu guerra es mucho más dura que la de los otros, pero sólo de aquella batallas épicas nacen los héroes de leyenda. Y me gustaría decir años después que yo soy el padre de uno.
La reflexión que me interesa
Pregúntenle a ella. Ellos ya hablan sin que nadie les pregunte.
Ellos aparecerán a partir de ahora en cada imagen, en cada periódico, en cada tertulia. Y todos dirán aquello que a ninguno nos sorprende. Ninguno se saldrá de su papel y cada uno de nosotros escucharemos y daremos la razón al personaje afín a nuestras ideas, que va a decir lo que ya sabemos que piensa.
No es ese mi interés. Mi interés es saber si todo esto ha servido para algo. Y yo creo que sí ... pero necesito saber la opinión de aquella persona que decía al principio.
Ella siempre quiso la independencia del País Vasco. Hace ya muchos años se la vio correr delante de la Guardia Civil en manifestaciones nacionalistas. Sus amigos formaron un gran grupo dispuestos a cambiar todo aquello.
Y llegó el Estatuto de Gernika, pero le supo a poco. Ella y sus compañeros querían más. ETA también. Y ETA mataba mientras ella cerraba los ojos pensando que no era lo mejor, pero que así harían más fuerza.
Se casó y tuvo dos hijos. Durante ese tiempo veía las carreras desde su balcón. Sus hijos sólo le dejaban tiempo para hacer algunos turnos de barra en la Herriko Taberna. Siguió apoyando a Herri Batasuna con sus votos. Le parecía entender que los asesinatos de la banda eran la respuesta a la negativa del gobierno central al diálogo.
Sus hijos fueron creciendo en ese ambiente. En cuanto les llamaron, se convirtieron en activistas de la kale borroka. Uno de ellos no pasó da hacer algunas pintadas o apedrear cajeros. Pero el otro se fue metiendo más y acabó pasando alguna información a la banda, que sirvió para un crimen. Ahora está en una cárcel del sur y para su madre es muy costoso ir a verle.
Aún así, ella mantiene su convicción de que el camino es el que marca Batasuna. Es necesario llegar al diálogo abierto con el gobierno y no esas reuniones clandestinas de otras épocas.
Ahora se había abierto una esperanza. Madrid abrió las puertas a lo que tantos años habían estado esperando. Ella no es violenta pero, a su manera, había justificado hasta entonces los atentados. Pero por fin había llegado el momento de la política. Estaba claro que entre las cosas a negociar, la más fácil parecía la del acercamiento de presos, más aún cuando no son delitos directamente de sangre. Incluso le podrían suavizar la pena a su hijo.
También recuperaría su derecho a voto; su partido volvería a ser una opción legal. Todo el trabajo de captación de miembros y partidarios volvería a tener un sentido. El gobierno les escucharía. El único requisito era silenciar las armas.
Pero en aquel aparcamiento del aeropuerto de Madrid murieron dos ecuatorianos (ojalá no sea así pero parece imposible cualquier otra opción), murió la posibilidad de ser opción política legal, murió cada minuto de esfuerzo tras aquella barra, murieron cada una de las charlas sobre ideales que tuvo con sus hijos, murió el tren que acercaría a su hijo a casa, murió la sensación de que había una verdad en todo aquello por lo que ella luchaba.
Pregúntele a ella, señor periodista. Dígale si en su cabeza algo se ha removido. Pregúntele si no se siente traicionada por los suyos; por los que ella creía que eran los suyos. Dígale si apoyará por más tiempo a esta gente. Dígale si creerá aún en su mensaje. Pregúntele si ahora sabe adónde va el camino que marcan las pistolas.
Y vaya a la calle de al lado. Allí hay otra madre confusa, otro chaval desconcertado, una pareja que no acaba a comprender qué ha pasado, un militante de partido observando con dudas su carnet, un grupo de jóvenes discutiendo qué va a pasar ahora, dónde utilizarán esa pancarta en donde reza “Sí al diálogo”
Me viene a la memoria la película Godzillla. Aquel monstruo era terrorífico. Ni siquiera el ejército era capaz de derribarlo. Poco a poco, y con muchas víctimas en el camino, el monstruo se iba desgastando, antes o después sus fuerzas acabarían. Pero el verdadero terror llegaba al descubrir la cantidad de huevos que había depositado y esperaban a eclosionar. Lo que de allí saldría resultaría devastador.
ETA es un monstruo que, por sí solo, tiene fecha de caducidad. Lo importante es inyectar en sus embriones la droga de la sensatez, la libertad, la paz, el diálogo y la democracia. Y que cuando salgan de allí sapan a qué madre abrazarse.
Ahora tienen la necesidad de reflexionar. Las dos partes han mostrado qué llevan dentro de las venas. Confío en que muchos lo estén haciendo. Todos los que vivimos aquí conocemos a personas que apoyan esta ideología y puedo asegurar (aunque desde fuera parezca imposible) que muchos son gente encantadora, siempre que no se hable de política. No creo que todos sean unos monstruos que disfruten viendo sangre.
Quizás estos meses les hagan ver las cosas de otro modo y entonces, algo habremos ganado. Confío en ellos. Ojalá no me equivoque.
Cada mañana me levanto con la idea de que algo va a mejorar. Sin embargo, cada día nos vemos envueltos en otro poco más de basura por causas que no llego a entender. Cuando llego a casa, la ducha no es capaz de quitarme más que la suciedad propia de mi zanja.
Aquí trato de deshacerme de todo el barro que me inyectan dentro antes de que se endurezca y me convierta en una insensible figura de cerámica.
Si os sirve como terapia os invito a gritar conmigo.