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Desde mi zanja
El mundo visto desde abajo. Las ingenuas opiniones de un obrero de la construcción.
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Image hosted by Photobucket.com Cada mañana me levanto con la idea de que algo va a mejorar. Sin embargo, cada día nos vemos envueltos en otro poco más de basura por causas que no llego a entender. Cuando llego a casa, la ducha no es capaz de quitarme más que la suciedad propia de mi zanja. Aquí trato de deshacerme de todo el barro que me inyectan dentro antes de que se endurezca y me convierta en una insensible figura de cerámica. Si os sirve como terapia os invito a gritar conmigo. free hit counter
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¡¡¡ CONCURSO DE SEPTIEMBRE !!!
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Ciencia-ficción
El cine se había convertido en el mundo de la fantasía del siglo XX. Un divertimento donde evadirnos de la gris realidad que dos grandes guerras nos dejaron, que una gran cantidad de tiranías forjaron (y aún perduran) a base de crímenes en masa, que las lacras racistas y xenófobas, mezcladas con las tensiones por la diferencia de ídolos, tiñen de hediondas fosas.

Photobucket - Video and Image HostingPero cualquier tarde de invierno, uno podía dejar en el vestíbulo las heridas de su ilusión por un mundo mejor y, tras un momento de oscuridad, a modo de la cinematográfica Stargate, se adentraba en un sueño en tecnicolor y pantalla gigante.






Photobucket - Video and Image HostingAllí saltaba King Kong, mientras Superman salvaba al mundo. ¿De quién?. Quizás de Alien, que contraatacaba tras la invasión que Luke Skywalker hacía de su galaxia. Mientras, aquí abajo Hamlet moría sin saber si Tom Sawyer saldría vivo de su penúltima aventura. Y el fantasma de la ópera no podía ver desde el orificio de su sótano los bailes que 7 hermanos brindaban a sus 7 novias, porque los Hermanos Marx lo tapaban. Charlot hubiera necesitado de la General de Búster Keaton para ir a buscar su quimera. Frankenstein y Drácula hubieran huido despavoridos de aquel pequeño pueblo que Hitchcock infestó de pájaros. Nemo luchaba contra un enorme pulpo en un mar donde reinaba Moby Dick. Y bajo la nave Discovery, en donde el ordenador Hal 9000 hace la vida imposible a su tripulación, una musical lluvia inunda las aceras por las que un enamorado Gene Kelly chapotea con sus zapatos de claqué.



...Eso era el cine. Cuando Julio Verne, R. L. Stevenson, Oscar Wilde, Shakespeare, Mary Shelley o los más cercanos, Walt Disney, Hitchcock o Woody Allen eran los guionistas.




Hoy he vuelto al cine, al actual, al que ya no necesita guionistas sino arreglistas de los libros de historia. Y he completado una cruenta trilogía.


Photobucket - Video and Image HostingHace unas semanas me acerqué a ver “Banderas de nuestros padres”, una terrible visión sobre las vidas que cuesta una foto propagandística en un peñasco inútil perdido en el Pacífico. Después me hundí en la butaca viendo cómo aún hoy se consiguen esos diamantes que lucen en la alfombra roja de los Oscars, en la película “Diamantes de sangre”. Y hoy he rematado mi estado de ánimo con un relato entorno a la concepción del poder que un despiadado Idi Amin Dada dibujó en Uganda con la sangre de 300.000 personas.







No me quejo de que se hagan películas como éstas, todo lo contrario. Parece que no somos conscientes del mundo en que vivimos hasta que no nos lo muestran nuestros ídolos de la pantalla. Pero me gustaría que volviéramos a necesitar de aquellos fabulosos guionistas y que se acabasen de una vez los terribles relatos que aquellos a quienes damos nuestros votos no escriben en un papel sino que diseñan en un campo de batalla.

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Quiero convertir de nuevo un trocito de mi vida en ciencia-ficción y no al contrario, porque cada vez veo más cerca el día en que la historia de Charlton Heston en “El planeta de los simios” aparezca en la videoteca en la balda destinada a las biografías.

Photobucket - Video and Image HostingNo dejemos que nuestros simios sigan desangrando este planeta.
















 
La madre de todas las vergüenzas.
Creo que nunca me ha costado tanto escribir sobre un tema del que quiero opinar. Y eso me asusta. No porque me haga pensar que estoy perdiendo capacidad para contar lo que pienso, eso es cuestión de días mejores o peores, sino porque me entran dudas de si no será porque no estoy tan convencido de lo que quiero contar.

Ese es mi miedo: si tengo mis ideas tan contaminadas como aquellos de quienes quiero hablar, si mi subconsciente también me empuja a olvidar un tema porque no deja de ser una cuestión anecdótica.

Pero quiero contarlo, lo que las tripas me dicen que escriba, aunque mi cabeza no lleve a los dedos la claridad con que me he podido expresar en otras ocasiones.

Y es que no puedo soportar el tratamiento que está teniendo una noticia. Aquella que cuenta que a Ángela Bustillo le han desposeído del premio de Miss Cantabria por el terrorífico pasado que tiene como... ¡madre!

Las normas del certamen exigen a las aspirantes “no haber tenido descendencia ni hallarse en estado de gestación” . Mientras que en el certamen masculino no existe esa norma porque “no les supone cambios físicos sustanciales que impidan el desempeño de las funciones habituales de una miss o un míster, tales como viajes, pasarelas o desfiles

Sin embargo, en este caso, no voy a caer en el error de ver el problema en una discriminación en cuanto a sexo (que lo es rotundamente evidente) ni tan siquiera en que, según estas normas, los hijos son “taras” para sus madres y las excluyen de la posibilidad de acceder a un trabajo para el que , no sólo se han preparado varios años sino que, como en este caso, ha demostrado ser la más cualificada.

Lo que más me está preocupando es que esta noticia no tenga la repercusión que debería y que sirva para rellenar algunos minutos , en tono a veces jocoso, de tertulias en los que el tema principal es el relleno de las mamas de la Obregón o la penúltima visita de la Pantoja al chorizo de su par.

Se escudan, tanto la organización de este certamen en Cantabria como a nivel nacional, en que esas normas les vienen impuestas por la organización de este evento a nivel mundial. Y esa excusa les vale!

-Acudiendo a los libros de historia:

El 8 de marzo de 1857 como resultado de un incendio provocado, mueren 146 obreras textiles, que habían permanecido en una fábrica. Las obreras de la Triangle Shirt Waist Company de Nueva York, se declararon en huelga y ocuparon la fábrica para denunciar las pésimas condiciones de trabajo y de seguridad. Ante su negativa a desalojar, fueron atacadas con bombas incendiarias.
Estas mujeres en ningún momento se resignaron a conformarse con unas normas que ya estaban impuestas. Quizás por aquel acto, todas las participantes a un concurso de miss tienen muchos más derechos que hace siglo y medio. Sin embargo, algunas culpan a Ángela de haber mentido porque ya conocía las normas; y tienen razón, sin embargo...

Sólo es un concurso y sus organizadores tienen todo el derecho a poner sus normas. Yo también puedo convocar un concurso gastronómico en mi barrio e impedir la participación a todos aquellos cuyo apellido comience por vocal, por ejemplo. Y no me van a meter a la cárcel por ello...

¡Pero no voy a tener a ninguna televisión que lo retransmita ni a un puñado de firmas comerciales que me patrocinen este escarnio y esta burla para el papel de las madres, de las mujeres, de los hijos ... de todos!

Nos movilizamos vía sms o correos electrónicos para un apagón de luz, para manifestarnos en contra de un arbitraje de fútbol, para un macro-botellón en una playa y dejamos que decenas de comerciantes presten su dinero para esta patochada. Después reivindicaremos un lugar más digno para la mujer en una tertulia radiofónica unos días antes de cualquier votación.

Al final, mi cabeza va a tener razón; este tema no es tan serio, a nadie le importa y no perdemos ninguna ocasión de avanzar un paso más hacia un mundo equilibrado y lógico. Sólo es una mujer más a la que han seccionado su carrera, siendo la mejor para ese puesto, por el hecho de haber parido. El día del certamen contribuiré a aumentar la audiencia de la cadena que lo retransmita y después compraré los productos que aparezcan en esos anuncios.

¿De qué vale pelear y llevarse malos ratos? Tenemos, quizá no lo que merecemos, pero sí aquello por lo que hemos peleado.

Enhorabuena por adelantado a la nueva Miss Cantabria. Espero que sepas rentabilizar tu corona con un estupendo futuro profesional ... hasta que seas madre.
 
El precio de un niño.
Esta semana se han reunido en París representantes de 58 países con el propósito de poner fin al reclutamiento de niños en los ejércitos. Hablan de 250.000 niños y niñas empuñando fusiles en la actualidad. Y comentan los expertos las especiales dificultades de ellas para reintegrarse a la sociedad ya que, además de tener que matar para sobrevivir, son violadas tanto por sus enemigos como por sus propios superiores y el pueblo no admite que vengan con un posible hijo de sus enemigos.

«Por primera vez unos Estados se comprometen solemnemente a aplicar y respetar los principios de la lucha contra la utilización y el reclutamiento de niños en conflictos armados», ha sido capaz de proclamar un portavoz de esta reunión, mientras ponía cara de solemnidad ante las cámaras.

Mientras, yo leía estos datos por tercera vez tratando de contener un vómito de civilización, que tanto se me atraganta. Miraba al calendario, no buscando el día, ni el mes, casi ni el año. Necesitaba confirmar que vivimos en el siglo XXI.

Y se confirma: estamos inmersos en él, un siglo en el que la vida de los niños se compra. No, no lo digo por estos países que los reclutan, los niños se compran aquí, en nuestro vecindario.

Hemos llegado a un bienestar tal que un hijo suele ser para algunos, muchos quizá, el capricho de nuestros treinta años. Después de haber conseguido el piso y de haber celebrado una fastuosa boda, “toca lo del hijo”. Hay que hacerlo ya porque en unos años nos meteremos en la vorágine de comprar una segunda vivienda para el verano.

Y así “compramos” un hijo, entre el primer y segundo piso. Éste no necesita muebles sino ropa y, mira qué bien, la asistenta se ocupa tanto de la casa como del niño. Por las tardes le inscribimos en una academia de música o pintura algunos días y los que le queden libres le apuntamos en un equipo de fútbol o baloncesto ... es igual, donde vayan sus amigos, como si es taekwondo. Para los fines de semana le compramos la Play-Station, un video con un buen montón de películas y de vez en cuando le llevamos con sus abuelos para poder salir a cenar nosotros. Y si va mal en los estudios ya iremos donde sus profesores a decirles bien claro que no queremos problemas: “Si no aprueba bajad el nivel, que mi hijo tonto no será, digo yo.”

Y así no sabemos cómo se sienten nuestros hijos en el colegio. Y allí se multiplican sus sentimientos, aquellos que nunca han podido expresar en casa porque no encontraron ningún oído paterno. Y algunos se vuelven violentos, antisociales; y arremeten contra quienes quieren llevar una escolarización sin sobresaltos. Buscan la más mínima debilidad entre sus compañeros para justificar la violencia que desatan contra ellos.

-Se merece que le peguen. Es un “pringao”-, leía en una declaración de uno de estos niños agresores.

La semana pasada, un niño de 4 años con síndrome de Down era abandonado en un colegio: sus padres no pasaban a recogerlo. No era la primera vez que lo intentaban y acabaron por quitarles la custodia. Ese niño “les salió defectuoso” y el procedimiento para deshacerse de él es más complicado que si se tratase de un pantalón. Este niño no sólo se podía mantener con dinero, qué fastidio, para éste debían invertir tiempo, paciencia y cariño. Es demasiada hipoteca.

A raíz de aquella noticia, escuché por la radio una entrevista a una madre y su hijo con síndrome de Down. Él tiene ahora 28 años y suele aparecer en algunas películas. Su madre está orgullosa de él y le tiene un cariño especial porque “sé que él siempre estará conmigo”.

En un momento de aquella entrevista surgió la pregunta tópica de si éstos niños son especialmente cariñosos. Pero la madre rompió con ese mito que tenemos todos los demás. Todos los niños son igual de cariñosos, lo que pasa es que lo son en función de lo que reciben y un niño con este problema requiere más atención y cariño que los demás; así que luego lo devuelve multiplicado.

Si con nuestro hijos sólo invertimos dinero será eso lo que nos devuelvan: nos pagarán un asilo. Pero si lo que queremos es recibir su cariño, su tiempo, sus atenciones, quizás estemos aún a tiempo de abrir un plan de pensiones haciendo como ingreso de apertura un enorme abrazo. De paso estaremos formando una persona y no otro salvaje.